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febrero 2010

 

 





Descripcion:
Historia, horarios, fiestas y el acontecer pastoral de la parroquia de El Dulce Nombre de Jesús en La Guancha y de San José en San Juan de la Rambla, ambas en Tenerife, Islas Canarias, España; recopilación de noticias y artículos de interés.

En aquel tiempo, Jess habl a la gente y a sus discpulos, diciendo: En la ctedra de Moiss se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.

Vosotros, en cambio, no os dejis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llamis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros ser vuestro servidor.

S, ya te entiendo. Ya s que no vas precisamente contra las denominaciones que podamos hacer de las personas, por el papel que representan o el lugar que ocupan. Vas en contra de que esos ttulos signifiquen poder y dominacin de unos sobre los otros. Tambin es cierto que en las diferentes funciones que existen, en la sociedad o en la Iglesia, unos tienen la tarea de mayor responsabilidad y, por lo tanto, tienen que marcar pautas para seguir y mejor realizar una tarea. El problema es cuando las pautas puedan ser causa de que unos hagan para que los dems cumplan, salvo ellos, o para sacar provecho, o , la vida nos da experiencia para todo.

Dejas las cosas claras, y eso no gusta a muchos. Todos somos hermanos, y el que est en lugar preponderante tiene que ser para servir, no para servirse. Y ante todas esas tentaciones en las que es tan fcil y tan agradable, a veces puede parecer que, tan lgico, caer, una aclaracin: el nico padre, seor y maestro, T. Porque tu amor es el ms total y el ms puro, autntico y fiel. Porque de ti viene toda la vida. Tu seoro no te pone encima para dominarnos, ni para arrastrarnos a un mensaje cerrado y excluyente, sino para abrirnos constantemente a la bsqueda de la verdad, que no tiene fronteras, ni lmites cerrados, y que nunca nos encasquilla en un ya est definitivo, sino en una aventura que compartir, proyectando la mente y la inteligencia al infinito, al encuentro de todo lo bueno y lo bello que has metido en el corazn del ser humano y de la creacin.

Pero todo esto requiere humildad. Es la virtud de los fuertes, de los que no tienen miedo a reconocer que ni lo son todo, ni lo saben todo, ni lo han alcanzado todo, sino que reconocen que hemos sido creados para ayudarnos unos a otros a crecer constantemente en humanidad. No es fcil, pero es la mejor aventura y el mejor proyecto que se nos puede dar, y yo quiero seguir inserto en l, aprendiendo contigo y en ti.

Gracias, Seor, Padre, Maestro bueno, que me abres a la grandeza de la hondura que has puesto en mi. Gracias porque me descubres la riqueza de mis posibilidades, que sin ti, ni intuira. La verdad es que lo has inscrito todo en la lgica de nuestro ser humano, pero lo descubro como novedad constantemente, tal vez porque dentro de m hay algo que siempre oscurece y tergiversa lo que deba ser claro y evidente.

Gracias, porque hay momentos que me permites verlo con ms certeza y hace que se esponje mi ser. Dame lucidez y valor, para que siempre est en el lugar de los que quieren servir, de los que quieren vivir en bsqueda abierta, de los que reconocen su pequeez y, por eso, su grandeza, y as pueda colaborar con mi grano de arena, con todos los constructores de una humanidad hecha a tu imagen y semejanza.

Don Bosco vivi en medio de ellos compartiendo sus angustias y esperanzas. De su incansable actividad nacieron innumerables obras: oratorios, pensionados, escuelas de diverso tipo, talleres y publicaciones de libros. Decir Don Bosco es decir: fiesta, familia, amistad, educacin, alegra, chicos, patio, escuela, deporte, piedad, msica... Todo impregnado de espritu evanglico.

Los ayud con la razn, la religin y el amor, a convertirse en honrados ciudadanos y buenos cristianos. Pens en toda la persona del joven, en su cuerpo y en su alma; en el tiempo y en la eternidad: su sistema preventivo es un proyecto educativo integral, una espiritualidad, un camino de santidad.

Cercanos al Jubileo de nuestros 50 aos de vida, queremos ser una iglesia joven que quiere evangelizar prioritariamente a los jvenes. Avanzamos en el desafo de la comunin y participacin, que reconoce a los jvenes como responsables y protagonistas del proceso de su propia evangelizacin, comprometidos con la Iglesia y la sociedad.

En este 31 de enero renovamos nuestro compromiso de utilizar caminos y estrategias de prevencin, como un modo de vivir y trabajar, para comunicarles el Evangelio y salvar a los jvenes, con ellos y por medio de ellos.

Sigamos caminando hacia el Jubileo Diocesano. Realicemos todos los esfuerzos necesarios para enamorarnos de Jess Eucarista, el Dios que siempre est, como lo hizo en su vida y con sus muchachos nuestro Patrono San Juan Bosco.

Que Mara Auxiliadora, mujer de Eucarista, nos acompae y nos bendiga. Cubra bajo su manto a nuestros sacerdotes en este Ao Sacerdotal. Proteja a nuestras familias para que sean siempre verdaderos santuarios de la vida. Tome de la mano a cada uno de nuestros adolescentes y jvenes, para que crezcan en edad, en sabidura y en gracia. (Lc 2,52)

publica la intervencin que pronunci Benedicto XVI al rezar desde la ventana de su estudioel domingo, 31 de Enero de 2010,a medioda la oracin mariana del ngelus junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.

En la liturgia de este domingo puede leerse una de las pginas ms hermosas del Nuevo Testamento y de toda la Biblia: el llamado "himno a la cariad" del apstol Pablo (1 Corintios 12,31-13,13). En su Primera Carta a los Corintios, tras haber explicado, con la imagen del cuerpo, que los diferentes dones del Espritu Santo contribuyen al bien de la nica Iglesia, Pablo muestra el "camino" de la perfeccin. ste, dice, no consiste en tener cualidades excepcionales: hablar idiomas nuevos, conocer todos los misterios, tener una fe prodigiosa o realizar gestos heroicos. Consiste, por el contrario, en la caridad (gape), es decir, en el amor autntico, que Dios nos ha revelado en Jesucristo. La caridad es el don "ms grande", que da valor a todos los dems, y sin embargo "no hace alarde, no se envanece", es ms, "se regocija con la verdad" y con el bien del otro. Quien ama verdaderamente "no busca su propio inters", "no tiene en cuenta el mal recibido", "todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (Cf. 1 Corintios 13,4-7). Al final, cuando nos encontraremos cara a cara con Dios, todos los dems dones desfallecern; el nico que permanecer para siempre ser la caridad, pues Dios es amor y nosotros seremos semejantes a l, en comunin perfecta con l.

Por ahora, mientras estamos en este mundo, la caridad es el distintivo del cristiano. Es la sntesis de toda su vida: de lo que cree y de lo que hace. Por este motivo, al inicio de mi pontificado, he querido dedicar mi primera encclica precisamente al tema del amor:

. Como recordaris, esta encclica tiene dos partes, que corresponden a los dos aspectos de la caridad: su significado, y luego su aplicacin prctica. El amor es la esencia del mismo Dios, es el sentido de la creacin y de la historia, es la luz que da bondad y belleza a la existencia de cada hombre. Al mismo tiempo, el amor es, por as decir, el "estilo" de Dios y del creyente, es el comportamiento de quien, respondiendo al amor de Dios, plantea su propia vida como don de s mismo a Dios y al prjimo. En Jesucristo, estos dos aspectos forman una unidad perfecta: l es el Amor encarnado. Este Amor se nos ha revelado plenamente en Cristo crucificado. Al contemplarle, podemos confesar con el apstol Juan: "nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos credo en l" (Cf. 1 Juan 4,16; encclica

Queridos amigos: si pensamos en los santos, reconocemos la verdad de sus dones espirituales, y tambin de sus caracteres humanos. Pero la vida de cada uno de ellos es un himno a la caridad, un canto vivo al amor de Dios. Hoy, 31 de enero, recordamos en particular a san Juan Bosco, fundador de la Familia Salesiana, y patrono de los jvenes. En este Ao Sacerdotal, quisiera invocar su intercesin para que los sacerdotes sean siempre educadores y padres de los jvenes; y para que, experimentando esta caridad pastoral, muchos jvenes acojan la llamada a dar la vida por Cristo y por el Evangelio. Que Maria Auxiliadora, modelo de caridad, nos alcance estas gracias.

El ltimo domingo de enero es la Jornada Mundial de los Enfermos de Lepra. El pensamiento se dirige espontneamente al padre Damin de Veuster, quien dio la vida por estos hermanos y hermanas, y proclam santo el pasado mes de octubre. Encomiendo a su celestial proteccin a todas las personas que por desgracia todava hoy sufren a causa de esta enfermedad, as como a los agentes sanitarios y voluntarios que se entregan para que pueda existir un mundo sin lepra. Saludo en particular a la Asociacin Italiana Amigos de Raoul Follereau.

Hoy se celebra tambin la segunda Jornada de Intercesin por la Paz en Tierra Santa. En comunin con el patriarca latino de Jerusaln y el custodio de Tierra Santa, me uno espiritualmente a la oracin de tantos cristianos de todas las partes del mundo, saludando de corazn a todos los que se han congregado aqu con este motivo.

La crisis econmica est causando la prdida de numerosos puestos de trabajo, y esta situacin exige gran sentido de responsabilidad por parte de todos: empresarios, trabajadores, gobernantes. Pienso en algunas realidades difciles en Italia, por ejemplo, en Termini Imerese y Portovesme; me asocio, por tanto, al llamamiento de la Conferencia Episcopal Italiana, que ha alentado a hacer todo lo posible para tutelar y promover el empleo, asegurando un trabajo digno y adecuado para el sustento de las familias.

Un mensaje de paz nos lo traen tambin los muchachos y muchachas de la Accin Catlica de Roma. Junto a m se encuentran dos de ellos, a quienes saludo junto a los dems que se encuentran en la Plaza, acompaados por el cardenal vicario, por sus familias y educadores. Queridos muchachos: os doy las gracias, pues con vuestra "Caravana de la Paz" y con el smbolo de las palomas cuyo vuelo liberaremos dentro de poco dais a todos un signo de esperanza. Ahora escuchamos el mensaje que habis preparado.



Saludo con afecto a los peregrinos de lengua espaola, en particular a las Comunidades parroquiales venidas de San Sebastin de los Reyes, el Puerto de Santa Mara, Arcos de la Frontera, San Fernando y Madrid, as como a los grupos de estudiantes y profesores de Valdelacalzada, Talavera La Real y del Colegio San Atn, de Badajoz. Pidamos a la Virgen Mara que interceda por nosotros para que, como nos exhorta san Pablo en la liturgia de ese domingo, sepamos vivir una vida de autntico amor. De un amor que se alimenta del encuentro con Cristo en la Eucarista y se manifiesta en gestos concretos de atencin y caridad hacia el prjimo. Feliz domingo.

La vida es un valor y un derecho natural, esencial a todo ser humano, independientemente de su sexo, poder econmico, prestigio o fe. As lo expres claramente el Papa Juan Pablo II en diversas ocasiones: "No se trata de imponer a los no creyentes una perspectiva de fe, sino de interpretar y defender los valores radicados en la naturaleza misma del ser humano." (NMI 51).

"El Evangelio de la vida no es exclusivamente para los creyentes: es para todos. El tema de la vida y de su defensa y promocin no es prerrogativa nica de los cristianos. Aunque de la fe recibe luz y fuerza extraordinarias, pertenece a toda conciencia humana que aspira a la verdad y est atenta y preocupada por la suerte de la humanidad. En la vida hay seguramente un valor sagrado y religioso, pero de ningn modo interpela slo a los creyentes: en efecto, se trata de un valor que cada ser humano puede comprender tambin a la luz de la razn y que, por tanto, afecta necesariamente a todos."

"Trabajar en favor de la vida es contribuir a la renovacin de la sociedad mediante la edificacin del bien comn. En efecto, no es posible construir el bien comn sin reconocer y tutelar el derecho a la vida, sobre el que se fundamentan y desarrollan todos los dems derechos inalienables del ser humano. Ni puede tener bases slidas una sociedad que -mientras afirma valores como la dignidad de la persona, la justicia y la paz-se contradice radicalmente aceptando o tolerando las formas ms diversas de desprecio y violacin de la vida humana sobre todo si es dbil y marginada." (EV 101).

La misma doctrina y postura ha sostenido repetidas veces el Papa Benedicto XVI, por ejemplo en su ltima Encclica, "El amor en la verdad": "Uno de los aspectos ms destacados del desarrollo actual es la importancia del tema del respeto a la vida... La apertura a la vida est en el centro del verdadero desarrollo. Cuando una sociedad se encamina hacia la negacin y la supresin de la vida, acaba por no encontrar la motivacin y la energa necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, tambin se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social. La acogida de la vida forja las energas morales y capacita para la ayuda recproca." (CiV 28).

"La apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y econmica. Grandes naciones han podido salir de la miseria gracias tambin al gran nmero y a la capacidad de sus habitantes. Al contrario, naciones en un tiempo florecientes pasan ahora por una fase de incertidumbre, y en algn caso de decadencia, precisamente a causa del bajo ndice de natalidad, un problema crucial para las sociedades de mayor bienestar." (CiV. 44).

Menciono dos casos negativos extremos en relacin a la vida: Por una parte, cuando alguien -persona o agrupacin- se atribuye poder y decide terminar con la vida de otra u otras personas; por otra parte, cuando la persona no le ve sentido a su vida y decide acabar con ella. Es trgico llegar a estas actitudes y situaciones, es una peligrosa degradacin de la dignidad del ser humano.

No somos dueos de la vida de los dems. Tampoco somos dueos de nuestra propia vida para terminar con ella cuando no le veamos sentido. No hay nada en el mundo capaz de ayudarnos a sobrevivir, aun en las peores condiciones, como el hecho de saber que la vida tiene un sentido. Dice Nietzsche: "Quien tiene un por qu para vivir, puede soportar casi cualquier cmo". O sea que cuando encontramos razones para seguir viviendo, estaremos dispuestos a enfrentar los medios necesarios, por difciles que se presenten, para alcanzar esas razones de vivir. Y quien sabe encontrarle sentido a su propia vida, normalmente sabr encontrar el valor de la vida de los dems.

Con frecuencia advertimos en diversas circunstancias que la vida no es fcil ni cmoda; pero lo que el ser humano realmente necesita no es tanto vivir sin tensiones, ya que stas siempre van a existir, son parte indispensable de la vida, incluso de la salud mental, segn lo afirma Victor Frankl; lo que realmente importa es esforzarse y luchar por una meta que valga la pena.

Dios nos concede el da de hoy, con las respectivas bendiciones, la posibilidad de hacer fructificar el don de la vida en nuestro beneficio y sobre todo en beneficio de muchos otros. Vvalo a lo largo del da, de manera consciente, generosa y radiante; luego, al fin del da, reflexione lo vivido durante el mismo; todo en gratitud y alabanza a Dios, que es Padre.

En la tarde del 2 de Febrero el tiempo, despus de unos das de borrasca, permiti que un gran nmero de fieles junto a las autoridades locales se reunieran para le celebracin de la fiesta litrgica de la Presentacin del Seor en la Ermita de San Felipe Neri y Santa Isabel de Hungra en el barrio de La Vera del municipio de San Juan de la Rambla. Dio comienzo a las seis de la tarde con la bendicin de las candelas en la plaza y posterior procesin hacia el interior del templo. La Eucarista estuvo presidida por el prroco, la homila la pronunci el prroco de San Juan Bautista y el coro parroquial de La Guancha se encarg de las partes cantadas.

La campaa de Manos Unidas de este fin de semana tiene como lema: Contra el hambre, defiende la tierra, el cual se ha plasmado en los carteles y el resto de los materiales, as como en un rbol y un tenedor. El rbol como smbolo de la naturaleza y de la vida, y el tenedor como smbolo de eliminacin del hambre en el mundo. El 12 de febrero, Da del Ayuno Voluntario, Manos Unidas Diocesana ha invitado a quienes lo deseen a participar en la eucarista que tendr lugar en la parroquia de San Juan Bautista, en La Orotava, a las 19:30 horas, presidida por el obispo, Bernardo lvarez.

Con el signo de la luz, de Cristo resucitado, a travs de una procesin portando velas encendidas en las manos, unindonos a la Procesin de las Antorchas de Lourdes, dio comienzo la celebracin de la Eucarista en la fiesta litrgica de Ntra. Sra. de Lourdes. En ella se tuvo en cuenta el lema de la Jornada Mundial del Enfermo Dando vida, sembrando esperanza.

Cada ao, con esta jornada, la Iglesia quiere sensibilizar a toda la comunidad eclesial sobre la importancia del servicio pastoral en el vasto mundo de la salud, un servicio que es parte integrante de su misin, ya que se inscribe en el surco de la misma misin salvfica de Cristo. l, Mdico divino, "pas haciendo el bien y curando a todos los oprimidos.

del Director Acadmico, Juan de Dios Larr, del Pontificio Instituto Juan Pablo II convocando a reunin para presentar Master de Pastoral Familiar en nuestra dicesis de Tenerife. Tendr lugar el encuentro los das 19, 20 y 21 de Febrero 2010, en el que se explicar el objetivo del Master. Ofrecer un contenido acadmico profundo y peculiar dirigido especialmente a las familias.

La Delegacin de Liturgia de nuestra dicesis de Tenerife ha puesto en nuestras manos el cartel anunciador de la Cuaresma 2010. Bajo el lema Crecer en la CONVIRTETE se nos invita a mirar a Cristo para que se nos vayan contagiando sus gestos, hasta ocupar todo el espacio de nuestro corazn, de nuestra mente, de nuestros sentimientos, de nuestra voluntad. Y eso no es cosa de un da, sino de toda una vida ilusionada, hecha desde Aqul que sabemos que nos ama y nos invita a amar con l y como l.

El Delegado de la Espiritualidad Diocesana nos ha enviado cartel y nos ha comunicado el ya tradicional retiro de Cuaresma dirigido por el Sr. Obispo de la dicesis Don Bernardo lvarez Afonso. Tendr lugar el sbado 20 de Febrero en la Iglesia de la Concepcin de La Laguna S. I. Catedral. Tendr carcter abierto para todos los fieles, sacerdotes y religiosos/as.

Un grupo de nuestra parroquia de La Guancha se uni a los actos organizados por la Delegacin Diocesana de Vocaciones el domingo 21 de Febrero en el pueblo de Garachico. Primeramente particip junto a una comunidad de religiosas de Marta y Mara en una

en la Iglesia de Santa Mara de los ngeles para finalmente unirse a todos los grupos en la peregrinacin vocacional desde la Puerta de Tierra hasta la ermita de la Virgen de los Reyes.

La Comunidad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios ha tenido la gentileza de enviarnos el nmero extraordinario del Boletn NOTICIERO juandediano perteneciente a Marzo 2010 con motivo de celebrarse la fiesta litrgica de su santo fundador. En el podemos encontrar una

Con el lema si quieres la paz, protege la naturaleza hemos recibido el cartel para la peregrinacin Anual de oracin pidiendo por la paz. Tendr lugar el sbado 20 de Marzo y saldr de la iglesia de Santo Domingo de La Laguna a las seis de la maana hasta la Baslica de Ntra. Sra. de Candelaria donde se celebrar la Santa Misa.

El pasado domingo, 21 de Febrero de 2010, un grupo de cien personas de las parroquias de Ntra. Sra. de Guadalupe de Los Realejos y de San Antonio del Puerto de la Cruz visit nuestro templo parroquial de El Dulce Nombre de Jess. Venan acompaados de su prroco y de miembros del Consejo Parroquial. Fueron recibidos por nuestro prroco quien les da la bienvenida y les da un recorrido histrico del templo: inicios en el siglo XVI y desarrollo hasta llegar a la situacin actual, retablos e imgenes... Muchos componentes manifestaron su asombro por lo bien cuidado y cmo estando tan cerca sin embargo era desconocido para la mayora de ellos.

El responsable de la juventud a nivel arciprestal ha organizado un Viacrucis para jvenes del Arciprestazgo de Icod de los Vinos el 5 de Marzo de 2010. Comenzar en la Iglesia del Calvario de Icod a las nueve de la noche y recorrer diversas calles del municipio. Se pretende que participen jvenes de todas las parroquias del arciprestazgo.

Caritas Arciprestal de Icod ha organizado el IV ENCUENTRO DE JVENES DE CARITAS que entra dentro del Proyecto Ser joven te enreda. Ser el campamento de la Cruz Roja en La Montaeta de Garachico el lugar de la celebracin durante los das 20 y 21 de Marzo de 2010, comenzando el sbado a las 9,30 con la recogida en Icod y terminando el domingo a las 18,00 horas.

La ciudad de Miln ha otorgado un reconocimiento importante a Radio Mara. El pasado 7 de diciembre, el Presidente Emanuele Ferrario recibi de manos de la alcaldesa de la ciudad, Letizia Moratti, el "Reconocimiento Oficial de Mrito Civil". El premio ha sido otorgado porque segn la alcaldesa "todos los das permite a decenas de millones de personas rezar como una nica familia en los varios idiomas del mundo. Este premio es una prueba de que la obra de evangelizacin de Radio Mara ha asumido valor, no solamente religioso, sino tambin social, de primera importancia para la gente, las autoridades civiles y la Iglesia Universal. (Boletn Radio Mara, n 74 Ene-Feb 2010)

El Delegado Diocesano de Catequesis nos ha remitido el cartel anunciador del anual ENCUENTRO DE CATEQUISTAS con el ruego de invitar y facilitar la presencia de estos agentes de pastoral. Se realizar en el municipio de El Sauzal comenzando a las diez de la maana con la Acogida y finalizando con la Eucarista presidida por el Obispo a las 5,30 de la tarde. El lema que lo conducir ser Nacer a la fe.

El hombre se debate, a lo largo de su vida, en su constante anhelo de transformacin. El nio quiere ser joven, el joven quiere llegar a mandar. El alevn de ciclista suea en ser campen del mundo. El solista del colegio se ve siendo un divo de la pera. Y todos quisiramos irnos transformando en aquella figura que admiramos. El evangelio de hoy nos cuenta cmo Pedro, Santiago y Juan vivieron y participaron en aquella "transfiguracin" de Jess. No cabe duda que el suceso les impact, ya que Pedro, en nombre de ellos, quiso perpetuar la escena: "Qu bien estamos aqu! Hagamos tres tiendas!". Pero, ms que hacer elucubraciones sobre el hecho, yo quiero subrayar un detalle: "Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambi". Eso es: mientras oraba. En nuestro siglo pragmtico, eficacista y dinmico, qu aprecio se hace de la oracin? El hombre que corre de aqu para all de la maana a la noche, en una rueda de activismo imparable, qu piensa de eso que llamamos orar? Es ms, quienes nos podemos considerar profesionales, o casi, de la evangelizacin, a la hora de la verdad, qu lugar asignamos a la oracin dentro de nuestro variopinto y apretado organigrama de reuniones, charlas, conferencias y anteproyectos de proyectos? El hombre que se recoge en reflexin est en el buen camino. Est poniendo las premisas del clsico y provechoso mtodo del ver, juzgar y actuar. La asctica y la mstica cristiana nos ha llevado siempre a ese terreno, conscientes de que verse a s mismo, en la presencia de Dios y ante el modo inigualable de Jess, desembocar necesariamente en un juzgar saludable. En efecto, la palabra de Dios, filtrndose lentamente en mi interior, nos iluminar, nos interpelar y nos ayudar a juzgar. Y ese juzgar, a su vez, de no ser muy inconscientes e inconsecuentes, nos llevar a actuar. El examen de conciencia, suele llevar al dolor de corazn. Y el dolor de corazn al propsito de enmienda. No estaba hecha a tontas y a locas aquella distribucin de las horas del da que solamos tener en nuestros seminarios y centros de formacin. Por la maana, a primera hora, meditacin. Al medioda examen particular de conciencia, sobre una virtud a conseguir o un defecto a extirpar. Lectura espiritual, a media tarde, de libros sesudos y ascticos. Y, por la noche, antes de dormir, examen general de conciencia. No eran simples modos de cubrir huecos en un horario yen una poca poco propicios a la variedad. Eran convencimiento de la necesidad de tener encuentros con Dios y con uno mismo, a travs de la reflexin. En pocas posteriores hemos descubierto la riqueza de la liturgia como fuente de espiritualidad. Pero la oracin, como constante ejercicio de bsqueda de Dios, puede llevarnos, como quera Teresa de Jess, en su Castillo interior, a escalar las "ms altas moradas". O a "transformarnos en l", como cantaba Juan de la Cruz en su Noche oscura: "Amada en el amado transformada".

El Papa Benedicto XVI no deja de sorprendernos. Esta vez lo ha hecho con el Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que inserta en el ao sacerdotal desde una perspectiva tan original como sorprendente. Baste pensar que su lema es El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra. Lo que el Papa quiere, en ltima instancia, es que los sacerdotes incorporen cada vez ms a su accin pastoral el mundo de las nuevas tecnologas.

Es evidente que la tarea primaria del sacerdote es la de anunciar a Jesucristo y comunicar la multiforme gracia divina que nos salva mediante los sacramentos. Lo que ocurre es que los medios modernos de comunicacin dan a la Palabra una capacidad de expresin y difusin casi ilimitada, y abren enormes perspectivas a la accin evangelizadora de la Iglesia. Las autopistas de la comunicacin digital se han convertido en un instrumento de intercomunicacin tan poderoso, rpido y eficaz, que no usarlas sera una grave irresponsabilidad.

Esta realidad sita al sacerdote -en palabras del Papa- ante el umbral de una nueva historia, porque en la medida en que las nuevas tecnologas susciten relaciones cada vez ms intensas y ms se amplen las fronteras del mundo digital, tanto ms se ver llamado el sacerdote a ocuparse pastoralmente de este campo.

El mandato de Jesucristo Id al mundo entero, y predicad el Evangelio pasa hoy, necesariamente, por el uso constante y gozoso de los medios digitales de comunicacin. Por eso, el Papa no duda en afirmar que los sacerdotes, adems de valerse de los medios tradicionales, ha de hacerlo tambin de los que aporta la nueva generacin de medios audiovisuales: foto, video, animaciones, blogs, sitios web para la evangelizacin y la catequesis.

Evidentemente, el sacerdote seguir necesitando una slida formacin teolgica y una honda espiritualidad para descubrir al hombre de hoy el rostro de Cristo. Pero a esta formacin hay que "unir el uso oportuno y competente de los medios digitales. La formacin doctrinal y espiritual y el uso de los medios de comunicacin han de ensamblarse en perfecta unidad y tener siempre delante el mismo horizonte: anunciar a los hombres y mujeres, especialmente a los no creyentes, la persona y doctrina de Jesucristo Salvador.

Uno se imagina con qu ilusin y empeo se acercara san Pablo, el apstol por antonomasia de los gentiles, a esta tecnologa digital para hacer llegar el mensaje salvador hasta el ltimo rincn del planeta. Porque hoy es una realidad que una pgina web o un blog pueda llegar al lugar ms alejado de la civilizacin. Y es posible entrar en contacto creyentes de cualquier religin, con no creyentes y con personas de todas las culturas.

De todos modos, no se trata de estar por estar o de un simple usar estos medios. Al contrario, nunca se puede perder de vista que son instrumentos al servicio de la evangelizacin y de la dignidad de la persona humana. El sacerdote, por tanto, ha de ser siempre consciente de que es un servidor de la Palabra que salva y favorece el desarrollo humano integral. De ah que, como seala el Papa, siempre hay que asegurar la calidad del contacto humano y la atencin a las personas y a sus autnticas necesidades espirituales. Los medios son lo que son las personas que los manejan. Misin del sacerdote es darles alma y volcar ellos todo su amor y celo pastoral.

Al hacerme eco del Mensaje del Papa, animo a los sacerdotes y religiosos a servirse de los medios digitales para ampliar el radio de su accin pastoral. Invito tambin a los seglares a participar en ellos con toda la profesionalidad posible y a colaborar con los sacerdotes de sus parroquias.

Es frecuente leer y escuchar opiniones contra nuestra amada Iglesia Catlica. Se le descalifica y condena, no tanto con razones, sino trayendo a colacin errores y deficiencias innegables del pasado y del presente. Nos quieren silenciar a los obispos, y tener libertad slo ellos para ofendernos y desacreditarnos. Quisieran volver a la Constitucin de 1917, cuando no se reconoca ni la existencia jurdica de la Iglesia. Se burlan de nuestras posiciones sobre moral sexual y de nuestra defensa de la vida y del matrimonio. No quisieran que recordramos al pueblo lo que no es doctrina inventada por nosotros, sino Palabra de Dios. Premios Nbel de Literatura, ignorantes de los gneros literarios y de los contextos en que se escribi, se burlan de la misma Biblia, como si fuera el peor libro, y Dios el ms sanguinario. No dejan de caricaturizarnos. Nos consideran enemigos a vencer.

Ya Jesucristo nos advirtique mucha gente no quiere escuchar su Palabra. Si a El, que es el Maestro y la Verdad misma, lo rechazaron, con cunta mayor razn nos repelen a nosotros! Si lo crucificaron a El, que es Dios mismo, santo, perfecto, sin pecado, que hizo milagros portentosos, que demostr su sabidura infinita, qu nos espera a nosotros! No nos extraa, pues, que quienes son de este mundo pecaminoso, nos traten de silenciar, se burlen de nosotros, nos ofendan y nos amenacen con llevarnos a los tribunales civiles. Se atreven a citar aquello de que al Csar lo que es del Csar, pero olvidan la otra parte de que a Dios lo que es de Dios. Ni a Dios aceptan, mucho menos a su Iglesia, que les debe recordar que ellos no son dioses, para promover leyes y costumbres contrarias al camino de vida y felicidad que Dios nos ensea. Si se prescinde de Dios, la humanidad se derrumba.

San Pablo, en sus cartas a Timoteo, le advierte lo que debe hacer, frente a quienes, enemigos de la cruz de Cristo, propalan toda clase de doctrinas. Le dice: "Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendr un tiempo en que los hombres no soportarn la sana doctrina, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harn con un montn de maestros por el prurito de or novedades; apartarn sus odos de la verdad y se volvern a las fbulas. T, en cambio, prtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la funcin de evangelizador, desempea a perfeccin tu ministerio" (2 Tim 4,2-5).

Al respecto, ha dicho el Papa Benedicto XVI: "El mundo -en la acepcin que tiene este trmino en San Juan- no comprende al cristiano, no comprende a los ministros del Evangelio. En parte porque de hecho no conoce a Dios, y en parte porque no quiere conocer a Dios, para que no lo perturbe su voluntad, y por eso no quiere escuchar a sus ministros; eso podra ponerlo en crisis" (3-V-09). "La Iglesia, como la Virgen Mara, ofrece al mundo a Jess, el Hijo que ella misma ha recibido como un don, y que ha venido para liberar al hombre de la esclavitud del pecado... La Iglesia anuncia por doquier el Evangelio de Cristo, no obstante las persecuciones, las discriminaciones, los ataques y la indiferencia, a veces hostil, que ms bien le permiten compartir la suerte de su Maestro y Seor" (25-XII-09). "Es posible una sana colaboracin entre la Iglesia y la comunidad poltica. No quiere de ningn modo sustituir a los responsables del gobierno; slo desea poder participar, con espritu de dilogo, en la vida de la nacin, al servicio de todo el pueblo" (27-VI-09).

La Iglesia no es enemiga a vencer, pues no pretende imponer el catolicismo a todo el pas. Slo pedimos libertad para exponer el Evangelio, para ofrecer a Jesucristo como nico camino de verdad, de libertad y de vida plena. Este servicio no es tarea exclusiva de la jerarqua eclesistica, sino de todo el pueblo de Dios, que debe ser profeta para denunciar lo que es contrario al Evangelio, y anunciar el camino de Jesucristo, como opcin de vida para el pueblo. Tambin los legisladores cristianos y catlicos son Iglesia, y han de ser testigos del Evangelio en su servicio poltico.

) frica es un continente lleno de esperanza y de vitalidad en la fe, pero tiene igualmente algunas situaciones que debe resolver en orden a poder desarrollar plenamente toda su potencialidad para el bien y la extensin del Evangelio. No podemos olvidar que muchas de las carencias actuales son fruto de los abusos que se han cometido sobre frica en el pasado. En la clausura del ltimo Snodo para frica, afirmaba Benedicto XVI: Pensamos en particular en los hermanos y hermanas que en frica sufren pobreza, enfermedades, injusticias, guerras y violencias, y emigraciones forzadas (25-10-09).

Nuestros hermanos africanos deben sufrir una serie de limitaciones que el egosmo de otros les ha impuesto. Se ha puesto de relieve que dentro de las fronteras heredadas de las potencias coloniales, la coexistencia de grupos tnicos, tradiciones, lenguas e incluso religiones diversas, a menudo encuentra obstculos debido a graves hostilidades recprocas (cfr. Ecclesia in Africa, 49).

Benedicto XVI ha sealado que la Iglesia reconciliada es una poderosa levadura de reconciliacin en cada pas y en todo el continente africano (25-10-09). A pesar de las guerras y las divisiones tnicas, la Iglesia quiere realizar esa misin de unidad, para hacer de frica una imagen de la humanidad nueva reconciliada en el amor. Es cierto que esta reconciliacin se realiza solamente en el perdn, a veces heroico, de las ofensas. La fe en Jesucristo afirma el Papa-cuando se entiende bien y se practica, gua a los hombres y a los pueblos a la libertad en la verdad o, por usar las tres palabras del tema sinodal, a la reconciliacin, a la justicia y a la paz (Ibid.).

Para conseguir la unidad y mantener la paz, Juan Pablo II invitaba a mantener dentro de la Iglesia, como Familia de Dios, un constante dilogo, porque la actitud de dilogo es el modo de ser del cristiano tanto dentro de su comunidad, como en relacin con los dems creyentes y con los hombres y mujeres de buena voluntad (Ecclesia in Africa, 65). Este dilogo debe extenderse en un sentido ecumnico con todos los hermanos bautizados de las dems confesiones cristianas, a fin de lograr la unidad por la que Cristo or, y hacer de este modo el Evangelio ms creble a los ojos de aquellos que buscan sinceramente a Dios.

La Iglesia, en su servicio al hombre, quiere recorrer el camino de la justicia. Por eso transmite el mensaje de la salvacin conjugando la evangelizacin y la promocin humana. Este desarrollo integral es el nico camino para salir de la esclavitud de la enfermedad y del hambre. Esto significa afirma el Papa- transmitir el anuncio de esperanza segn una "forma sacerdotal", es decir, viviendo en primera persona el Evangelio, intentando traducirlo en proyectos y realizaciones coherentes con el principio dinmico fundamental, que es el amor (Ibid.).

No podemos terminar sin recordar una verdad fundamental: Cristo es el nico Salvador de los hombres. No son la tcnica y el desarrollo humano, en s mismos, quienes salvan al hombre. Siendo una condicin necesaria, el desarrollo no lo es todo. La Iglesia, como Pueblo sacerdotal est llamada a llevar a los hombres al encuentro con Cristo para que puedan participar de su vida. Por eso, a travs de los sacramentos, los pone en contacto con el Mdico divino, que ha venido, no a buscar a los sanos, sino a los enfermos. As la comunidad eclesial, siguiendo las huellas de su Maestro y Seor, est llamada a recorrer decididamente el camino del servicio, a compartir hasta el fondo la condicin de los hombres y las mujeres de su tiempo, para testimoniar a todos el amor de Dios y as sembrar esperanza (Benedicto XVI, 25-10-09) (Agencia Fides 26/02/2010; lneas 40 palabras 616)

En aquel tiempo, dijo Jess a sus discpulos: Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguis, y no seris juzgados; no condenis, y no seris condenados; perdonad, y seris perdonados; dad, y se os dar: os vertern una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que usis, la usarn con vosotros.

En teora parece claro pero, a la hora de la verdad, no lo es tanto. No s por qu cuenta de tres nos es bastante difcil eso de entender que todos estamos al mismo nivel y que lo que yo hago bien o mal es tan bueno o tan malo como lo que hace otro. Pero siempre encontramos motivos para disculpar o justificar o valorar nuestras actitudes. Muy fcilmente nos justificamos a nosotros y muy fcilmente condenamos a los otros.

Por eso me parece importante tu palabra, Seor. Primero, porque me pone ante realidades con las que me encuentro muy a menudo, porque me fluyen casi con naturalidad. Me es fcil juzgar, me es fcil, muy fcil, condenar. Me es bastante costoso perdonar y soy bastante tacao a la hora de dar, a veces tremendamente avaro, si lo que se trata es de darme.

Tu palabra me poda sonar a advertencia, pero, sobre todo, s que por tu parte quiere resonar a estmulo; pero, sienta como lo sienta, me est poniendo ante una realidad y sus consecuencias naturales. No puedo pretender tratos de favor si los mos son de una tremenda pobreza humana. Y aunque en el plano de las relaciones humanas, en muchas circunstancias las respuestas no tienen nada de lgica y de natural, s que desde ti, s, y eso es lo que ms me importa. Y s que t no te dejas ganar en bondad y en generosidad. Por eso s que mis gestos de bien, de perdn, de donacin encontrarn en ti una respuesta desbordante. Y s, ya s que no tengo que esperar al futuro, porque esa respuesta me la ofreces y la recibo ya aqu. Lo he experimentado en muchos momentos de mi vida. Por eso quiero seguir respondiendo y actuando como t.

Seor, sabes que no quiero hacer las cosas por la promesa de ninguna recompensa, pero me estimula saber que mis gestos de bien no caen en el vaco. Porque s que desde ti, aunque no los acoja nadie ms t los conviertes en bendicin.

Gracias, Seor, porque tu palabra me abre hacia lo mejor de mi corazn y me invita a construir humanidad. Parece ilgico que eso deba suponer una lucha dentro de m, pero es lo que percibo. Por eso me acojo a ti, para sentir tu fuerza y no rendirme a las dificultades. Quiero hacerme cada da ms humano, como t.

En aquel tiempo, Jess cogi a Pedro, a Juan y a Santiago y subi a lo alto de la montaa, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambi, sus vestidos brillaban de blancos.

Pedro y sus compaeros se caan de sueo; y, espabilndose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con l. Mientras stos se alejaban, dijo Pedro a Jess: Maestro, qu bien se est aqu. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moiss y otra para Elas. No saba lo que deca.

Todava estaba hablando, cuando lleg una nube que los cubri. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube deca: ste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.

Jess subi al monte a orar con tres de sus discpulos. Es muy importante esa afirmacin. Porque slo en el mbito de Dios, tiene sentido todo el mensaje. Es en el mbito de Dios, donde Jess y sus discpulos van a experimentar, a sentir, a escuchar, que l tiene que llevar su entrega, su donacin, hasta las ltimas consecuencias.

El marco, el estado, la inmersin en Dios ofrece su experiencia de paz, pero hay que pasar a la concrecin de la vida, que se realiza en el caminar del da a da. Por eso, al final, los discpulos deciden no contar nada. Tal vez porque necesitan asimilar toda la experiencia; tal vez, porque hace falta una vivencia y un valor especial para asumir y entender la entrega de la vida de Jess y de la propia vida.

Sea como sea, percibo, Seor, tu llamada. Tambin me regalas mbitos de encuentro, donde me permites experimentar el gozo y la paz de tu cercana. Pero la insercin en la realidad pone a prueba esos encuentros y mi experiencia.

Tu paso por mi vida es una continua llamada a poner en juego lo que has depositado en m de bueno. A potenciar la fuerza del amor que contribuya a ofrecer un poco de luz en el mundo. A asumir, unido a ti, lo que pueda conllevar de contradiccin y de rechazo o de dolor. Porque encontrarse contigo, escucharte, no puede dejarnos indiferentes. La oracin no es inocente, tal vez por eso preferimos no multiplicarla. Desde ella llamas continuamente a mi puerta para ser contigo y desde ti, portador de bien y de esperanza, hacedor contigo de gestos de salvacin.

Muchas veces camino en el desconcierto, no en el que viene de ti, sino de mi mismo, de mi despiste, de mis huidas. Y as, tu palabra de nuevo me llama a bajar a la realidad, y a abrir los odos; y, como siempre, el corazn, que es lo ms fcil de cerrar y lo ms difcil de abrir. Aparentemente es el nuestro y debamos de tener poder sobre l, pero siempre hay una fuerza que nos lo hace difcil.

Seor, desde esa realidad que me acompaa te pido que me ayudes a dejarme transfigurar contigo, que me ayudes a cambiar mi corazn, no para mantenerme absorto en una nube, sino para ser capaz de bajar de ella, y vivir y anunciar la fuerza de vida que viene de ti.

La "Jornada Mundial de los Enfermos de Lepra", instituida en la primera mitad de los aos 50 gracias al compromiso del escritor francs Raoul Follereau, no es slo una jornada de reflexin sobre las vctimas de esta devastadora enfermedad sino sobre todo una jornada de solidaridad con los hermanos y las hermanas que estn afectados por ella.

La lepra, conocida tambin como Morbo de Hansen, en realidad contina infectando anualmente a centenares de miles de personas en todo el mundo. Segn los datos ms recientes publicados por la Organizacin Mundial de la Salud, en 2009 se regristraron ms de 210 mil nuevos casos. En realidad son innumerables, adems, las personas que han sido infectadas pero no censadas o todava se ven privadas del acceso a los cuidados mdicos.

Desde un punto de vista estadstico, los Pases que resultan ms afectados estn en Asia, en Amrica del Sur y en frica. La India presenta el mayor nmero de personas afectadas, seguida de Brasil. Se registran tambin numerosos casos en Angola, Bangladesh, Repblica Centroafricana, Repblica Democrtica del Congo, Indonesia, Madagascar, Mozambique, Nepal y Tanzania.

Una enfermedad antigua, el Morbo de Hansen, pero no por eso menos devastadora fsica y tambin moralmente. En todas las pocas y civilizaciones, el destino del enfermo de lepra es el de ser marginado, privado de cualquier tipo de vida social, condenado a ver su propio cuerpo deshacerse hasta que llega la muerte.

Desafortunadamente todava hoy, quien la sufre, o se cura, lleva las mutilaciones inconfundibles, es demasiado a menudo condenado a la soledad y al miedo, a permanecer como invisible a los ojos de los dems, de la sociedad, de la opinin pblica. En los Pases econmicamente ms avanzados parece que esta enfermedad haya sido olvidada, as como las personas que estn afectadas por ella.

Cuando se la recuerda, cuando se pronuncia la palabra lepra, se suscitan sentimientos diversos: incredulidad por parte de los que se preguntan cmo esta patologa puede existir todava, miedo y repugnancia y una no menos grave ostentacin de indiferencia pero tambin la piedad y el amor que resultan de la actitud atenta y misericordiosa de Jess hacia estos enfermos (Mc 1,40-42).

El compromiso de Follereau, de mltiples, entre instituciones, organismos de matriz eclesial y/o no gubernamental que luchan contra la lepra, el excepcional trabajo de san Damin de Veuster y de tantos otros Santos y hombres de buena voluntad han ayudado a superar las actitudes negativas hacia los enfermos de lepra, promoviendo la dignidad y los derechos y al mismo tiempo y amor ms universal al prjimo.

Hoy existen eficaces cuidados contra la lepra pero, a pesar de ello, el Morbo de Hansen contina propagndose. Entre los factores que favorecen su perpetuacin se encuentran ciertamente la indigencia individual y colectiva, que demasiado a menudo comporta la falta de higiene, la presencia de enfermedades debilitantes, la alimentacin insuficiente si no hambre crnica y la falta de acceso oportuno a los cuidados mdicos. En el mbito social persisten al mismo tiempo los miedos que, normalmente generados por la ignorancia, aaden un pesado estigma a la ya terrible carga que la lepra comporta tambin cuando ya se ha curado.

Hago un llamamiento por tanto a la comunidad internacional y a las autoridades de cada Estado, invitndoles a desarrollar y reforzar las necesarias estrategias de lucha contra la lepra, hacindolas ms eficaces y capilares sobre todo donde el nmero de nuevos casos es todava elevado. Todo ello sin descuidar las campaas de educacin y de sensibilizacin capaces de ayudar, a las personas afectadas y a sus familias, a salir de la exclusin y a obtener los cuidados necesarios.

Al mismo tiempo agradezco de corazn a las Iglesias locales y a las diversas realidades religiosas, misioneras o no, pero todo lo que ya han hecho tantos de ellos , consagrados y consagradas, laicos y laicas; por todo lo bueno que tambin ha hecho la Organizacin Mundial de la Salud por su apreciable compromiso para erradicar sta y otras enfermedades olvidadas, las asociaciones y las organizaciones no gubernamentales anti-lepra, as como los numerosos voluntarios y todas las personas de buena voluntad que con su compromiso, marcado por el amor hacia nuestros hermanos y hermanas afectados por esta enfermedad, se dedican a sus cuidados de manera integral restituyendo su dignidad, la alegra y el orgullo de ser tratados como seres humanos, para que puedan salvaguardar o, segn los casos, reemprender su justo lugar en la sociedad.

Maria Salus Infirmorum sostenga a los enfermos en la difcil lucha contra el sufrimiento y las penurias provocadas por la enfermedad y pueda rasgar el velo de silencio con un siempre creciente nmero de actos de verdadera solidaridad a favor de las personas afectadas por la lepra.

Mensaje enviado por el Patriarca latino de Jerusaln, Su Beatitud Fouad Twal,por la II Jornada Internacional de Intercesin por la Paz en Tierra Santa, que tuvo lugar el31 de enerode 2010.

Un ao despus de surgir esta importante iniciativa, que ha visto la adhesin de ms de 500 ciudades de todo el mundo, expreso mi profunda gratitud por la 2 Jornada Internacional de Intercesin por la Paz en Tierra Santa, por lo que es un deseo y un compromiso vivo, nacido en el corazn sobre todo de tantos jvenes, de elevar al Seor una sincera e intensa oracin por el don de la paz. Es una experiencia de Iglesia, que, en cuanto fuerza espiritual es una realidad que, como ha recordado el Santo Padre Benedicto XVI, "puede contribuir a los progresos del proceso de paz".

l mismo ha subrayado, en el viaje a Tierra Santa en mayo del pasado ao, la importancia de la oracin: como creyentes, estamos convencidos de que la oracin es una verdadera fuerza, abre el mundo a Dios: estamos convencidos de que Dios escucha y de que puede actuar en la historia. Pienso que si millones de personas, de creyentes, rezan, es realmente una fuerza que influye y puede contribuir a ir adelante con la paz" .

Por esto, no puede sino ser motivo de esperanza y de confianza toda iniciativa en la que, unidos juntos en la oracin con una intencin particular, nos dirigimos a Dios como Sus hijos. La oracin comunitaria tiene una fuerza particular, el mismo Seor Jess nos lo ha recordado: Donde hay dos o ms reunidos en mi nombre, all estoy yo en medio de ellos (Mt 18,20).

Gracias a todos vosotros, de modo particular a vosotros jvenes, que sin dudar y con mucha generosidad os reuniris, en tantas partes del mundo, durante 24 horas consecutivas en la oracin, en momentos de silenciosa adoracin ante Jess Eucarista, en las celebraciones eucarsticas, con el fin de implorar este don, tan precioso como frgil, que es la paz.

En nombre de la Comunidad de los cristianos en Tierra Santa, agradezco a todos los promotores de este acontecimiento: las diversas asociaciones (el Apostolado "Jvenes por la Vida", la Asociacin Nacional Papaboys, las Capillas de Adoracin Perpetua en toda Italia y en el mundo, los Grupos de Reunin Eucarstica), las diversas Congregaciones y a quien singularmente o en grupo se empear en ofrecer su propio tiempo y su propia oracin por esta intencin.

Que el Seor Jess, Prncipe de la Paz, vuelva su mirada sobre Su tierra, nos conceda la Paz, y de Su abundante bendicin a todos aquellos que tomarn parte en esta iniciativa.

1) Benedicto XVI, Entrevista concedida a los periodistas durante el vuelo hacia Tierra Santa, 8 de mayo de 2009, en Pellegrinaggio del Santo Padre Benedetto XVI in Terra Santa (8-15 maggio 2009), Raccolta completa dei discorsi, Jerusaln, 2009, p. 7.

Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. As seris hijos de vuestro Padre que est en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amis a los que os aman, qu premio tendris? No hacen lo mismo tambin los publicanos? Y si saludis slo a vuestros hermanos, qu hacis de extraordinario? No hacen lo mismo tambin los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

A primera vista tengo la sensacin de que nos pones el listn demasiado alto. Ser perfectos como t. T sabes que eso no es posible. Sin embargo, qu importante es que me pongas una meta, Tener puntos de referencia es importante porque estimula el camino, lo mismo que un deportista asume los esfuerzos y sacrificios pensando en alcanzar la mejor marca, el mejor puesto. La diferencia de seguirte a ti es que eso no supone ponerse encima de nadie, sino al lado de todos, no para marcar distancias, sino para acercar. Y si se trata de sobresalir es en el servicio.

S que no puedo ser como t, pero me ilusiona y me estimula saber que puedo acercarme, que puedo crecer, que has puesto mucha grandeza en mi corazn, ms que la que yo intuyo, y que me llamas a descubrir.

Me ofreces retos que, en un principio, me desbordan; chocan con mis sentimientos limitados, Pero t los rompiste y, por lo tanto, es posible hacerlo, dar vida como das el sol y la lluvia sin restricciones. Porque si actitudes as no consiguen tocar los corazones, las contrarias ciertamente no.

Y as me llamas a optar por todo lo que sea romper crculos de mal, y siento que, aunque me parece costoso, merece la pena. El mundo necesita de hombres y mujeres que tengan el valor de romper crculos de odio y de enemistad, necesita de personas que aun sin saberlo, quieran ser como T, hacedores de bien, amor incondicional y gratuito, forjadores de humanidad.

Gracias, Seor. T eres el primero que has roto barreras conmigo. A pesar de mis limitaciones me has permitido experimentar tu amor y el amor de muchas personas, y porque has derramado en m esa misma capacidad de amar sin medida.

Gracias, porque haces sentir que en mi corazn se despierta algo bueno, cuando experimento que es capaz de ms, aunque me parezca imposible.

Gracias porque confas en m y esperas en m. Pero aydame a realizar juntos esta tarea, me gusta la meta y el camino, y tu presencia es mi fuerza.

publica la meditacin que ha escrito monseor Jess Sanz Montes, OFM, arzobispo de Oviedo, administrador apostlico de Huesca y Jaca, sobre el Evangelio del domingo segundo de Cuaresma - c, 28 de febrero (Lucas 9,28b-36).

No slo es la voz del tentador la que se nos precipita. Hay tambin otras voces que Dios mismo nos susurra a la hora de la brisa. Es la escena entraable del Evangelio de este domingo.

En un atardecer cualquiera, Jess llevar a Pedro, Juan y Santiago a orar al monte Tabor. Acaso fuera la oracin de la tarde, como era costumbre entre los judos. Y entonces ocurre lo inesperado. La triple actitud ante lo sucedido, es tremendamente humana, y en la que fcilmente nos podemos reconocer: el cansancio, el delirio, y el temor. Tambin nosotros, como aquellos tres discpulos, experimentamos un sopor cansino ante la desproporcin entre la grandeza de Dios y nuestro permanecer como ajenos . Incluso, ebrios de nuestra desproporcin, llegamos a delirar, y decimos cosas que tienen poco que ver con la verdad de Dios y nuestra propia verdad . Y cuando a pesar de todo vemos que su presencia nos envuelve y abraza, dndonos lo que no esperamos ni merecemos, entonces sentimos confusin, miedo .

El Tabor, donde los tres discpulos se asomaran a la gloria del Mesas, es contrapunto de Getseman en donde los mismos se abrumarn ante al dolor agnico del Redentor. Como mbito exterior: la nube y la voz de Dios. Como mensaje, escuchar al Hijo amado. Como testigos, Elas y Moiss, preparacin de la plena teofana de Dios en la humanidad de Jesucristo.

Escuchar la palabra del Hijo amado, postrero porta-voz de los hablares del Padre, fue tambin el mensaje en el Bautismo de Jess: escuchadle. Un imperativo salvador que brilla con luz propia en la actitud de Mara: hgase en m su Palabra; que guardar en su corazn aunque no entienda; e invitar a los sirvientes de Can a hacer lo que Jess diga; y por ello l la llamar bienaventurada: por escuchar la Palabra de Dios cada da y vivirla; incluso al pie de la cruz donde la muerte penda, Mara sigui fiel presintiendo los latidos resucitados de la vida.

El delirio de Pedro, deudor de su temor y de su cansancio, propondr hacer del Tabor un oasis, donde descansar sus sueos, entrar en corduras, y sacudirse sus miedos. Pero Jess invitar a bajar al valle de lo cotidiano, donde en el cada da se nos reconcilia con lo extraordinario con implacable realismo. La fidelidad de Dios seguir rodendonos, con nubes o con soles, dirigindonos su Palabra que seguir resonando en la Iglesia, en el corazn y en la vida.

nos ofrece el discurso pronunciadoel viernes, 29 de Enero de 2010,por el Papa ante los miembros del Tribunal de la Rota Romana, a quienes recibi hoy en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostlico, con motivo de la inauguracin del Ao Judicial.

Estoy contento de encontraros una vez ms para la inauguracin del Ao Judicial. Saludo cordialmente al Colegio de los Prelados Auditores, comenzando por su Decano, monseor Antoni Stankiewicz, a quien agradezco las palabras que me ha dirigido en nombre de los presentes. Extiendo mi saludo a los Promotores de Justicia, a los Defensores del Vnculo, a los dems Oficiales, a los Abogados y a todos los Colaboradores de este Tribunal Apostlico, como tambin a los Miembros del Estudio de la Rota. Aprovecho con gusto la ocasin para renovaros la expresin de mi profunda estima y de mi sincera gratitud por vuestro ministerio eclesial, reafirmando, al mismo tiempo, la necesidad de vuestra actividad judicial. El precioso trabajo que los Prelados Auditores estn llamados a desempear con diligencia, en nombre y por mandato de esta Sede Apostlica, est apoyado por las autorizadas y consolidadas tradiciones de este Tribunal, a cuyo respeto cada uno de vosotros debe sentirse personalmente comprometido.

Hoy deseo detenerme en el ncleo esencial de vuestro ministerio, intentando profundizar sus relaciones con la justicia, la caridad y la verdad. Har referencia sobre todo a algunas consideraciones expuestas en la Encclica Caritas in veritate, las cuales, aun estando consideradas en el contexto de la doctrina social de la Iglesia, pueden iluminar tambin otros mbitos eclesiales. Es necesario ser conscientes de la difundida y arraigada tendencia, aunque no siempre manifiesta, que lleva a contraponer la justicia a la caridad, casi excluyendo la una a la otra. En esta lnea, refirindose ms especficamente a la vida de la Iglesia, algunos consideran que la caridad pastoral podra justificar cualquier paso hacia la declaracin de la nulidad del vnculo matrimonial para salir al encuentro de las personas que se encuentran en situacin matrimonial irregular. La misma verdad, an invocada en palabras, tendera as a ser vista desde una ptica instrumental, que la adaptara de vez en vez a las diversas exigencias que se presentan.

Partiendo de la expresin administracin de la justicia, quisiera recordaros ante todo que vuestro ministerio es esencialmente obra de justicia: una virtud que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prjimo lo que les es debido (CCC, n. 1807) de la cual es muy importante redescubrir el valor humano y cristiano, tambin dentro de la Iglesia. El Derecho Cannico, a veces, es subestimado, como si fuese un mero instrumento tcnico al servicio de cualquier inters subjetivo, aunque no fundado en la verdad. Es necesario en cambio que este Derecho sea siempre considerado en su relacin esencial con la justicia, con la conciencia de que en la Iglesia la actividad jurdica tiene como fin la salvacin de las almas y constituye una peculiar participacin en la misin de Cristo Pastor... al realizar el orden querido por el mismo Cristo (Juan Pablo II, Alocucin a la Rota Romana, 18 de enero de 1990, en AAS 82 , p. 874, n.4). En esta perspectiva hay que tener presente, sea cual sea la situacin, que el proceso y la sentencia estn vinculados de modo fundamental a la justicia y se ponen a su servicio. El proceso y la sentencia tienen una gran relevancia tanto para las partes como para la entera comunidad eclesial, y esto adquiere un valor totalmente singular cuando se trata de pronunciarse sobre la nulidad de un matrimonio, el cual afecta directamente al bien humano y sobrenatural de los cnyuges, adems de al bien pblico de la Iglesia. Adems de esta dimensin, que podramos definir como objetiva de la justicia, existe tambin otra, inseparable de ella, que afecta a los operadores del derecho, es decir, a aquellos que la hacen posible. Quisiera subrayar que stos deben caracterizarse por un alto ejercicio de las virtudes humanas y cristianas, en particular de la prudencia y de la justicia, pero tambin de la fortaleza. Esta ltima se hace ms relevante cuando la injusticia parece el camino ms fcil a seguir, en cuanto que implica la condescendencia a los deseos y las expectativas de las partes, o tambin a los condicionamientos del ambiente social. En este contexto, el juez que desea ser justo y quiere adecuarse al paradigma clsico de la justicia viviente (cfr Aristteles, Etica nicomachea, V, 1132a), experimenta la grave responsabilidad ante Dios y ante los hombres de su funcin, que incluye tambin la debida puntualidad en cada fase del proceso: quam primum, salva iustitia (Consejo Pontificio para los Textos Legislativos, Instr. Dignitas connubii, art. 72). Todos aquellos que trabajan en el campo del Derecho, cada uno segn su propia funcin, deben ser guiados por la justicia. Pienso en particular en los abogados, los cuales deben no solo poner toda la atencin en el respeto de la verdad de las pruebas, sino tambin evitar con cuidado el asumir, como asesores jurdicos, el patrocinio de causas que, segn su conciencia, no sean objetivamente sostenibles.

La accin, adems, de quien administra la justicia no puede prescindir de la caridad. El amor hacia Dios y hacia el prjimo debe informar toda actividad, tambin la aparentemente ms tcnica y burocrtica. La mirada y la medida de la caridad ayudar a no olvidar que se est siempre ante personas marcadas por problemas y por sufrimientos. Tambin en el mbito especfico del servicio de operadores de la justicia vale el principio segn el cual la caridad excede a la justicia" (Enc. Caritas in veritate, n. 6). En consecuencia, la aproximacin a las personas, an teniendo una modalidad especfica ligada al proceso, debe sumergirse en el caso concreto para facilitar a las partes, mediante la delicadeza y la solicitud, el contacto con el tribunal competente. Al mismo tiempo, es importante trabajar activamente cada vez que se entrevea una esperanza de xito, para alentar a los cnyuges a convalidar eventualmente el matrimonio y restablecer la convivencia conyugal (cfr CIC, can. 1676). No debe, adems, descuidarse el esfuerzo de instaurar entre las partes un clima de disponibilidad humana y cristiana, fundada sobre la bsqueda de la verdad (cfr Instr. Dignitas connubii, art. 65 2-3).

Con todo es oportuno reafirmar que toda obra de autntica caridad comprende la referencia indispensable a la justicia, tanto ms en nuestro caso. El amor caritas es una fuerza extraordinaria, que empuja a las personas a comprometerse con valor y generosidad en el campo de la justicia y de la paz (Enc. Caritas in veritate, n. 1 ). "Quien ama con caridad a los dems es ante todo justo hacia ellos. No slo la justicia no es extraa a la caridad, no slo no es una va alternativa o paralela a la caridad: la justicia es 'inseparable de la caridad', intrnseca a ella" (Ibid., n. 6). La caridad sin justicia no es tal, sino solo una falsificacin, porque la misma caridad requiere esa objetividad tpica de la justicia, que no debe confundirse con la frialdad inhumana. Al respecto, como afirm mi Predecesor, el venerable Juan Pablo II, en la alocucin dedicada a las relaciones entre pastoral y derecho: el juez debe siempre precaverse del riesgo de una malentendida compasin que acabara en sentimentalismo, solo aparentemente pastoral" (18 de enero de 1990, en AAS, 82 , p. 875, n. 5).

Es necesario eludir los requerimientos pseudopastorales que sitan las cuestiones sobre un plano meramente horizontal, en el que lo que cuenta es satisfacer las reclamaciones subjetivas para llevar a toda costa a la declaracin de nulidad, con el fin de poder superar, entre otras cosas, los obstculos a la recepcin de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucarista. El bien altsimo de la readmisin a la Comunin eucarstica tras la reconciliacin sacramental, exige en cambio considerar el autntico bien de las personas, inseparable de la verdad de su situacin cannica. Sera un bien ficticio, y una grave falta de justicia y de amor, allanarles el camino hacia la recepcin de los sacramentos, con el peligro de hacerles vivir en contraste objetivo con la verdad de su propia condicin personal.

Sobre la verdad, en las alocuciones dirigidas a este Tribunal Apostlico, en 2006 y en 2007, reafirm la posibilidad de alcanzar la verdad sobre la esencia del matrimonio y sobre la realidad de cada situacin personal que viene sometida al juicio del tribunal (28 de enero de 2006, en AAS 98 , pp. 135-138; y 27 de enero de 2007, en AAS 99 , pp. 86-91; como tambin sobre la verdad en los procesos matrimoniales (cfr Instr. Dignitas connubii, artt. 65 1-2, 95 1, 167, 177, 178). Quisiera hoy subrayar cmo tanto la justicia como la caridad postulan el amor a la verdad y comportan esencialmente la bsqueda de la verdad. El particular, la caridad hace la referencia a la verdad an ms exigente. Defender la verdad, proponerla con humildad y conviccin y testimoniarla en la vida son por tanto formas exigentes e insustituibles de caridad. Esta, de hecho, se complace de la verdad (1 Cor 13, 6)" (Enc. Caritas in veritate, n. 1). "Solo en la verdad resplandece la caridad y puede ser vivida autnticamente . Sin verdad, la caridad deriva hacia el sentimentalismo. El amor se convierte en una cscara vaca, que llenar arbitrariamente. Es el fatal riesgo del amor en una cultura sin verdad. Este cae presa de las emociones y de las opiniones contingentes de los sujetos, una palabra abusada y distorsionada, hasta significar lo contrario" (Ibid., n. 3).

Es necesario tener presente que un vaciamiento semejante puede verificarse no slo en la actividad prctica de juzgar, sino tambin en las premisas tericas, que tanto influyen despus sobre los juicios concretos. El problema se plantea cuando viene ms o menos oscurecida la esencia misma del matrimonio, arraigada en la naturaleza del hombre y de la mujer, que consiente expresar juicios objetivos sobre el matrimonio concreto. En este sentido la consideracin existencial, personalista y relacional de la unin conyugal no puede hacerse nunca a despecho de la indisolubilidad, propiedad esencial que en el matrimonio cristiano persigue, con la unidad, una peculiar estabilidad en razn del sacramento (cfr CIC, can. 1056). No debe, por otro lado, olvidarse que el matrimonio goza del favor del derecho. Por tanto, en caso de duda, se debe considerar vlido mientras no se pruebe lo contrario (cfr CIC, can. 1060). De lo contrario, se corre el grave riesgo de quedarse sin un punto de referencia objetivo para los pronunciamientos sobre la nulidad, transformando cada dificultad conyugal en un sntoma de no realizacin de una unin cuyo ncleo esencial de justicia - el vnculo indisoluble es negado de hecho.

Ilustres Prelados Auditores, Oficiales y Abogados, os confo estas reflexiones, conociendo bien el espritu de fidelidad que os anima y el compromiso que profundizis al dar plena realizacin a las normas de la Iglesia, en la bsqueda del verdadero bien del Pueblo de Dios. Para aliento de vuestra preciosa actividad, invoco sobre cada uno de vosotros y sobre vuestro trabajo cotidiano la proteccin maternal de Mara Santsima Speculum iustitiae e imparto con afecto la Bendicin Apostlica.

) Para la seccin El Espritu de la Liturgia, publicamos a continuacin el artculo de don Mauro Gagliardi, Ordinario de la Facultad de Teologa del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma y Consultor de la Oficina de las Celebraciones Litrgicas del Sumo Pontfice.

El objeto de este artculo no es la Liturgia de la Palabra considerada en s misma, sobre la que se debera por tanto ofrecer una panormica histrica, teolgica y disciplinar. En continuidad con la serie de los artculos precedentes de esta seccin, nos interesamos en cambio en el papel del sacerdote en la Liturgia de la Palabra de la Misa, teniendo presentes tanto la forma ordinaria (o de Pablo VI) como la extraordinaria (o de san Po V) del Rito Romano.

En la Misa baja (celebracin sencilla, de uso cotidiano) de la forma extraordinaria, el sacerdote lee todas las lecturas, o sea, la Epstola, el Gradual (salmo de respuesta a la Epstola, n.d.t.) y el Evangelio. En general, hace esto asumiendo la misma posicin con la que ofrecer seguidamente el santo Sacrificio. Con una expresin equivocada, pero muy difundida, podemos decir que el sacerdote proclama la Liturgia de la Palabra de espaldas al pueblo. La lengua de la proclamacin es la misma de todo el rito, por tanto el latn, o tambin la lengua nacional, como recuerda el artculo 6 del Motu Proprio Summorum Pontificum. Al acabar la Epstola, quien asiste dice: Deo gratias. A la Epstola sigue el Gradual, llamado as por los escalones que el dicono suba para ir a leer el Evangelio desde el ambn en la Misa solemne. Despus del Gradual, se lee el Aleluya con su versculo, o el Tracto . En algunas ocasiones, antes del Evangelio, el sacerdote proclama tambin una Sequentia . Hecho esto, mientras el ministro transporta el Misal (en el que se encuentran tambin los textos de las lecturas bblicas) del lado derecho del altar (llamado cornu epistulae) al lado izquierdo (cornu evangelii), el sacerdote, colocado en el centro del altar, pide al Seor la bendicin antes de pasar al lado izquierdo (o septentrional), a cuya extremidad proclama el Evangelio tras haber dicho Dominus vobiscum, haber recibido la respuesta correspondiente, haber anunciado el ttulo del libro evanglico del cual se ha tomado la percopa que va a leer, haber trazado con el pulgar de la mano derecha un signo de cruz sobre el libro y tres sobre s (sobre la frente, sobre la boca y sobre el pecho). Cuando lee la Epstola, el Gradual y el Aleluya, el sacerdote tiene las manos apoyadas sobre el Misal, o sobre el altar, pero siempre de modo que las manos toquen el libro. En cambio, al proclamar el Evangelio, tiene las manos unidas a la altura del pecho. Terminada la lectura del Evangelio, levanta con las manos el libro del atril y lo besa diciendo en secreto la frmula Per evangelica dicta, deleantur nostra delicta. Durante la proclamacin de las diversas lecturas, el sacerdote hace una inclinacin con la cabeza cada vez que pronuncia el nombre de Jess. En casos particulares, est prevista la genuflexin durante la lectura. Al final de la lectura del Evangelio, se aclama Laus tibi, Christe. Tras el Evangelio, sobre todo en los domingos y en los das de precepto, se puede introducir, segn la oportunidad, una breve homila . Finalmente, tras la eventual homila, cuando est previsto, se recita el Smbolo de la fe: el sacerdote vuelve a centro del altar y entona el Credo extendiendo y recogiendo las manos ante el pecho y haciendo una inclinacin de cabeza. Cuando se recita Et incarnatus est se arrodilla y permanece as hasta et homo factus est. Hace tambin una inclinacin con la cabeza cuando dice simul adoratur. Finalmente, concluyendo el Smbolo, se signa con la seal de la cruz. Todas las partes de a Liturgia de la Palabra, excepto las oraciones que el sacerdote recita antes y despus de la proclamacin del Evangelio, se dicen con tono de voz inteligible. No podemos aqu aadir otros detalles sobre la forma de proclamar las lecturas bblicas en la Misa solemne.

En el Misal de Pablo VI, la Liturgia de la Palabra ha mantenido diversos elementos del Misal de san Po V aunque han sido suprimidos algunos y aadidos otros. De por s, no se ha cambiado la lengua de la proclamacin, porque la lengua propia de la liturgia romana ha seguido siendo el latn tambin en la forma litrgica postconciliar, razn por la cual los nuevos leccionarios (ahora impresos como libros independientes) se han publicado en latn en 1969 y en 1981. Por otro lado, es bien sabido que la editio typica ha sido despus traducida en las diversas lenguas nacionales y stas son las usadas generalmente. La Institutio Generalis Missalis Romani (IGMR) dicta las normas generales para la Liturgia de la Palabra en los nn. 55-71. Una primera diferencia entre las dos formas del Rito Romano est en el hecho de que, tambin en la Misa cotidiana, celebrada de forma no solemne, se admite la posibilidad de que otros lectores proclamen los pasajes bblicos , a excepcin del Evangelio, aunque permanece obviamente la posibilidad de que sea an el sacerdote quien lea todos los textos de la Liturgia de la Palabra . Un segundo cambio est en el hecho de que, en los domingos y solemnidades, el nmero de las lecturas aumenta a tres (Primera y Segunda Lectura, ms el Evangelio), adems del Salmo responsorial, que toma el lugar del Gradual o del Tracto. Tambin la seleccin de las percopas bblicas aumenta de modo considerable respecto al leccionario de la forma extraordinaria . Un tercer elemento nuevo es la reinsercin de la Oracin Universal u Oracin de los Fieles, que se realiza despus del Evangelio y la homila. La homila se recomienda para cada da del ao y es obligatoria en los domingos y en los das de precepto . Es significativa la insercin, dentro de las normas dictadas por la Institutio, de un nmero sobre el silencio:

La Liturgia de la Palabra debe ser celebrada de modo que favorezca la meditacin; por tanto, se debe evitar absolutamente toda forma de prisa que impida el recogimiento. En ella son oportunos tambin los breves momentos de silencio, adaptados a la asamblea reunida, por medio de los cuales, con la ayuda del Espritu Santo, la palabra de Dios sea acogida en el corazn y se prepare la respuesta con la oracin. Estos momentos de silencio se pueden observar, por ejemplo, antes de que comience la propia Liturgia de la Palabra, tras la primera y la segunda lectura, y terminada la homila .

La Institutio establece adems que las lecturas bblicas se lean siempre desde el ambn por tanto, aunque las lea el sacerdote, no lo hace nunca estando de espaldas al pueblo. Tambin en la forma ordinaria, el sacerdote, antes de proclamar el Evangelio, recita una oracin silenciosa. En el rito de Pablo VI, al trmino de cada lectura, se dice un versculo, que lanza la respuesta de los fieles . El Salmo en cambio se llama responsorial, porque est intercalado por un responso dicho por todos los fieles entre una estrofa y otra. Aunque habitualmente esto no sucede, las normas prevn la posibilidad de cantar o recitar el Salmo sin responso, o de sustituirlo con un Gradual . El Misal de Pablo VI mantiene en algunas ocasiones el uso de la Sequentia, la cual es obligatoria slo en los das de Pascua y Pentecosts y adems se recita antes del versculo del Aleluya y no despus de ste. El Evangelio es proclamado realizando los mismos gestos que en la Misa de san Po V, aunque la IGMR no precisa la posicin de las manos del sacerdote ni otros aspectos similares . Esto sucede tambin para las normas relativas a la recitacin del Credo, para la cual, sin embargo, se precisa que no hay genuflexin, sino slo inclinacin en el momento de las palabras Et incarnatus est . Sobre la Oracin de los Fieles, la IGMR dice que es conveniente que en las Misas con participacin de pueblo est normalmente esta oracin . Corresponde al sacerdote celebrante guiar desde la sede la oracin. l la introduce con una breve monicin, para invitar a los fieles a rezar, y la concluye con una oracin. Las intenciones se leen desde el ambn o desde otro lugar conveniente, por parte del dicono o del cantor o del lector o de un fiel laico .

De cuanto se ha dicho, se observa una continuidad sustancial entre el modo de celebrar la Liturgia de la Palabra en los dos Misales, unida a ciertos cambios, algunos enriquecedores, otros ms problemticos. La continuidad se basa en diversos motivos. El primero y principal es que la Liturgia de la Palabra acoge en s solo y exclusivamente textos bblicos (Antiguo y Nuevo Testamento). Representa, por tanto, una desnaturalizacin de esta parte de la celebracin la insercin de textos extra-bblicos, aunque estn tomados de los Padres, de los grandes Doctores y Maestros de espiritualidad cristiana. Con mayor razn, no pueden leerse textos profanos o escritos sagrados de otras religiones . Otro motivo de continuidad es la estructura de la Liturgia de la Palabra, que es similar en las dos formas del Rito Romano.

Hay tambin diversos aspectos que indican un cambio. En el rito de Pablo VI la seleccin de percopas es mucho ms rica que en el Misal precedente. Este hecho es sin duda positivo y responde a las indicaciones de la Sacrosanctum Concilium. Sera con todo el caso de abreviar numerosas percopas demasiado largas . Es tambin positiva la norma por la cual las lecturas son proclamadas desde el ambn, y por tanto, con los lectores dirigidos hacia el pueblo. Esta postura es de hecho la ms indicada para la Liturgia de la Palabra . Positiva es tambin la norma que prescribe la obligatoriedad de la homila en el domingo y en los das de precepto. Aqu el sacerdote tiene un papel importante y delicado. Recientemente, S. E. Mons. Mariano Crociata ha recordado que es decisivo que el que pronuncia la homila tenga conciencia de ser l mismo un oyente, es ms, de ser el primer oyente de las palabras que pronuncia. Debe saber ante todo, si no solamente, dirigida a l esa palabra que est pronunciando para otros . La preparacin cuidadosa de la homila es parte integrante del papel del sacerdote en la Liturgia de la Palabra. Benedicto XVI nos recuerda que la homila tiene siempre finalidad tanto catequtica como exhortativa : no puede ser por tanto una leccin de exegesis bblica, tanto porque debe expresar tambin el dogma, como porque debe ser un discurso catequtico y no acadmico; ni puede ser un simple parntesis que alude a ciertos valores vagos, quizs tomados de la mentalidad actual sin algn filtro evanglico (lo que significara separar la parte exhortativa, que afecta al bien que realizar, de la veritativa o catequtica).

Sobre el ministerio de los lectores, la forma ordinaria permite que no solo lean ministros especialmente instituidos por la Iglesia para esta tarea, sino tambin otros fieles laicos. El papel del sacerdote, en este caso, ya no es el de leer siempre en primera persona las lecturas bblicas, sino el ms remoto de asegurar que estos lectores sean verdaderamente idneos. Nadie puede sencillamente subir al ambn y proclamar la Palabra de Dios en la liturgia. Si no hay personas adecuadamente preparadas, el sacerdote debe seguir asumiendo en primera persona el papel de lector, hasta que no se pueda asegurar la presencia de lectores verdaderamente idneos. Por razones de espacio, no podemos aqu detenernos en el tema de la Oracin de los Fieles.

Finalmente, un elemento de cambio que representa un empobrecimiento es la falta de indicaciones precisas sobre las actitudes corporales que el sacerdote debe asumir en el acto de leer (en particular el Evangelio). Con todo, esta representa una eleccin de fondo del nuevo Misal, que es mucho menos preciso que el precedente sobre estos aspectos, dejando el campo abierto a diversas actitudes celebrativas. Se puede obviar esta carencia, aplicando al nuevo rito las costumbres del antiguo, all donde esto es posible, para aquellas indicaciones que no estn excluidas explcitamente de las actuales categoras, como el tener las manos juntas a la altura del pecho durante la proclamacin del Evangelio. Esto contribuye a la dignidad de la celebracin de la Liturgia de la Palabra y puede representar un ejemplo de esa recproca influencia entre los dos Misales augurada por Benedicto XVI, cuando escribi que las dos formar del uso del Rito Romano pueden enriquecerse mutuamente. Tambin de este modo en la celebracin de la Misa segn el Misal de Pablo VI podr manifestarse, de manera ms fuerte que cuanto no lo es a menudo hasta ahora, esa sacralidad que atrae a muchos al uso antiguo .

i) Para una panormica histrica y teolgica sobre la Liturgia de la Palabra, se puede ver por ejemplo: M. Kunzler, La liturgia della Chiesa, Jaca Book, Miln 2003 (II edicin ampliada), pp. 297-309, con bibliografa en las pp. 309-310.

iv) En el ordenamiento del Misal de Juan XXIII se encuentran solo cinco Sequentiae: Victimae paschali para la Pascua, Veni sancte Spiritus para Pentecosts, Lauda Sion para el Corpus Domini, Stabat Mater para las dos fiestas de los Siete Dolores, Dies Irae para las Misas de difuntos.

v) Post Evangelium, praesertim in dominicis et diebus festis de praecepto, hebeatur, iuxta opportunitatem, brevis homilia ad populum: Missale Romanum 1962, Rubricae generales, VIII, n. 474.

vi) La lectura litrgica es competencia del lector constituido (cf. IGMR, n. 99), con todo, si falta el lector instituido, otros laicos, que sean sin embargo aptos para llevar a cabo esta tarea y bien preparados, se encargarn de proclamar las lecturas de la Sagrada Escritura (IGMR, n. 101).

vii) Con todo, como se desprende de IGMR, n. 59, esta segunda posibilidad se mantiene solo en ausencia de lectores idneos. As tambin el n. 135: Cuando falta el lector, el sacerdote mismo proclama todas las lecturas y el salmo entando en el ambn. El n. 176 prescribe que, si est presente el dicono, ser l el que lea en caso de falta de lector.

viii) No hay duda sobre la mayor amplitud de la seleccin bblica del leccionario postconciliar. Es necesario tambin reconocer, con todo, que diversas veceslas percopas son demasiado largas, lo que, unido a la reinsercin de la Oracin de los Fieles y a la prctica ordinaria de la homila, vuelve a menudo la Liturgia de la Palabra ms larga que la Liturgia Eucarstica, dando lugar a una descompensacin teolgico-litrgica, adems de ritual.

xix) No est permitido omitir o sustituir por propia iniciativa las lecturas bblicas prescritas ni sustituir especialmente 'las lecturas y el salmo responsorial, que contienen la palabra de Dios, con otros textos no bblicos' (Congregacin para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Redemptionis Sacramentum, n. 62).

xx) En las celebraciones sagradas se restaurar una lectura de la sagrada Escritura ms abundante, ms variada y mejor elegida (Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, n. 35).

xxi) Otros defectos del leccionario post-conciliar son sealados por A. Nocent en Pontificio Instituto Litrgico San Anselmo (ed.), Scientia liturgica. Manuale di liturgia, III: LEucaristia, Piemme, Casale Monferrato 2003 (III edicin), pp. 195-200.

Los Hermanos de San Juan de Dios llegaron a Tenerife el ao 1949. Un acuerdo plenario del Cabildo pide a la Orden que se establezca en la Isla para tratar a los nios victimas de la poliomielitis.

Tras los aos, nuestra Clnica Infantil, se ha ido transformando en un moderno Hospital Mdico-Quirrgico con 172 camas, concertado con el Servicio Canario de la Salud, y propiedad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

Desde su fundacin, los Hermanos de San Juan de Dios, han estado siempre presentes en el Hospital, actualmente, estn representados por una Comunidad de cuatro Hermanos. Conjuntamente trabajan una comunidad de cuatro religiosas de la Congregacin Mara Madre de la Iglesia.

Dotos biogrficos de San Juan de Dios. Informacin recogida de Boletn Extraordinario (por fiesta de San Juan de Dios) - marzo 2010 NOTICIERO "JUANDEDIANO", publicado por Hospital San Juan de Dios.

1540.- Se traslada a un nuevo local en la Cuesta de los Gomeles, siendo este considerado su 2 Hospital. Aqu permaneci hasta das antes de su muerte, acaecida el 8 de Marzo de 1550 en la Casa de los Seores de Pisa.

Habis odo que se dijo a los antiguos: "No matars", y el que mate ser procesado. Pero yo os digo: Todo el que est peleado con su hermano ser procesado. Y si uno llama a su hermano "imbcil", tendr que comparecer ante el Sanedrn, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego.

Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas all mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja all tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todava de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la crcel. Te aseguro que no saldrs de all hasta que hayas pagado el ltimo cuarto.

Muchas veces puedo justificar mis actitudes, porque no hay en ellas, aparentemente, grandes negatividades. Ciertamente no he matado a nadie, fsicamente, slo de pensarlo me estremezco. Pero hay muchas formas de matar, de eliminar al otro, de apartarlo de mi vida, de vivir con indiferencia y, al final, me tengo que preguntar de verdad que no he eliminado a nadie, que no ha habido actitudes en m que han entraado algn tipo de muerte?

Tu sensibilidad es tan profunda que me llevas a descubrir que el menor signo de desprecio, es una forma de eliminar, porque supone dureza de corazn, rechazar el dilogo, la reconciliacin, el perdn, y sentir al otro como enemigo irreconciliable, con lo que negamos al otro la posibilidad de existir frente a m.

Es verdad, que a veces surgen situaciones en las que me veo envuelto y tratado as, y me es difcil reaccionar positivamente. Pero t me invitas a mirarme a m y mis actitudes, y tener el valor y la sinceridad de descubrir si alguien tiene quejas contra m para dar el primer paso de reconciliacin. Porque lo que me distancie del otro me distancia de ti. T no puedes acoger un corazn cerrado al otro, porque en ti estamos todos, y negarles acogida, herirles, es hacrtelo a ti. Desde ah puedo entender que mi ofrenda, mi decirte que te quiero, mis gestos, puedan estar vacos y no llegarte. Antes que cualquier gesto ritual, quieres y pides el gesto vital de mi amor, de reconciliacin, de perdn. Tal vez no es muy fcil a veces, pero es muy bonito, y muy importante, pensarlo e incluirlo en los anhelos y esfuerzos de mi caminar.

Seor, necesito coraje y humildad, para acoger tu palabra con todas las consecuencias. Permteme ir aprendiendo, a travs de los conflictos ms cotidianos. Aydame a querer aprender.

Tambin quiero darte las gracias, por los momentos que he experimentado el perdonar y el ser perdonado, porque son la mejor leccin para saber que merece la pena el esfuerzo.

Durante los das 26 y 27 de febrero se llevar a cabo la Asamblea Diocesana de Caritas, en el Seminario Diocesano. Comenzar a las 18:00 horas del viernes y, entre otros asuntos, se presentar el Informe de Gestin de los dos ltimos aos y se planificar el trabajo a realizar en los dos prximos.

Por cierto, Critas Diocesana ha recaudado, hasta la fecha, 503.000 euros, o sea, ms de ochenta y tres millones de pesetas, en la campaa por la emergencia del terremoto en Hait. De ellos, 206.000 euros proceden de las colectas del 6 y 7 de febrero en todas las parroquias de la provincia de Santa Cruz de Tenerife.

El VII Encuentro de agentes de Pastoral Social y Caritativa de nuestra Dicesis se celebrar en el Seminario Diocesano el domingo, 7 de marzo, desde las 9:30 a las 15:00 horas. El objetivo de esta iniciativa es doble: Por una parte, compartir experiencias, interrogantes, dificultades, avances, etc. Por otra parte, conocer un poco ms la ltima Encclica del Papa dedicada a la reflexin sobre la caridad en la verdad.

La semana de tica y Poltica, que tena prevista comenzar el martes, 23 de febrero se ha suspendido por motivos de enfermedad de un familiar del ponente de las jornadas, el profesor de derecho, moral y poltica Agustn Moratalla.

Este ciclo de tica y Poltica s ha llegado esta semana a S. Sebastin de La Gomera. All el Aula Torres Padilla y el Instituto Superior de Teologa ofertan dos conferencias sobre los derechos humanos y el cine y el tratamiento de los mismos en la ltima encclica papal.

Este viernes se renen en el Instituto Nacional de Patrimonio, en Madrid, representantes del instituto con el Obispo, Bernardo lvarez el Alcalde de La Laguna, Fernando Clavijo y el Den de la Catedral, Julin de Armas. El objetivo de dicho encuentro ser el de abordar todo lo relacionado con la segunda fase de las obras en el primer templo de la dicesis, es decir, concretar los plazos y la financiacin de la reposicin de las cubiertas de la Catedral.

Como ya va siendo tradicional en la Comunidad Parroquial de Los Santos Reyes en Valle Gran Rey, y dentro del tiempo de Cuaresma, se ha organizado la IV Semana Bblica que este ao se ha dedicado al estudio, la reflexin y la oracin con los evangelistas.

Por otro lado, en el colegio de las dominicas, de Santa Cruz de La Palma, el arciprestazgo del lugar viene desarrollando esta semana, cuatro cursos para agentes de pastoral que van desde la figura de Mara en la Bblica, en este Ao de Bajada de la Virgen, a la atencin a los no creyentes, o la relacin de ayuda en la pastoral de la salud. En dichos cursos estn participando 250 personas.

Una iniciativa similar se desarrollar del 1 al 5 de marzo en los salones parroquiales de San Miguel, en el sur de Tenerife, de 19:30 a 21:30 horas. En esta ocasin los temas que se abordarn sern: Jvenes y Eucarista, Evangelizacin y Apuntes de relacin de ayuda.

Asimismo, El Hierro, concretamente la parroquia de S. Pedro en El Mocanal, est acogiendo unas jornadas para profundizar en el objetivo pastoral prioritario de este curso: La iniciacin cristiana.

Bajo el lema Busca y encuentra, los prximos das 26 de febrero y 5 de marzo se llevarn a cabo en diferentes puntos de la dicesis, varias vigilias de cuaresma especialmente dirigidas a jvenes. Las zonas y los horarios de estas vigilas para el 26 de febrero quedan de la siguiente forma: Parroquias de Gracia en La Cuesta, de Santa rsula, en el norte de Tenerife y de El Retamar en Los Llanos, a las 20:00 horas. Ese mismo da, tambin habr una vigilia en la parroquia de Las Eras a las 21:00 horas. Por otro lado, una nueva iniciativa de este tipo se desarrollar, el 5 de marzo en Santo Domingo en Hermigua, a las 20:00 horas y en Valverde en El Hierro, a las 19:30 horas.

La isla de La Palma ser la primera ciudad del mundo en celebrar la Marcha internacional por la Vida 2010, con el lema Espaa Vida S. En la capital palmera, la concentracin se celebrar el prximo sbado 27 de febrero, a las 12:30 horas, en la Plaza de Espaa. En Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria y en el resto de ciudades participantes, esta movilizacin se llevar a cabo el 7 de marzo.

La capilla de San Pedro de Arriba en Gimar, de 1765, ha reabierto sus puertas tras 14 meses de obras de restauracin de las pinturas murales del templo. Tras el traslado desde el templo matriz de San Pedro de Gimar de la imagen de San Pedro, el Chiquito hasta la plaza del templo, el vicario general, Antonio Prez, presidi la eucarista. Prez hizo una llamada, en su homila, a mantener la esperanza en tiempos de crisis, en muchos mbitos de la vida, y a no perder la fe, pues vale la pena ser creyentes, proponer la fe en Jess y vivir la caridad.

Por cierto, que en Gmar continan llevndose a cabo actos para celebrar el Cincuenta Aniversario de la Bendicin del Seor Atado a la Columna. As, el viernes 26 de febrero, a las 19:45 horas, tendr lugar la inauguracin de la exposicin El Seor Atado a la Columna, cincuenta aos de una devocin. Permanecer abierta hasta el viernes, 12 de marzo.

El prximo 14 de marzo se celebrar el Da de Hispanoamrica con el lema: sacerdotes, discpulos y maestros. Son muchos los vnculos que unen nuestra tierra canaria con Amrica, prueba de ello es que somos la segunda dicesis en la ayuda econmica (16.000 Euros) gestionada desde esta campaa y enviada a la Conferencia Episcopal Espaola.

La Delegacin de Pastoral Vocacional, organiz por segundo ao consecutivo, la peregrinacin vocacional a Garachico. Desde las 4 de la tarde -y en distintos lugares celebrativos de Garachico- se llevaron a cabo testimonios vocacionales que ayudaron a apreciar y conocer el ministerio sacerdotal y los diversos carismas de la vida consagrada como don de Dios a su Iglesia.

En la casa de ejercicios de la capital tinerfea, se ha desarrollado la primera sesin del Master de Matrimonio y Familia que lleva a cabo el Instituto Juan Pablo II. Esta especialidad universitaria en pastoral familiar que ya est presente en diferentes zonas de la pennsula, reuni en Tenerife a 38 personas. El ponente de estas jornadas fue el sacerdote Juan de Dios Larr y el tema central gir en torno al Amor humano.

Se ha celebrado en la parroquia de San Sebastin de Santa Cruz por primera vez en Tenerife, la tradicional misa en honor del Santo Nio, una de las devociones ms veneradas en Filipinas y patrn de muchas de las ciudades ms importantes del pas.

An tres semanas despus del duro temporal que asol las islas, tcnicos y dems operarios del Cabildo acuden a diario a la iglesia de la Concepcin, en Santa Cruz de Tenerife para intentar restablecer la normalidad. Mauricio Gonzlez, prroco de este histrico templo ha indicado que el fango es lo ms difcil de limpiar.

El peridico El Da ha publicado, en su edicin del domingo, 21 de febrero, una entrevista a Armando Montoliu, sacerdote afincado en Tenerife desde 1952. Montoliu trabajaba en el Banco Hispano Americano de Barcelona cuando sinti la llamada de Dios al sacerdocio. Don Armando celebrar su 90 cumpleaos, mediante una eucarista el 27 de febrero, a las 12:00 horas, en la parroquia del Sagrado Corazn de Jess, en Santa Cruz.

Del 1 al 4 de marzo, en Gran Canaria y del 2 al 5 de marzo, en Tenerife se llevarn a cabo las XIII Jornadas de Historia de la Iglesia en Canarias bajo el ttulo: El Archivo Secreto Vaticano: Herencia frente a olvido. EL patrimonio documental canario.

Fray Miguel Martn Caldern, superior de la Comunidad de Hermanos y el director gerente del Hospital de San Juan de Dios, Juan Manuel de Len Garca han invitado a quienes lo deseen, a la eucarista y al acto de imposicin de la Granada de Oro a los trabajadores jubilados, que tendr lugar el da 8 de marzo, a las 12:00 horas, con motivo de la festividad de San Juan de Dios. La eucarista estar presidida por el Obispo. La parte musical correr a cargo del coro Unum Cor.

El director del Instituto Superior de Teologa de Tenerife, Juan Pedro Rivero ha invitado a todos los profesores de este centro de estudios a la Defensa Pblica de la Tesis de Licenciatura en Teologa Dogmtica del Profesor Miguel ngel Garca Rodrguez. La tesis lleva por ttulo: Conceptos, manifestaciones y valoracin de la religiosidad popular en el mbito de la EREC de la Dicesis de Tenerife.

El lunes, 1 de marzo, a las 20:30 horas, en el ex convento de Santo Domingo tendrn lugar las I Jornadas de Capataces y Costaleros. En el acto se impartir la conferencia de Antonio Santiago, capataz de la Hermandad de la Macarena de Sevilla.

Los das 19 y 20 de marzo, la parroquia de San Juan Bautista, en Vallehermoso celebrar el I Centenario del templo. El viernes, 19 de marzo, a las 18:00 horas, se llevar a cabo la conferencia El arquitecto Antonio Pintor y su obra en La Gomera, a cargo de Pablo Jerez Sabater, licenciado en Historia del arte por la universidad de Sevilla. Posteriormente, tendr lugar la eucarista presidida por el obispo. El sbado, 20 de marzo la eucarista se desarrollar a las 18:00 horas y luego habr una nueva conferencia. En este caso, titulada: Vallehermoso hace 100 aos. Un templo para un pueblo. La misma correr a cargo de Rubn Martnez, profesor del IES San Sebastin de La Gomera y por Juan Carlos Marrero, director del Museo Arqueolgico de la Gomera.

Critas Diocesana de Tenerife ha recaudado, hasta la fecha, ms de 500.000 euros en la campaa por la emergencia del terremoto en Hait. De ellos, 206.000 euros proceden de las colectas del 6 y 7 de febrero en todas las parroquias de la provincia de Santa Cruz de Tenerife.

Critas. 24 de febrero de 2010. Ms de 500.000 euros se han recaudado, hasta el momento, en las diferentes cuentas que Critas Diocesana de Tenerife ha abierto en la emergencia por el terremoto de Hait. De ese importe total ms de 206.000 euros proceden de la colecta de los das 6 y 7 de febrero, realizada por disposicin de D. Bernardo lvarez, Obispo de la Dicesis, en todas las parroquias de la Provincia.

Se puede considerar como una de las colectas ms generosas de los ltimos aos por parte de la Comunidad Cristiana de El Hierro, La Gomera, La Palma y Tenerife, y un signo de respuesta a la interpelacin realizada por el Obispo ante la situacin de realidad dramtica sobrevenida en el pas caribeo por el terremoto del pasado 12 de enero.

La liturgia de este domingo nos presenta el texto del profeta Nehemas (Neh 8, 2-10) en el que el escriba y sacerdote Esdras proclama pblicamente la Ley de Dios que haba sido dada a Moiss para que sea el fundamento del pueblo judo. Se acababa de reconstruir las murallas de la ciudad y el Templo y ahora Esdras propone a la ley de Dios como el fundamento y la piedra angular de la espiritualidad del pueblo elegido por Dios. Dice el texto que despus que Esdras ley pblica y solemnemente la Ley y luego de que los levitas explicaran al pueblo el contenido de la Ley, el pueblo respondi Amn, Amn y luego con alegra se fue a festejar porque haban comprendido y aceptado las palabras que les haban enseado (Ib. 12). El pueblo experiment la misericordia y la cercana de Dios en su Palabra. As la Ley de Dios pas a ser el fundamento de la vida del Pueblo de Dios y la causa de su profunda alegra.

Al comienzo de su Evangelio, San Lucas quiere dejar en claro que l no improvisa, que l ha sido un instrumento responsable en las manos de Dios y que se ha dedicado a investigar diligentemente para escribir una narracin ordenada sobre Jess, basndose en el testimonio de testigos. As Lucas quiere mostrar que estas narraciones no son producto de la fantasa o de la mitologa, sino que se refieren a hechos que verdaderamente han ocurrido en la historia y que son contados por los testigos que estuvieron en contacto cercano con Jess y que se transmitieron con fidelidad en los primeros tiempos de la Iglesia hasta que se fueron poniendo por escrito.

La segunda parte del evangelio de este domingo nos muestra a Jess predicando en la sinagoga de Nazaret. All Jess, luego de leer el texto de Isaas 61, 1-2 afirma esta escritura, que acaban de or, se ha cumplido hoy. Jess se presenta as como el Ungido del Seor, como el Mesas que viene a anunciar la buena noticia a los pobres, a devolver la vista a los ciegos, a liberar a los cautivos, a hacer los signos de Dios. Jess es el centro de la escena. El mismo Jess se presenta con autoridad y como portador del Espritu de Dios. Nuestra fe nos dice que Jess es la Palabra de Dios, es el Verbo de Dios que se hace presente entre nosotros, es el centro de nuestra fe. Es sumamente interesante advertir que en este texto de Lucas la cita del profeta Isaas est modificada: el texto original dice al final a proclamar un ao de gracia del Seor, un da de venganza de nuestro Dios, pero el evangelio slo dice un ao de gracia del Seor y omite da de venganza. Y esto es justamente porque Jess nos libera de la ira de Dios, de su justa venganza. Nos libera de lo que mereceramos en justicia por nuestro pecado, nuestra mediocridad, nuestro olvido de Dios, y viene a proclamar que Dios siempre nos da una nueva oportunidad, viene a proclamar que es un Dios de misericordia y que espera que el corazn del hombre cambie y haga las obras de Dios.

Con la venida de Jess se inaugura un tiempo de gracia, de misericordia, y se nos ofrece una buena noticia que es luz para nuestros ojos y liberacin de nuestras esclavitudes personales, las materiales e incluso las espirituales. Creemos en un Dios que es justo pero que es tambin misericordioso. Oseas 11, 1-9 retrata la lucha entre la misericordia y la justicia que se libra en el corazn de Dios, en donde termina triunfando la misericordia: porque soy Dios, no un hombre; contigo soy el Santo, y no vendr con ira (11, 9), dice el texto. Jess es la manifestacin de ese triunfo de la misericordia en el corazn de Dios y se hace presente con la uncin del Espritu Santo para hacer las obras, los signos de Dios. Tambin nosotros estamos llamados a vivenciar el Espritu de Dios en nuestro corazn y a ser capaces de hacer las obras de misericordia que nos asemejarn a Jess.

El Papa Benedicto XVI presidi hoy en la Baslica Vaticana (a las 10 de la maana hora de Roma) la Santa Misa en la solemnidad de la Epifana del Seor, Jornada que lo es tambin de la Infancia Misionera. Al medioda dirigi el rezo del ngelus.

Quiz se pueda no estar tan al corriente que en la solemnidad de la Epifana -manifestacin de Cristo a todos los pueblos y naciones, representados por los Magos- se celebra la mencionada Jornada de la infancia misionera, instituida por el Papa Po XII. Con el lema perenne Los nios ayudan a los nios, la Obra pontificia de la infancia misionera sostiene miles de iniciativas de solidaridad, educando a los nios para que crezcan con un espritu de apertura al mundo y de atencin a las dificultades de los menores menos favorecidos.

En este ao 2010 el lema de la Jornada de la infancia misionera es La Buena Nueva viaja sin pasaporte, puesto que se propone destacar la eficacia de la Palabra de Dios, que jams se ve limitada por barreras o confines, y al mismo tiempo nos impulsa a la evangelizacin, en el legtimo anhelo de difundir la gozosa noticia de la salvacin, libremente ofrecida a todos los pueblos del mundo.

Nosotros creemos, porque estamos convencidos de ello, que la luz de Beln contina resplandeciendo en todo el mundo, como lo ha dicho hoy el Papa Benedicto. Por ello tambin de esta Epifana queremos extraer algunas indicaciones programticas concretas, en lo que respecta a la Pastoral de la Infancia Misionera en la dicesis. Acerca de la conveniencia de dichas indicaciones u orientaciones, recordamos lo que nos dice nuestro Plan Pastoral diocesano:

Por consiguiente, este Plan Pastoral de la dicesis ha procurado brindar indicaciones programticas concretas, como nos ensea el Documento de APARECIDA: "El proyecto pastoral de la Dicesis, camino de pastoral orgnica, debe ser una respuesta consciente y eficaz para atender las exigencias del mundo de hoy, con indicaciones programticas concretas, objetivos y mtodos de trabajo, de formacin y valorizacin de los agentes y la bsqueda de los medios necesarios, que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evanglicos en la sociedad y en la cultura (Orientacin fundamental del Plan, n. 1).

Varias son las parroquias de la dicesis que cuentan con la Infancia Misionera. En esto vemos tambin que, en parte, las propuestas actuales ya se encontraban de algn modo presentes, ya sea en las orientaciones o en la prctica (Cf. Plan Pastoral Diocesano, Captulo I, n. 1: EL CAMINO PASTORAL RECORRIDO NOS ORIENTA, Y NOS ALLANA EL CAMINO POR RECORRER). Sin embargo, queda un camino importante que emprender respecto a la implementacin y puesta en obra de la Infancia Misionera, que traer muchas bendiciones.

Tambin en nuestro Plan (Captulo I, n. 7: Profundizacin en la dimensin evangelizadora de toda la Pastoral) damos el sentido del llamado "estado de misin", y luego, al pasar a sugerir o proponer profundizaciones en los distintos mbitos de la Pastoral (n. 9 del mismo captulo I), vemos la necesidad del () fomento de la formacin de agentes misioneros (para lo cual ser muy importante la tarea de las Obras Misionales Pontificias y de la Delegacin de Misiones, as como de las parroquias con grupos misioneros experimentados) que lleven a cabo la tarea de misionar en las parroquias que lo pidan, de una forma permanente y con dedicacin preferencial a esta tarea, buscando en especial a los alejados (Cap. I, n. 9, c).

S, y cmo!. Ellos, en su inocencia y simplicidad de ver a Jess y ver brillar su estrella sern de aquellos que, en el sentido de palabras que el Papa pronunci hoy: han visto la estrella y han comprendido el mensaje. Necesitan, esto s, de la atencin pastoral de las parroquias, de los curas prrocos, sacerdotes, diconos permanentes, religiosos, religiosas, laicos preparados, para abrirles los ojos y el corazn y ayudarlos a conservar un corazn sabio e inocente, que les permita ver la estrella de la misericordia del Seor, su Amor, que se da en la familia, en la comunidad, tambin en la comunidad parroquial, en todos los ambientes en el que el nio sea tambin un testigo del Amor de Cristo.

Ojal, quiera el Seor, que todas las parroquias de la dicesis puedan ir formando, con paciencia y a la vez con constancia, grupos de Infancia Misionera. Los exhorto de corazn a los curas prrocos. Cuentan con la ayuda de la Delegacin de Misiones, y la valiosa experiencia de las parroquias donde est ya funcionando, con mucho fruto de difusin del Evangelio y afianzamiento de la familia cristiana. El buen empeo de las familias ser fundamental en este cometido (las hay tantas, de cnyuges que han hecho un retiro de impacto, de aqullos que pertenecen a un movimiento o asociacin de fieles laicos, o se encuentran dedicados a un aspecto de la pastoral parroquial!).

La escena es considerada tradicionalmente como "la transfiguracin de Jess". No es posible reconstruir con certeza la experiencia que dio origen a este sorprendente relato. Slo sabemos que los evangelistas le dan gran importancia pues, segn su relato, es una experiencia que deja entrever algo de la verdadera identidad de Jess.

En un primer momento, el relato destaca la transformacin de su rostro y, aunque vienen a conversar con l Moiss y Elas, tal vez como representantes de la ley y los profetas respectivamente, slo el rostro de Jess permanece transfigurado y resplandeciente en el centro de la escena.

Al parecer, los discpulos no captan el contenido profundo de lo que estn viviendo, pues Pedro dice a Jess: Maestro, qu bien se est aqu. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moiss y otra para Elas. Coloca a Jess en el mismo plano y al mismo nivel que a los dos grandes personajes bblicos. A cada uno su tienda. Jess no ocupa todava un lugar central y absoluto en su corazn.

La voz de Dios le va a corregir, revelando la verdadera identidad de Jess: ste es mi Hijo, el escogido, el que tiene el rostro transfigurado. No ha de ser confundido con los de Moiss o Elas, que estn apagados. Escuchadle a l. A nadie ms. Su Palabra es la nica decisiva. Las dems nos han de llevar hasta l.

Es urgente recuperar en la Iglesia actual la importancia decisiva que tuvo en sus comienzos la experiencia de escuchar en el seno de las comunidades cristianas el relato de Jess recogido en los evangelios. Estos cuatro escritos constituyen para los cristianos una obra nica que no hemos de equiparar al resto de los libros bblicos.

Hay algo que slo en ellos podemos encontrar: el impacto causado por Jess a los primeros que se sintieron atrados por l y le siguieron. Los evangelios no son libros didcticos que exponen doctrina acadmica sobre Jess. Tampoco biografas redactadas para informar con detalle sobre su trayectoria histrica. Son "relatos de conversin" que invitan al cambio, al seguimiento a Jess y a la identificacin con su proyecto.

Por eso piden ser escuchados en actitud de conversin. Y en esa actitud han de ser ledos, predicados, meditados y guardados en el corazn de cada creyente y de cada comunidad. Una comunidad cristiana que sabe escuchar cada domingo el relato evanglico de Jess en actitud de conversin, comienza a transformarse. No tiene la Iglesia un potencial ms vigoroso de renovacin que el que se encierra en estos cuatro pequeos libros.

Todo cristiano, pero especialmente el sacerdote, tendra que acostumbrarse a pedir al Evangelio y, por tanto, a Jess, que nos ilumine con su Palabra antes de responder a los interrogantes que pueda encontrarse en la vida.

Este ejercicio de preguntar siempre al Evangelio: cmo debo responder, cmo reaccionar ante lo que me brinda la vida, a este interrogante que me ofrece la fraternidad. Es necesario aprender de Jess a ser hermanos, a amar y esperar a los hermanos y, sobre todo, aprender de Jess a padecer, por amor a los hermanos. ;

Jess sabe que con su Encamacin ha introducido una dinmica nueva para la nueva humanidad. Una dinmica para la que los humanos no estamos bien hechos del todo, aunque hayamos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Necesitbamos reconstruimos, revestimos de sus propios sentimientos. Y por eso l inici el ensayo de la fraternidad segn el Evangelio. Y en el Evangelio l nos describe algunas reglas que es necesario acoger y madurar en el corazn de cada presbtero para saber vivir junto a los otros haciendo camino de fraternidad para la misin.

La fraternidad no se hereda del todo, aunque nacemos a la fraternidad sacramental por la imposicin de las manos. La fraternidad se edifica, la edifican aquellos que ms madrugan, es decir, los que estn movidos por el amor.

Esta clave es importante. Si queremos ir entraando de da en da al grupo de hermanos, es necesario que el corazn de cada uno sepa madrugar calentndolo en el calor del corazn de Cristo y as tomar iniciativas, salir al encuentro, buscar al otro.

Bblicamente, llamar a uno por su nombre es asumir la totalidad del misterio del otro en lo que tiene de historia, de huella cultural, de configuracin del propio ser en todas sus dimensiones.

Es una dimensin delicada, que ser muchas veces dolorosa. Querernos, sabemos encontrar, acertar a hacer camino con todas las huellas configuradoras de nuestra personalidad y hasta con las taras que la vida ha ido sembrando en el corazn de cada uno de nosotros, puede hacer ciertamente doloroso el camino, convertir en cruz la fraternidad.

Por eso, es importante pedir al Seor que nos revista de sus propios sentimientos. El Himno de la Carta a los Filipenses est situado en clave de fraternidad. Y en ese contexto Pablo sita el misterio del anonadamiento de Jess para enriquecemos con su pobreza.

Jess no ofrece una teora ni una doctrina sobre la fraternidad. La teje, la construye desde lo que el ministerio va suscitando, desde las urgencias del pueblo y desde los imperativos del Padre.

Y en ese camino cuida especialmente que sepan encontrarse, se preocupa de la calidad del encuentro, procurando que haya transparencia, libertad de comunicacin, nacidas del calor de hogar hasta poder decirse amigos. 'No os llamo siervos, sino amigos, porque el siervo no sabe lo que hace su Seor".

Aqu hay una perspectiva de nuestras fraternidades que es delicada, y hasta penosa y difcil, pero que es nuclear. Consiste en sabemos encontrar tambin en la comunicacin de lo que hay de ms genuino, de ms misterioso en el propio vivir y en el propio quehacer. No solamente encuentros funcionales, sino encuentros por la misin.

CUARTA CLAVE. La dinmica interna de la fraternidad de Jess comprende tres dimensiones que l vigila y cuida con mimo: 1) que sea una fraternidad contemplativa, con un corazn vuelto al Padre; 2) que se sientan solidarias d IQS hombres, sensibles y abiertos a los requerimientos y desafos que hace el pueblo; 3) siendo sembradores de bienaventuranza o constructores de la civilizacin del amor.

QUINTA CLAVE. Asegura un clima de libertad: que cada uno sea l, sin domesticar a nadie. Pero a la vez, cuidando que las flaquezas, las estupideces, los desatinos se conviertan, no en amenaza ni en condenacin ni en exclusin, sino en oportunidad para entrar ms adentro en la espesura de la dinmica del Evangelio que l regala.

SEXTA CLAVE: Vengarnos de la estupidez, querindonos ms. Es lo que hace Jess. El amor encuentra salida a las situaciones imposibles. Hay situaciones que slo pueden redimirse en el propio corazn.

SPTIMA CLAVE: l es Maestro y Seor, pero no crea dependencias, ni mengua capacidades, ni quiebra la autonoma regulada de cada uno de los discipidos. Es muy importante en la dinmica de las fraternidades: nadie es ms que nadie y todos somos hermanos. Lo cual no quiere decir que no vivamos con gratitud el don del otro, lo cual supone una, educacin del, corazn segn el Espritu.

NOVENA CLAVE: Este recorrido configura por dentro la entraa del grupo y su imagen pblica ante la opinin de los dems. Son los "Doce". Decir "doce" es haber adquirido una fisonoma interna, como un latido gemelo, como un alma gemela, es ser una autntica fraternidad sacerdotal. Hasta ser reconocidos como "los que estaban con l". Porque este es el reconocimiento que adquiere el grupo de los Doce ante la opinin pblica. Que nos reconozcan as, porque hemos terminado nosotros internamente reconocindonos y vivindonos como de los suyos.

Hay una dimensin de fidelidad, de coherencia, respecto al Evangelio en torno a Jess y en funcin del pueblo que cada uno tiene que saber hacer a solas, guiado por el Espritu. Es una dimensin intransferible.

UNDCIMA CLAVE. Este ltimo matiz resulta verdaderamente simptico y nos puede devolver el buen humor en momentos en que no se avanza e incluso en momentos en que retrocedemos, en que hay percances y no sabemos cmo solucionarlos.

Porque la fraternidad es un don del Espritu. Existe el riesgo de creer que la fraternidad es hechura de nuestra buena voluntad solamente. Y no. Es un don del Espritu Santo que es necesario pedir. Pero es tambin tarea, es gozo, es cruz. La fraternidad no se suea, la fraternidad se construye, se edifica con muchos gestos; sobre todo, con muchos gestos del corazn.

1.- LA PRIMERA OPORTUNIDAD QUE NOS REGALA EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA es poder entrar en el propio corazn, localizar las ambigedades o torpezas de nuestros sentimientos y poner nombre a los desatinos del alma.

Esta es la primera suerte y la primera gracia del Sacramento de la Penitencia: conocerse en la propia vulnerabilidad, ahondar profundamente en las dimensiones de pequeez, de pobreza, de humildad, sintindonos reencontrados por la bondad del Seor. Esto nos permite caminar en verdad.

No podra ser ste el estilo de nuestras relaciones fraternales? Tantas veces son los otros los que nos ponen en verdad! Tantas veces son los encuentros o encontronazos los que hacen que suban a la conciencia de uno mismo resistencias, dureza de corazn, falta de magnanimidad, torcimiento de la mirada! Todo esto que muchas veces lo llevamos encerrado en nuestro propio corazn aparece en la pantalla de la conciencia gracias al convivir y al trabajar juntos.

En el Sacramento, no obstante el pudor psicolgico que en ocasiones podamos tener, uno decide y logra ponerse "al desnudo", a la intemperie de sus debilidades ms oscuras, porque sabe que en ese acontecimiento sacramental hay Alguien que nos espera, que nos acoge, que nos cree y que siempre nos responde con una palabra de indulgencia y de misericordia.

Esta es la realidad teologal ms profunda del Sacramento de la Penitencia: creer, experimentar que se proyecta sobre nosotros, no un juicio que nos condena ni una recriminacin airada, sino indulgencia, misericordia y vida, a la vez que capacidad y gozo para caminar en la vida con mayor esperanza.

Igual que en el Sacramento de la Penitencia "nos desnudamos" para que no se proyecte sobre nosotros un juicio condenatorio, tendramos que regalar a los encuentros, a las relaciones, tal calidad de acogida, de fe en el otro, de espera esperanzada, que le devolviramos la confianza de poderse manifestar en la verdad de lo que es y somos. Porque slo la confianza y la magnanimidad facilitan unas relaciones transparentes. Una fraternidad marcada por la sospecha, por el juicio condenatorio, por la exigencia recriminatoria es una fraternidad, es una fraternidad que se enrarece. En situaciones as existe el peligro de replegarse, de poner el disfraz, encubriendo lo que realmente somos. La desgracia mayor de una fraternidad es crear una atmsfera que ahogue la espontaneidad, que limite la transparencia y que a un hermano u otro le haga ocultar sus reales sentimientos. Slo la bondad regalada abre los corazones. Slo la confianza entraable posibilita la seriedad y calidad del encuentro. El juicio condenatorio repliega y hace huir.

"Oh feliz culpa, que ha puesto al Padre en trance de regalarnos tal Redentor", cantamos en el Himno Pascual del Sbado Santo. De alguna manera podamos decir que ha sido el pecado el que ha puesto a Dios en trance de dar de s los excesos del amor.

Parece incomprensible, pero sta es nuestra realidad teologal: el pecado, la estupidez humana, en lugar de enfadar a Dios, de desentenderse de nosotros, puso en trance todos los resortes de su corazn, regalndonos el perdn y la misericordia. Por el pecado hemos podido comprender cul es la anchura, la hondura y la profundidad del amor desbordado del Padre en el Hjo.

Por qu no soar evanglicamente con un camino fraterno que se alimente de esta dinmica? Esto es lo que debera suceder muchas veces en nuestras relaciones fraternas. Porque puede haber momentos de incomprensin, de dureza de juicio, de enfado, de limitaciones de uno u otro, que se soportan mal y podran ser las oportunidades para sacar del corazn gestos casi inditos, excesos de amor fraterno, "vengndonos" de esas estupideces con el regalo de nuevos gestos de indulgencia y misericordia.

Tendramos que ver las limitaciones de las relaciones fraternas casi como oportunidad de gracia para dar de lo mejor, apostando por los excesos del amor fraterno y haciendo conmemoracin en nuestras relaciones de lo que realmente se significa y acontece en el Sacramento. Tendramos que pedir al Espritu Santo que nos revista de estos sentimientos.

En el Sacramento de la Penitencia el agua se convierte en vino, la tiniebla en luz, el pecado n gracia, la muerte en vida. No es esto un milagro? La parbola del hijo prdigo es una confirmacin de lo que acabamos de decir. Hay que procurar que este espritu se abra camino ms y ms entre nosotros con el fin de hacer de las relaciones fraternas un mbito cada vez ms caluroso y entraable de familia.

La sabidura cristiana de una fraternidad no est tanto en evitar encontronazos, que a veces son inevitables y ms bien fruto de la limitacin de la condicin humana que de la malicia del corazn, sino en transformar los encontronazos en encuentro. No est tanto en evitar las limitaciones sino en transformarlas en grandeza de alma y en sitio amoroso en el que quepan los hermanos.

Las rupturas producidas por el pecado se restaan en el Sacramento de la Penitencia, haciendo que los hermanos dispersos vuelvan al calor del hogar. La Penitencia nos permite volvemos de nuevo de cara a Dios, renaciendo entraablemente a la conciencia de hijos, y nos impulsa a mirar con otrct simpata a quien tenemos al lado, compartiendo las distintas tareas para que la hacienda rinda, para que la via est bien cuidada.

Podramos pedir al Espritu Santo que nos ayude a comprender que lo que se significa y sucede en el Sacramento de la Penitencia, lo hagamos camino fraterno, repitiendo la peticin del Padrenuestro: Perdona nuestras ofensas para ver si, de tanto sentirnos perdonados por Ti y enriquecidos con tu misericordia, vueltos a los hermanos, no sepamos ms que regalarles bienaventuranza.

Esta es la realidad de la nueva humanidad inaugurada por Cristo e introducida en el misterio de su Iglesia. Esto es lo nuclear de nuestra fe. Y lo que creemos, o se hace ensayo y tarea cotidiana o se queda en pura ideologa religiosa inoperante e ineficaz.

Intentemos adntrarnos en el santuario de la adoracin, encontrndonos con la persona de Jss para que nos hable al corazn y ante l, repasemos l itinerario de nuestros sentimientos y posturas fraternales, pidiendo a su Espritu que lo que el Padre hace en la Penitencia nos ayude a realizarlo con los dems mientras vamos de camino.

nos ofrece el discurso pronunciadoel jueves 28 de Enero de 2010por el Papa Benedicto XVI al recibir en audiencia a los miembros de las Academias Pontificias, con motivo de su 14 Sesin Pblica.

Estoy contento de acogeros y de encontraros, con ocasin de la Sesin Pblica de las Pontificias Academias, momento culminante de las mltiples actividades del ao. Saludo a monseor Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo de Coordinacin entre las Academias Pontificias, y le agradezco las corteses palabras que me ha dirigido. Extiendo mi saludo a los presidentes de las Academias Pontificias, a los Acadmicos y a los Socios presentes. La Sesin Pblica de hoy, durante la cual se ha entregado, en mi nombre, el Premio de las Pontificias Academias, toca un tema que, en el mbito del Ao Sacerdotal, reviste particular importancia: "La formacin teolgica del presbtero".

Hoy, memoria de santo Toms de Aquino, gran Doctor de la Iglesia, deseo proponeros algunas reflexiones sobre las finalidades y sobre la misin especfica de las benemritas Instituciones culturales de la Santa Sede de las que formis parte y que tienen una variada y rica tradicin de investigacin y de compromiso en diversos sectores. Los aos 2009-2010, de hecho, para algunas de ellas, estn marcados por un aniversario especfico, que constituye un ulterior motivo para dar gracias al Seor. En particular, la Pontificia Academia Romana de Arqueologa recuerda su fundacin, que tuvo lugar hace dos siglos, en 1810, y su transformacin en Academia Pontificia, en 1829. La Pontificia Academia de Santo Toms de Aquino y la Pontificia Academia Cultorum Martyrum han recordado su 130 ao de vida, al haber sido ambas fundadas en 1879. La Pontificia Academia Mariana Internacional ha celebrado, tambin, el 50 aniversario de su propia transformacin en Academia Pontificia. Las Pontificias Academias de Santo Toms de Aquino y de Teologa han recordado, finalmente, el decenio de su renovacin institucional, sucedida en 1999 con el Motu proprio Inter munera Academiarum, que se public precisamente el 28 de enero.

Muchas ocasiones, por tanto, para volver al pasado, a travs de la lectura atenta de los pensamientos y de las acciones de los Fundadores y de cuantos se prodigaron por el progreso de estas instituciones. Pero la mirada retrospectiva del glorioso pasado no puede constituir la nica aproximacin a estos acontecimientos, que recuerdan sobre todo el deber y la responsabilidad de las Academias Pontificias de servir fielmente a la Iglesia y a la Santa Sede, renovando en el presente su rico y diversificado empeo, que ya ha producido preciosos frutos, incluso en el pasado reciente. La cultura contempornea, y an ms los propios creyentes, de hecho, solicitan continuamente la reflexin y la accin de la Iglesia en los diversos mbitos en los que surgen nuevas problemticas y que constituyen tambin sectores en los que trabajis, como la bsqueda filosfica y teolgica; la reflexin sobre la figura de la Virgen Mara; el estudio de la historia, de los monumentos, de los testimonios recibidos en herencia por los fieles de las primeras generaciones cristianas, comenzando por los mrtires; el delicado e importante dilogo entre la fe cristiana y la creatividad artstica, al que quise dedicar el Encuentro con personalidades del mundo del arte y de la cultura, que tuvo lugar en la Capilla Sixtina el pasado 21 de noviembre. En estos delicados espacios de investigacin y compromiso, estis llamados a ofrecer una contribucin cualificada, competente y apasionada, para que toda la Iglesia, y en particular la Santa Sede, pueda disponer de ocasiones, de lenguajes y de medios adecuados para dialogar con las culturas contemporneas y responder eficazmente a las preguntas y a los desafos que la interpelan en los diversos mbitos del saber y de la experiencia humana.

Como he afirmado muchas veces, la cultura de hoy se resiente fuertemente, tanto de una visin dominada por el relativismo y el subjetivismo, como por mtodos y actitudes a veces superficiales e incluso banales, que daan la seriedad de la investigacin y de la reflexin y, en consecuencia tambin el dilogo, la comparacin y la comunicacin interpersonal. Parece, por tanto, urgente y necesario volver a crear las condiciones esenciales de una capacidad real de profundizacin en el estudio y en la investigacin, para que se dialogue racionalmente y se confronte eficazmente sobre las diversas problemticas, en la perspectiva de un crecimiento comn y de una formacin que promueva al hombre en su integridad y complecin. A la carencia de puntos de referencia ideales y morales, que penaliza particularmente la convivencia civil y sobre todo la formacin de las generaciones jvenes, debe corresponder una oferta ideal y prctica de valores y de verdades, de razones fuertes de vida y de esperanza, que pueda y deba interesar a todos, sobre todo a los jvenes. Este compromiso debe ser particularmente imperativo en el mbito de la formacin de los candidatos al ministerio ordenado, como lo exige el Ao Sacerdotal y como lo confirma la feliz decisin de dedicarle vuestra Sesin Pblica anual.

Una de las Academias Pontificias est dedicada a Santo Toms de Aquino, el Doctor Angelicus et communis, un modelo siempre actual en el que inspirar la accin y el dilogo de las Academias Pontificias con las distintas culturas. l, de hecho, consigui instaurar una confrontacin fructfera tanto con el pensamiento rabe como con el judo de su poca y, haciendo tesoro de la tradicin filosfica griega, produjo una extraordinaria sntesis teolgica, armonizando plenamente la razn y la fe. l dej ya en sus contemporneos un recuerdo profundo e indeleble, precisamente por la extraordinaria finura y agudeza de su inteligencia y la grandeza y originalidad de su genio, adems de por la luminosa santidad de su vida. Su primer bigrafo, Guillermo de Tocco, subraya la extraordinaria y penetrante originalidad pedaggica de santo Toms, con expresiones que pueden inspirar tambin vuestras acciones: fray Toms escribe en sus lecciones introduca nuevos artculos, resolva cuestiones de un modo nuevo y claro con nuevos argumentos. En consecuencia, quienes le escuchaban ensear tesis nuevas y tratarlas con mtodo nuevo, no podan dudar de que Dios le hubiese iluminado con una luz nueva: de hecho, se pueden acaso ensear o escribir opiniones nuevas si no se recibe de Dios una inspiracin nueva? (Vita Sancti Thomae Aquinatis, en Fontes Vitae S. Thomae Aquinatis notis historicis et criticis illustrati, ed. D. Prmmer M.-H. Laurent, Tolosa, s.d., fasc. 2, p. 81).

El pensamiento y el testimonio de santo Toms de Aquino nos sugieren estudiar con gran atencin los problemas emergentes para ofrecer respuestas adecuadas y creativas. Confiados en la posibilidad de la razn humana, en la fidelidad plena al inmutable depositum fidei, es necesario como hizo el "Doctor Communis" recurrir siempre a las riquezas de la Tradicin, en la constante bsqueda de la verdad de las cosas. Por esto, es necesario que las Pontificias Academias sean hoy ms que nunca Instituciones vitales y vivaces, capaces de percibir agudamente tanto las preguntas de la sociedad y de las culturas, como las necesidades y las expectativas de la Iglesia, para ofrecer una contribucin adecuada y vlida y promover as, con todas las energas y los medios a disposicin, un autntico humanismo cristiano.

Agradeciendo, por tanto, a las Academias Pontificias por su dedicacin generosa y por su constante empeo, auguro a cada una que enriquezca las historias y tradiciones individuales con proyectos nuevos y significativos a travs de los cuales proseguir, con empuje renovado, la propia misin. Os aseguro un recuerdo en la oracin y, al invocar sobre vosotros y sobre las Instituciones a las que pertenecis la intercesin de la Madre de Dios, Sedes Sapientiae, y de Santo Toms de Aquino, os imparto de corazn la Bendicin Apostlica.

Artculo de monseor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaych y miembro de la Comisin Episcopal de Pastoral Social publicado en el diario Crnica el domingo 17 de enero de 2010, a propsito del terremoto en Hait. (

Pero, qu sabemos de Hait? Dnde est este pas? Cmo son los haitianos? Cul es su lengua, su historia, su forma de vida? Cmo fue aquella eternidad antes del minuto fatal que torci las vidas de ms de las 50.000 vctimas y de todos los sobrevivientes, los testigos de la tragedia?

Hait mira un mar que es paraso deseado por casi todos los habitantes de este mundo. El Mar Caribe en la bellsima Centroamrica. Su tierra tiene memoria de un tiempo en la que fue rica y regalaba al mundo uno de sus frutos ms dulces: la caa de azcar, a pesar de que su gente nunca pudo disfrutar de un bienestar acorde con su naturaleza, y la bonhoma y el trabajo de su gente. La esclavitud fue prctica habitual durante siglos.

Su historia nos relata una sucesin de desilusiones, fracasos, intentos fallidos, injusticias, violencia poltica y econmica, y pena, mucha pena en su pueblo que no encontr en sus instituciones la respuesta al gran mal que la aqueja no se sabe ya desde cundo: la pobreza.

El terremoto que azot Hait 7.0 en la escala de Richterdespleg una fuerza 35 veces mayor que la de la bomba atmica arrojada en Hiroshima. En consecuencia, la ayuda deber ser proporcional a esta enorme y desesperada herida abierta en tierra americana.

Y as es. Repblica Dominicana, nico pas limtrofe que comparte la geografa de la Isla Espaola, ya no slo es nacin lindera, cercana. Es toda nacin hermana. Est brindando desde la hora cero de esta tragedia todo lo que puede: la bsica e imprescindible agua, alimentos, medicamentos, brazos, manos.

La mayora de las naciones del mundo han puesto lo mejor de s para ayudar a Hait y su gente. El dolor haitiano est logrando unin en los objetivos inmediatos de muchos pases que cuando se sientan a pensar otras cuestiones quizs no visibilizan puntos de encuentro.

Es el dolor al fin quien nos iguala y la esperanza quien nos ilumina, dice Csar Isella desde una cancin inolvidable. No es slo letra para una bella msica. Ya es verdad que no se discute. Ante las necesidades de nuestros hermanos slo vale aquel dicho tan repetido en boca de nuestros mayores: haz el bien sin mirar a quien.

Que nuestro Padre Bueno que tiene su pecho abierto a quienes necesitan del abrazo y la Virgen, Madre de Todos, sean refugio y esperanza, consuelo y fortaleza para nuestros hermanos haitianos.

nos ofrece la catequesis pronunciada el mircoles 27 de Enero de 2010 por el Papa durante la Audiencia General, celebrada en el Aula Pablo VI, ante grupos de peregrinos procedentes de todo el mundo.

en una reciente catequesis ilustr ya el papel providencial que la Orden de los Frailes Menores y la Orden de los Frailes Predicadores, fundados respectivamente por san Francisco de Ass y santo Domingo de Guzmn, tuvieron en la renovacin de la Iglesia de su tiempo. Hoy quisiera presentaros la figura de Francisco, un autntico gigante de la santidad, que sigue fascinando a muchsimas personas de toda edad y toda religin.

"Naci al mundo un sol". Con estas palabras, en la Divina Commedia (Paraso, Canto XI), el mximo poeta italiano Dante Alighieri alude al nacimiento de Francisco, que tuvo lugar a finales de 1181 o a principios de 1182, en Ass. Perteneciente a una rica familia el padre era comerciante de telas , Francisco transcurri una adolescencia y una juventud despreocupadas, cultivando los ideales caballerescos de la poca. A los veinte aos tom parte en una campaa militar, y fue hecho prisionero. Se puso enfermo y fue liberado. Tras su vuelta a Ass, comenz en l un lento proceso de conversin espiritual, que le llev a abandonar gradualmente el estilo de vida mundano que haba llevado hasta entonces. A este periodo corresponden los clebres episodios del encuentro con el leproso, al que Francisco, bajando del caballo, dio el beso de la paz, y del mensaje del Crucificado en la pequea iglesia de San Damin. En tres ocasiones el Cristo en la cruz cobr vida, y le dijo Ve, Francisco, y repara mi Iglesia en ruinas. Este sencillo acontecimiento de la palabra del Seor oda en la iglesia de San Damin esconde un simbolismo profundo. Inmediatamente san Francisco es llamado a reparar esta pequea iglesia, pero el estado ruinoso de este edificio es el smbolo de la situacin dramtica e inquietante de la misma Iglesia en esa poca, con una fe superficial que no forma y no transforma la vida, con un clero poco celoso, con el enfriamiento del amor; una destruccin interior de la Iglesia que comporta tambin una descomposicin de la unidad, con el nacimiento de movimientos herejes. Con todo, en esta Iglesia en ruinas est en el centro el Crucifijo y haba: llama a la renovacin, llama a Francisco a un trabajo manual para reparar concretamente la pequea iglesia de san Damin, smbolo de la llamada ms profunda a renovar a la misma Iglesia de Cristo, con su radicalidad de fe y con su entusiasmo de amor por Cristo. Este acontecimiento, sucedido probablemente en 1205, hace pensar en otro acontecimiento similar, sucedido en 1207: el sueo del papa Inocencio III. ste vio en sueos que la Baslica de San Juan de Letrn, la iglesia madre de todas las iglesias, est derrumbndose y que un religioso pequeo e insignificante apuntala con sus hombros a la iglesia para que no caiga. Es interesante notar, por una parte, que no es el Papa el que ayuda para que la Iglesia no caiga, sino un religioso pequeo e insignificante, que el Papa reconoce en Francisco cuando ste le visita. Inocencio III era un papa poderoso, de gran cultura teolgica, como tambin de gran poder poltico, y sin embargo no es l el que renueva a la Iglesia, sino un pequeo e insignificante religioso: es san Francisco, llamado por Dios. Por otra parte, sin embargo, es importante observar que san Francisco no renueva la Iglesia sin o contra el Papa, sino en comunin con l. Las dos realidades van juntas: el Sucesor de Pedro, los Obispos, la Iglesia fundada sobre la sucesin de los Apstoles, y el carisma nuevo que el Espritu Santo crea en este momento para renovar la Iglesia. Juntos crece la verdadera renovacin.

Volvamos a la vida de san Francisco. Dado que su padre Bernardone le reprochaba su demasiada generosidad hacia los pobres, Francisco, ante el obispo de Ass, con un gesto simblico se despoj de todas sus ropas, pretendiendo as renunciar a la herencia paterna: como en el momento de la creacin, Francisco no tiene nada, sino slo la vida que Dios le ha dado, a cuyas manos se entrega. Despus vivi como un eremita, hasta cuando, en 1208, tuvo lugar otro acontecimiento fundamental en el itinerario de su conversin. Escuchando un pasaje del Evangelio de Mateo el discurso de Jess a los apstoles enviados a la misin Francisco se sinti llamado a vivir en la pobreza y a dedicarse a la predicacin. Otros compaeros se unieron a l, y en 1209 se dirigi a Roma, para someter al Papa Inocencio III el proyecto de una nueva forma de vida cristiana. Recibi una acogida paternal por parte de aquel gran Pontfice que, iluminado por el Seor, intuy el origen divino del movimiento suscitado por Francisco. El Pobrecillo de Ass haba comprendido que todo carisma dado por el Espritu Santo debe ser puesto al servicio del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia; por tanto actu siempre en comunin plena con la autoridad eclesistica. En la vida de los santos no hay contraposicin entre carisma proftico y carisma de gobierno y, si se crea alguna tensin, stos saben esperar con paciencia los tiempos del Espritu Santo.

En realidad, algunos historiadores del siglo XIX y tambin del siglo pasado han intentado crear detrs del Francisco de la tradicin, un 'Francisco histrico', as como se trata de crear tras el Jess de los Evangelios un 'Jess histrico'. Este Francisco histrico no habra sido un hombre de Iglesia, sino un hombre unido inmediatamente solo a Cristo, un hombre que quera crear una renovacin del pueblo de Dios, sin formas cannicas y sin jerarqua. La verdad es que san Francisco tuvo realmente una relacin inmediatsima con Jess y con la Palabra de Dios, a la cual quera seguir sine glossa, tal como es, en toda su radicalidad y verdad. Es tambin verdad que inicialmente no tena intencin de crear una Orden con las formas cannicas necesarias, sino que simplemente, con la palabra de Dios y la presencia del Seor, el quera renovar al pueblo de Dios, convocarlo de nuevo a la escucha de la palabra y a la obediencia verbal con Cristo. Adems, saba que Cristo no es nunca mo, sino siempre nuestro, que a Cristo no puedo tenerlo yo y reconstruir yo contra la Iglesia, su voluntad y su enseanza, sino slo en la comunin de la Iglesia construida sobre la sucesin de los Apstoles se renueva tambin la obediencia a la palabra de Dios.

Es tambin verdad que no tena intencin de crear una nueva orden, sino solamente renovar al pueblo de Dios para el Seor que viene. Pero comprendi con sufrimiento y con dolor que todo debe tener su orden, que tambin el derecho de la Iglesia es necesario para dar forma a la renovacin y as realmente se insert de modo total, con el corazn, en la comunin de la Iglesia, con el Papa y con los Obispos. Saba siempre que el centro de la Iglesia es la Eucarista, donde el Cuerpo de Cristo y su Sangre se hacen presentes. A travs del Sacerdocio, la Eucarista es la Iglesia. Donde el Sacerdocio y Cristo y comunin de la Iglesia van unidos, slo aqu habita tambin la palabra de Dios. El verdadero Francisco histrico es el Francisco de la Iglesia y precisamente de esta forma nos habla tambin a nosotros los creyentes, a los creyentes de otras confesiones y religiones.

Francisco y sus frailes, cada vez ms numerosos, se establecieron en la Porcincula, o iglesia de Santa Mara de los ngeles, lugar sagrado por excelencia de la espiritualidad franciscana. Tambin Clara, una joven mujer de Ass, de familia noble, se puso a la escuela de Francisco. Tuvo as origen la Segunda Orden franciscana, la de las Clarisas, otra experiencia destinada a producir frutos insignes de santidad en la Iglesia.

Tambin el sucesor de Inocencio III, el papa Honorio III, con su bula Cum dilecti de 1218 apoy el singular desarrollo de los primeros Frailes Menores, que iban abriendo sus misiones en diversos pases de Europa, e incluso en Marruecos. En 1219 Francisco obtuvo el permiso de dirigirse a hablar, en Egipto, al sultn musulmn Melek-el-Kmel, para predicar tambin all el Evangelio de Jess. Deseo subrayar este episodio de la vida de san Francisco, que tiene una gran actualidad. En una poca en la que estaba en curso un enfrentamiento entre el Cristianismo y el Islam, Francisco, armado voluntariamente solo con su fe y su mansedumbre personal, recorri con eficacia el camino del dilogo. Las crnicas nos hablan de una acogida benevolente y cordial recibida del sultn. Es un modelo en el cual tambin hoy deberan inspirarse las relaciones entre cristianos y musulmanes: promover un dilogo en la verdad, en el respeto recproco y en la mutua comprensin (cfr Nostra Aetate, 3). Parece adems que en 1220 Francisco visit Tierra Santa, echando as una semilla, que traera mucho fruto: sus hijos espirituales, de hecho, hicieron de los Lugares en los que vivi Jess en un un mbito privilegiado de su misin. Con gratitud pienso hoy en los grandes mritos de la Custodia Franciscana de Tierra Santa.

Vuelto a Italia, Francisco entreg el gobierno de la Orden a su vicario, fray Pedro Cattani, mientras que el papa confi a la proteccin del cardenal Ugolino, el futuro Sumo Pontfice Gregorio IX, a la Orden, que recoga cada vez ms adhesiones. Por su parte el Fundador, dedicado completamente a la predicacin que llevaba a cabo con gran xito, redact una Regla, despus aprobada por el Papa.

En 1224, en el eremitorio de Verna, Francisco vio el Crucifijo en forma de un serafn, y del encuentro con el serafn crucificado, recibi los estigmas; se convirti as en uno con Cristo crucificado: un don, por tanto, que expresa su identificacin con el Seor.

La muerte de Francisco su transitus sucedi la noche del 3 de octubre de 1226, en la Porcincula. Tras haber bendecido a sus hijos espirituales, muri, acostado sobre la tierra desnuda. Dos aos ms tarde el Papa Gregorio IX lo inscribi en el elenco de los santos. Poco tiempo despus se eriga en Ass una gran baslica en su honor, meta an hoy de muchsimos peregrinos, que pueden venerar la tumba del santo y disfrutar la visin de los frescos de Giotto, pintor que ha ilustrado de modo magnfico la vida de Francisco.

Se ha dicho que Francisco representa un alter Christus, era verdaderamente un icono vivo de Cristo. Fue tambin llamado el hermano de Jess. En efecto, ste era su ideal: ser como Jess, contemplar al Cristo del Evangelio, amarlo intensamente, imitar sus virtudes. En particular, quiso dar un valor fundamental a la pobreza interior y exterior, ensendola tambin a sus hijos espirituales. La primera bienaventuranza del Discurso de la Montaa Dichosos los pobres de espritu porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5,3) encontr una luminosa realizacin en la vida y en las palabras de san Francisco. Verdaderamente, queridos amigos, los santos son los mejores intrpretes de la Biblia; stos, encarnando en su vida la Palabra de Dios, la hacen ms atrayente que nunca, de modo que habla realmente con nosotros. El testimonio de Francisco, que am la pobreza para seguir a Cristo con dedicacin y libertad totales, sigue siendo tambin para nosotros una invitacin a cultivar la pobreza interior para crecer en la confianza en Dios, uniendo tambin un estilo de vida sobrio y un desapego de los bienes materiales.

En Francisco el amor por Cristo se expres de modo especial en la adoracin del Santsimo Sacramento de la Eucarista. En las Fuentes franciscanas se leen expresiones conmovedoras, como esta: Tema toda la humanidad, tiemble el universo entero y exulte el cielo, cuando sobre el altar, en la mano del sacerdote, est Cristo, el Hijo de Dios vivo. Oh favor estupendo! Oh sublimidad humilde, que el Seor del universo, Dios e Hijo de Dios, se humille tanto para esconderse para nuestra salvacin, bajo una modesta forma de pan (Francisco de Ass, Escritos, Ediciones Franciscanas, Padua 2002, 401).

En este ao sacerdotal, quiero tambin recordar la recomendacin dirigida por Francisco a los sacerdotes: Cuando quieran celebrar la Misa, puros de forma pura, hagan con reverencia el verdadero sacrificio del santsimo Cuerpo y Sangre del Seor nuestro Jesucristo (Francisco de Ass, Escritos, 399). Francisco mostraba siempre una gran deferencia hacia los sacerdotes, y recomendaba respetarlos siempre, incluso en el caso de que personalmente fueran poco dignos. La motivacin de su profundo respeto era el hecho de que stos han recibido el don de consagrar la Eucarista. Queridos hermanos en el sacerdocio, no olvidemos nunca esta enseanza: la santidad de la Eucarista nos pide ser puros, vivir de modo coherente con el Misterio que celebramos.

Del amor de Cristo nace el amor hacia las personas y tambin hacia todas las criaturas de Dios. Este es otro rasgo caracterstico de la espiritualidad de Francisco: el sentido de fraternidad universal y de amor por la creacin, que le inspir el clebre Cntico de las criaturas. Es un mensaje muy actual. Como record en mi reciente encclica Caritas in veritate, es sostenible solo un desarrollo que respete a la creacin y que no dae el medio ambiente (cfr nn. 48-52), y en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este ao he subrayado que tambin la constitucin de una paz slida est unida al respeto de la creacin. Francisco nos recuerda que en la creacin se despliega la sabidura y la benevolencia del Creador. La naturaleza es entendida por l precisamente como un lenguaje en el que Dios habla con nosotros, en el que la realidad divina se hace transparente y podemos nosotros hablar de Dios y con Dios.

Queridos amigos, Francisco fue un gran santo y un hombre alegre. Su sencillez, su humildad, su fe, su amor por Cristo, su bondad hacia cada hombre y cada mujer le hicieron alegre en toda situacin. De hecho, entre la santidad y la alegra subsiste una relacin ntima e indisoluble. Un escritor francs dijo que en el mundo hay una sola tristeza: la de no ser santos, es decir, la de no estar cerca de Dios. Mirando el testimonio de Francisco, comprendemos que ste es el secreto de la verdadera felicidad: ser santos, cercanos a Dios!

Que la Virgen, tiernamente amada por Francisco, nos obtenga este don. Nos confiamos a Ella con las palabras mismas del Pobrecillo de Ass: Santa Mara Virgen, no hay ninguna como tu nacida en el mundo entre las mujeres, hija y sierva del altsimo Rey y Padre celestial, Madre del santsimo Seor nuestro Jesucristo, esposa del Espritu Santo, reza por nosotros... ante tu santsimo Hijo querido, Seor y Maestro (Francisco de Ass, Escritos, 163).

En aquel tiempo, dijo Jess a sus discpulos: Pedid y se os dar, buscad y encontraris, llamad y se os abrir; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

T respondes siempre. Podemos sentir o no tu accin en nosotros, Podemos experimentar o no que aquello que ponemos en tus manos se realiza o aparentemente no. Una cosa es lo que palpamos y otra la respuesta adecuada que necesitamos. Y en medio de todo eso, una afirmacin: t eres un padre bueno y respondes a lo que necesitamos, desde la verdad profunda y existencial que necesitamos.

De todas formas, pretender adentrarnos en tu misterio profundo y en tu manera de actuar en cada momento, con cada uno de nosotros, es algo que nos desborda. Y al final, quieres decirnos algo a nosotros que es lo esencial. T nos respondes segn nuestra necesidad, y de la misma manera yo tengo que responder a las necesidades de los dems, de la misma forma cmo me gustara que lo hiciesen conmigo. Esa es la clave de toda la Biblia, la clave del seguirte, desear todo el bien y hacer todo el bien, porque es seguro que eso es lo que anhelo para m.

Tu obsesin es que tomemos conciencia de nuestro ser familia, t el Padre bueno, y no dejas de actuar como tal; nosotros los hijos, es decir, los hermanos, cuyo preocupacin debe ser la de ayudarnos, querernos, construir una familia feliz. T ya pones de tu parte, lo pones todo, te pones t mismo, nos das tu Espritu. Yo a veces lo intento con los que tengo cerca, no siempre lo consigo, pero lo deseo. S que tengo que superar muchas barreras, pero contigo seguir en ello.

Me invitas a buscar, y quiero hacer de mi vida una bsqueda ms profunda que me permita, adentrarme en tus entraas de Padre bueno, que no me canse de hacerlo, Seor.

Me invitas a llamar y lo hago confiado porque s que no me has de cerrar nunca la puerta, aunque a veces me da la sensacin de que tardas, que nunca deje de llamar y de esperarte, porque s que siempre bienes. Gracias, Seor.

Hermanos y hermanas, sed bienvenidos a esta celebracin. En nuestro camino hacia la Pascua, escuchamos la voz del Seor en nuestro corazn:"Buscad mi rostro".Y sabemos que le encontraremos, a travs de su Hijo Jess, en medio de nuestra comunidad reunida, en las lecturas que proclamaremos, en el pan y el vino de la Eucarista. Y tambin se nos manifiesta en cada persona, y en cada acontecimiento de nuestras vidas. En cada uno de nosotros y en los que nos rodean podemos encontrar el rostro amoroso de Dios.

1. lectura (Gnesis 15,5-12.17-18): Hoy la primera lectura nos habla de Abrahn, nuestro padre en la fe. Escucharemos el pacto que Dios hizo con l y las promesas de una larga descendencia y de una tierra. Pongamos toda nuestra atencin.

2. lectura (Filipenses 3,17-4,1): San Pablo se nos presenta como modelo: l ha escogido el camino de Jesucristo. En l ha puesto toda su esperanza. Y nos pide que seamos fieles al Seor.

Antes de la aclamacin del evangelio (Ev.: Lucas 9,28b-36): En el salmo hemos cantado que el Seor es nuestra luz y nuestra salvacin. Este Seor glorioso que protege nuestras vidas es Jesucristo, que hoy contemplamos transfigurado.

En aquel tiempo, la gente se apiaba alrededor de Jess, y l se puso a decirles: Esta generacin es una generacin perversa. Pide un signo, pero no se le dar ms signo que el signo de Jons. Como Jons fue un signo para los habitantes de Nnive, lo mismo ser el Hijo del hombre para esta generacin.

Cuando sean juzgados los hombres de esta generacin, la reina del Sur se levantar y har que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabidura de Salomn, y aqu hay uno que es ms que Salomn.

Cuando sea juzgada esta generacin, los hombres de Nnive se alzarn y harn que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicacin de Jons, y aqu hay uno que es ms que Jons.

S, me tengo que preguntar si no hay tambin algo de perverso en mi forma de actuar y de pensar. Si me suena fuerte la palabra, tal vez pueda decir que, al menos, hay una gran incoherencia. En muchos momentos pido signos de tu presencia para arrancar mi adhesin a ti, pero al mismo tiempo soy incapaz de abrirme a los signos que me ofreces, simplemente porque no coinciden con la seal que yo espero. En el fondo es mi deseo de manipularte y pretender que t actes y hagas lo que yo pienso o deseo. Y gracias que no es as.

Tu vida, tu palabra, tu actuar, tu entrega, tu vivir desvivindote, es el signo del amor de un Dios que se da sin medida, y no aprendo, no acojo el signo, y no lo acojo porque complica mi vida. No es la imagen de un Dios cmodo para m que me permita seguir viviendo a mi aire, girando todo en torno a mis criterios, a mi forma de ver las cosas.

Intuyo que tambin a m me invitas a ser signo, incomprendido, porque nadie acogemos aquello que no nos interesa, porque nos molesta. Pero eso no impide que intente ser un signo de tu presencia con mi acogida, con mi compromiso por el bien, por mi ilusin para ser una persona disponible, preocupado por todas las causas nobles, con el que se pueda contar. S que esto me puede complicar, pero te aseguro, que me gustara ser un signo, que deseo ser, como t, una seal.

No s muy bien cmo, aunque lo intuyo, a veces con ms claridad que otras, por eso te pido que me ayudes a estar atento, a ser sensible, a saber responder desde ti, a todo lo que me rodea.

Aydame a tener claridad de mente y de corazn. Que no me falte el valor para presentarme como una seal de luz en medio de tantas oscuridades, de tantas confusiones, a veces de las mas propias, aydame a ser un signo de vida.

Hoy y cada domingo, celebramos con alegra nuestra fe en Jess que es nuestra luz en este camino que nos acerca a la Pascua y a la Primera Comunin de todos los que estn entre nosotros de segundo ao de Catequesis.

Muchas veces estamos pensando en nuestras cosas, en nuestros caprichos o estamos distrados. As, no podemos escuchar lo que el Seor nos dice y tampoco podemos saber lo que l espera de nosotros. Por eso, al comienzo de esta celebracin, le pedimos perdn al Seor.

Dios se acerca a Abraham como amigo y quiere hacer un trato con l. Le promete hijos numerosos y una tierra frtil. A cambio, le pide fe, fidelidad, amistad, amor. Escuchemos la respuesta que dio Abraham a esta invitacin del Seor:

Hay cristianos que son enemigos de la cruz de Cristo y ponen su esperanza en cosas pasajeras. Para nosotros, l es el motivo de nuestro amor y de nuestra esperanza. Escuchemos lo que nos dice el Apstol.

Jess, T que eres fortaleza de las comunidades es que estamos llamadas a ser, en medio del mundo, signo de tu presencia y colaboradoras del Reinado de Dios, que nuestra comunidad parroquial responda cada da a esta misin. Oremos.

En este cuento hay arena. La arena es propia del desierto. Con ella queremos que represente la tentacin. Tambin, en el cuenco hay una planta con flor, como signo de la fuerza transformadora de la resurreccin que hace posible que surja un vergel en el desierto de nuestra vida y del mundo.

Igual que el pan y el vino se van a transformar en el Cuerpo y Sangre del Seor, nosotros queremos dejarnos transformar por el Seor y colaborar para que nuestro barrio, nuestra ciudad y el mundo entero se vaya pareciendo cada da un poco ms a lo que el Seor desea.

El Seor tambin nos habla a travs de otras personas: de nuestros padres y abuelos, de nuestros catequistas y profesores, del sacerdote, de nuestros buenos amigos que quieren lo mejor para nosotros. Por eso:

Todos: Por eso: te damos gracias, Seor.

Todos: Te damos gracias, Seor.

Dios se acerca a Abraham como amigo y quiere hacer un trato con l. Le promete hijos numerosos y una tierra frtil. A cambio, le pide fe, fidelidad, amistad, amor. Escuchemos la respuesta que dio Abraham a esta invitacin del Seor:

Hay cristianos que son enemigos de la cruz de Cristo y ponen su esperanza en cosas pasajeras. Para nosotros, si queremos seguir a Jesucristo, l transforma nuestras debilidades en fortalezas; l es el motivo de nuestro amor y de nuestra esperanza. Escuchemos lo que nos dice el Apstol.

Jess sube a la montaa, acompaado de sus amigos, Juan, Pedro y Santiago para orar. All Dios Padre se hace presente. Jess queda iluminado, transfigurado en luz poderosa. Escuchemos la proclamacin del Santo Evangelio.

Oh Cristo, fortaleza de las comunidades que estamos llamadas a ser, en medio del mundo, signo de tu presencia y colaboradoras del Reinado de Dios, que nuestra comunidad parroquial responda cada da a esta misin. Oremos.

En este cuento hay arena. La arena es propia del desierto. Con ella queremos representar la tentacin y el origen de la crisis. Tambin, en el cuenco hay una planta con flor, como signo de la fuerza transformadora de la resurreccin que hace posible que en el desierto surja un vergel.

Igual que el pan y el vino se van a transformar en el Cuerpo y Sangre del Seor, nosotros queremos dejarnos transformar por el Seor y colaborar para que nuestro barrio, nuestra ciudad y el mundo entero se vaya pareciendo, cada da un poco ms, a lo que el Seor desea y espera.

Adjuntamos el cartel-invitacin para participar en elVIIEncuentro de agentes de Pastoral Social y Caritativa de nuestra Dicesis a celebrar en el Seminario el prximo domingo 7 de marzo de 2010 desde las 9,30 a 15 h.

Despus de la acogida a las 9,30, tendremos la Eucarista en la Capilla del Seminario.Tras un pequeo descanso, se presentar la Encclica de Benedicto XVI "Caritas in veritate". A continuacin compartiremos nuestras reflexiones en grupo, para pasar despus a almorzar. A las 14,45 presentaremos las lneas de compromiso y a las 15,15 horas clausuraremos el Encuentro

El objetivo deesteencuentro es doble: Por una parte, compartir nuestras experiencias, interrogantes, dificultades, avances...; por otra, conocer un poco ms la ltima Encclica del Papa dedicada a la reflexin sobre la caridad en la verdad. Como saben, nuestra Dicesis ha publicado dicha Encclica. Quien la tenga, la debe llevar a dicho encuentro.

En un momento como el nuestro, con luces y sombras, en el que buscamos nuevos caminos de evangelizacin, creemos que es muy importante este Encuentro, una oportunidad para intercambiar experiencias y una buena ayuda para complementarnos, como agentes de esta dimensin tan importante en la pastoral de la Iglesia.

Esperamos y agradecemos que puedas invitar y animar para que participen en este Encuentro todas aquellas personas que ya estn implicadas en esta parcela de la pastoral de nuestra Iglesia y/o que son sensibles con ella, aunque an no estn comprometidas.

Critas. 13 de enero de 2010.- Critas Espaola acaba de anunciar en el curso de una teleconferencia celebrada esta maana a instancias de la Secretara Gen eral de Critas Internationalis, el envo urgente de una partida de 175.000 euros para apoyar las operaciones de emergencia de la Critas Haitiana para auxiliar a las vctimas del terremoto registrado anoche en la isla.

Durante esa teleconferencia se inform tambin de la partida inmediata hacia Hait de un grupo de siete expertos de la red internacional de Critas para participar en el terreno en el operativo de respuesta a la emergencia. La Critas Norteamericana ha informado que ha logrado ponerse en contacto con sus cooperantes en el pas, quienes han sealado que se trata de un gran terremoto y de una gran devastacin

Tanto Critas Espaola como otras Critas donantes del Norte tienen una intensa presencia en Hait, donde apoyan numerosos proyectos de cooperacin. Como ha recordado en la teleconferencia de esta maana Alistair Dutton, director de operaciones humanitarias de Critas Internationalis, Critas tiene una fuerte presencia en Hait y estamos en condiciones de poder ofrecer de forma inmediata a los damnificados por el terremoto tanto alimentos como refugio temporal en todas las iglesias e instalaciones parroquiales. Critas ha explicado Dutton est trabajando actualmente en 200 hospitales y centros mdicos en Hait, y el personal local est bien formado y preparado para responder a situaciones de emergencia en una regin azotada frecuentemente por huracanes.

La mayor dificultad de estas primeras horas de la emergencia estriba en la dificultad de las comunicaciones con la isla, de por s muy precarias en uno de los pases ms pobres del hemisferio occidental. Hay que tener en cuenta que la extrema pobreza de Hait hace que sus habitantes sean mucho ms vulnerables a los desastres y que la capacidad de recuperacin de los damnificados sea muy precaria, debido a la escasez de recursos e infraestructuras.

Critas Espaola trabaja en Hait desde hace ms de 15 aos en apoyo de la poblacin ms vulnerable. El ao pasado se realiz una fuerte intervencin en apoyo a las vctimas de los huracanes Gustav y Hanna (2008), y actualmente se trabaja en las provincias fronterizas con la Repblica Dominicana, la regin ms deprimida del pas, promoviendo la salud, el acceso al agua potable y agricultura sostenible con un convenio binacional financiado por la AECID. Asimismo, en en noviembre se puso en marcha un proyecto de agua y saneamiento en la provincia de Hinche (zona centro), que se suma a otro programa de salud y de microcrditos de mbito estatal

Guin de Hora Santa Vocacional en el Ao Sacerdotal, distribuida por la Delegacin de Vocaciones de la Dicesis de Tenerife y celebrada en la tarde del 21 de Febrero de 2010 en la iglesia de Santa Mara de los ngeles de Garachico, Tenerife, con motivo de la "Peregrinacin Vocacional 2010".

Necesitamos escuchar cuidadosamente. Debemos dar la bienvenida a la Palabra, guardarla y hacerla producir fruto como hace la tierra con la semilla. Pues as es como la vida vuelve a crearse. Nuestra vida se renueva por el poder creativo de la palabra y cambia por la presencia de Cristo.

El Seor habla. Nos llama y nos pide que le sigamos. Su invitacin es tan comprometedora como una proposicin de amor; porque las invitaciones de Jess son siempre maravillosas, propuestas radicales dirigidas a nuestro corazn.

A qu nos llama Jess? Ante todo, nos llama a servir a nuestros hermanos y hermanas; a convertimos en servidores de todos, exactamente como El lo hizo. Se necesita generosidad y mucho nimo para responder a la invitacin del Maestro. Por esta razn, El habla primero y especialmente a la juventud ya que ellos saben por su misma naturaleza ser generosos y animosos. Saben cmo hacer de sus vidas una entrega a sus hermanos y hermanas.

Seor, danos corazones atentos y generosos. Aydanos a cuestionamos y a examinar cada decisin que hacemos en nuestra vida con el fin de servirte mejor. Aydanos a preciar la generosidad de los que se entregan y llevan su cruz de cada da siguiendo tus pasos con alegra. Al ver en el fondo de nuestros corazones, concdenos, Seor, el valor de ser sinceros y la capacidad para escuchar cada una de tus indicaciones. Amn.

Jess recorra todas las ciudades y los pueblos enseando en sus sinagogas, proclamando la Buena nueva del Reino y sanado toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre sinti compasin de ella, porque estaban decados y desanimados como ovejas que no tienen pastor. Y dijo a sus discpulos: "La mies es mucha y los obreros pocos. Rueguen pues, al Dueo de la mies que enve obreros a su mies".

Dios nos llama todos los das de diversos modos. Nunca deberamos tener miedo de responderle, porque Dios es fiel y cumplir todo lo que ha prometido. El prometi estar con nosotros todos los das hasta el fin del mundo, y cumple su promesa, estando con nosotros en su Palabra, en el Pan de Vida, la Eucarista, y en los dems Sacramentos. Oremos a Jess en el Santsimo Sacramento para que seamos capaces de escuchar su Palabra con realismo. Abramos nuestro corazn a las inspiraciones del Espritu Santo.

Divino Maestro y Salvador, adoramos tu amorosa presencia Eucarstica entre nosotros. T, Seor del universo, ests ante nosotros escuchando nuestra oracin y tratando de encontrar en nuestros corazones un sagrario permanente y una custodia viviente de tu amor.

Levantamos nuestra oracin a ti por tus santos obispos, celosos sacerdotes, religiosos comprometidos, laicos generosos, padres ejemplares, todos empeados en la construccin de tu Reino.

Nada me falta, porque t llenas los deseos de mi corazn; nada me falta, porque t ests a mi lado aunque todos me abandonen; nada me falta, porque has dado la vida por m en lo alto de la cruz; nada me falta, porque tu perdn y gracia me acompaan siempre.

Eres Amigo que has salvado mi vida dejndote colgar del madero. Ensame, Seor Jess, a dar mi vida por los que necesitan seguir viviendo; Ensame, Seor Jess, a permanecer fiel al lado del hermano que est solo.

Seguramente muchos de nosotros nos sentimos agradecidos hacia algn sacerdote, religioso o religiosa, misionero o catequista, que han desempeado un papel importante en nuestras vidas. Pensemos en nuestro Bautismo, nuestra Primera Comunin, nuestra primera Confesin, y otros momentos significativos que slo nosotros conocemos, recuerdos que estn vivamente impresos en nuestros corazones. Demos gracias a Jess presente en la Eucarista y alabmoslo por el gran amor que nos ha mostrado y

contina mostrando a toda la humanidad a travs de sus sacerdotes, especialmente en este ao sacerdotal, pidmosle para que a todos sus ungidos los renueve en su ministerio, les haga entusiasta servidores de su Reino, fieles a sus compromisos sacerdotales, santos, porque El, que los ha llamado es santo.

GUA: Dales, no solo el poder de trasformar el Pan y el Vino en tu Cuerpo y Sangre, sino tambin el poder de cambiar los corazones de tus hijos. *TODOS: Bendice sus esfuerzos, y haz fructfero su trabajo y concdeles un da la recompensa eterna.

Con el fin del receso estival, se inician las actividades pastorales en nuestras parroquias, capillas, centros y colegios. Ello coincide con el tiempo litrgico de la Cuaresma, tan rico y abundante en smbolos, que es preparacin y camino hacia el misterio central de nuestra fe, la Resurreccin del Seor. De una manera especial la Iglesia relaciona la participacin en la vida litrgica con la catequesis: esta, la catequesis, prepara a los fieles para introducirse en el misterio de Cristo y participar en los sacramentos. Los sacramentos, que se celebran y viven en la comunin de la liturgia de la Iglesia, son encuentro con Dios, efusin de la gracia y alimento e instruccin espiritual para crecer en la fe. Por eso, en esta comunicacin con todos ustedes, - como lo hacemos prcticamente cada ao al iniciar la catequesis -, quiero invitarlos a comprometerse en la formacin cristiana y en la prctica del Evangelio, a travs del misterio celebrado en la liturgia; y ofrecerles en la Iglesia, que es nuestro hogar espiritual y donde encontramos al Seor Jess que nos redime, nos ensea y nos gua, el lugar de privilegio que les corresponde.

Repitmoslo, es un lugar de privilegio para todos los que estn incluidos en la gran obra catequstica; los nios y jvenes que se acercan para la preparacin sacramental, porque son aquellos a quienes el mismo Jess ha puesto como modelo, por su sencillez e inocencia (Lc 18, 17), y que por eso mismo nos habrn de preceder para contemplar el rostro del Padre. La Iglesia, como Madre, debe asegurar a las nuevas generaciones el acceso a la Verdad, la recepcin de la Vida y el que tomen a Jess como Camino. Y por eso los busca y los invita, los rene y los atiende, para que participen de la abundancia de la gracia divina. Es un privilegio para los catequistas y maestros, porque son los responsables a quienes se les confa representar a la Iglesia en su iniciacin cristiana. Tambin para los padres y sus familiares, para sus padrinos y amigos, es un privilegio, pues al decidir educar a estos nios y jvenes en la fe y colaborar en ello, estn cumpliendo una misin, realizando una accin evangelizadora, que se completar con el acompaamiento del ejemplo, de la vida sacramental y de la formacin.

Comenzar la catequesis en el espritu de la Cuaresma es una experiencia muy rica. Para el pueblo de Israel, la salida de Egipto, que es imagen de la vida materialista, sin libertad para honrar a Dios, es un itinerario trabajoso, sufrido, que se recorre solamente con la ayuda de un Dios muy presente, atento, entraablemente cercano. Y ese apartamiento para ir hacia el lugar que l mismo ofrece, para vivir con l y para hacer su voluntad y gozarse en su compaa, es el que debe realizar todo creyente: crear un espacio de libertad, de pureza, de fraternidad, para experimentar la paternidad de Dios. Esta paternidad nos es revelada en Jesucristo, y su santa y gloriosa Resurreccin es el signo elocuente, magnfico, de la reconciliacin alcanzada, de la sonrisa llena de bondad del Padre que espera, del abrazo que incorpora a la familia y al hogar al prdigo que se haba ido lejos. Por eso la Pascua es el tiempo y la ocasin de la renovacin bautismal, celebracin fontal y originaria de la reconciliacin y de la adopcin de hijos, que se actualiza en cada bautismo. Por eso mismo es bueno y oportuno recordarlo en el itinerario cuaresmal, en las festividades pascuales y en la catequesis que prolonga la iniciacin cristiana, preparando para la Confirmacin y la Eucarista.

Cuando hacemos la triste y dolorosa experiencia de la participacin tan escasa numricamente y tan poco intensa a nivel del espritu, en las celebraciones litrgicas, especialmente de los nios y jvenes, an durante la etapa de la catequesis, nos preguntamos en qu hemos fallado, porqu no logramos trasmitir nuestra conviccin serena y gozosa, la necesidad de la frecuentacin cordial e inteligente de los Misterios, y en particular, de la Eucarista dominical. Parte de la respuesta nos la ofrecen las condiciones en que vivimos hoy: imgenes, velocidad, superficialidad, movimiento, sensibilidad, entre muchas otras causas. Pero es honesto reconocer que tambin nosotros, pastores y agentes pastorales, padres y ministros, catequistas y maestros, somos responsables de ello, al no saber motivar la necesidad de la celebracin e incluso al presentar a menudo una liturgia rebajada y no significativa, sin interioridad, cuando no verborrgica, falsamente didctica, y carente del sentido del Misterio y de la Presencia inefable, de la comunin interior con el Dios vivo. Celebrar no es pasar un momento divertido, ni meramente gratificante para los sentidos. Es la apertura del corazn del hombre a la trascendencia, del mundo a su Creador y al fin que ste le otorg; es la actualizacin de la gracia recibida, la entrada en el mbito donde Dios obra sus maravillas como anticipo de la eternidad. Y as como la catequesis recibe de los beneficios de una participacin litrgica santa y fructuosa, la catequesis debe tambin preparar para esta participacin, con la formacin en la doctrina y con el ejercicio que nos permita alcanzar ese encuentro espiritual.

Ello se hace con el seguimiento en su continuidad del ao litrgico, con la ubicacin catequstica en ese contexto de las lecturas de la Sagrada Escritura que relacionan las palabras y gestos de Dios, y de su enviado, Jesucristo, por la inspiracin del Espritu Santo, e ilustran con enseanzas y ejemplos el Misterio eterno que se realiza en la vida y el tiempo de los hombres. Pero esto no se va alcanzar con meras exigencias, puntajes y controles, sino con la siembra paciente, la iluminacin sabia y adecuada por la verdad, la vinculacin entre los gestos y su significado, entre las palabras y lo sucedido, que es la verdadera lectura de la Historia de la Salvacin, y que se expresa en la celebracin. Hay que resaltar en el itinerario de la catequesis el Misterio, el ao litrgico, las celebraciones, como lo hemos expuesto hasta aqu, para ilustrar y arraigar los contenidos de la fe.

1 la doctrina y el amor por la verdad, como consecuencia de la fe que profesamos, y no solo como conocimiento o a modo de requisito para recibir un sacramento o superar una etapa entendida en clave escolar.

3 el apostolado y la misin, testimonio y anuncio, en lo cual todos tienen que tomar parte, especialmente en relacin con los grandes movimientos que la Iglesia propone, como la Misin continental, despus de Aparecida.

4 la propuesta vocacional dirigida a cada bautizado, que se abre a una llamada al ministerio sacerdotal y diaconal y a la vida consagrada, y que es preciso exponer desde el comienzo de la incorporacin consciente a la vida eclesial, ofrecindola tambin a las familias, para que valoren la gracia de la eleccin divina.

5 la participacin en las actividades parroquiales, desde las iniciativas ms sencillas, pero buscando que se encuentren siempre presentes, como fiestas patronales, procesiones, celebraciones eucarsticas, cursos de formacin, apoyo a obras de la comunidad.

6 el sostenimiento de la Iglesia con el aporte personal, espiritual y material, con las iniciativas y el trabajo, pero tambin invitando an a los ms jvenes a saber destinar algo de los bienes materiales de que disponen a la Iglesia y a los pobres. En diversas oportunidades, - y afortunadamente se realiza ya en muchos lugares -, hemos sugerido que los nios y jvenes que se preparan para recibir la Confirmacin, sobre todo, hagan un aporte material, fruto de sus pequeos sacrificios, para entregarlo al Obispo que les administra el sacramento, con destino al Seminario de la dicesis,.

7 la vida espiritual, que comprende la oracin, la frecuencia de los sacramentos, la lectura de la Escritura, la bsqueda de la perfeccin espiritual, la prctica de las virtudes, el testimonio moral y espiritual, la ascesis personal, un estilo sobrio de vida, para formar desde la juventud los hbitos de una conducta cristiana, inspirada en el modelo de Jess y plenamente conforme a su enseanza.

Todo esto, queridos hermanos y amigos, es un conjunto que no podemos escindir, un tesoro que no podemos dilapidar, una tradicin que hemos de conservar fresca y vivaz, pues si perdemos la coherencia que debe existir entre la fe y las obras, entre la Palabra y el sacramento, entre lo que profesamos y la vida que llevamos, no vamos a difundir el Evangelio como Jess lo predic, sino que estaremos desparramando superficialmente una apariencia de respuesta a su invitacin, pero que no tendr arraigo ni consistencia. Estaremos tambin privando a los hermanos y hermanas que se acercan a nosotros, porque nos reconocen como aquellos a quienes la Iglesia confi la distribucin de sus bienes espirituales, del acceso a la Verdad y a la Vida, o lo haramos de tal manera que no podr hacerse carne en su propia experiencia, y no los estaramos llevando entonces a ser, ellos tambin, mensajeros del Evangelio.

Los Arzobispos y Obispos de Venezuela, al finalizar su XCIII Asamblea Plenaria Ordinaria, han enviado un comunicado a todo el pueblo venezolano. El documento est dividido en 3 partes y una conclusin.

1. Los Arzobispos y Obispos de Venezuela, reunidos en nuestra XCIII Asamblea Ordinaria, saludamos a todos los venezolanos al comienzo del nuevo ao y deseamos que Cristo se haga presente en sus corazones y en los nuestros para que nos dirija al encuentro del Padre y del Espritu. Reciban nuestra palabra de aliento para seguir viviendo el mensaje central del Evangelio: Amar a Dios y amar al prjimo. En el cumplimiento de nuestro ministerio episcopal, queremos compartir con todos los venezolanos y venezolanas algunas reflexiones sobre la situacin actual de nuestro pas y sobre cmo responder a sus desafos.

2. Comprobamos que nuestra patria vive una problemtica social, poltica y econmica que evidencia un alejamiento de Dios y un desconocimiento del mensaje de Jesucristo que urge a vivir en solidaridad fraterna. Es preocupante que, adems, se pretenda manipular la persona de Jesucristo y su mensaje, tomndolo como un simple personaje revolucionario.

3. Se promueve un profundo antagonismo entre los venezolanos, en el que las posiciones personales y grupales se distanciaran cada vez ms. Hemos escuchado declaraciones pblicas directas de rechazo al dilogo y a la reconciliacin, de fomento del odio y del enfrentamiento. Esta actitud es inaceptable, por cuanto no es cristiana y es ajena al espritu democrtico.

4. Nos preocupan altamente actuaciones y declaraciones de representantes del Gobierno que atentan contra el espritu democrtico y que ponen al descubierto una pretensin totalitaria. Entre ellas, la aprobacin de leyes, de manera inconsulta y apresurada, fuera de los criterios constitucionales y al margen de la voluntad popular expresada en el Referndum de diciembre del 2007, y la desvalorizacin de la autonoma de los poderes del Estado. Se hace referencia a un nuevo constitucionalismo y a la necesidad de desmontar el Estado actual para instaurar un Estado Comunal, con la aprobacin de la Ley orgnica del Poder Comunal. Incluso se ha llegado a alabar a quienes, con su labor de gobierno regional y municipal, contribuiran a desbaratar las Gobernaciones y Alcaldas.

5. Es creciente la conviccin de la poca transparencia en el uso de los dineros pblicos, que se manifiesta en la crisis bancaria, los escndalos financieros que han salido a la luz pblica y los sorprendentes enriquecimientos de personas particulares. La Iglesia, fiel a su misin, recuerda los mandamientos No Robars (Dt 5,19) y No codiciars los bienes ajenos (Dt 5,21). El robo es, en efecto, una inmoralidad, sea de la delincuencia comn desatada sea de los llamados delincuentes de cuello blanco. Asimismo, nos hacemos eco de la preocupacin que ha surgido en nuestra poblacin, por las negativas consecuencias que pudiera traer la reciente devaluacin de la moneda decidida por el ejecutivo.

6. La vida se ha considerado siempre como el derecho primero y fundamental del hombre. Observamos con preocupacin el incremento del desprecio a ella en nuestra sociedad: aumento de la violencia, de la inseguridad y de la criminalidad, del secuestro y del sicariato, del consumo y trfico de drogas, y de los asesinatos hasta por motivos banales. Este desprecio a la vida se manifiesta tambin cuando se hacen llamados a la guerra, ignorando las trgicas consecuencias que ello acarreara y afectando gravemente la paz en las familias y en la poblacin, especialmente las ubicadas en las fronteras.

7. Un nmero significativo de venezolanos se abstiene de manifestar abiertamente sus convicciones polticas por el temor a las represalias, a las heridas a su dignidad con insultos y difamaciones, a los atropellos a su propiedad y a los medios de produccin privados, a la falta de imparcialidad, a la politizacin y a la manipulacin de la justicia, y a la persecucin y el peligro de crcel por la expresin de su disidencia. La Iglesia, fiel a su tradicin, muy claramente expresada desde 1957, con la publicacin de la Carta Pastoral de Mons. Rafael Arias Blanco, Arzobispo de Caracas, acompaa a todos los perseguidos y presos polticos, a los exiliados y a los inhabilitados, para velar por su dignidad y la defensa de sus derechos, de lo cual en otros momentos han sido beneficiados muchos venezolanos, incluso algunos de los actuales dirigentes del pas.

8. El amor es una fuerza extraordinaria que mueve a las personas a comprometerse con valenta y generosidad en el campo de la justicia y de la paz Defender la verdad, proponerla con humildad y conviccin y testimoniarla en la vida son formas exigentes e insustituibles de caridad (Benedicto XVI, Carta Encclica Caritas in Veritate, 1). En nuestra situacin actual como pas que busca la paz y la convivencia armnica, es indispensable la prctica de la verdad desde el amor. La Iglesia promueve el crecimiento integral del hombre como consecuencia de la proclamacin del mandamiento del amor (Cfr. Pablo VI, Exhortacin Apostlica Evangelii Nuntiandi, 29) (Cfr. Concilio Plenario de Venezuela, Contribucin de la Iglesia a la Gestacin de una Nueva Sociedad, 80).

9. La fe de los cristianos debe tener una manifestacin clara, no slo en el encuentro ntimo y fecundo con Jesucristo, en la conviccin de que l es el Salvador y el Redentor del hombre y del mundo, sino tambin en el encuentro caritativo y solidario con el hermano y sus necesidades. El mismo Jesucristo nos ensea cmo obrar, cuando lo hace en la curacin del paraltico (cfr. Mt 9,2-8) y en la multiplicacin de los panes y los peces (cfr. Jn 6,3-14), entre otros ejemplos. Se hace necesario que convirtamos nuestras vidas en fidelidad a Dios y a su mensaje para alcanzar una mejor convivencia social en la que vivamos la verdad de la fraternidad cristiana, basada en la prctica del amor (Cfr. Concilio Plenario de Venezuela, Contribucin de la Iglesia a la Gestacin de una Nueva Sociedad, 90). Este es uno de los frutos que esperamos de la Misin Continental Evangelizadora, en la que est empeada actualmente la Iglesia en Venezuela.

10. La construccin de la nueva sociedad no recae slo sobre quienes detentan alguna autoridad o tienen poder de decisin. La responsabilidad de stos es mayor. Sin embargo, todos los ciudadanos podemos y debemos colaborar en la construccin de una sociedad ms humana y fraterna. Cada uno en su propio mbito (familia, trabajo, vecinos, diversin) es constructor de la civilizacin del amor, en la que se vivir la justicia, la verdad, el desarrollo y la paz.

11. No se puede pretender que en esta construccin se establezcan como nicos criterios vlidos los que pertenecen a un grupo especfico, sea ste mayoritario o no. La bsqueda de consensos y de acuerdos excluye totalmente la imposicin de un grupo sobre otro. Esto ltimo generara una situacin de tensin que provocara una violencia que nadie desea.

12. En orden a lograr un acercamiento efectivo y afectivo entre los venezolanos, consideramos fundamental tender a la bsqueda del dilogo fecundo y enriquecedor entre todos. Buscar como expresin de nuestra fe coherente en Cristo, caminos de reconciliacin y de unin, nunca en funcin de ideologas, sino como apertura al otro, fruto del amor de Dios. Perdonar sinceramente, exigir lo justo y comprender, son manifestaciones de nuestro amor a la verdad y al dilogo.

13.Los Obispos consideramos que es esencial promover la vivencia de los principios y valores cristianos que han caracterizado tradicionalmente la vida de la inmensa mayora de los venezolanos. Para ello, invitamos a fomentar el encuentro con Cristo vivo y resucitado. El que conoce y ama a Jesucristo, abre su corazn a los dems, pues slo el amor en la verdad es fuente de verdadero desarrollo. Animamos a vivir con mayor imaginacin y creatividad el ejercicio de la caridad (cfr. Juan Pablo II, Novo Millennio Ineunte, 50), y la invitacin de Jesucristo a hacer nuestras las Bienaventuranzas a travs de diversas iniciativas, en particular en la atencin a los necesitados, los pobres, los enfermos, los nios y los ancianos. Asimismo, a conocer y vivir las verdades bsicas de nuestra fe, que contienen los fundamentos del desarrollo humano, a orar personal y comunitariamente, a meditar con frecuencia la Palabra de Dios y, de manera especial, a participar activamente en la Eucarista dominical.

14. Insistimos en la necesidad del dilogo como nico camino para solucionar los desencuentros. Se debe saber argumentar para convencer y no imponer. Las posibilidades pueden ser muchas, pero las decisiones deben estar fundamentadas en la bsqueda del bien comn y en la promocin del hombre y de su desarrollo. El ser humano, su promocin y su dignidad, el respeto a sus derechos y a su trascendencia, debe estar en el centro de todos los esfuerzos. La bsqueda de la paz y del desarrollo integral del hombre deben ser criterios bsicos para establecer el dilogo. Invitamos a todos los partidos polticos a superar las tensiones internas, a un dilogo constructivo que apunte a la bsqueda de caminos de solucin a los problemas nacionales y a acompaar a la sociedad civil en sus luchas y exigencias.

15. Solicitamos a los responsables del Gobierno nacional acatamiento a las decisiones tomadas por la poblacin en el Referndum de diciembre de 2007. En l, los habitantes expresaron su rechazo a la propuesta de Reforma Constitucional. La aprobacin de leyes que van en contra de lo que la poblacin expres la consideramos como un irrespeto a la voluntad democrtica de los ciudadanos. Invitamos a todos los que ejercen funciones de gobierno, a respetar la estructura democrtica del Estado, promoviendo la autonoma de los poderes y el autntico estado de justicia y de derecho. Slo as ser legtima la accin del Gobierno.

16. Es necesario enfrentar el problema de la corrupcin con mayor determinacin. Por ello, invitamos al Gobierno al ejercicio de una eficaz contralora en el uso de los dineros pblicos, que se fundamente ms en criterios tcnicos que polticos, de manera de evitar su prdida y su mal uso, en detrimento de la riqueza del Estado y de la aplicacin de esos fondos para la solucin de los graves problemas sociales que nos aquejan. No es suficiente el castigo ejemplar de algunos que han cado en este delito, sino que es necesario impedirlo. Igualmente animamos a todos los ciudadanos a rechazar la codicia, la avaricia, el consumismo y el afn desmedido de placer y, en consecuencia, a respetar los bienes que compartimos, y no pretender aprovecharse abusivamente de ellos. Recordamos que la dignidad humana se fundamenta sobre todo en lo que somos y no en lo que tenemos: somos hijos de Dios y nuestra gran riqueza est, en primer lugar, en vivir como cristianos.

17. Exhortamos a todos a fomentar el amor y el respeto reverente por la vida en todas sus etapas, como manifestacin del sincero amor a Dios y a los dems. Toda persona tiene derecho a la buena fama, al respeto a sus bienes y a la proteccin de su intimidad. Asimismo, solicitamos a las autoridades competentes el diseo de polticas y acciones efectivas que conduzcan a la erradicacin de la violencia y de sus causas, a fin de ofrecer a la poblacin una mayor seguridad. Los venezolanos merecemos vivir en un clima de serenidad que sea expresin de la armona social. Consideramos necesario que se adelanten esfuerzos por eliminar el clima blico, que ha producido tensin entre Colombia y Venezuela. Manifestamos nuestro total apoyo al empeo de los Presidentes de las Conferencias Episcopales de Ecuador, Colombia y Venezuela para buscar caminos de paz, concordia y reconciliacin.

18. Alentamos a nuestros conciudadanos a mantener el espritu cvico de amor a la patria, que se demuestre en la denuncia de las injusticias, en la exigencia de los derechos y en el cumplimiento de los deberes. Animamos a todos a adelantar con empeo y esperanza acciones constructivas para la bsqueda de una sociedad ms justa y fraterna, en la expresin de las propias convicciones polticas, sin temor a posibles represalias, y a tolerar las diversas formas de pensar. Solicitamos a las autoridades actuar con justicia siguiendo el debido proceso, aplicar con mesura y objetividad las penas judiciales, y otorgar medidas de gracia para aquellos prisioneros y perseguidos por sus convicciones polticas, tal como fue solicitado y concedido en el ao 1994. Esto representara una muestra de magnanimidad, buena voluntad y deseos de reconciliacin.

19. Es necesario el respeto reverente de la dignidad de la persona humana y la promocin de sus derechos y obligaciones, los cuales no deben ser jams atropellados, por cuanto la persona est en el centro de todas las consideraciones, y por tanto, por encima de cualquier institucin, incluida el Estado. Animamos a las organizaciones de defensa de los derechos humanos a mantener un espritu vigilante y promotor de los mismos. Invitamos a quienes ejercen el poder a respetar los tratados internacionales suscritos en esta materia y cualquier expresin que sea ejercicio de algn derecho humano. Deploramos los atropellos a los derechos humanos que se han producido en la prisin de la Jueza Mara Lourdes Afiuni, en el traslado forzoso del productor Franklin Brito, y en otros casos conocidos de la opinin pblica.

20. Estamos nuevamente en un ao electoral. Animamos a todos los venezolanos a acudir masivamente a elegir a los diputados que conformarn la nueva Asamblea Nacional, y a votar con libertad y conciencia. El Consejo Nacional Electoral debe estimular al voto y conservar su completa imparcialidad. En esto se basa la esencia democrtica del rbitro electoral. Lo contrario sera una grave herida al ejercicio del voto como expresin cvica y a la confianza que la poblacin deposita en l. La promocin de la abstencin, podra implicar la poca preocupacin por los problemas cotidianos y la falta de afecto al pas, sera invitar a declararse indiferentes ante la posibilidad de expresarse que ofrece el voto y, a quienes la asuman irresponsablemente, les acarreara una complicidad pasiva ante los problemas que nos aquejan.

21. Consideramos urgente una poltica de respeto al medio ambiente, que vaya en la lnea del Mensaje de la Jornada Mundial de oracin por la Paz, del 1 de enero de 2010, de Su Santidad Benedicto XVI: Si quieres promover la Paz, protege la creacin. De esta manera, como ha sido tradicional en la Iglesia, se estara asumiendo la responsabilidad del problema ecolgico como algo que atae a todos, y que nos afecta a todos. Existe un desarrollo que destruye la naturaleza. En Venezuela, ante la grave crisis energtica que se est presentando, el llamado a ahorrar electricidad y otros sistemas de energa, debe ser tomado con espritu de solidaridad pues todos los venezolanos tenemos que ser responsables en el uso comn de estos bienes. Comprendemos que ciertas medidas que se han tomado son necesarias para asegurar el suministro de algunos servicios bsicos, sin embargo, consideramos muy importante superar la falta de planificacin y la improvisacin que se han evidenciado en los ltimos aos para buscar soluciones estables, en orden a asegurar estos servicios a la poblacin, tales como la produccin nacional de alimentos y el suministro de electricidad y de agua.

22. Al hacer pblico este mensaje nos mueve la bsqueda del bien de Venezuela y de todos sus habitantes, y asumimos nuestro compromiso pastoral de caminar con todos, colaborando con nuestro mejor empeo, para alcanzar esta meta. Queremos mantener en el centro de todas nuestras atenciones a Jesucristo. Y poner a cada venezolano y a cada familia del pas en la presencia del Seor. Colocamos todos estos propsitos en las manos de nuestra Madre Mara de Coromoto, que nos ha acompaado en toda la historia patria. Ella, como Madre amorosa, sabr asumir estas inquietudes y presentarlas a su Hijo Jess.

En aquel tiempo, dijo Jess a sus discpulos: Cuando recis, no usis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harn caso. No seis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidis. Vosotros rezad as: "Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hgase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada da, perdnanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentacin, sino lbranos del Maligno."

Porque si perdonis a los dems sus culpas, tambin vuestro Padre del cielo os perdonar a vosotros. Pero si no perdonis a los dems, tampoco vuestro Padre perdonar vuestras culpas.

Es verdad. Estamos acostumbrados a hablar y hablar. No importa que nuestras palabras se correspondan de verdad con lo que sentimos y con lo que hacemos, porque a veces utilizamos las palabras para esconder o justificar lo que hacemos o, incluso, lo que no hacemos.

Y es claro que a ti no te interesan, Seor, mis muchas palabras, te interesa mi vida, mi coherencia, mi sinceridad, mis anhelos de verdad, y cuando te los presento, con palabras o en silencio, entonces siento que me acoges.

Me dejas tu modelo de oracin, que me pone en referencia a ti, a m mismo y a las personas con las que comparto mi existencia, Todo un programa de acercamiento al otro. Una leccin continua de amor y de perdn, y una consecuencia: no puedo pedir lo que no soy capaz de dar. Sabes que me cuesta en muchos momentos, pero deseo aprenderlo, porque necesito recibirlo. Y tu oracin diaria me lo recuerda.

Padre, que ests en el cielo, en la tierra, en mi corazn y en el de todos los hombres, aunque seamos tan limitados que no te descubramos, quiero aprender, necesito aprender a amar, a perdonar, a mirar al mundo y a los hombres con tus ojos. Ensancha mi ser, hazlo acogedor, comprensivo, sencillo, autntico, noble, que mi mano y mi vida estn siempre abiertas y tendidas a todos.

En aquel tiempo, dijo Jess a sus discpulos: Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ngeles con l, se sentar en el trono de su gloria, y sern reunidas ante l todas las naciones. l separar a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondr las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dir el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creacin del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la crcel y vinisteis a verme."

Y entonces dir a los de su izquierda: "Apartaos de m, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ngeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la crcel y no me visitasteis."

Pocas veces pienso en ese momento final y, sin embargo, qu importante es. No para sentir miedo o evadirme, sino para descubrir qu es lo esencial de mi paso por la vida. Al final, si es que hay que pasar algn examen, no ser otro que el del amor. Es lo nico que permanece y es a lo que me invitas o, mejor, me urges y apremias.

Es cierto que prefiero evadirme. Prefiero no mirar a mi alrededor, pero me es muy difcil. Todos los medios de comunicacin me bombardean cada da con noticias tremendas que me muestran el rostro dolorido de millones de hombres, mujeres y nios, que sufren las consecuencias de infinitas formas de dolor, dolor intil, cuya mayor parte viene causado por otros hombres.

A veces me duele el mundo, Seor, y me siento impotente. Pero es que yo puedo hacer algo? Y pasan por mi cabeza infinidad de respuestas y posibilidades; y, al final, descubro que s, que en mi vida cotidiana y aparentemente anodina, hay cientos de momentos en los que puedo poner una chispa de bien, una gota de amor. Hay cientos de momentos en los que despus de mirarte y escucharte puedo hablar de ti e invitar a que te miren, porque cuando aprendamos a mirarte cara a cara, desde el rostro que nos dejaste en Jess, podremos mirar de diferente manera a nuestro alrededor. Y se es el sentido de mi vida al que me invitas, al que me llamas. Y quiero entrar en l.

Me reconozco torpe y frgil, y soy consciente de que muchas veces trato de evadirme de aquello que exija dar un poco de m. Seor, dame coraje para aportar un poco de bien all donde estoy. Aydame a descubrir todos los gestos sencillos que puedo poner de alegra, de paz, de cercana, de consuelo, de paciencia, de comprensin, de perdn, de compaa. Y dame un poco ms de valor para descubrir aquellas opciones ms grandes con las que, tal vez, puedo contribuir a la construccin de un mundo ms humano, ms justo, ms pacfico, ms tuyo.

As escriba Lope de Vega, decepcionado sin duda de esta feria de vanidades, que es la vida: "A mis soledades voy, / de mis soledades vengo, / porque para estar conmigo, / me bastan mis pensamientos". Vivimos en una poca de multitudes. Verdaderos enjambres humanos llenan las avenidas, los estadios, los salones, las playas. No quiere esto decir, ni mucho menos, que el hombre se sienta ms acompaado. Al contrario, parece que la soledad, como una serpiente inevitable, se enrosca en l y lo paraliza. Nunca como en nuestros das se han escuchado tantas historias tristes de hombres solitarios. Y, sin embargo, puede existir un positivo y beneficioso encuentro del hombre con la soledad. El evangelio de hoy nos dice: "Jess volvi al Jordn y durante cuarenta das el Espritu lo fue llevando por el desierto". Qu fue este a mis soledades voy de Jess? y qu puede ser para nosotros? Soledad, encuentro con el yo: No cabe duda, Jess se encontr consigo mismo, con su misin, con su vocacin: "He aqu que vengo para hacer tu voluntad". El hombre que dice: para estar conmigo, me bastan mis pensamientos, termina viendo en el espejo de esos pensamientos la realidad de su propia estatura. La que ha dado hasta la fecha. Y la que est llamado a dar. El concete a ti mismo de los antiguos siempre ser un gran principio de sabidura. Sabidura que se adquiere en muchas horas de reflexin solitaria. Soledad-encuentro con el t: no fue Jess al desierto porque odiaba a la Humanidad como cant Horacio: "Odio al vulgo profano y lo aborrezco". Al revs, fue a la soledad para prepararse mejor a ese encuentro con la Humanidad a la que iba a salvar. El cristiano, siguiendo a Jess, ha de amar al prjimo como a s mismo. Y, seguramente la distancia, la larga perspectiva del desierto, puede ayudarle a conocer mejor el valor de cada hombre.

Dicen que quienes caminan por el desierto agudizan su vista consiguiendo ver muchas cosas en la infinita lejana. As, cuando vuelva del desierto, habr aprendido el hombre a estimar mejor las peculiaridades de cada otro. Soledad-encuentro con l. La larga prueba, la tenaz lucha con el Malo, llev a Jess al verdadero encuentro con su Padre. Las tres tentaciones fueron pulverizadas gracias a "aquella Palabra que sala de la boca de Dios". Y cuando al fm se march el demonio lleg el encuentro pleno de Jess con el Padre. Cuando el hombre, amigos, se adentra en su profundo desierto interior, la soledad se hace sonora, como cantaba aquel solitario que fue San Juan de la Cruz. S, el hombre termina dndose cuenta de la total presencia de l. Tagore, en los estremecidos poemas de Ofrenda Lrica, se repite: "No os sus pasos silenciosos? l viene, viene, viene siempre. De pena en pena ma, son sus pasos los que oprimen mi corazn". Tambin Jacob en plena soledad, tuvo la experiencia de la presencia de Dios. Fue aquella escala, de la tierra al cielo, que vio en sueos. Al despertar, no pudo menos que reconocer: "Este es un lugar sagrado y yo no lo saba".

Homiladel obispo de Zrate-Campana, monseor Oscar Sarlinga,en la misa exequial pormonseor Expsito primer obispo de la dicesis quien falleci a los 82 aos tras una larga enfermedad el pasado viernes 1 de enero en la Clnica San Camilo, de Buenos Aires, y cuyos restos fueron trasladados desde all hasta la catedral Santa Florentina, de Campana, donde fue velado.

Estamos hoy congregados para despedir, en la fe, a nuestro hermano Obispo, Mons. Alfredo Mario Esposito, quien, aunque nacido en Npoles, el 20 de mayo de 1927, era de nacionalidad argentina puesto que su padre su padre se desempeaba como cnsul argentino en aquella ciudad de Italia, y all viva la familia. Fue ordenado sacerdote en la Congregacin de los Misioneros Hijos del Corazn Inmaculado de Mara (los Padres Claretianos) el 1 de agosto de 1954; elegido obispo de Zrate-Campana el 21 de abril de 1976 por S.S. Pablo VI, el Papa que cre esta dicesis. Su ordenacin episcopal la recibi por imposicin de manos y oracin consecratoria de S.E. Mons. Po Laghi, entonces Nuncio Apostlico, y tom ese mismo da posesin de su cargo pastoral, el 4 de julio de 1976.

Hoy lo despedimos, habiendo partido a la Casa del Padre el da 1ro. de enero, en la festividad de la Virgen Madre de Dios, en pleno Ao Sacerdotal, convocado por S.S. Benedicto XVI.

Todos recordamos la hombra de bien y la piedad de Mons. Esposito. Podemos decir de l, como en una sntesis espiritual, que la experiencia del Espritu y de Mara Santsima fueron el centro de su vida. En efecto, el seguimiento de Cristo era, en su espiritualidad, una experiencia de vida que slo es posible por la accin del Espritu, Espritu del Padre y del Hijo, Espritu tambin de nuestra Madre la Virgen, en tanto Esposa del Espritu Santo. Ese Espritu que es como el gran Centro integrador de todas las dimensiones de nuestra vida y nuestra misin, el gran Protagonista de la misin, como lo llama la recordada Evangelii Nuntiandi, y el principal agente de la dimensin misionera de toda la pastoral. As lo experiment el fundador de la Congregacin a la cual perteneci, el Obispo San Antonio Mara Claret, y nuestro hermano Alfredo Mario lo sigui, pues se sinti ungido por el Espritu para anunciar la Buena Nueva a todos los hombres, y en especial a aqullos que le haban sido encomendados.

Monseor Alfredo Mario, en sntesis todava ms justa, fue forjado en la fragua del Corazn de Mara. Esto es esencial para comprender su personalidad, su vocacin, el desempeo de su misin como Obispo.

Nuestro hermano Obispo no nos ha dejado, como loablemente lo hacen otros prelados, un testamento espiritual. En realidad, lo ha sido todo su testimonio, en especial su sufrimiento en Cruz, aceptado con Amor. He tomado, por ello, dos ejes permtaseme llamarlos as- a la manera de un testamento espiritual.

El primero de esos ejes lo tom de su Homila el da de su ordenacin episcopal, en 1976, en el nacimiento de la dicesis de Zrate-Campana, y expresa su pasin por la Iglesia y por la unidad y la concordia en Ella. Nos deca: S, Jess vive entre nosotros de una manera especial desde ahora. l dijo a los Apstoles: Cuando dos o tres de ustedes estn unidos en mi Nombre, all estoy yo (Mt 18,20). Pues bien, estamos de un modo especial en la caridad, desde este da, en el Nombre del Seor. No ciertamente por meros motivos humanos, por laudables que sean. Menos an, por intereses mezquinos. Pobres o ricos, grandes y chicos, enfermos y sanos, con responsabilidades de gobierno o simples ciudadanos, con todo lo que somos estamos unidos, desde ahora y para el tiempo que vendr, en una realidad que llamamos una Iglesia local, que no es otra cosa que el misterio grande de la Iglesia Universal, que se hace carne y se concreta, por decirlo as, en una modalidad y forma local . Todos quienes han conocido bien a Mons. Esposito saben cmo lamaba profundamente la dicesis. Incluso ya estando enfermo, y emrito, vino en la recurrencia del 4 de julio (considerada moralmente la fecha de fundacin de esta circuncripcin eclesistica) desde 1994 hasta 1999, ya al final enclavado en silla de ruedas.

Tanto am a esta dicesis que, cuando cumpli sus bodas de oro sacerdotales en 2004, imposibilitado por completo de desplazarse, lo acompaaron los sacerdotes de la dicesis que l haba ordenado, y tambin otros, junto con amigos, feligreses, en una eucarista que presidi el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, en la capilla de la Clnica de San Camilo, en Buenos Aires.

El otro eje de su testamento espiritual no escrito lo he tomado del, s escrito, Testamento espiritual del Papa Pablo VI, en sus consideraciones sobre la Iglesia, su profundo sentido de pertenencia a Ella: La paz del Seor sea con nosotros () siento que la Iglesia me rodea: oh, Iglesia santa, una y catlica y apostlica, recibe mi supremo acto de amor con mi bendicin y saludo(n.1)

En su despedida de este mundo, nos deca ese gran Papa: Y respecto a lo que ms importa, despidindome de la escena de este mundo y yendo al encuentro del juicio y de la misericordia de Dios: debera decir tantas cosas, muchas. Sobre la situacin de la Iglesia; que escuche las palabras que le hemos dedicado con tanto afn y amor (n.6) . Escuchar las palabras de enseanza, dichas con dulzura, con Amor, con nimo y deseo de ensear, con humildad, amando al mundo, sin confundirse con l, como tambin prosigue el Papa Pablo: Sobre el mundo: no se piense que se le ayuda adoptando sus criterios, su estilo y sus gustos, sino procurando conocerlo, amndolo y sirvindolo (n.6) . Creo que podramos perfectamente poner estas palabras, hoy, en labios de nuestro hermano Mons. Alfredo Mario, l, que se ocup de promover e impulsar las misiones populares (tales como la de Campana y la de Zrate, en 1979; y la del partido de Pilar, en 1982), l, que promovi la creacin de escuelas catlicas para la niez y juventud, que fund el Seminario San Pedro y San Pablo (qu contento estara de haber visto su re-fundacin, el pasado ao!) y que promovi en todos los sentidos el rol del laicado, en sus instituciones, asociaciones, movimientos.

No pueden faltar hoy unas sentidas palabras de agradecimiento franco a la Sra. Laura Squarici, su enfermera, o ms bien, su ngel tutelar, quien lo ha cuidado desde el 2 de noviembre de 1993, hasta el da de ayer, en que entreg su alma al Seor. Es el 7mo. Obispo del cual la Sra. Laura ha cuidado, en todos los casos hasta el momento de la muerte.

Es tambin la ocasin de agradecer a la Fundacin Prez Companc, la cual, desde el hoy distante 1992, hasta el presente, le ha brindado toda la atencin que necesitaba y se hizo cargo del cuidado de su enfermedad, en la Clnica San Camilo. Vaya un agradecimiento sentido a las Hijas de San Camilo, las hermanas, que lo han cuidado con tanto afecto y devocin, y al personal mdico y sanitario de ese lugar.

Quien habla ya haba tenido ocasin de tratar con l desde abril de 2003, cuando recin estaba electo Obispo titular de Uzalis y auxiliar de Mercedes-Lujn, en la primera Asamblea episcopal de la que particip. Fueron numerosas las ocasiones de departir, siempre amable, siempre sacerdotal, humilde y digno. Como Obispo de esta dicesis, pas la celebracin del cumpleaos en San Camilo (cumplimos aos el mismo da) en 2006; Mons. Alfredo Esposito estaba radiante, contento, haban concurrido tambin algunas familias, principalmente de la ciudad de Campana, que lo han visitado y atendido hasta el da de ayer, con esmero, agradecimiento y devocin. Gracias tambin a ellos, no puedo nombrar a todos y cada uno, pero saben bien a quines me refiero.

En las distintas ocasiones en que tuve la dicha de verlo, la ltima vez que pudo dirigirme la palabra, con gran dificultad, asinti a mi solicitud de ofrecer todos sus sufrimientos, que lo haca con gran espritu de fe, por la Iglesia diocesana, por los sacerdotes, religiosos, religiosas, por las vocaciones, las familias, y todo el Pueblo de Dios, en especial por aqullos ms alejados, los pecadores, quienes ya no tenan razones de creer ni de esperar, los que ms sufren, los ms pobres y los abatidos.

Mons. Esposito no ha dejado bienes materiales, que no posea. El Obispado ha tomado a su cargo todo el servicio fnebre de este hermano nuestro, y ha sido providente el contar con el rea tumbal, en el templo criptal de Santa Forentina y los Santos Padres de la Iglesia hispana, que hemos restaurado recientemente y donde reposar este hermano nuestro en la espera de la Resurreccin gloriosa.Como smbolos, este hermano Obispo haba entregado ya su anillo episcopal a su hermana Rita, quien vive en las Islas Canarias, y con quien hoy por la maana hemos mantenido una conversacin telefnica, y leg tambin para ella su cruz pectoral. Como dije, no dej otros bienes. La mitra de la ceremonia de su ordenacin, que le fue puesta hoy en su ltimo adis, y su sencillo bculo de madera simple, que ahora est sobre su fretro, permanecern en la ciudad de Campana como perenne recuerdo de quien fue el primer Obispo diocesano, con sencillez, y a la vez con toda la carga del simbolismo que merecen.

Gracias, por todo tu testimonio, querido Monseor Alfredo Mario Espsito. Ms bien, no te decimos definitivamente adis, te decimos hasta pronto, hasta el Cielo.

Fray Mamerto Esqui naci en la localidad de Piedra Blanca (provincia de Catamarca), el 11 de mayo de 1826. Siendo muy nio ingres a la orden franciscana. Tras los estudios correspondientes fue ordenado sacerdote en 1848. De notoria actividad, fue misionero, docente, periodista, legislador, destacndose por sus clebre sermones patriticos, entre ellos el ms conocido pronunciado con motivo de la jura de la Constitucin Nacional del ao 1853. En 1872 fue designado para el arzobispado de Buenos Aires de Buenos Aires, al cual renunci. En 1880 fue nombrado obispo de Crdoba.

Fray Mamerto Esqui falleci el 10 de enero de 1883, en la Posta El Suncho (provincia de Catamarca). Pocos das antes haba viajado a La Rioja que comprenda en ese entonces su jurisdiccin eclesistica. Se lo consider esencialmente como un obispo misionero, pues en apenas sus dos aos de gobierno episcopal haba visitado pastoralmente gran parte del territorio de la dicesis de Crdoba.

La prensa de aquella poca daba as la noticia de la muerte de Esqui: Ha muerto no slo un gran Pastor, sino un gran hombre, que ilumin con su prodigioso talento y con la luz de sus conocimientos profundos, el claustro, la ctedra sagrada, el humilde entre los humildes, que viva ms humildemente an, ha expirado en un lugar humilde, solitario, privado de todo recurso, rodeado por el misterioso silencio del desierto (El Eco de Crdoba-12-1-1883). Los buenos se van, y cuando los buenos se van es porque algo serio nos prepara la Providencia a los malos. (El Ferrocarril, Mendoza-31-1-1883). La humildad, la pobreza, el desinters, la castidad, el sacrificio, el amor al prjimo, la obediencia; las privaciones y los dolores impuestos a su existencia fsica. Todo ese conjunto que ha prescripto el rito y que pocos tienen presente, estaba encarnado en el fraile catamarqueo. (El diario de Buenos Aires-31-1-1883).

Desde hace pocos aos la Causa de beatificacin de Esqui tuvo un marcado avance. El sacerdote franciscano Fray Jorge Martnez, vicepostulador de la Causa, manifest que el 18 de octubre de 2006 la Congregacin para las Causas de los Santos presidida por el cardenal Jos Saraiva Martins, la Comisin de Cardenales y Obispos aprob oficialmente la heroicidad de la virtudes de Esqui.

Para ello se consider al Siervo de Dios, como franciscano, obispo de Crdoba, fiel hijo de la provincia de Catamarca, humilde obispo dado a los pobres y a la evangelizacin, en tiempos difciles de guerras internas y desunin de los argentinos, y para muchos el inspirado orador de la Constitucin.

Posteriormente, el 16 de diciembre de 2006, el Santo Padre Benedicto XVI reconoci las virtudes heroicas del Siervo de Dios Fray Mamerto Esqui asignndole el ttulo de Venerable, que lo acerca a su pronta beatificacin.

El Evangelio hoy nos pone frente al primer milagro de Jess. En esta escena tan alegre, como es la de un casamiento, la gente est entretenida charlando, festejando, todo lo que se hace en una fiesta. Sin embargo, a escondidas haba un problema. Nadie se daba cuenta pero faltaba el vino. Y ya las jarras se estaban acabando y no haba con qu llenarlas. Qu papeln, qu problema.

La Virgen se acerca a Jess y le dice: mir el problema. Jess primero le dice que no es el momento pero le hace caso. Creo que Ella lo haba educado de chiquito a mirar la vida de los dems preparando as su corazn humano para ser el hombre que comprende, acompaa, consuela todo dolor y todo problema humano. Y Jess mira dnde est el problema. Es curioso, despus, a lo largo de su vida, siempre encontramos en el Evangelio que Jess mira a la vera del camino a los que estn al borde del camino, a los que se esconden por vergenza o por miedo. Los que no se animan a estar con los dems porque tienen problemas o porque son leprosos o porque son ciegos o paralticos, o son pecadores, son considerados como pecadores porque todos somos pecadores.

Y Jess siempre mira al borde del camino y los llama. Es propio de Jess esa actitud de mirar a aquellos que estn en los extremos en los momentos ms duros de la existencia, al borde del camino de la existencia y llamarlos.

Y los ayuda, los cura, los consuela, los fortalece, los hace discpulos suyos. Esa actitud de mirar y acercarse, porque es mirar y acercarse a quien est pasando por problemas, l nos la ensea a nosotros. En aquella parbola del buen samaritano Jess no alaba al sacerdote que pas y dio un rodeo para no mirar el problema en que estaba una persona, no alaba al escriba que pas y dio un rodeo para no mirar a la persona que estaba all. Sino que alaba a quien se acerca a donde hay un problema y le dice a la gente que lo rodea: hagan ustedes lo mismo, acrquense donde hay un hermano necesitado, acrquense donde hay un problema. Como la Virgen le seal dnde haba un problema, en el casamiento lo hizo acercar.

Y qu nos dice la Virgen, que le dice la Virgen a los que servan la fiesta y a nosotros? Hagan todo lo que l les diga. Y Jess nos dice: acercate. Donde hay una necesidad ah hay una presencia ma escondida. Soy yo el que estoy sufriendo en esa necesidad, as nos dice el Seor.

Y hoy en esta misa escuchamos que la Virgen nos dice hagan lo que l les diga y l nos dice acercate. No te distraigas, no te hagas el distrado. Mir a ese pueblo que est sufriendo, a esos hombres y mujeres haitianos, a esos ancianos, a esos nios. Tantos muertos, tantos heridos, tantos que estn sufriendo despojados por este tremendo terremoto.

No nos conformemos con leer las noticias del diario o ver por televisin alguna cosa. Acerc tu corazn all. Estoy de vacaciones, no puedo Un corazn cristiano nunca est de vacaciones. Siempre est abierto al servicio all donde hay una necesidad, porque sabe que donde hay una necesidad hay un derecho y este pueblo, por ser hermano nuestro, tiene derecho a nuestra atencin.

No s, cada cual ver cmo acerca su corazn. Dej alguna diversin, ponete en silencio en oracin, hac alguna penitencia para acompaar el dolor de tu pueblo, private de algo y dalo para que puedan tener alimento, medicina, lo que necesitan. Pero ese pueblo es nuestro hermano. Y mi hermano est all al borde del camino de la existencia, mi hermano est sufriendo y no me puedo hacer el distrado.

Le pedimos a la Virgen que se meta en nuestro corazn y haga lo que hizo ese da con Jess: mir, mir el problema. Y a m qu me va, yo no me meto, parece que Jess le deca y Ella lo empuja.

Con esa caridad que pasa por la mente, el corazn y toca el bolsillo. Miremos a la Virgen que nos mira a nosotros y nos dice hagan todo lo que l les dice. Y qu nos dice Jess? No des un rodeo para no ver el problema, como hizo el sacerdote y el escriba de la parbola.

En aquel tiempo, Jess, lleno del Espritu Santo, volvi del Jordn y, durante cuarenta das, el Espritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.

Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan. Jess le contest: Est escrito: "No slo de pan vive el hombre".

Despus, llevndole a lo alto, el diablo le mostr en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: Te dar el poder y la gloria de todo eso, porque a m me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si t te arrodillas delante de m, todo ser tuyo. Jess le contest: Est escrito: "Al Seor, tu Dios, adorars y a l solo dars culto".

Entonces lo llev a Jerusaln y lo puso en el alero del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, trate de aqu abajo, porque est escrito: "Encargar a los ngeles que cuiden de ti", y tambin: "Te sostendrn en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras". Jess le contest: Est mandado: "No tentars al Seor, tu Dios".

Creo que es importante descubrir el proceso de esta experiencia que atraves tu vida y que recoge como las grandes tentaciones que de mil maneras salen al paso de nuestra vida. Porque saciar nuestras necesidades, el atractivo del poder, y lo insaciable del tener, son como los grandes deseos que nos persiguen, y que tambin quisieron hacer mella en ti. Frente a ellos respondiste afirmando la primaca de la palabra de Dios, como el alimento que fortalece nuestra dimensin humana; a Dios como al nico a quien el hombre puede y debe adorar.

Tu lucha fue tan fuerte como la podemos tener todos, y tu respuesta fue contundente, para ensearnos cmo debe ser la nuestra si no queremos terminar sucumbiendo a muchas sutiles o burdas tentaciones. Pero nos cuesta aprender, aunque tal vez es que en el fondo no queremos, porque todo eso es atractivo. Seguimos deseando alcanzar algn tipo de poder, el que sea, cuanto mayor mejor. Seguimos anhelando milagros, seguimos queriendo ser centro, y si no nos tienen en cuenta nos deprimimos o hacemos lo posible para hacer lo que est al alcance de nuestra mano para que nos consideren, para estar en la onda, para responder a los esquemas del momento, a la moda, a lo que sea. O caemos en un espiritualismo fcil y superficial de querer dejar que Dios haga todo, porque slo pasa lo que l quiere, y eludimos responsabilidades, compromisos y riesgos.

No me resulta lejana tu experiencia, Seor. La gran diferencia es que t resististe, o mejor, no te dejaste engaar, coger, por todas esas trampas que desde fuera y dentro se cernieron sobre ti. Mi lucha, cuando la hay, es ms precaria, ms frgil, y est plagada de ms fracasos. Pero tu actitud y tus respuestas, siguen siendo una luz y una fuerza para las mas; porque me recuerdas que, igual que t, nunca estoy solo, que el Espritu, el mismo Espritu que te llen y acompa en el desierto, est tambin conmigo, est en m, implicado, igual que contigo, en mi propia lucha. Y ah radica mi esperanza.

Tengo que pedir perdn, Seor, por mis oscuridades, por pasar en muchos momentos de tu palabra, por dar mucha ms importancia a lo que alimenta mi cuerpo que a lo que alimenta mi realidad ms profunda, mi espritu, mi conciencia. Por buscar todo aquello que me site sobre los otros. Por querer ser, de alguna manera, centro, punto de referencia, de admiracin, y as caigo en el ridculo o en la obsesin. Y lo peor, es que no soy consciente del dao que hago y que me hago.

Aydame, Seor, y convirteme para que sea capaz de abrir los ojos. Aydame a descubrir lo que me permite crecer en lo ms autntico de m. Aydame y ensame a decir s a unas cosas y no a otras, pese a quien pese, sobre todo si es a m mismo. Aydame a crecer en lo mejor de m, en mi dimensin ms autntica y humana. Que pueda ser as, desde la sencillez, una presencia gozosa para los que se cruzan en el camino de mi existencia.

publica la meditacin que ha escrito monseor Jess Sanz Montes, OFM, arzobispo de Oviedo, administrador apostlico de Huesca y Jaca, sobre el Evangelio del domingo, 21 de febrero (Lucas 4, 1-13), primero de Cuaresma - C.

En el prtico de la Cuaresma recin comenzada encontramos a Jess tentado por el diablo. La Biblia tiene varios nombres para este personaje, pero en todos subyace el mismo cometido de su misin: el que separa, el que arranca; diablo, dia-bolus: el que divide. El demonio -en medio de mundo que lo ignora y lo frivoliza- est ms presente que nunca en los miedos, en los dramas, en las mentiras y en los vacos del hombre postmoderno, aparentemente desenfadado, juguetn y divertido.

Con Jess, como con todos, el diablo tratar de hacerle una nica tentacin, aunque con diversos matices: romper la comunin con el Padre Dios. Para este fin, todos los medios sern aptos, desde citar la misma Biblia hasta disfrazarse de ngel de luz. Las tres tentaciones de Jess son un ejemplo actualsimo: desde tu hambre, convierte las piedras en pan; desde tus aspiraciones, hazte dueo de todo; desde tu condicin de hijo de Dios, pon a prueba su proteccin. Dicho de otro modo: el dia-bolus tratar de conducir a Jess por un camino en el que Dios o es banal y superfluo, o es intil y pernicioso.

Prescindir de Dios porque yo reduzco mis necesidades a un pan que yo mismo puedo fabricarme, cual si fuera mi propia hada mgica (1 tentacin). Prescindir de Dios modificando su plan sobre m, incluyendo aspiraciones de dominio que no tienen que ver con la misin que l me confi (2 tentacin). Prescindir de Dios banalizando su providencia, hacindola capricho o divertimento (3 tentacin). Esto resulta actual si vamos traduciendo con nombres y color, cules son las tentaciones reales! que a cada uno y a todos juntos, nos separan de Dios, y por tanto de los dems. La tentacin del dios-tener (en todas sus manifestaciones de preocupacin por el dinero, por la acumulacin, por las "devociones" de lotos y azares, por el consumo crudo y duro). La tentacin del dios-poder (con toda la gama de pretensiones trepadoras, que confunden el servicio a los dems con el servirse de los dems, para los propios intereses y controles). La tentacin del dios-placer (con tantas, tan desdichadas y sobre todo tan deshumanizadoras formas de practicar el hedonismo, tratando de censurar intilmente nuestra limitacin y finitud).

Quin duda de que hay mil diablos, que nos encantan y seducen desde el chantaje de sus condiciones, y ponindonoslo fcil y atractivo, nos separan de Dios de los dems y de nosotros mismos? Jess venci al diablo. La cuaresma es un tiempo para volvernos al Seor volviendo a unir todo cuanto el tentador ha separado.

Recomendacionesdel VI Congreso Mundial de la Pastoral para los emigrantes y los Refugiados quetuvo lugar del 9 al 12 de noviembre de 2009 en Vaticano con la participacin de 320 delegados de todos los continentes, cuyo Documento final ha sido difundido en estos das.

1. Que se refuercen y desarrollen las estructuras eclesiales mediante una mayor colaboracin e interconexin entre los obispos de los pases de acogida, de trnsito y de origen, por ejemplo a travs de la organizacin de encuentros inter-diocesanos centrados en la migracin. Es importante valorar la significativa contribucin y la experiencia que ofrecen los institutos de vida consagrada, las sociedades de vida apostlica, los movimientos eclesiales, los grupos vinculados a la Iglesia, las asociaciones y organismos que operan en este campo, y sacar el mximo de su compromiso.

2. Que en la formacin de sacerdotes, religiosos y religiosas y de los miembros de movimientos eclesiales y asociaciones y grupos laicales se incluyan cursos especficos que ofrezcan un mejor conocimiento y comprensin del macrofenmeno de la migracin y de sus implicaciones pastorales. Estos cursos deberan incluir el estudio de la Instruccin Erga migrantes caritas Christi y de la Doctrina Social de la Iglesia. Debe desarrollarse una mejor articulacin de la teologa de la migracin, que ponga de relieve la universalidad de la Iglesia y su condicin de peregrina y migrante. Tambin es importante ofrecer una formacin especfica a los sacerdotes y agentes pastorales que atienden a las necesidades de los migrantes en determinadas circunstancias.

3. Que se ofrezca una formacin adecuada a los agentes de pastoral y a los mediadores culturales, y que se revitalicen las capellanas, de modo que se ofrezca un mejor apoyo a las comunidades de migrantes y se les ayude a preservar su cultura y sus valores religiosos en vista a su integracin.

4. Que se preste especial atencin a los migrantes y refugiados pertenecientes a las Iglesias catlicas orientales que, teniendo en cuenta los derechos y deberes de la dicesis de llegada, desean y tienen derecho a mantener sus vnculos con la Iglesia de su rito.

5. Que constantemente se desarrollen estrategias a largo plazo, que vayan ms all de las respuestas inmediatas de acogida y solidaridad, a fin de inserir el valioso potencial de la catolicidad en modelos concretos.

7. Que la Iglesia abra sus brazos a todos los migrantes, cualquiera que sea su edad, credo o conviccin. Convirtiendo la Iglesia en un punto de encuentro, especialmente para los jvenes inmigrantes, se puede contrarrestar el efecto negativo de la secularizacin, contribuyendo as a transformar la migracin en una oportunidad para la evangelizacin, en el pleno respeto de las opciones personales. Esto exige una visin clara, directrices pastorales especficas, dedicacin y amor fraternal para llegar a los jvenes migrantes.

8.Que la Iglesia cree nuevas estructuras que respondan a las necesidades especficas y tomen en consideracin los intereses de los jvenes migrantes y refugiados, y en particular de los menores no acompaados, quienes merecen una atencin especial. Esto se puede hacer, por ejemplo, promoviendo y desarrollando movimientos sociales de inspiracin cristiana dedicados a la integracin de jvenes migrantes y favoreciendo acciones pastorales y sociales que incluyan iniciativas educativas.

9. Se anima a las Iglesias particulares a incorporar en sus programas pastorales la fe y la formacin en valores de los nios que tienen al menos uno de sus progenitores extranjero, mientras que se anima a las Iglesias de origen a elaborar programas que respondan a las necesidades de las familias de los migrantes o a los nios que han permanecido en su patria.

10. Que las dicesis traten de emprender acciones concretas para reducir la creciente desconfianza mutua entre los migrantes y los refugiados y las comunidades de acogida. De hecho, la Iglesia puede alentar a todos a vivir juntos en paz y desarrollar en el mundo una cultura de la reciprocidad. En este contexto, las asociaciones catlicas de migrantes y refugiados no deben centrarse nicamente en lo referente a su identidad y a sus niveles de proteccin, sino que adems deben ser promotoras de la participacin activa de los migrantes y refugiados en la vida de la sociedad, junto con los miembros de las comunidades locales.

11. Que las Iglesias locales promuevan la colaboracin entre asociaciones catlicas de migrantes y refugiados y los diferentes actores de la sociedad local, tanto religiosos como civiles, para facilitar la integracin mediante la creacin de espacios de encuentro, campaas de erradicacin de la discriminacin, de la xenofobia y del racismo, y servicios concretos de integracin sociocultural. Las congregaciones religiosas, los movimientos eclesiales y las asociaciones y grupos laicales son excelentes recursos que deben tenerse en cuenta para este propsito.

12. Se debe desarrollar la colaboracin entre la pastoral especfica para los migrantes y la atencin pastoral de quienes, entre ellos, estn privados de libertad (en prisin o en campos de detencin). Con este fin no deben descuidarse los contactos, cuando sea oportuno, con las embajadas de los pases de origen de los detenidos. Los capellanes de prisin y de campos de detencin mantendrn contactos con quienes se dedican a la defensa legal y con los misioneros que han regresado, con el fin de tener una mayor posibilidad de responder a las necesidades espirituales y jurdicas de los detenidos, as como a las peticiones de contacto con la familia. Los capellanes podran tambin hacer de puente con las familias que han quedado en su pas, a travs de los servicios de la Comisin Episcopal para los Emigrantes y Refugiados del pas de origen..

13. Los migrantes catlicos y cristianos en general son una fuerza misionera importante para la Iglesia. Por ello, se les insta a permanecer firmes en su fe y a mantenerse vinculados a la Iglesia local, donde quiera que estn, para poder desarrollar eficazmente su rol misionero en los pases de acogida. De hecho, la fe cristiana fue "sembrada" en el mundo, y en todos los tiempos, en gran parte a travs de migrantes.

14. Que se promueva una red ecumnica en el mbito de la migracin, lo que puede ser una importante contribucin a la paz y a la reconciliacin, cuando la diversidad no se considera un motivo de exclusin, sino una oportunidad para el enriquecimiento y el crecimiento. A largo plazo, el ecumenismo puede ser un marco adecuado para la cooperacin entre catlicos y representantes de otras Iglesias y Comunidades eclesiales en los esfuerzos por la defensa de los derechos, que debe mantenerse y fomentarse en todos los pases y comunidades.

15. Que la Iglesia desarrolle y aumente su cooperacin con los gobiernos, la sociedad civil y las autoridades locales para satisfacer las necesidades de los migrantes y defender su dignidad y sus derechos. La Iglesia local debera trabajar ms estrechamente con quienes en los gobiernos locales y nacionales son responsables de las polticas referidas a los migrantes y refugiados, aun sean de diferentes tradiciones cristianas o de otras religiones. Sin embargo, la Iglesia necesita mantener su autonoma en su labor pastoral y ningn acuerdo con las instituciones civiles debe menoscabar las obligaciones que emergen de su misma naturaleza como Iglesia.

16. Que, al acompaar a migrantes, refugiados, migrantes forzados y desplazados internos, la Iglesia asuma un papel de mediacin y de defensa legal entre ellos y las autoridades locales, proporcionndoles tambin el acceso a los recursos legales, mdicos y otros tipos de apoyo, luchando contra la trata y la explotacin, protegiendo a los ms vulnerables, insistiendo en un enfoque basado en derechos y promoviendo activamente la reunificacin familiar. Los obispos tambin deberan intensificar su compromiso denunciando las violaciones de los derechos humanos de los migrantes y abogando por una actitud positiva hacia los migrantes y refugiados en sus dicesis, as como alentando que edificios en desuso sean puestos a disposicin para satisfacer sus necesidades temporales de alojamiento. Gracias a su estructura extremadamente capilar, la Iglesia podra establecer redes de comunicacin dirigidas a recopilar informacin, a encarar el deber de proteccin y realizar actividades que pueden ser de gran beneficio para las comunidades local y migrante.

17. Que los esfuerzos de la Iglesia tambin incluyan un dilogo internacional con el fin de examinar y revisar las polticas de mayor control fronterizo, la detencin arbitraria y la ciudadana. Adems, se deben determinar las estrategias y contribuir a una reforma internacional y global de la inmigracin, que debera ser aplicada equitativamente. Asimismo debera promover y defender el concepto de un estatus especfico del migrante, que implique derechos y obligaciones, ya sean de carcter temporal o destinados a una integracin a largo plazo. Por ello, debera hacer mejor uso de sus estructuras internacionales y comisiones que ya interactan con los rganos intergubernamentales.

18. Que dirija su atencin a una migracin de retorno seguro y voluntario, y a que los repatriados se reintegren en sus pases de origen, prestando atencin a sus competencias adquiridas para que sean reconocidas y no desaprovechadas, para ser fructuosas en los procesos de desarrollo local.

19. Tambin se ha recordado que en el ao 2010 se celebrar el 20 aniversario de la Convencin de las Naciones Unidas sobre la proteccin de los derechos de todos los trabajadores migrantes y de los miembros de sus familias. Podra ser un buen momento para que las Conferencias Episcopales alienten su ratificacin por parte de los pases que an no lo han hecho. La situacin de los solicitantes de asilo tambin debe ser una preocupacin constante de la Iglesia y de sus organismos.

20. Que, a nivel mundial, la Iglesia siga promoviendo el concepto de una "autoridad poltica mundial" que se ocupe de las cuestiones de migracin y que, por tanto, contribuya eficazmente a los procesos que en este sentido se estn realizando (cf. Caritas in veritate, 67).

haciendo que los migrantes sean los defensores de su propia identidad cultural y de sus derechos, as como que den muestras concretas de respeto a las leyes, la cultura y la tradicin del pas de acogida.

Conclusiones del VI Congreso Mundial de la Pastoral para los emigrantes y los Refugiados que tuvo lugar del 9 al 12 de noviembre de 2009 en Vaticano con la participacin de 320 delegados de todos los continentes, cuyo Documento final ha sido difundido en estos das.

1. Nos encontramos en una poca de cambios rpidos y sin precedentes. El alto nivel actual de interaccin entre personas y naciones, el rpido intercambio de ideas, dinero y comercio hacen de sta una era totalmente nueva, que ha trado tanto progreso como regresin, beneficios y tambin prdidas, nuevos desafos y oportunidades como nuevos sufrimientos. Las estructuras y componentes tradicionales de la sociedad ya no parecen ofrecer las mismas seguridades que antes. Las guerras y la violencia han continuado cosechando sus vctimas. Aumentarn los preocupantes signos del cambio climtico, que ha comenzado a desplazar a grandes grupos de personas, y la crisis econmica, una de las muchas facetas de nuestro mundo globalizado, ha intensificado la incertidumbre y la conciencia de nuevas vulnerabilidades y de la afliccin humana.

2. La migracin es un signo de los tiempos, que afecta profundamente a nuestras sociedades. Su extensin y sus dimensiones han aumentado dramticamente y seguir hacindolo en el futuro prximo. Su interconexin con los factores econmicos, sociales, polticos, religiosos, culturales y de seguridad, que definen nuestro mundo globalizado, refuerza la sensacin de vulnerabilidad y aumenta las cuestiones relativas a los modelos tradicionales de cohesin social. Parece que estamos buscando mejores modelos de acompaamiento para los inmigrantes, al tiempo que redefiniendo la sociedad en la que stos se deberan integrar. En un mundo tan marcado por nuevos signos de miedo y falta de hospitalidad, la centralidad de la persona humana y de su dignidad, con sus correspondientes derechos y deberes, adquieren una importancia cada vez mayor.

3. La migracin, por lo tanto, es tambin una invitacin a imaginar un futuro diferente, que persiga el desarrollo del gnero humano en su totalidad, incluyendo a cada ser humano con su potencial espiritual y cultural y su contribucin a un mundo ms equitativo, marcado por la solidaridad mundial y el pleno respeto de la dignidad humana y de la vida. El Papa Benedicto XVI ha definido la migracin como "un gran recurso para el desarrollo de la humanidad" y, en sus palabras inaugurales de este Congreso, ha subrayado una vez ms la importancia del macrofenmeno de la migracin como una llamada a sealar y destacar la unidad de la familia humana, as como el valor cristiano de la acogida al extranjero.

4. Ciertamente, la migracin es un fenmeno de todos los tiempos. Es tanto una parte de nuestro presente como de nuestro pasado y nuestro futuro. Se nutre de los desequilibrios demogrficos y econmicos, los malos gobiernos, los conflictos, la falta de libertad, la pobreza y los desastres ambientales, as como de la verdadera esperanza y de la creciente conciencia de la presencia de nuevas y mejores perspectivas de vida. Las migraciones son frecuentemente descritas como realidades dramticas que, muy a menudo, podran haberse evitado. "Todos podemos ver el sufrimiento, el disgusto y las aspiraciones que conllevan los flujos migratorios", escribi el Papa Benedicto XVI en la Encclica Caritas in veritate (n. 62) y, sin embargo, es evidente que las respuestas de la sociedad son a menudo insuficientes ya que el mundo ha permanecido sordo al grito que peda una solucin a las diferentes necesidades que estn en el origen de la decisin de emigrar y de sus inevitables consecuencias.

5. La migracin es un desafo multidimensional: muestra cmo las cuestiones de seguridad y el miedo social pueden fcilmente conducir a un incremento de la discriminacin, de la xenofobia y del racismo e incluso a la criminalizacin del migrante, lo cual slo agrava el problema sin dar ninguna respuesta a las necesidades reales de la humanidad, ni ofrecer una alternativa vlida a nuestro mundo en crisis. sta pone a la sociedad del siglo XXI frente al trfico de personas, el contrabando, los secuestros, el trabajo forzoso, los aptridas, los falsos matrimonios, los matrimonios por correspondencia y a las nuevas formas de esclavitud humana, que empujan especialmente a mujeres y nios a la prostitucin y al trabajo ilegal.

6. El sufrimiento humano se hace evidente en muchas situaciones dramticas, como por ejemplo, las personas que intentan cruzar un desierto o los balseros que mueren, o que son arrojados por la borda, o que se les niega el rescate y el acceso al territorio nacional (refoulement), siendo repatriados, o que, los ms afortunados, llegan en unas condiciones miserables. La detencin arbitraria, incluso a veces la tortura en campos de detencin, o simplemente la deportacin a sus pases de origen, son sus probables destinos. Sin embargo, estas tragedias no afectan slo a los propios migrantes, sino tambin a los pases de acogida, que no necesariamente tienen la capacidad de soportar la carga de un creciente nmero de llegadas. Es evidente, fundamentalmente, que una actitud defensiva y unas polticas migratorias restrictivas dividen y destruyen familias, que la inquietud social entre la poblacin local es generada por el temor al desempleo debido a la presencia de trabajadores migrantes y que la agitacin social entre los inmigrantes es causada por la injusticia social. No se han abordado suficientemente las cuestiones sobre el bienestar, los sistemas de seguridad social y los modelos de integracin, mientras que el grado de integracin en el mercado laboral del pas de acogida no coincide con el de la integracin social. En clara contradiccin con las actitudes restrictivas, las economas globales necesitan y promocionan una mayor movilidad humana.

7. Al tiempo que los medios de comunicacin social informan de una cierta mejora en nuestras economas, los migrantes siguen tenindose que enfrentar a la magnitud de los daos causados por la crisis actual que, segn la estimacin de la Organizacin Internacional del Trabajo, ha destruido unos 50 millones de puestos de trabajo. La oferta de mano de obra y el derecho al trabajo son pacificadores sociales y ayudan a recuperar la esperanza y la confianza en las sociedades, pero la crisis econmica ha puesto de manifiesto en qu medida los migrantes se ven afectados por los despidos y como esto se traduce en una reduccin de los flujos de remesas. La disminucin del respeto de los principios fundamentales del derecho internacional y de los derechos laborales de los migrantes han afectado an ms la integracin y la cohesin social. Adems, como muchos inmigrantes despedidos optan por permanecer en el pas de acogida en espera de tiempos econmicamente mejores, es probable que se asista a un aumento de las permanencias irregulares. Una vez ms, la movilidad humana plantea cuestiones fundamentales relativas a la fraternidad y la solidaridad mundiales, al desarrollo y a la interdependencia global: "La sociedad cada vez ms globalizada nos hace ms cercanos, pero no ms hermanos" (Caritas in veritate, 19).

8. stas y otras muchas facetas de la imagen caleidoscpica de causas y consecuencias de la migracin indican lo mucho que stas sobrepasan los mecanismos nacionales de respuesta. Hay una profunda necesidad de una visin universal de las relaciones internacionales y de una renovada atencin a la persona humana creada a imagen de Dios. Teniendo en cuenta los numerosos cambios de la sociedad y los inmensos desafos generados por la movilidad humana, la Iglesia no tiene otra opcin que actuar, considerando sus esfuerzos directamente relacionados con la proclamacin del Reino de Dios (cf. Erga migrantes caritas Christi, 96-97, 101-103).

9. Para la Iglesia, el macrofenmeno de la migracin es un asunto pastoral prioritario. Aunque siempre ser necesario algn tipo de contextualizacin, la Iglesia puede ayudar a los inmigrantes a mantener su fe y su cultura y, al mismo tiempo, a hacer que el pas de acogida se abra a la cultura del pas de origen de los inmigrantes, reuniendo a las comunidades migrantes y locales. La solidaridad es el primer paso hacia un compartir los valores religiosos entre las comunidades locales y migrantes. Esto podra llevar a la evangelizacin o al renacer de la fe de aquellos que se han secularizado. La migracin es tambin una oportunidad ecumnica importante.

10. La Instruccin Erga migrantes caritas Christi es un paso reciente e importante en el ms de un siglo de historia de la pastoral especfica de los migrantes, que ha dado un nuevo impulso y direccin a la elaboracin de respuestas adecuadas a este fenmeno mundial. Este documento presenta un lenguaje teolgico nuevo, y supone un hito especialmente en lo referido a la categorizacin de los migrantes, al tiempo que contribuye a construir una nueva y mayor conciencia de la necesidad de fomentar la pastoral de los migrantes a nivel local, nacional, internacional, continental y universal. Motiva el dilogo y la corresponsabilidad entre las Iglesias de origen, de trnsito y de destino. Adems, la Instruccin contribuye a reforzar los mecanismos nacionales y diocesanos de coordinacin pastoral, y alienta la formacin de los agentes pastorales que tienen la tarea de desarrollar e implementar servicios especficos de pastoral en favor de los migrantes. Cinco aos despus de su publicacin, se puede decir que el documento ha sido bien recibido, pero, an as, merece tener una difusin ms generalizada, a fin de poder ser til, incluso en el plano poltico, influyendo en las polticas migratorias. Los participantes consideraron que es muy til la organizacin de Congresos, como este VI Congreso Mundial y los dos continentales sobre la pastoral de migrantes y refugiados, celebrados en Bangkok (6-8 de noviembre de 2008) y Nairobi (2-5 de junio de 2008). Estos esfuerzos deben multiplicarse y continuar con el fin de convertirse en una oportunidad para el intercambio de las mejores prcticas.

11. Hay tambin importantes signos de corresponsabilidad y comunin entre las Iglesias de origen y las de acogida. Una continua relacin entre ellas ha permitido no slo una mejor comprensin del fenmeno, sino que ha promovido medidas muy concretas, tales como el envo de capellanes de inmigrantes para llevar a cabo el aspecto fundamental de esta pastoral especfica. Adems, esta colaboracin ha demostrado ser til en el logro de un mayor peso poltico en el mbito internacional, produciendo una mayor eficacia y autoridad. Se puede considerar que los numerosos esfuerzos bilaterales y multilaterales por vincular la Iglesia local de origen con las Iglesias de trnsito y de destino han contribuido en modo importante a generar una nueva mentalidad, a reforzar la coordinacin, a establecer formas concretas de cooperacin y a crear diversas comisiones ad hoc. Es evidente que esta colaboracin tiene un impacto diferente en los casos en donde el migrante est presente slo por un perodo limitado de tiempo, como en la migracin temporal o en la circular. Este modelo parece ser el preferido por los pases de acogida, pero merece ser cuestionado. Como estas formas de migracin forjan identidades sociales dplices, una en el pas de origen y otra en el pas de acogida, sin garantizar la continuidad entre las dos o en una de ellas, la colaboracin entre las estructuras diocesanas en todos los pases implicados es an ms necesaria.

12.Asimismo se debe sealar que la Iglesia ha asumido en numerosas ocasiones un papel de promocin de la defensa de los derechos humanos y de la dignidad. Ha reforzado su compromiso en favor de los migrantes vulnerables, especialmente mujeres y menores de edad. Ha actuado como mediador en situaciones de conflicto y como promotor de un verdadero desarrollo. La Iglesia ha manifestado tambin su inquietud por la situacin en algunos campos de detencin donde las condiciones de vida son una cuestin humanitaria y el respeto de los derechos humanos fundamentales de los detenidos debe ser reafirmado.

13. A travs de sus muchas estructuras solidarias especializadas y de sus organizaciones caritativas, la Iglesia ha desarrollado acciones operativas concretas para responder a las numerosas necesidades, heridas y vulnerabilidades de aquellos que han dejado atrs su familia y/o han llegado en situaciones precarias. Se han abierto centros de atencin para los migrantes ms vulnerables, especialmente mujeres y nios, para vctimas de la trata y para menores no acompaados. Se ha proporcionado atencin familiar y psicolgica (sanacin de la memoria) y se han desarrollado programas de proteccin infantil. Se ha prestado asistencia a solicitantes de asilo, a refugiados y a desplazados internos, mientras se buscaban soluciones duraderas. Se han organizado encuentros transfronterizos, se han creado centros para sensibilizar a la comunidad ante los recin llegados y se han instituido contactos interregionales. Los esfuerzos de la Iglesia han contribuido en gran medida a promover medidas de integracin (no de asimilacin) y han ofrecido una correcta orientacin a los programas referidos a la ciudadana/nacionalizacin. Incluso las pequeas comunidades eclesiales han demostrado su utilidad en este proceso de integracin. Es necesario subrayar el papel y el compromiso de numerosas congregaciones religiosas, as como de diversos movimientos eclesiales, grupos y asociaciones laicales, en la asistencia y el trabajo con y para los migrantes y los refugiados.

14. Los migrantes no son slo sujeto de preocupacin, sino que deben tener la oportunidad de convertirse en los protagonistas de su propio futuro (cf. Erga migrantes caritas Christi, 100). Tienen que integrarse gradualmente en la Iglesia local de llegada, la cual podr adquirir nuevas fuerzas mediante la asuncin de responsabilidades concretas por parte de los inmigrantes. De hecho, los migrantes pueden ser sacerdotes, o asumir la funcin de lectores, catequistas o ministros extraordinarios de la Eucarista. Cuando los migrantes se encuentran dispersos en los pases de acogida, es difcil llegar a ellos, pero en los lugares donde la densidad de migrantes es alta, la accin cristiana integra a los recin llegados, ampliando as el tejido social existente. Puesto que a los inmigrantes se les anima a participar en los servicios sociales, la Iglesia de acogida debe dar pruebas de su apertura a otras culturas y tradiciones. La integracin gradual ser facilitada por pastores que procedan de sus pases de origen con el fin de atenderlos. Si esto no es posible por falta de sacerdotes, Erga migrantes caritas Christi prev la presencia de agentes de pastoral que hablen el idioma de los migrantes y/o conozcan su cultura. En este sentido, son un buen recurso quienes habiendo sido misioneros en los pases de origen de los migrantes, y nacidos en el pas de acogida, han regresado a sus pases de origen.

15. Se presta especial atencin a los migrantes y refugiados jvenes, cuyas preguntas existenciales son a menudo muy serias, en cuanto formulan su identidad en trminos de cuestiones relacionadas con el sentido de la vida, la justicia social, la salvaguardia de la creacin y la relacin con Dios. Es frecuente encontrar jvenes que estn buscando sinceramente un sentido religioso de sus vidas. Esto pone de relieve el papel fundamental de la Iglesia en el acompaamiento de su bsqueda de significado y en la construccin de sus valores. Su presencia es una oportunidad privilegiada para establecer intercambios culturales que podra abrir la posibilidad de trabajar hacia el logro de la tolerancia y de la convivencia pacfica en la sociedad del maana. A menudo los jvenes viven una situacin que presenta un fuerte riesgo de doble marginalizacin, ya que al mismo tiempo experimentan una creciente distancia de la cultura de sus padres y una brecha no suficientemente colmada entre ellos y la sociedad de acogida. Las organizaciones catlicas juveniles ofrecen a los jvenes migrantes un sentido de pertenencia y les brindan una formacin que les ayude a mantenerse fieles a su patrimonio religioso. En varios pases se han iniciado programas especficos para acercar las comunidades catlicas a los jvenes migrantes, para modificar su percepcin de la Iglesia como algo demasiado lejano, encerrada en sus posiciones y despreocupada de la diversidad cultural. Estos programas tambin ofrecen, cuando es necesario, un entorno seguro que les permita mantenerse alejados de actividades delictivas, del trfico de personas, de las drogas, de la violencia armada o de las sectas, que muy a menudo ofrecen falsas respuestas a sus necesidades existenciales.

16. Los nios que se quedan en el pas de origen pagan un precio muy elevado en comparacin con las leves mejoras de las condiciones materiales proporcionadas por sus padres que trabajan en el extranjero. Su visin de la sociedad del maana puede estar determinada por el concepto materialista de emigrar para ganar ms. Por lo tanto, las familias separadas y transnacionales, cuya unidad es a menudo ms virtual que real, pueden poner en peligro la educacin de los nios y la sociedad del maana. La ausencia de los padres en el proceso educativo del nio es una forma de care drain de la que hay que ocuparse cuidadosa y plenamente.

17. Los migrantes que pertenecen a las Iglesias catlicas orientales pueden encontrar su camino en las dicesis de llegada, pero necesitan mantener sus vnculos con la Iglesia de su rito. Algunas dicesis han desarrollado una estrecha colaboracin con estas Iglesias. Se hacen esfuerzos para asegurar el contacto con sus eparquas de origen con el objeto de salvaguardar su espiritualidad, sus valores religiosos y su liturgia. En algunos casos, se organizan peregrinaciones a los pases de origen con el fin de volver a conectar a los migrantes con sus tradiciones, su patrimonio y sus costumbres.

Nosotros, los Obispos de la Provincia Eclesistica de Ibadan, reunidos en nuestra primera reunin del ao el 18-19 de Enero de 2010, en el Instituto Pastoral, Ibadan, Estado de Oyo, damos gloria a Dios por Su misericordia sobre nuestra atribulada nacin, Nigeria. A pesar de nuestros fallos y auto-infligidas dificultades, Dios ha seguido otorgando sobre nosotros su abundante bendicin y gracia. Gloria a l para siempre jams. Amen (1Pet.5, 11).

La celebracin actual del Ao especial para los sacerdotes declarado por el Santo Padre Benedicto XVI, con el tema "La santidad de Cristo, la santidad del sacerdote", comenz en junio de 2009 y finalizar en junio de 2010. Saludamos a todos los clrigos de la Iglesia que continan con el compromiso de ayudar a llevar al pueblo de Dios al arrepentimiento y a trabajar por su salvacin. Pongmonos todos a pasar este ao en la renovacin y reafirmacin de nuestra vocacin santa. "Tratad de hacer un buen uso del tiempo presente, porque estos das son malos" (Gal 5:16).

El segundo Snodo de los Obispos para frica, tuvo lugar recientemente en el Vaticano con el tema: "La Iglesia en frica al servicio de la Reconciliacin, de la Justicia y la Paz:" Vosotros sois la sal de la tierra y luz del mundo". Fue otra llamada de atencin a frica para trazar un nuevo rumbo y poner fin a todas las guerras y los conflictos y construir una sociedad basada en los valores tradicionales africanos de amor, solidaridad, justicia y paz. En su momento el Santo Padre, el Papa Benedicto XVI dar a conocer los resultados detallados del Snodo. Instamos a todos, Clero, Religiosos y Laicos, a abrazar las enseanzas del Snodo en su vida diaria.

Sin embargo, otro ao ha comenzado en el que muchos nigerianos se sienten traicionados y ven sus esperanzas y aspiraciones frustradas. Nuestros lderes continan alimentando a los nigerianos con verdades a medias y falsedad descarada en las cosas que afectan profundamente a sus vidas y a nuestra nacin. Adems de la desilusin grave en el suministro de alimentacin regular, seguridad de vida y bienes, el suministro de productos derivados del petrleo y de otras infraestructuras esenciales, los nigerianos, tras dos meses de ausencia del Presidente, Alhaji Umaru Musa Yar'Adua, no pueden determinar con confianza dnde y en qu condiciones est el seor Presidente. Sin embargo, nuestros dirigentes siguen fingiendo que todo est bien. Lamentamos profundamente este estado irresponsable de incertidumbre que puede tener consecuencias peligrosas para la nacin. Los nigerianos se merecen algo mejor que una Presidencia por control remoto. Cualquier sociedad que vive con tal auto-engao est sin duda buscando la desintegracin. Por ello pedimos a todos aquellos en una posicin de liderazgo a despertar y con responsabilidad, honestidad y coraje hacer frente a las cuestiones en juego y salvar a nuestro pas de la vergenza actual.

Nuestro pas, en los ltimos meses se ha gastado una cantidad enorme de tiempo y recursos en una supuesta campaa de reposicionamiento. En los ltimos tiempos, el gobierno, grupos e individuos han censurado a los Estados Unidos de Amrica sobre su reaccin ante el desafortunado caso de Farouk Abdulmutallab, un joven nigeriano, acusado de intentar cometer un acto terrorista terrible. Gritamos nosotros mismos roncos para convencer al mundo entero que no somos nacin terrorista. Sin embargo, lamentablemente, la crisis religiosa ms reciente en Jos, estado de Plateau, ha descubierto mal nuestra hipocresa e ineptitud. Algunos extremistas que dicen ser musulmanes agredieron de repente a los cristianos en sus iglesias y casas, matando y quemando. Nosotros, como nacin hemos sido cogidos otra vez en paales, y como consecuencia, preciosas vidas y bienes se han perdido. Es triste que estos hechos en el pasado reciente no hayan sido investigados y tramitados de forma convincente y no se encuentren prevenibles. Esta situacin persistente no es un buen augurio para una nacin que pretende estar en el camino del desarrollo e integracin nacional.

Nos vemos obligados, una vez ms, por lo tanto a simpatizar con las vctimas inocentes de la crisis actual y orar por el descanso de las almas de los muertos. Nosotros denunciamos a todos los responsables de esta vergonzosa conspiracin contra un segmento particular de nuestra nacin y hacemos un llamamiento a las autoridades competentes a actuar con decisin antes de que las cosas se vayan de las manos. Tambin pedimos a todos los lderes religiosos a hablar con valenta para denunciar y oponerse al extremismo y el fanatismo religioso dondequiera que se encuentre.

Una vez ms, el mundo ha experimentado un desastre natural en Hait. Decenas de miles de personas han muerto y multitudes han quedado sin hogar como consecuencia del reciente terremoto en ese pas. Nos compadecemos con todo el pueblo de Hait y oramos por ellos por su valor y fortaleza en estos momentos ms difciles. Al entristecernos como as tales eventos son, todava manifiestan la impresionante omnipotencia de Dios. Por ello pedimos a todo el pueblo de Dios a dirigirse a l en la oracin y el arrepentimiento. Parte de este ejercicio debe ser un compromiso renovado en la solidaridad y la caridad hacia los de nuestra nacin y ms all de quienes son vctimas desafortunadas de la opresin, las catstrofes, las guerras y las crisis. Continuemos todos rezando y trabajando duro por un mundo mejor basado en el amor, la justicia, la solidaridad y la sinceridad.

Que Mara, Madre del Buen Consejo, interceda por nosotros ante el trono de Dios para que Nigeria pueda redescubrir su unidad, prosperidad, fortaleza y progreso en los aos venideros. Invocamos la misericordia y el perdn de Dios sobre nuestra tierra y nuestro mundo que con su Espritu, l pueda completar en nosotros su santa promesa que hizo a travs del profeta:

Porque derramar agua sobre la tierra sedienta y arroyos en el campo seco. Derramar mi espritu sobre vuestra raza y mi bendicin sobre vuestros hijos (Isaas 44, 2-3) Amn. Que as sea!

l, dejndolo todo, se levant y lo sigui. Lev ofreci en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran nmero de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discpulos, criticndolo: Cmo es que comis y bebis con publicanos y pecadores?

Es esperanzador experimentar que tu mirada no es como la nuestra, Seor. T no te quedas en la superficie. No miras solamente lo que se ve. Al contrario, miras ms bien lo que no se ve, lo que est ms dentro, lo que nos hace capaces de ms posibilidades y que ni nosotros mismos intuimos o descubrimos en nosotros. Hasta eres capaz de descubrir en un pecador empedernido un posible discpulo.

T crees en el hombre, Crees en l porque sabes que est hecho a tu imagen y semejanza, y por muy desfigurado que lo encuentres vislumbras que en su interior late la semilla de humanidad y divinidad que lo hace capaz de lo mejor y ms noble.

Frente a ti nuestra mirada siempre es pobre. No ve ms que lo externo, y desde ella se atreve a juzgar y a poner barreras que limitan y frenan. sa es la diferencia que nos salva: mientras los hombres nos ponemos frenos y lmites a nuestras posibilidades, t nos abres a dimensiones siempre nuevas y sorprendentes. As me invitas a mirarme a m y a mirar a los dems.

Mientras, te acercas con una delicadeza y una contundencia que me permite seguir mi camino seguro de que ests ms pendiente de mis pasos adelante que de mis paradas, de las posibilidades abiertas de mi salud que de las enfermedades que me puedan condicionar. T, Seor, siempre miras adelante, y descubres el potencial de amor que late en m y que t me permites, para asombro mo, descubrir, y poner en marcha.

Gracias de nuevo, Seor, porque levantas mis murallas, las que me condicionan a m mismo y las que me impiden ver la grandeza que hay en el interior de mis hermanos los hombres. Dame una mirada y un corazn limpio que me dejen ver profundo, que no se quede en la superficie. Y dame coraje para no contentarme con lo que soy y no ponga freno a tu proyecto de amor sobre m.

nos ofrece la homila del Papa Benedicto XVI, pronunciada durante las Vsperas con las que concluye la Semana de Oracin por la Unidad de los Cristianos 2010, en la Baslica de San Pablo Extramuros.

reunidos en fraternal asamblea litrgica, en la fiesta de la conversin del Apstol Pablo, concluimos hoy la anual Semana de oracin por la Unidad de los cristianos. Quisiera saludaros a todos con afecto y, en particular, al cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, y al Arcipreste de esta Baslica, monseor Francesco Monterisi, con el Abad y la comunidad de los monjes, que nos acogen. Dirijo tambin mi pensamiento cordial a los seores cardenales presentes, a los obispos y a todos los representantes de las Iglesias y de las Comunidades eclesiales de la Ciudad, aqu reunidos.

No han pasado muchos meses desde que se concluy el Ao dedicado a San Pablo, que nos ofreci la posibilidad de profundizar en su extraordinaria obra de predicador del Evangelio, y, como nos ha recordado el tema de la Semana de oracin por la unidad de los cristianos Vosotros sois testigos de esto (Lc 24, 48) , nuestra llamada a ser misioneros del Evangelio. Pablo, a pesar de conservar viva e intensa memoria de su propio pasado como perseguidor de los cristianos, no duda en llamarse Apstol. En fundamento de este ttulo, hay para l un encuentro con el Resucitado en el camino de Damasco, que se convierte tambin en el comienzo de una incansable actividad misionera, en la que consumir todas sus energas para anunciar a todas las gentes a ese Cristo que haba encontrado personalmente. As Pablo, de perseguidor de la Iglesia, se convertir l mismo en vctima de la persecucin por causa del Evangelio del que daba testimonio. Escribe en la Segunda carta a los Corintios: Cinco veces recib de los judos cuarenta azotes menos uno; tres veces fui azotado con varas, una vez apedreado... Viajes frecuentes; peligros de ros; peligros de salteadores; peligros de los de mi raza; peligros de los gentiles; peligros en ciudad; peligros en despoblado; peligros por mar; peligros entre falsos hermanos; trabajo y fatiga; noches sin dormir, muchas veces; hambre y sed; muchos das sin comer; fro y desnudez. Y aparte de otras cosas, mi responsabilidad diaria: la preocupacin por todas las Iglesias (2 Cor 11,24-25.26-28). El testimonio de Pablo alcanzar el culmen en su martirio cuando, precisamente no lejos de aqu, dar prueba de su fe en el Cristo que vence a la muerte.

La dinmica presente en la experiencia de Pablo es la misma que encontramos en la pgina del Evangelio que acabamos de escuchar. Los discpulos de Emas, tras haber reconocido al Seor resucitado, vuelven a Jerusaln y encuentran a los Once reunidos junto con los dems. El Cristo resucitado se les aparece, los consuela, vence su temor, sus dudas, se hace comensal suyo y les abre el corazn a la inteligencia de las Escrituras, recordando todo lo que tena que suceder y que se convertir en el ncleo central del anuncio cristiano. Jess afirma: As est escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer da, y se predicara en su nombre la conversin para perdn de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusaln (Lc 24,46-47). Estos son los acontecimientos de los cuales darn testimonio ante todo los discpulos de la primera hora y, a continuacin, los creyentes en Cristo de todo tiempo y de todo lugar. Es importante, sin embargo, subrayar que este testimonio, entonces como hoy, nace del encuentro con el Resucitado, se nutre de la relacin constante con l, est animado por el amor profundo hacia l. Solo quien ha hecho experiencia de sentir a Cristo presente y vivo - Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo (Lc 24,39) -, de sentarse a la mesa con l, de escucharle para que haga arder el corazn, puede ser Su testigo! Por esto, Jess promete a los discpulos y a cada uno de nosotros una poderosa asistencia de lo alto, una nueva presencia, la del Espritu Santo, don del Cristo resucitado, que nos gua hacia la verdad completa: Mirad, voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre (Lc 24,49), dice a los Once y a nosotros. Los Once consumieron toda la vida en anunciar la buena noticia de la muerte y la resurreccin del Seor, y casi todos sellarn su testimonio con la sangre del martirio, semilla fecunda que ha producido una cosecha abundante.

La eleccin del tema de la Semana de oracin por la unidad de los cristianos de este ao, es decir, la invitacin a un testimonio comn del Cristo resucitado segn el mandato que l confi a los discpulos, est unida al recuerdo del centenario de la Conferencia misionera de Edimburgo, en Escocia, que es considerada por muchos como un acontecimiento determinante para el nacimiento del movimiento ecumnico moderno. En el verano de 1910, en la capital escocesa, se encontraron ms de mil misioneros, pertenecientes a diversas ramas del Protestantismo y del Anglicanismo, al que se aadi un husped ortodoxo, para reflexionar juntos sobre la necesidad de llegar a la unidad para anunciar creblemente el Evangelio de Jesucristo. De hecho, es precisamente el deseo de anunciar a los dems a Cristo y de llevar al mundo su mensaje de reconciliacin el que hace experimentar la contradiccin de la divisin de los cristianos. Cmo podrn, de hecho, los incrdulos acoger el anuncio del Evangelio si los cristianos, a pesar de referirse todos al mismo Cristo, estn en desacuerdo entre ellos? Por lo dems, como sabemos, el mismo Maestro, al trmino de la ltima Cena, haba rezado al Padre por sus discpulos: Que todos sean uno... para que el mundo crea (Jn 17, 21). La comunin y la unidad de los discpulos de Cristo es, por tanto, condicin particularmente importante para una mayor credibilidad y eficacia de su testimonio.

A un siglo de distancia, desde el acontecimiento de Edimburgo, la intuicin de aquellos valientes precursores es an actualsima. En un mundo marcado por la indiferencia religiosa, e incluso por una creciente aversin hacia la fe cristiana, es necesaria una nueva, intensa, actividad de evangelizacin, no slo entre los pueblos que nunca han conocido el Evangelio, sino tambin en aquellos en los que el Cristianismo se difundi y forma parte de su historia. No faltan, por desgracia, cuestiones que nos separan a unos de otros, y que esperamos que puedan ser superadas a travs de la oracin y el dilogo, pero hay un contenido central del mensaje de Cristo que podemos anunciar todos juntos: la paternidad de Dios, la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte con su cruz y su resurreccin, la confianza en la accin transformadora del Espritu. Mientras estamos en camino hacia la comunin plena, estamos llamados a ofrecer un testimonio comn frente a los desafos cada vez ms complejos de nuestro tiempo, como la secularizacin y la indiferencia, el relativismo y el hedonismo, los delicados temas ticos respecto al principio y al final de la vida, los lmites de la ciencia y de la tecnologa, el dilogo con las dems tradiciones religiosas. Hay adems ulteriores campos en los que debemos desde ahora dar un testimonio comn: la salvaguarda de la Creacin, la promocin del bien comn y de la paz, la defensa de la centralidad de la persona humana, el compromiso por vencer las miserias de nuestro tiempo, como el hambre, la indigencia, el analfabetismo, la desigual distribucin de los bienes.

El compromiso por la unidad de los cristianos no es slo tarea de algunos, ni actividad accesoria en la vida de la Iglesia. Cada uno est llamado a dar su aportacin para llevar a cabo los pasos que lleven hacia la comunin plena entre todos los discpulos de Cristo, sin olvidar nunca que sta es ante todo don de Dios que hay que invocar constantemente. De hecho, la fuerza que promueve la unidad y la misin surge del encuentro fecundo y apasionante con el Resucitado, como sucedi con san Pablo en el camino de Damasco, y con los Once y los dems discpulos reunidos en Jerusaln. Que la Virgen Mara, Madre de la Iglesia, haga que cuanto antes se pueda realizar este deseo de su Hijo: Que todos sean uno... para que el mundo crea (Jn 17,21). Amn.

1.Los Arzobispos y Obispos de Venezuela saludamos al pueblo venezolano al inicio de este nuevo ao 2010, manifestando nuestra esperanza por el esfuerzo creciente y el aporte que cada persona realiza con su trabajo cotidiano, para la edificacin de una sociedad ms humana y plena de valores que hagan nutrir la vida y la convivencia ciudadana.

2.En el marco de la Jornada Mundial por la Paz que la Iglesia Catlica celebra el primero de enero de cada ao, hacemos llegar a todo hombre y mujer que habita en nuestra Patria, una reflexin sentida sobre la preocupante situacin del aumento de la inseguridad y la violencia en el pas, que merma las posibilidades de desarrollo integral y de relaciones humanas satisfactorias. Ante esto, no podemos callar ni tampoco ser indiferentes; antes bien, debemos proclamar una palabra proftica que promueva una accin consciente, decidida y permanente, para crear una cultura de paz y de solidaridad.

3.Con gran dolor vemos cmo Venezuela se convierte a pasos agigantados en una sociedad violenta. Comprobamos que la violencia se presenta incluso en el mismo seno del hogar: la sufren la mujer, los nios y nias, y se manifiesta en forma fsica, psicolgica o sexual.

4.Cada da se incrementa dramticamente el ndice de homicidios, que coloca a Venezuela entre los pases del mundo con mayor nmero de muertes por asesinato. Hoy se asesina hasta por cuestiones banales: para robar cualquier objeto; se asesina por venganza o por encargo, a travs del oscuro mundo del sicariato; se asesina bajo los efectos del alcohol o las drogas; igualmente ha habido asesinatos por cuestiones polticas. Estos asesinatos son realizados casi siempre con armas de fuego que circulan sin control alguno.

5.Esta violencia criminal se nos est haciendo cada vez ms cercana. Los robos a edificios completos, el secuestro en sus ms variadas formas, se estn convirtiendo en prcticas delictivas frecuentes. En la calle abunda el trfico y la tenencia ilegal de armas de fuego. Los recintos que en otros tiempos se consideraban "sagrados" en la comunidad, tales como la escuela, el hospital, el templo, son ahora espacios propicios para cometer cualquier tipo de delito.

6.La frontera venezolana, especialmente la de los Estados Tchira, Zulia y Apure, se ha convertido en centro para la violencia y para operaciones de grupos insurrectos que han minado de pnico y zozobra a personas y poblaciones enteras. Los secuestros y el sicariato son dos formas muy frecuentes en estas regiones.

7.Las crceles en el pas son espacios para la violencia y las injusticias. Centenares de muertes ocurren cada ao sin que se remedie esta situacin. Todo tipo de violacin de Derechos Humanos se manifiesta en ellas, aunado a esto est el retardo en las decisiones judiciales que agrava la situacin de hacinamiento y de violencia.

8.Ha aparecido una nueva forma de violencia originada por la intolerancia poltica entre quienes se manifiestan afectos a una determinada orientacin ideolgica, y aquellos que piensan y opinan de manera diversa, cerrando toda posibilidad de dilogo y entendimiento. Esta intolerancia est alimentada, entre otros, por algunos programas de opinin en los medios de comunicacin social, que sin ningn tipo de pudor o tica, denigran de personas e instituciones.

9.Se aade a todo esto el clima de zozobra e intranquilidad ante una posible confrontacin blica entre Venezuela y Colombia, anunciada por los ms altos responsables del gobierno nacional. Recordemos al respecto que Venezuela siempre ha tenido buenas relaciones con los pases vecinos, particularmente con Colombia, y que en cualquier caso existen medios diplomticos para resolver toda tentacin de conflicto.

10.Como creyentes debemos decir un rotundo no a la violencia. Los venezolanos no podemos acostumbrarnos a ella, puesto que es generadora de tristeza y desgracia para la familia y la sociedad. Se sabe dnde comienza, pero nunca se sabe dnde ni cundo termina. Ella no tiene distincin de ninguna especie; toda la poblacin puede ser vctima en distintas circunstancias.

11.El derecho a la seguridad sigue siendo una deuda pendiente de los poderes del Estado. Muchos de sus funcionarios no solamente cometen una grave omisin al no encargarse efectivamente de cumplir con sus obligaciones, sino que adems contribuyen a profundizar el clima de inseguridad. Hay funcionarios de los cuerpos de seguridad del Estado involucrados activamente en la ejecucin de diversos delitos. Un sistema de justicia promueve la impunidad y por ende, la violencia, cuando deja sin castigo al delito y a su responsable.

12.Es un deber de la ciudadana exigir a los poderes del Estado, principalmente al gobierno, que cree las condiciones necesarias para que el derecho a la vida, a la integridad fsica, a la proteccin de la propiedad, al libre trnsito, entre otros, sean derechos al alcance de todos. Actualmente, la respuesta ante la violencia social es el miedo, que nos lleva a encerrarnos y a protegernos, a desconfiar de todos. "Slvese quien pueda y como pueda", parece ser la consigna ante organismos de seguridad ineficientes, indolentes o cmplices.

13.Slo una sociedad que ama la paz, que respeta la vida, que quiere ponerse bajo el imperio de la ley, tendr la fuerza suficiente para exigir al gobierno el cumplimiento de sus deberes. Necesitamos una profunda conversin personal y ciudadana, cambiar nuestros hbitos de convivencia, y respetar la vida del otro, sabiendo que es "imagen y semejanza de Dios" , copartcipe de la misma historia humana.

14.El futuro prometido por Dios a todos los pueblos es la paz: en ella se reconocer su presencia y su reinado. La paz que proclama la Biblia como don de Dios es, ante todo, su misma presencia en el corazn del hombre. Es tambin un modo de vida caracterizado por la posesin de los bienes necesarios como fruto del trabajo, y por la convivencia, la vida social y la fraternidad de los hijos e hijas de Dios. Esa paz que Dios promete a su pueblo se expresar en un cielo nuevo y una tierra nueva, en donde: "ya no se sentirn sollozos de tristeza ni gritos de angustia. Ni habr ms all recin nacidos que apenas vivan unos das, o viejos que no vivan largos aos."

15.La paz es el bien mesinico por excelencia. As lo cantaron los ngeles en el nacimiento de Jess. . Esta paz comienza cuando su Hijo se encarna en nuestra historia: para correr nuestra misma suerte, para solidarizarse con nuestras angustias y debilidades, con nuestros gozos y esperanzas. Esa comunin de Dios con nosotros es paz porque el Hijo nico de Dios nos rene como hijos de un Padre comn en una gran familia humana.

16.Jesucristo es nuestra paz: l nos ha reconciliado con el Padre y entre nosotros. Nos dej el mandamiento nuevo del amor para amarnos y perdonarnos como hermanos. En l, la solidaridad de Dios llega a su mxima expresin cuando su Hijo camina junto al pueblo pecador, llevndolo en su corazn y pidiendo perdn por todos al situarse en la fila de los pecadores que acudan al bautismo de Juan el Bautista . En esta actitud de Jess somos asumidos desde nuestras miserias y oscuridades en su amor, y se nos entrega el perdn de Dios y su redencin salvadora. Ese acto define su mesianismo como el mesianismo del Siervo de Yahv . se y no otro es el Hijo querido. Ese acto de asumirnos se hace historia en los distintos encuentros sanadores y salvadores, especialmente en el que Jess tom sobre s nuestros pecados y carg con nuestras enfermedades.

17.La paz que Dios Padre nos ofrece en su Hijo es comunin, fraternidad, solidaridad, perdn, redencin y reconciliacin, y as lo comunic l mismo a sus apstoles. , despus de resucitar. Jess, cuando enva a sus discpulos les instruye para que vayan por las casas entregando su paz a quien quiera recibirlos . l toma en cuenta que no todos los van a recibir, como tampoco todos lo recibieron a l, incluso prev que pueden reaccionar con hostilidad; pero no se puede tomar ninguna represalia contra el que se cierra, y hay que rogar por los que les persiguen .

18.Para Jess el que construye la paz es feliz porque ser llamado por Dios hijo suyo. Quien obra la paz, posee una paz que el mundo no puede dar ni quitar. Esa es la paz que Jess entrega a sus discpulos antes de experimentar su pasin y la que les reitera al aparecrseles, resucitado por su Padre de entre los muertos. Con esa paz en el corazn los discpulos estn dispuestos a morir por causa del Evangelio de la fraternidad de los hijos e hijas de Dios.

19.Este horizonte nos compromete a los que en nuestro pas llevamos el nombre de cristianos, a ser hombres y mujeres constructores de paz, solidarizndonos con los necesitados y abatidos, denunciando la injusticia, acogiendo y convocando a los excluidos. Esta tarea la tenemos que hacer desde el Evangelio, acompaada por el testimonio y por la accin comprometida.

20.Si somos discpulos de Jesucristo, tenemos que comprometernos a no usar nuestra palabra para denigrar, calumniar, disminuir y desconocer. Por el contrario, ella debe estar siempre al servicio de la defensa de la vida, denunciando todo aquello que degrada, ultraja o reduce la dignidad de la persona.

21.Si somos de la Verdad hecha carne , que es la Palabra de Vida , tenemos que buscar por todos los medios unirnos para atender los problemas que nos conciernen a todos, y dedicarnos unos y otros a solucionarlos. No caer en la trampa de buscar a quin echar la culpa de que existan tales problemas, sino buscar con quin resolverlos.

22.No podemos ignorar que nuestra vida social no est caracterizada por la primaca del uso de la palabra y de la verdad como instrumentos para tender puentes. En nuestra sociedad, tan altamente polarizada, se usa la palabra como arma de guerra para destruir al adversario, actuando contra l con facilidad e impunidad. Adems, en ocasiones, se utiliza para presentar repetidamente medias verdades o para mentir, pensando que de esa forma, stas pueden llegar a aparecer como verdaderas.

23.El Concilio Plenario de Venezuela y la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, han animado a la comunidad cristiana a renovar su misin evangelizadora, transformndose en discpulos misioneros para que nuestros pueblos en Jesucristo, tengan vida en abundancia. Para ello: "Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo... No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la ltima palabra, que el amor es ms fuerte, que hemos sido liberados y salvados... Queremos ser testigos y misioneros en las grandes ciudades y campos, en las montaas y en selvas, en todos los ambientes de la convivencia social, en los ms diversos arepagos de la vida pblica de las naciones..."

24.Esta misin evangelizadora se concretiza en todas nuestras Arquidicesis, Dicesis y Vicariatos, a travs de los planes pastorales, en los que actualmente se desarrolla la Misin continental, con la finalidad de invitar a todos los miembros del Pueblo de Dios a un encuentro vivo con Jesucristo que impulse la comunin con Dios, la fraternidad, el compromiso misionero y la solidaridad social especialmente con los ms necesitados.

25.Un signo claro de que este impulso evangelizador est convirtiendo nuestros corazones y las estructuras de la vida social del pas, ser lograr el respeto al otro y la promocin de la inclusin, de modo que los nios y jvenes tengan futuro, y cuenten con oportunidades para su desarrollo integral, y las familias y las comunidades sean espacios de comunin y solidaridad.

La familia En ella la persona crece para la convivencia y el desarrollo integral, aprende a socializarse, compartir la vida y valorar la paz. La familia debe recibir todo el apoyo del Estado, de las instituciones y de la sociedad entera para que cumpla su insustituible misin de ser escuela de valores humanos, sociales y espirituales. La educacin. Las instituciones educativas, a travs de sus planes y programas, deben privilegiar la educacin de calidad y en valores para la construccin de una cultura de paz y de armona social. Deben abrirse al pluralismo y la libertad de pensamiento y de accin. Los medios de comunicacin estn llamados a ser instrumentos de la verdad, no simples transmisores de entretenimiento. Lamentablemente, algunos programas radiales y televisivos alimentan el conflicto ideolgico, irrespetando lo ms sagrado de la persona: su dignidad personal. Esto debe cambiar. No es posible que existan programas que sistemticamente son utilizados para descalificar y muchas veces mentir. Todos como personas y como pueblo, merecemos respeto. Los medios deben ser instrumentos para la convivencia y para el cultivo de los valores que generen paz y reconciliacin. El Estado. Siendo el principal ente en la promocin del bien comn de los ciudadanos, no puede renunciar a sus deberes y obligaciones que estn enmarcados en la Constitucin y las leyes, principalmente, salvaguardar el estado de derecho y el respeto a los derechos fundamentales del ser humano. El Gobierno. Tiene la obligacin de garantizar el cumplimiento de los derechos fundamentales de los ciudadanos, diseando polticas pblicas con el consenso de toda la sociedad, que ayuden a erradicar la violencia y a facilitar el dilogo y la participacin. l es responsable directo de la seguridad ciudadana; de que la poblacin viva con tranquilidad y pueda ejercer sus responsabilidades para el desarrollo humano y social sin trabas ni alteraciones. El Sistema Judicial debe recuperar su credibilidad ante el pueblo. Quienes administran la justicia tienen que ser personas con un alto nivel de competencia profesional que venga respaldada por su idoneidad, independencia e imparcialidad. Las organizaciones de la sociedad civil deben combatir el flagelo de la violencia, superando toda actitud pasiva ante este mal. Estas organizaciones deben realizar anlisis, reflexiones y planes concretos para minimizar este flagelo; pero a su vez, exigir a los funcionarios de los poderes del Estado, el cumplimiento de sus responsabilidades en la construccin de una sociedad pacfica.

27.Queremos convertirnos en una Iglesia llena de mpetu y audacia evangelizadora. Para ello hemos de seguir a Jesucristo en medio de los sufrimientos y las victimas que esta sociedad violenta est produciendo, especialmente entre los ms pobres y dbiles, para ofrecerles la esperanza de su Evangelio y la fuerza del Espritu, para trabajar por la vida plena que Dios Padre quiere para sus hijos; por tanto, proponemos algunas acciones que nos permitan avanzar hacia la promocin y la defensa de la dignidad humana en nuestra tarea evangelizadora:

a.-La Iglesia debe seguir anunciando, con dinamismo y fuerza, el reino de Dios, que es un reino de Paz, Justicia y Amor. Jess vino a traernos su mensaje y a realizarlo con su vida. Pero nos ha dejado la misin de proclamarlo, anunciarlo y asumirlo como principal tarea de la comunidad eclesial.

b.-Los organismos de Derechos humanos de la Iglesia o de inspiracin cristiana, estn en la obligacin de denunciar todo aquello que produce violencia en la sociedad, que pone en peligro la vida y la integridad fsica de las personas y sus bienes, que menoscaba sus derechos, que impide la convivencia, que causa explotacin y muerte en nuestras fronteras, en los territorios indgenas y en las periferias de las grandes ciudades.

e.-Las Dicesis y Vicariatos deben acompaar a las comunidades a rescatar sus espacios pblicos para la convivencia, a encontrar mecanismos de mediacin y resolucin de conflictos.

f.-Desarrollar en cada Dicesis una pastoral juvenil orgnica, que permita acompaar adecuadamente a los jvenes desde sus mundos de vida y en sus expectativas, ayudndoles a imaginar su proyecto de vida conforme al Evangelio, capacitndolos para enfrentar la tentacin del consumo de drogas y el uso inmoderado del alcohol, ensendolos a vivir en relaciones de solidaridad con los dems, abiertos al dilogo y a la tolerancia.

g.-Fortalecer la Educacin Religiosa Escolar (ERE), aprovechando su valor educativo humano-cristiano, para que nutra el accionar de los nios y nias en la construccin de la paz.

h.-Los centros educativos deben educar para la paz, fomentando los valores de convivencia, tolerancia y respeto, renovando la atencin pastoral, fortaleciendo la vocacin docente y ampliando la oferta educativa ms all de lo encomendado formalmente.

i.-Fortalecer la pastoral penitenciara para promover la humanizacin de nuestras crceles, as como el respeto a los derechos humanos, la agilizacin de los procesos de justicia y atender las distintas necesidades de los internos y sus familiares.

j-Promover la celebracin nacional de la paz y la reconciliacin en el marco de la fiesta de San Francisco de Ass, quien fue un promotor de la paz y el desarrollo integral de la persona.

28.Para favorecer la puesta en marcha de estas acciones, queremos impulsar el programa nacional denominado: "Hablando se entiende la gente", que ha sido diseando por la Iglesia, a travs de las organizaciones que conforman la red de accin social. Es una iniciativa que busca articular los esfuerzos de investigacin, formacin, comunicacin e incidencia para convocar a los venezolanos al entendimiento, la reconciliacin y la convivencia. El lema quiere evocar que slo desde el entendimiento y el trabajo conjunto, podemos construir la convivencia destrozada por los embates de las mltiples violencias que padecemos.

29.Los Obispos hemos expresado nuestro sentir como venezolanos encarnados solidariamente en nuestro pas, como nuestro Seor Jesucristo se encarn en el suyo. Lo expresamos mirando al pas desde dentro, como unos venezolanos ms, dolidos por la situacin de pugnacidad que se vive en el pas y comprometidos, como seguidores de la palabra de Dios hecha carne, en sembrar palabras que sean puentes tendidos para que todos podamos comunicarnos.

30.Invitamos a todos los venezolanos, sin distincin de credo o ideologa poltica, para que se incorporen a esta campaa, de esta manera, contribuyamos a la construccin de una sociedad ms justa y pacfica, que permita a cada hombre y mujer vivir en libertad y armona con sus semejantes, siendo conscientes que nuestra patria la debemos construir entre todos.

31.Ponemos bajo el amparo de Nuestra Seora de Coromoto, Patrona de nuestro pas, todo el trabajo que se realice a favor de la construccin de la paz y la convivencia ciudadana.

En estos das del mes de enero, del 18 al 25, se nos invita a considerar la unidad de la Iglesia, herida a lo largo de la historia por distintas rupturas. Se nos invita a orar por esta unidad, para que todos los que confiesan a Cristo con Dios y Seor, se renan cuanto antes en la nica Iglesia que l ha fundado. De esta manera secundamos el deseo de Cristo. "Padre que todos sean uno, como t y yo somos uno,,, para que el mundo crea" (Jn 17,21). A este movimiento lo llamamos ecumenismo, camino hacia la unidad de todos los cristianos en la nica Iglesia de Cristo.

Hay adems otras muchas personas que no confiesan a Cristo como Seor (p.e., los musulmanes, los judos, etc.) y tambin otros muchos que no tienen ninguna religin o que son ateos. Dios quiere reunir a todos los hombres en su misma familia, y para eso ha constituido a la Iglesia sacramento universal de salvacin para todos los hombres. Pero el ecumenismo se refiere propiamente a los cristianos, que, siendo creyentes en Cristo como Dios y Seor, no viven en la misma Iglesia.

En nuestra dicesis hay catlicos de rito oriental, con sus costumbres y liturgia bizantina, distinta de la romana, que es la nuestra. Pero ellos y nosotros pertenecemos a la misma Iglesia catlica, bajo la misma autoridad del Papa. Tambin entre los muchos inmigrantes, que nos ayudan en nuestros trabajos, hay cristianos ortodoxos, coincidentes con nosotros en casi todo, pero no estn bajo la autoridad universal del Papa. Y hay tambin cristianos evanglicos, que creen en Cristo como Dios y Seor, pero no tienen la Eucarista, ni el sacerdocio, ni la autoridad del Papa. Con todos ellos, como cristianos, oramos estos das por la unidad de la Iglesia.

La unidad no significa uniformidad. Es bonita la pluralidad de costumbres, de liturgia, de expresiones culturales, puesto que la Iglesia fundada por Cristo es universal y se encarna en cada uno de las culturas y de los pueblos. Pero esa pluralidad enriquecedora tiene que mantener una unidad fundamental. Si no, todas esas riquezas quedan dispersas y sirven para disgregar, no para unir.

Cules son los elementos esenciales de la unidad? En primer lugar, es Cristo quien nos une en el Espritu Santo y en la gracia. Para estar unidos en l hemos de confesar una misma fe: Cristo es Dios verdadero y hombre verdadero. Pero adems, hemos de creer en la Iglesia, que Cristo ha fundado sobre el cimiento de los apstoles, al frente de los cuales puso a Pedro. A stos les suceden los obispos en plena comunin de fe y de disciplina con el Sucesor de Pedro, el Papa de Roma. La Palabra de Dios contenida en la Biblia e interpretada por la tradicin viva y por el magisterio de la Iglesia. La Palabra de Dios conserva todo su frescor cuando es interpretada por la Iglesia; de lo contrario, pierde su vigor, como les sucede a los herejes, que usan la Palabra de Dios, pero se apartan de la verdad, porque interpretan mal la Palabra de Dios. El Catecismo de la Iglesia Catlica contiene resumidamente toda la enseanza de la Iglesia. Los sacramentos: El bautismo nos incorpora a Cristo y a su Iglesia. La Eucarista (que supone el sacramento del Orden para que sea vlida) es Cristo vivo en medio de su Iglesia, que la alimenta y la congrega en la unidad.

Oremos en estos das y hagamos penitencia para que llegue pronto el da de la plena comunin en la nica Iglesia, bajo la autoridad del Sucesor de Pedro, "un solo rebao y un solo pastor" (Jn 10,16). Seamos siempre factores de unidad y de comunin en torno a nuestros pastores, garantes de esa unidad en la Iglesia.

Una vez ms nos han saltado las alarmas. De nuevo hemos sido humillado en donde ms nos duele: los pobres ms pobres. No es la mano justiciera de un hada vengativa que se re de los opulentos del tener y del poder, sino un extrao e indeseado infortunio que se zafa ante un pueblo de por s precario y mendigo.

Hait ha sido y sigue siendo en su interminable morgue, un tremendo dedo acusatorio que no sabemos a quin se dirige ni quin lo enarbola. Pero un dedo que se mete intruso en nuestra llaga ms vulnerable y nos hace espantarnos ante una tamaa tragedia que nos deja sin hlito, sin palabra, sin nada. Y as lo hemos vivido y lo seguimos viviendo. No se trata de la cuestin de cuntos compatriotas hay bajo los escombros, o cuntos de los nuestros sean quienes sean stos. Da casi lo mismo, y aunque no podemos ser insensibles a nuestro terruo y ms a nuestra sangre, la muerte nos hace a todos iguales y lo nico que nos sobrecoge es el hecho en s mismo, sin pasaporte en ristre, sin parentesco, sin credenciales.

No han sido pocos los que se han preguntado de modo sincero por qu, e incluso no han faltado quienes se interrogan sobre el quin. Y no se halla respuesta a ninguna de las dos cuestiones por ms vueltas que le demos: por qu suceden estas cosas que tanto nos duelen, quin sera el responsable al que dirigir nuestra protesta.

Y sin embargo, s que existen esas respuestas por ms que sea complejo hallarlas. Por un momento, nos damos cuenta de cuntas cosas a diario gozamos, tenemos, intercambiamos, dando por supuesto que todo eso debe ser as, dndolo por descontado, perdiendo demasiado a menudo el horizonte del don que significa el hecho de vivir, de caminar, de ver y or, de amar. Acaso, a fuerza de sernos cotidianas todas estas cosas, perdemos de vista que suponen un regalo continuo, un don permanente.

En segundo lugar, el hecho de que los medios de comunicacin nos acerquen en tiempo real lo que est sucediendo a miles de kilmetros, nos permite situarnos dentro de esta aldea global con una conciencia de proximidad que no permite que seamos indiferentes. No estamos asistiendo impvidos a una catstrofe que no tiene que ver con nosotros, que no nos afecta, sino que sentimos la necesidad no slo de agradecer lo que tenemos como don y regalo, y hacer algo por quienes de pronto todo lo han perdido. Esta solidaridad nos hace humanos, nos saca de nuestros agujeros de seguridad y de nuestras fugas egostas. Y nos permite adivinar con saludables sobresaltos que la humanidad no empieza ni termina en el patio de mi casa que es particular, sino que hay demasiados rincones de este mundo en donde hay gente que sufre, que est falta de libertad, de paz, de pan, de dignidad, de afecto, de fe. Una tragedia as, nos hace despertar de nuestras dormideras.

Por ltimo, la gran pregunta que tantos se han hecho: y Dios, dnde estaba? Sin duda que no estaba jugando al golf, haciendo turismo estirado o distrayndose podando bonsis. Dios estaba en las vctimas, muriendo con ellas una vez ms. Pero tambin est en la gente que est entregado su tiempo, su dinero, sus talentos y saberes para ayudar a sus hermanos: ah estn las manos de Dios repartiendo ternura, ah sus labios diciendo palabras consoladoras, ah sus silencios cuando es callando como se dicen las mejores cosas, ah su corazn cuando sabe palpitar con el latido de la gente que tiene entraa.

Nos unimos al dolor de ese pueblo hermano, ofrecemos nuestra oracin por el eterno descanso de los que han perdido la vida, y nos brindamos de tantos modos a ayudar a cuantos necesitan todo tipo de consuelo, de esperanza, para levantar todo desde las cenizas.

Se inici la cuaresma. La delegacin de liturgia ha editado un cartel que lleva por ttulo: Para crecer en la feconvirtete. Igualmente en la web de la delegacin se pueden encontrar distintos materiales. Adems, para ayudar a la contemplacin y a la oracin personal y comunitaria, partiendo del Evangelio del domingo, la delegacin sigue ofreciendo la Lectio Divina.

El obispo dirige este sbado el tradicional retiro de cuaresma, en la sede catedralicia, de 10:00 a 12:30 horas. Otras ofertas de este tipo las realizarn la delegacin de pastoral juvenil y distintos arciprestazgos.

Bajo el lema Busca y encuentra, los prximos das 26 de febrero y 5 de marzo se llevarn a cabo en diferentes puntos de la dicesis, varias vigilias de cuaresma especialmente dirigidas a jvenes. Las zonas y los horarios de estas vigilas para el 26 de febrero quedan de la siguiente forma: Parroquias de Gracia en La Cuesta, de Santa rsula, en el norte de Tenerife, de Santo Domingo en Hermigua y en El Retamar en Los Llanos, a las 20:00 horas. Ese mismo da, tambin habr una vigilia en la parroquia de Las Eras a las 21:00 horas. Por otro lado, una nueva iniciativa de este tipo se desarrollar, el 5 de marzo, en la parroquia de Valverde en El Hierro, a las 19:30 horas.

Por otro lado, el rea de Pastoral Social de la Dicesis ha preparado un material de apoyo para las celebraciones bajo el lema "Cuaresma en tiempo de crisis: una llamadaa respirar esperanza en el camino hacia la Pascua".Pueden solicitarlos al mail:

Coincidiendo con el inicio de este tiempo litrgico, fue presentado en la ciudad de La Laguna el cartel de la Semana Santa de 2010, que este ao est protagonizado por la imagen de la Entrada de Jess en Jerusaln, popularmente conocida como El Seor de la burrita.

La Peregrinacin Vocacional a Garachico se realizar el domingo, 21 de febrero, bajo el lema En camino, para ser enviados. De 16:00 a 19:00 horas se tiene previsto la adoracin del Santsimo y el desarrollo de varios testimonios simultneos en todas las iglesias y ermitas de Garachico. Posteriormente, a las 19:00 horas tendr lugar la celebracin y peregrinacin desde la Puerta de Tierra a la ermita de la Virgen de los Reyes.

Entre el 19 y el 21 de febrero se desarrollar el Master de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre matrimonio y familia. Se trata de una especialidad universitaria que ofrece a sus alumnos una formacin interdisciplinar sobre el matrimonio y la familia.

La Consejera de Sanidad del ejecutivo canario, Mercedes Rolds, ha sealado esta semana al diario ABC que los embarazos no deseados se deben afrontar desde la educacin de nuestros jvenes, de nuestras chicas y chicos. Un aborto provocado siempre es un fracaso, lo digo como mdico y como mujer. Lo que hay que hacer es ayudar a la mujer que se enfrenta a un embarazo no deseado. Igualmente, Rolds se mostr preocupada por el aumento de utilizacin de la llamada pldora del da despus sin prescripcin facultativa.

El arciprestazgo de S/C de La Palma organiza de lunes a jueves, cuatro cursos de formacin que se llevarn a cabo en el colegio conocido como La Palmita. Los mismos son: Mara en los evangelios, aproximacin a la iniciacin cristiana, la accin pastoral con alejados y lejanos y apuntes de relacin de ayuda.

Critas de Fuencaliente ha dado a conocer el resultado de las colectas realizadas en todas las parroquias de la isla de La Palmaen favor de los damnificados por el incendio que asolFuencaliente el pasado mes de Septiembre. Adems, en la cantidad global,que asciende a35.775,22 Euros, se contemplan aportaciones de la Parroquia de S. Marcos de Icod en Tenerife y otras ayudas de diversas entidades palmeras.

Se celebr la segunda reunin del Consejo Diocesano de Critas del presente curso. En el mismo se presentaron los informes econmico y de los datos de atencin de las Critas parroquiales correspondientes al ao 2009. Igualmente se prepar la prxima Asamblea General de los das 26 y 27 prximos.

El Cabildo de Tenerife ha finalizado las obras de mejora de la Iglesia de San Antonio de Padua, en el municipio de El Tanque. Los trabajos realizados han consistido en la restauracin del retablo de la Virgen del Rosario y el plpito.

La ciudad de La Laguna vivi este lunes, el tradicional homenaje a Sor Mara de Jess Len, popularmente conocida como la Siervita, y cuyos restos mortales, considerados incorruptos, descansan en el Convento de Santa Catalina de Siena desde hace 279 aos. Con tal motivo y como es habitual, miles de personas, desde mltiples puntos de la Isla, acudieron hasta el centro de la ciudad para rendir tributo a la religiosa.

La revista Iglesia Nivariense est de enhorabuena porque recientemente ha publicado su nmero 100. La portada de este nuevo ejemplar muestra el nmero 100 realizado con algunas de las publicaciones que nos han acompaado durante estos ocho aos de vida de Iglesia Nivariense.

La celebracin de Chinguaro congreg, un ao ms a numerosos fieles que peregrinaron desde la parroquia de San Pedro, en Gimar, hasta la ermita de Chinguaro, junto a la histrica cueva en la que se guard la imagen de la Virgen que se apareci en la playa de Chimisay ante los guanches. La eucarista estuvo presidida por el vicario general, Domingo Navarro. Tras esta celebracin se desarroll un desayuno de hermandad.

Por cierto que la reapertura de la Capilla de San Pedro Arriba, en Gimar tendr lugar el 21 de Febrero. A medioda se trasladar la imagen de San Pedro Chiquito desde la Parroquia Matriz, donde ha sido custodiado durante el tiempo que han durado las obras de restauracin de las pinturas murales. Los actos coinciden con la celebracin del cincuentenario del Cristo de la Columna.

Medio siglo de lucha contra la pobreza y el hambre. As se escribe la historia de Manos Unidas. El pasado fin de semana se celebr la Campaa Contra el Hambre. En 2009 la delegacin de nuestra dicesis destin ms de 430.000 euros para proyectos en distintos pases de Amrica del Sur, Asia y frica.

En El Hierro se dio a conocer la talla de la virgen del Carmen restaurada, ubicada en el interior de la ermita de San Andrs. Imagen, que data del siglo XVIII, ha estado sometida a un proceso de restauracin durante cinco meses. La imagen tiene una gran riqueza artstica, sobre todo en el caso de la imagen de Jess Nio que la acompaa, del que se ha podido recuperar su policroma original

La semana del 22 al 26 de febrero, en la sede del ISTIC se realizarn las XV Jornadas de tica y Poltica. En esta ocasin sern dirigidas por el profesor de filosofa del Derecho, moral y poltica de la universidad de Valencia, Agustn Domingo Moratalla, y girarn en torno al cristianismo y laicidad. Creyentes en una sociedad post-secular

El jesuita Lucas Lpez dar ejercicios de forma personalizada a quien lo desee la prxima Semana Santa en la Casa Manresa de Tacoronte. Los interesados pueden llamar al 677 911 017 o enviar un correo a:

La comunidad parroquial de S. Juan Bautista de Vallehermoso prev celebrar el centenario del templo, el prximo viernes 19 de marzo de 2010. Con tal motivo, entre otros actos, se est organizando un homenaje a los sacerdotes que han servido a esta parroquia en el ltimo siglo.

El obispo Bernardo lvarez y el rector del Seminario, Juan Pedro Rivero han realizado una invitacin para participar en el Certamen Teolgico Espiritual que se convoca en el Ao Sacerdotal con motivo del Da de San Juan de vila. Se trata de una propuesta dirigida a todos los sacerdotes y diconos que residan en la Dicesis de San Cristbal de La Laguna consistente en la elaboracin de un trabajo escrito en el que se ofrezca una aportacin personal sobre el tema: Vida y Espiritualidad Sacerdotal. Para ms informacin se puede llamar al nmero de telfono de la secretaria del ISTIC: 922 25 20 67.

El Colegio Nuestra Seora del Buen Consejo ha invitado a todos los que lo deseen a la celebracin del 75 aniversario de la fundacin de este centro educativo por las Religiosas Franciscanas de Nuestra Seora del Buen Consejo. El acto tendr lugar el prximo viernes 19 de marzo de 2010, a partir de las 10:00 horas con la celebracin de la Eucarista presidida por el Obispo en las instalaciones del colegio, en La Laguna.

Por su parte, el Colegio San Isidro Labrador de La Orotava alberg, das atrs, la fiesta de la unin de los antiguos salesianos, concretamente las bodas de oro y de plata de las generaciones salientes de la institucin de enseanza villera. A la celebracin, precedida de la Eucarista, y el recorrido por el colegio, acudieron 100 invitados entre los antiguos alumnos y salesianos. En la cita se puso de relieve la nostalgia y el aprecio al espritu de Don Bosco.

Un ao ms se ha celebrado el acto lrico musical que los poetas canarios le ofrecen a la patrona de Canarias. De todas las islas llegaron y fueron acompaados en las loas por la excelente interpretacin de temas canarios dedicados a la Virgen por la prestigiosa Coral Municipal de la Villa de Candelaria dirigida por Rosa Mara Da Costa.

Bajo el lema: La educaciny la fe, el Centro de Orientacin Familiar ha previsto para los das 16, 17, 18 y 19 de marzo las III Jornadas de Formacin sobre el Matrimonio y la Familia. Las mismas sern guiadas por el diacono permanente, Vctor Manuel Gonzlez Torres.

Radio ECCA est celebrando el 45 Aniversario de la emisin de su primera clase a travs de las ondas (15 de febrero de 1965). El sistema ECCA de enseanza, pionero en Espaa, ha ido sembrando su impronta por ms de una veintena de pases en estos 45 aos. La magnitud de esta labor viene avalada por los datos que se han podido registrar: ms de 2,3 millones de personas se han beneficiado de su labor formativa slo en Canarias, la Pennsula, Baleares y frica, sin cuantificar Latinoamrica.

Por otro lado, el Cabildo Insular ha pedido a los prrocos que extremen las medidas de proteccin de los edificios, templos y casas ante las fuertes lluvias y viento intenso de estos das. Asimismo, ha solicitado que se comuniquen los posibles desperfectos.

publica el comunicado conclusivo emitido por la Comisin Bilateral de la Santa Sede y del Gran Rabinado de Israel al final de su noveno encuentro, celebrado del 17 al 20 de enero de 2010 en el Vaticano.

1. El noveno encuentro de la Comisin Bilateral de la Santa Sede y del Gran Rabinato de Israel se ha celebrado tras la histrica visita del Papa Benedicto XVI a la gran sinagoga, visita en la que han participado tambin los miembros de la Comisin. Con motivo de la visita, el Papa ha confirmado categricamente el compromiso de la Iglesia catlica y su deseo de profundizar en el dilogo y la fraternidad con el judasmo y con el pueblo judo, segn

).El Papa alab especficamente la obra, la importancia y los resultados de la Comisin Bilateral, que despus se ha reunido sobre el tema de la enseanza catlica y juda sobre la creacin y el ambiente y dese "un dilogo fecundo sobre un tema tan importante como actual".

2. Introdujeron el encuentro los presidentes, el cardenal Jorge Mara Meja, y el rabino jefe Shear Yashuv Cohen, quienes rindieron homenaje al difunto embajador Shmuel Hadas, cuya contribucin ha sido tan importante para la creacin de la Comisin.

3. Las intervenciones de apertura se concentraron en las tensiones entre los movimientos ambientalistas laicos y las perspectivas religiosas y subrayaron que la enseanza bblica considera la naturaleza como un don santo que procede del Creador. l ha establecido que la humanidad tiene que ser la cumbre de su Creacin, intrnsecamente buena(Cf.Gnesis1, 31,con la obligacin de una administracin responsable(Cf.Gnesis2, 15).Por consiguiente, si bien la humanidad tiene la libertad y la autonoma para desarrollar y promover los recursos naturales, como est escrito "los cielos, son los cielos del Seor, la tierra, se la ha dado a los hijos de Adn" (Salmo115, 16), esto siempre se expresa de manera respetuosa de la soberana divina del universo, como est escrito: "del Seor es la tierra y cuanto hay en ella" (Salmo24, 1).

4. Hoy la humanidad afronta una crisis ambiental nica, que es esencialmente consecuencia de un desordenado abuso material y tecnolgico. Si bien esta crisis tiene que ser gestionada obviamente con los instrumentos tecnolgicos y la autolimitacin, la humildad y la disciplina, los participantes subrayaron la necesidad esencial para la sociedad de reconocer la dimensin trascendente de la Creacin, que es importante para garantizar el desarrollo sostenible y el progreso de manera ticamente responsable. No todo lo que es tcnicamente posible es moralmente aceptable. Esta conciencia garantiza que todo aspecto del progreso humano promueve el bienestar de las generaciones futuras y santifica el Nombre Divino, y del mismo modo su ausencia lleva a consecuencias destructivas para la humanidad y para el ambiente y profana el Nombre Divino.

5. La Tradicin bblica, que confiere una dignidad nica a la persona humana, no debe ser entendida como dominio, sino como respeto y solidaridad. Esto exige un sentido de "ecologa humana", en el que nuestra responsabilidad por el ecosistema est ligada y refleje nuestros deberes recprocos y, en particular,"una generosidad especial con los pobres, las mujeres, los nios los extranjeros, los enfermos, los dbiles, los necesitados" (

6. El aspecto tico de la intervencin humana en el orden natural consiste en la limitacin del poder de la ciencia de su pretensin de control absoluto y en la manifestacin de la solidaridad humana y de la responsabilidad moral hacia todos. Con este objetivo, la Comisin Bilateral pide con fuerza que la innovacin y el desarrollo cientficos se apliquen en ntima relacin con los principios ticos y religiosos. Del mismo modo, los estados y los organismos internacionales deberan comprometerse en una consulta intensa con las autoridades ticas y religiosas para garantizar que el progreso sea una bendicin y no una maldicin. Una tica ambiental autntica es una condicin clave para la paz y la armona del mundo.

Estamos en el centro de la Semana de Oracin por la Unidad de los Cristianos, una iniciativa ecumnica, que se ha ido estructurando desde hace ya ms de un siglo, y que atrae cada ao la atencin sobre un tema, el de la unidad visible entre los cristianos, que implica a la conciencia y estimula al compromiso de cuantos creen en Cristo. Y lo hace ante todo con la invitacin a la oracin, a imitacin del propio Jess, que pide al Padre por sus discpulos: Que sean uno, para que el mundo crea (Jn 17,21). La llamada perseverante a la oracin por la plena comunin entre los seguidores del Seor manifiesta la orientacin ms autntica y ms profunda de toda la bsqueda ecumnica, porque la unidad, antes que nada, es don de Dios. De hecho, como afirma el Concilio Vaticano Segundo: "el santo propsito de reconciliar a todos los cristianos en la nica Iglesia de Cristo, una y nica, supera todas las fuerzas humanas" (Unitatis Redintegratio, 24). Por tanto, ms all de nuestro esfuerzo de llevar a cabo relaciones fraternas y de promover el dilogo para aclarar y resolver las divergencias que separan a las Iglesias y Comunidades eclesiales, es necesaria la invocacin confiada y concorde al Seor.

El tema de este ao est tomado del Evangelio de san Lucas, de las ltimas palabras del Resucitado a sus discpulos: Vosotros sois testigos de esto (Lc 24,48). La propuesta del tema ha sido pedida por el Consejo Pontificio para la Promocin de la Unidad de los Cristianos, de acuerdo con la Comisin Fe y Constitucin del Consejo Ecumnico de las Iglesias, a un grupo ecumnico de Escocia. Hace un siglo, la Conferencia Mundial para la consideracin de los problemas en referencia al mundo no cristiano tuvo lugar precisamente en Edimburgo, in Escocia, entre el 13 y el 24 de junio de 1910. Entre los problemas entonces discutidos estuvo el de la dificultad objetiva de proponer con credibilidad el anuncio evanglico al mundo no cristiano por parte de cristianos divididos entre s. Si a un mundo que no conoce a Cristo o que se ha alejado de l, o que se muestra indiferente al Evangelio, los cristianos se presentan desunidos, al contrario, a menudo contrapuestos, ser creble el anuncio de Cristo como nico Salvador del mundo y nuestra paz? La relacin entre unidad y misin desde aquel momento ha representado una dimensin esencial de toda la accin ecumnica y su punto de partida. Y es por esta aportacin especfica por lo que esa Conferencia de Edimburgo permanece como uno de los puntos firmes del ecumenismo moderno. La Iglesia catlica, en el Concilio Vaticano II, retom y reafirm con vigor esta perspectiva, afirmando que la divisin entre los discpulos de Jess no solo contradice abiertamente a la voluntad de Cristo, sino que es escndalo para el mundo y daa la santsima causa de la predicacin del Evangelio a toda criatura (Unitatis Redintegratio, 1).

En este contexto teolgico y espiritual se sita el tema propuesto en esta Semana para la meditacin y la oracin: la exigencia de un testimonio comn de Cristo. El breve texto propuesto como tema, Vosotros sois testigos de esto, hay que leerlo en el contexto de todo el captulo 24 del Evangelio segn Lucas. Recordemos brevemente el contenido de este captulo. Primero las mujeres se acercan al sepulcro, ven los signos de la Resurreccin de Jess y anuncian cuanto han visto a los Apstoles y a los otros discpulos (v. 8); despus el mismo Resucitado aparece a los discpulos de Emas a lo largo del camino, se aparece a Simn Pedro y, sucesivamente, a los Once y a los dems que estaban con ellos" (v. 33). l abre la mente a la comprensin de las Escrituras sobre su Muerte redentora y su Resurreccin, afirmando que en su nombre se predicar a todas las gentes la conversin y el perdn de los pecados" (v. 47). A los discpulos que se encuentran reunidos juntos y que han sido testigos de su misin, el Seor Resucitado les promete el don del Espritu Santo (cfr v. 49), para que juntos den testimonio de l a todos los pueblos. De este imperativo - De todo esto, de esto vosotros sois testigos (cfr Lc 24,48) , que es el tema de esta Semana por la unidad de los cristianos, nacen para nosotros dos preguntas. La primera: qu es todo esto? La segunda: cmo podemos nosotros ser testigos de todo esto?

Si vemos el contexto del captulo, "todos esto" quiere decir ante todo la Cruz y la Resurreccin: los discpulos han visto la crucifixin del Seor, ven al Resucitado y as empiezan a entender todas las Escrituras que hablan del misterio de la Pasin y del don de la Resurreccin. Todo esto por tanto es el misterio de Cristo, del Hijo de Dios hecho hombre, muerto por nosotros y resucitado, vivo para siempre y as garanta de nuestra vida eterna.

Pero conociendo a Cristo este es el punto esencial conocemos el rostro de Dios. Cristo es sobre todo la revelacin de Dios. En todos los tiempos, los hombres perciben la existencia de Dios, un Dios nico, pero que est lejos y no se muestra. En Cristo este Dios se muestra, el Dios lejano se convierte en cercano. Todo esto es por tanto, sobre todo con el misterio de Cristo, que Dios se ha hecho cercano a nosotros. Esto implica otra dimensin: Cristo nunca est solo; l vino en medio de nosotros, muri solo, pero resucit para atraer a todos hacia s. Cristo, como dice la Escritura, se crea un cuerpo, rene a toda la humanidad en su realidad de la vida inmortal. Y as, en Cristo que rene a la humanidad, conocemos el futuro de la humanidad: la vida eterna. Todo esto, por tanto, es muy sencillo, en ltima instancia: conocemos a Dios conociendo a Cristo, su cuerpo, el misterio de la Iglesia y la promesa de la vida eterna.

Venimos ahora a la segunda pregunta: Cmo podemos nosotros ser testigos de todo esto? Podemos ser testigos slo conociendo a Cristo y, conociendo a Cristo, tambin conociendo a Dios. Pero conocer a Cristo implica ciertamente una dimensin intelectual aprender lo que conocemos de Cristo pero es siempre mucho ms que un proceso intelectual: es un proceso existencial, es un proceso de la apertura de mi yo, de mi transformacin por la presencia y por la fuerza de Cristo, y as es tambin un proceso de apertura a todos los dems, que deben ser cuerpo de Cristo. De esta forma, es evidente que conocer a Cristo, como proceso intelectual y sobre todo existencial, es un proceso que nos hace testigos. En otras palabras, podemos ser testigos slo si a Cristo lo conocemos de primera mano, y no slo a travs de otros, desde nuestra propia vida, de nuestro encuentro personal con Cristo. Encontrndole realmente en nuestra vida de fe, nos convertimos en testigos y podemos contribuir a la novedad del mundo, a la vida eterna. El Catecismo de la Iglesia catlica nos da una indicacin tambin para el contenido de este todo esto. La Iglesia ha reunido y resumido lo esencial de cuanto el Seor nos ha dad en la Revelacin, en el "Smbolo llamado niceno-costantinopolitano, el cual trae su gran autoridad del hecho de ser fruto de los dos primeros Concilios Ecumnicos (325 e 381)" (CCC, n. 195). El Catecismo precisa que este Smbolo "es an hoy comn a todas las grandes Iglesias de Oriente y de Occidente (Ibid.). En este Smbolo por tanto se encuentran las verdades de la fe que los cristianos pueden profesar y testimoniar juntos, para que el mundo crea, manifestando, con el deseo y el compromiso por superar las divergencias existentes, la voluntad de caminar hacia la comunin plena, la unidad del Cuerpo de Cristo.

La celebracin de la Semana de Oracin por la Unidad de los Cristianos nos lleva a considerar otros aspectos importantes para el ecumenismo. Ante todo, el gran progreso realizado en las relaciones entre Iglesias y Comunidades Eclesiales tras la Conferencia de Edimburgo de hace un siglo. El movimiento ecumnico moderno se ha desarrollado de forma tan significativa que se ha convertido, en el ltimo siglo, en un elemento importante en la vida de la Iglesia, recordando el problema de la unidad entre todos los cristianos y sosteniendo tambin el crecimiento de la comunin entre ellos. ste no slo favorece las relaciones fraternas entre las Iglesias y las Comunidades eclesiales en respuesta al mandamiento del amor, sino que estimula tambin la investigacin teolgica. Adems, implica a la vida concreta de las Iglesias y de las Comunidades eclesiales con temticas que tocan la pastoral y la vida sacramental, como por ejemplo el mutuo reconocimiento del Bautismo, las cuestiones relativas a los matrimonios mixtos, los casos parciales de comunicatio in sacris en situaciones particulares bien definidas. En el surco de este espritu ecumnico, los contactos han ido ensanchndose tambin a movimientos pentecostales, evanglicos y carismticos, para un mayor conocimiento recproco, aunque no falten problemas graves en este sector.

La Iglesia catlica, desde el Concilio Vaticano II en adelante, ha entrado en relaciones fraternas con todas las Iglesias de Oriente y las Comunidades eclesiales de Occidente, organizando, en particular, con la mayor parte de ellas, dilogos teolgicos bilaterales, que han llevado a encontrar convergencias o incluso consenso en diversos puntos, profundizando as los vnculos de comunin. En el ao apenas transcurrido, los dilogos han registrado pasos positivos. Con las Iglesias ortodoxas la Comisin Mixta Internacional para el Dilogo Teolgico ha comenzado, en la XI Sesin plenaria celebrada en Paphos (Chipre) en octubre de 2009, el estudio de un tema crucial en el dilogo entre catlicos y ortodoxos: El papel del obispo de Roma en la comunin de la Iglesia en el primer milenio, es decir, en el tiempo en el que los cristianos de Oriente y Occidente vivan en la comunin plena. Este estudio se extender a continuacin al segundo milenio. Ya he pedido muchas veces la oracin de los catlicos por este dilogo delicado y esencial para todo el movimiento ecumnico. Tambin con las Antiguas Iglesias ortodoxas de Oriente (copta, etope, siria, armenia) la anloga Comisin Mixta se reuni del 26 al 20 de enero del ao pasado. Estas importantes iniciativas atestiguan que existe actualmente un dilogo profundo y rico de esperanzas con todas las Iglesias de Oriente no en plena comunin con Roma, en su propria especificidad.

Durante el ao pasado, con las Comunidades eclesiales de Occidente se han examinado los resultados alcanzados en los diversos dilogos en estos cuarenta aos, detenindose, el particular, en los mantenidos con la Comunin Anglicana, con la Federacin Luterana Mundial, con la Alianza Reformada Mundial y con el Consejo Mundial Metodista. Al respecto, el Consejo Pontificio para la Promocin de la Unidad de los Cristianos realiz un estudio para evidenciar los puntos de convergencia a los que se ha llegado en los relativos dilogos bilaterales, y sealar, al mismo tiempo, los problemas abiertos sobre los que habr que iniciar una nueva fase de confrontacin.

Entre los recientes acontecimientos, quisiera mencionar la conmemoracin del dcimo aniversario de la Declaracin conjunta sobre la doctrina de la justificacin, celebrado por catlicos y luteranos juntos el 31 de octubre de 2009, para estimular la prosecucin del dilogo, como tambin la visita a Roma del arzobispo de Canterbury, el doctor Rowan Williams, el cual ha mantenido tambin coloquios sobre la particular situacin en que se encuentra la Comunin Anglicana. El compromiso comn de continuar las relaciones y el dilogo son un signo positivo, que manifiesta cun intenso es el deseo de unidad, a pesar de todos los problemas que se oponen. As vemos que hay una dimensin de nuestra responsabilidad en hacer todo lo posible para llegar realmente a la unidad, pero que hay otra dimensin, la de la accin divina, porque solo Dios puede dar unidad a la Iglesia. Una unidad autohecha sera humana, pero nosotros deseamos la Iglesia de Dios, hecha por Dios, el cual cuando quiera y cuando nosotros estemos preparados, crear la unidad. Debemos tener presente tambin los progresos reales que se han alcanzado en la colaboracin y en la fraternidad en todos estos aos, en estos ltimos cincuenta aos. Al mismo tiempo, debemos saber que el trabajo ecumnico no es un proceso lineal. De hecho, problemas viejos, nacidos en el contexto de otra poca, pierden su peso, mientras que en el contexto actual nacen problemas nuevos y nuevas dificultades. Por tanto, debemos estar siempre disponibles para un proceso de purificacin, en el cual el Seor nos haga capaces de estar unidos.

Queridos hermanos y hermanas, por la compleja realidad ecumnica, por la promocin del dilogo, como tambin para que los cristianos de nuestro tiempo puedan dar un nuevo testimonio comn de fidelidad a Cristo ante este nuestro mundo, pido la oracin de todos. Que el Seor escuche la invocacin nuestra y de todos los cristianos, que en esta semana se eleva a l con particular intensidad.

Estamos celebrando estos das la Semana de Oracin por la Unidad de los Cristianos, en la cual se nos invita a rezar pidiendo al Seor por la unidad de todos sus discpulos, puesto que sta es ante todo un don que viene de Dios. El tema propuesto este ao nos recuerda la exigencia de dar un testimonio comn de Cristo, ya que la divisin de los cristianos dificulta el anuncio eficaz del Evangelio en el mundo. El movimiento ecumnico moderno se ha desarrollado de manera notable, hasta convertirse en el ltimo siglo en un elemento importante en la vida de la Iglesia. A partir del Concilio Vaticano II, la Iglesia Catlica ha establecido relaciones fraternas con todas las Iglesias de Oriente y las Comunidades eclesiales de Occidente, organizando con la mayor parte de ellas dilogos teolgicos bilaterales, que han servido para alcanzar consensos sobre varias cuestiones, profundizando de esta manera los vnculos de comunin. Os pido a todos vuestra oracin para superar las divergencias y promover el dilogo y la fraternidad, as como para que los cristianos de hoy puedan dar un nuevo testimonio comn de fidelidad a Cristo.

Saludo cordialmente a los fieles de lengua espaola aqu presentes, en particular, al grupo de la familia del Cardenal Rafael Merry del Val, a los peregrinos de Torrelodones, de Crdoba, y a los venidos de Mxico, as como de otros pases latinoamericanos. Os animo a todos a intensificar vuestra vida de oracin y vuestra participacin ferviente en la Eucarista, para que unidos cada vez ms a Cristo trabajis en la Iglesia y en el mundo por la salvacin y el bien de vuestros hermanos. Muchas gracias.

Jess les dijo: Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio est con ellos? Llegar un da en que se lleven al novio, y entonces ayunarn.

Creo que me ests llamando a descubrir la penitencia que me abre a ti, de verdad, y a los otros. La penitencia que soy capaz de enfocar desde la solidaridad con el dolor o las necesidades de los otros. La penitencia que me lleva a esforzarme en dominar aquellos aspectos de mi forma de ser, y que afectan directamente a los que estn conmigo. O si quiero ceirme a la actitud que aparece en la lectura, el ayuno de todos mis egosmos, de mis posturas cerradas, de mi carcter impaciente o irritable.

Ayunar de muchas cosas superficiales, o no tanto, pero que en realidad no necesito. Ayunar de mi yo para salir con ms facilidad al encuentro de los otros. Ayunar materialmente para unirme a los que ayunan por obligacin, y ofrecer de mis bienes, pocos o muchos, para hacerme sentir hermano de todos. Obligado a tenderles mi mano, a aportarles algo de mi vida, algo de lo mo, de lo que me cuesta, y hasta de lo que puede limitar mis caprichos.

Ese ayuno ser siempre bienvenido y ser siempre necesario. T lo hiciste. El otro, el externo, el que busca satisfacer mi yo para cumplir unas normas, puede tener su sentido si est abierto al amor que se extiende hasta los otros. Y ese ayuno, en este tiempo especial, es importante que lo trabaje, porque tal vez me descubra realidades nuevas de m y de los otros. Y s que si es as, y aprendo, ese ayuno merece la pena.

Seor, perdname, porque siempre tengo motivos para justificar mis comodidades. Para no dar valor a cosas que pretendo afirmar que estn pasadas, que ya no tienen sentido, y que no son sino excusas para mantener mi comodidad. Dame lucidez y sinceridad, Seor, para reconocer que s, que tengo que abrirme a muchos ayunos, no para m, ni siquiera por ti, sino para descubrir lo mejor de m, y para aprender a convertirme en don, en ofrenda, en hermano.

A. penitencial: En silencio, pongmonos ahora ante Dios. Somos pecadores. En nuestra vida, a menudo nos alejamos del camino de amor que Jess nos ha mostrado.Vivimos sin pensar, rezamos poco, tenemos el corazn poco abierto a los dems, no damos buen testimonio de nuestra fe. Por eso ahora, al empezar estos cuarenta das que nos llevarn hasta la Pascua, queremos pedir perdn, y queremos suplicarle a nuestro Padre del cielo que nos renueve y nos d su gracia. Oremos ahora en silencio, en un silencio un poco ms largo que el que acostumbramos a hacer cada domingo. (Silencio ms largo).

1.1ectura (Deuteronomio 26,4-10):Durante los domingos de Cuaresma en la primera lectura recordamos los grandes acontecimientos de la historia del pueblo de Israel. Escuchmoslas unindonos a la historia del pueblo que Dios liber de la esclavitud.

Antes de la aclamacin (Ev.: Lucas 4,1-13): La lectura del evangelio nos une con Jess al iniciar el camino cuaresmal. Aclammosle ahora con gozo, y reconozcmosle como Seor.

Maana, con el mircoles llamado "de Ceniza", comenzar la Cuaresma, perodo de 40 das en el cual los cristianos se dedican a la oracin, la penitencia y los actos de caridad y misericordia, como preparacin para celebrar la Pasin, Muerte y Resurreccin de Jesucristo.

Ese da se efecta el rito de la imposicin de la ceniza en la cabeza de los fieles, con las palabras: "Recuerda que eres polvo y al polvo volvers" o Convirtete y cree en el Evangelio".

El mircoles de Ceniza es uno de los dos das del ao -el otro es el Viernes Santo- en que los cristianos, de los 18 a los 60 aos, hacen ayuno y abstinencia. El ayuno consiste en hacer una sola comida importante en el da, que puede ser el almuerzo o la cena. La abstinencia, desde los 14 aos, es la privacin de carne y sus derivados en las comidas del da, o de bebidas alcohlicas. Esta abstinencia puede reemplazarse por una obra de caridad, o por una prctica de piedad.

Es el tiempo litrgico de conversin, que marca la Iglesia para preparar la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirse de los pecados y cambiar para ser mejores y poder vivir ms cerca de Cristo.

La Cuaresma comienza el Mircoles de Ceniza y termina el Jueves Santo, con la misa vespertina de la Cena del Seor. El color litrgico es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexin, de penitencia, de conversin espiritual; tiempo de preparacin al misterio pascual.

En la Cuaresma, Cristo invita a cambiar de vida. La Iglesia invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prjimo y haciendo obras buenas. Tambin para vivir una serie de actitudes cristianas que ayudan a parecerse ms a Jesucristo.

Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdn y de la reconciliacin fraterna. Cada da, durante toda la vida, se busca desterrar del corazn el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen al amor a Dios y a los hermanos. Tambin se aprende a conocer y apreciar la Cruz de Jess.

Su duracin est basada en el smbolo del nmero cuarenta en la Biblia. En sta, se habla de los cuarenta das del diluvio, de los cuarenta aos de la marcha del pueblo judo por el desierto, de los cuarenta das de Moiss y de Elas en la montaa, de los cuarenta das que pas Jess en el desierto antes de comenzar su vida pblica, de los 400 aos que dur la estada de los israelitas en Egipto.

La prctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovacin para toda la Iglesia, con la prctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de Oriente, la prctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez ms aligerada en Occidente, pero debe observarse un espritu penitencial y de conversin.

Durante la Semana santa, la Iglesia celebra los misterios de la salvacin actuados por Cristo en los ltimos das de su vida, comenzando por su entrada mesinica en Jerusaln.

El Jueves Santo, a partir de la misa vespertina en la Cena del Seor, comienza el Triduo pascual, que contina durante el Viernes de la Pasin del Seor y el Sbado Santo, y tiene su centro en la Vigilia Pascual y acaba con las Vsperas del domingo de Resurreccin.

El 16 de enero de 1988, la Congregacin para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, envi a todos los obispos del mundo una carta circular, firmada por el entonces prefecto, el cardenal Pablo Agustn Mayer, en la que se daban nuevas normas para la preparacin y celebracin de la Semana Santa y la Pascua.

En aquel tiempo, dijo Jess a sus discpulos: El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer da.

Y, dirigindose a todos, dijo: El que quiera seguirme, que se niegue a s mismo, cargue con su cruz cada da y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perder; pero el que pierda su vida por mi causa la salvar. De qu le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a s mismo?

Me anuncias tu muerte, Seor. Son las paradojas de la vida. Amar, hacer el bien, poner la vida al servicio de los dems, anunciar la fraternidad que nace de nuestra dignidad de hijos de Dios, supone ser rechazado y perseguido, incluso eliminado. Pero no es la ltima palabra, porque al que ama se le puede eliminar pero no al amor, por eso terminas diciendo que resucitars. El que ama, aunque haya muerto vivir, el mal no tiene la ltima palabra, la ltima palabra la tienes t, la tiene el amor, y el amor es inmortal.

Y as me haces tu invitacin a optar por el amor, por la vida, por todo lo que genera bien. S que supone opciones claras que a veces no tengo, el ir diciendo no a todo lo que no es amor en m, y no es sencillo, porque suelo disfrazarlo con facilidad. S que supone lucha, incluso incomprensin, burla y persecucin. Suena fuerte, pero es verdad, lo he experimentado, dentro y fuera de m.

Pero hay una palabra de fuerza y de estmulo. El camino no lo hago yo slo, t vienes conmigo. Podr sentirte o no, pero me aseguras, y lo s, que t siempre ests a mi lado, y eso me ayuda a retomar cada da con fuerza, con ilusin, con esperanza, el camino que crea vida, el camino del bien, el camino del amor. Un camino que siento cada vez ms urgente, ms necesario, ms vital. Y quiero seguir hacindolo contigo.

Gracias, Seor, porque caminas a mi lado. Gracias por descubrirme cada maana la fuerza transformadora que puede tener cada gesto de bien, de entrega, de amor, por pequeo que sea, que yo haga. Gracias, porque me recuerdas que mi vida est llamada a ser hoy, all donde est, un pequeo, pero importante, punto de calor, de luz, de paz, de amistad, de amor. Permteme sentirte cerca, para que no me aplaste el peso. Que pueda cargarlo y llevarlo contigo.

Y que aprenda, Seor, a optar por lo fundamental. Vivimos momentos recios, no para oponernos a nadie, sino para amar ms, para optar por lo que de verdad vale, por lo que nos hace humanos, por lo que construye vida, por lo que nos permita sentirnos parte de una gran familia.

Mensaje del Papa Benedicto XVI por la 47 Jornada Mundial de Oracin por las Vocaciones, dado a conocer el martes 16 de Febrero de 2010 y que se celebrar el 25 de abril. VATICANO, 16 Feb. 10 / 10:45 am

La 47 Jornada Mundial de Oracin por las Vocaciones, que se celebrar en el IV domingo de Pascua, domingo del "Buen Pastor", el 25 de abril de 2010, me ofrece la oportunidad de proponer a vuestra reflexin un tema en sintona con el Ao Sacerdotal: El testimonio suscita vocaciones. La fecundidad de la propuesta vocacional, en efecto, depende primariamente de la accin gratuita de Dios, pero, como confirma la experiencia pastoral, est favorecida tambin por la cualidad y la riqueza del testimonio personal y comunitario de cuantos han respondido ya a la llamada del Seor en el ministerio sacerdotal y en la vida consagrada, puesto que su testimonio puede suscitar en otros el deseo de corresponder con generosidad a la llamada de Cristo. Este tema est, pues, estrechamente unido a la vida y a la misin de los sacerdotes y de los consagrados. Por tanto, quisiera invitar a todos los que el Seor ha llamado a trabajar en su via a renovar su fiel respuesta, sobre todo en este Ao Sacerdotal, que he convocado con ocasin del 150 aniversario de la muerte de san Juan Mara Vianney, el Cura de Ars, modelo siempre actual de presbtero y de prroco.

Ya en el Antiguo Testamento los profetas eran conscientes de estar llamados a dar testimonio con su vida de lo que anunciaban, dispuestos a afrontar incluso la incomprensin, el rechazo, la persecucin. La misin que Dios les haba confiado los implicaba completamente, como un incontenible "fuego ardiente" en el corazn (cf. Jr 20, 9), y por eso estaban dispuestos a entregar al Seor no solamente la voz, sino toda su existencia. En la plenitud de los tiempos, ser Jess, el enviado del Padre (cf. Jn 5, 36), el que con su misin dar testimonio del amor de Dios hacia todos los hombres, sin distincin, con especial atencin a los ltimos, a los pecadores, a los marginados, a los pobres. l es el Testigo por excelencia de Dios y de su deseo de que todos se salven. En la aurora de los tiempos nuevos, Juan Bautista, con una vida enteramente entregada a preparar el camino a Cristo, da testimonio de que en el Hijo de Mara de Nazaret se cumplen las promesas de Dios. Cuando lo ve acercarse al ro Jordn, donde estaba bautizando, lo muestra a sus discpulos como "el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Jn 1, 29). Su testimonio es tan fecundo, que dos de sus discpulos "oyndole decir esto, siguieron a Jess" (Jn 1, 37).

Tambin la vocacin de Pedro, segn escribe el evangelista Juan, pasa a travs del testimonio de su hermano Andrs, el cual, despus de haber encontrado al Maestro y haber respondido a la invitacin de permanecer con l, siente la necesidad de comunicarle inmediatamente lo que ha descubierto en su "permanecer" con el Seor: "Hemos encontrado al Mesas -que quiere decir Cristo- y lo llev a Jess" (Jn 1, 41-42). Lo mismo sucede con Natanael, Bartolom, gracias al testimonio de otro discpulo, Felipe, el cual comunica con alegra su gran descubrimiento: "Hemos encontrado a aquel de quien escribi Moiss, en el libro de la ley, y del que hablaron los Profetas: es Jess, el hijo de Jos, el de Nazaret" (Jn 1, 45). La iniciativa libre y gratuita de Dios encuentra e interpela la responsabilidad humana de cuantos acogen su invitacin para convertirse con su propio testimonio en instrumentos de la llamada divina. Esto acontece tambin hoy en la Iglesia: Dios se sirve del testimonio de los sacerdotes, fieles a su misin, para suscitar nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas al servicio del Pueblo de Dios. Por esta razn deseo sealar tres aspectos de la vida del presbtero, que considero esenciales para un testimonio sacerdotal eficaz.

Elemento fundamental y reconocible de toda vocacin al sacerdocio y a la vida consagrada es la amistad con Cristo. Jess viva en constante unin con el Padre, y esto era lo que suscitaba en los discpulos el deseo de vivir la misma experiencia, aprendiendo de l la comunin y el dilogo incesante con Dios. Si el sacerdote es el "hombre de Dios", que pertenece a Dios y que ayuda a conocerlo y amarlo, no puede dejar de cultivar una profunda intimidad con l, permanecer en su amor, dedicando tiempo a la escucha de su Palabra. La oracin es el primer testimonio que suscita vocaciones. Como el apstol Andrs, que comunica a su hermano haber conocido al Maestro, igualmente quien quiere ser discpulo y testigo de Cristo debe haberlo "visto" personalmente, debe haberlo conocido, debe haber aprendido a amarlo y a estar con l.

Otro aspecto de la consagracin sacerdotal y de la vida religiosa es el don total de s mismo a Dios. Escribe el apstol Juan: "En esto hemos conocido lo que es el amor: en que l ha dado su vida por nosotros. Tambin nosotros debemos dar la vida por los hermanos" (1 Jn 3, 16). Con estas palabras, el apstol invita a los discpulos a entrar en la misma lgica de Jess que, a lo largo de su existencia, ha cumplido la voluntad del Padre hasta el don supremo de s mismo en la cruz. Se manifiesta aqu la misericordia de Dios en toda su plenitud; amor misericordioso que ha vencido las tinieblas del mal, del pecado y de la muerte. La imagen de Jess que en la ltima Cena se levanta de la mesa, se quita el manto, toma una toalla, se la cie a la cintura y se inclina para lavar los pies a los apstoles, expresa el sentido del servicio y del don manifestados en su entera existencia, en obediencia a la voluntad del Padre (cfr Jn 13, 3-15). Siguiendo a Jess, quien ha sido llamado a la vida de especial consagracin debe esforzarse en dar testimonio del don total de s mismo a Dios. De ah brota la capacidad de darse luego a los que la Providencia le confe en el ministerio pastoral, con entrega plena, continua y fiel, y con la alegra de hacerse compaero de camino de tantos hermanos, para que se abran al encuentro con Cristo y su Palabra se convierta en luz en su sendero. La historia de cada vocacin va unida casi siempre con el testimonio de un sacerdote que vive con alegra el don de s mismo a los hermanos por el Reino de los Cielos. Y esto porque la cercana y la palabra de un sacerdote son capaces de suscitar interrogantes y conducir a decisiones incluso definitivas (cf. JUAN PABLO II, Exhort. ap. postsinodal, Pastores dabo vobis, 39).

Por ltimo, un tercer aspecto que no puede dejar de caracterizar al sacerdote y a la persona consagrada es el vivir la comunin. Jess indic, como signo distintivo de quien quiere ser su discpulo, la profunda comunin en el amor: "Por el amor que os tengis los unos a los otros reconocern todos que sois discpulos mos" (Jn 13, 35). De manera especial, el sacerdote debe ser hombre de comunin, abierto a todos, capaz de caminar unido con toda la grey que la bondad del Seor le ha confiado, ayudando a superar divisiones, a reparar fracturas, a suavizar contrastes e incomprensiones, a perdonar ofensas. En julio de 2005, en el encuentro con el Clero de Aosta, tuve la oportunidad de decir que si los jvenes ven sacerdotes muy aislados y tristes, no se sienten animados a seguir su ejemplo. Se sienten indecisos cuando se les hace creer que se es el futuro de un sacerdote. En cambio, es importante llevar una vida indivisa, que muestre la belleza de ser sacerdote. Entonces, el joven dir: "s, este puede ser un futuro tambin para m, as se puede vivir" (Insegnamenti I, , 354). El Concilio Vaticano II, refirindose al testimonio que suscita vocaciones, subraya el ejemplo de caridad y de colaboracin fraterna que deben ofrecer los sacerdotes (cf. Optatam totius, 2).

Me es grato recordar lo que escribi mi venerado Predecesor Juan Pablo II: "La vida misma de los presbteros, su entrega incondicional a la grey de Dios, su testimonio de servicio amoroso al Seor y a su Iglesia un testimonio sellado con la opcin por la cruz, acogida en la esperanza y en el gozo pascual, su concordia fraterna y su celo por la evangelizacin del mundo, son el factor primero y ms persuasivo de fecundidad vocacional" (Pastores dabo vobis, 41). Se podra decir que las vocaciones sacerdotales nacen del contacto con los sacerdotes, casi como un patrimonio precioso comunicado con la palabra, el ejemplo y la vida entera.

Esto vale tambin para la vida consagrada. La existencia misma de los religiosos y de las religiosas habla del amor de Cristo, cuando le siguen con plena fidelidad al Evangelio y asumen con alegra sus criterios de juicio y conducta. Llegan a ser "signo de contradiccin" para el mundo, cuya lgica est inspirada muchas veces por el materialismo, el egosmo y el individualismo. Su fidelidad y la fuerza de su testimonio, porque se dejan conquistar por Dios renunciando a s mismos, sigue suscitando en el alma de muchos jvenes el deseo de seguir a Cristo para siempre, generosa y totalmente. Imitar a Cristo casto, pobre y obediente, e identificarse con l: he aqu el ideal de la vida consagrada, testimonio de la primaca absoluta de Dios en la vida y en la historia de los hombres.

Todo presbtero, todo consagrado y toda consagrada, fieles a su vocacin, transmiten la alegra de servir a Cristo, e invitan a todos los cristianos a responder a la llamada universal a la santidad. Por tanto, para promover las vocaciones especficas al ministerio sacerdotal y a la vida religiosa, para hacer ms vigoroso e incisivo el anuncio vocacional, es indispensable el ejemplo de todos los que ya han dicho su "s" a Dios y al proyecto de vida que l tiene sobre cada uno. El testimonio personal, hecho de elecciones existenciales y concretas, animar a los jvenes a tomar decisiones comprometidas que determinen su futuro. Para ayudarles es necesario el arte del encuentro y del dilogo capaz de iluminarles y acompaarles, a travs sobre todo de la ejemplaridad de la existencia vivida como vocacin. As lo hizo el Santo Cura de Ars, el cual, siempre en contacto con sus parroquianos, "enseaba, sobre todo, con el testimonio de su vida. De su ejemplo aprendan los fieles a orar" (Carta para la convocacin del Ao Sacerdotal, 16 junio 2009).

Que esta Jornada Mundial ofrezca de nuevo una preciosa oportunidad a muchos jvenes para reflexionar sobre su vocacin, entregndose a ella con sencillez, confianza y plena disponibilidad. Que la Virgen Mara, Madre de la Iglesia, custodie hasta el ms pequeo germen de vocacin en el corazn de quienes el Seor llama a seguirle ms de cerca, hasta que se convierta en rbol frondoso, colmado de frutos para bien de la Iglesia y de toda la humanidad. Rezo por esta intencin, a la vez que imparto a todos la Bendicin Apostlica.

Cada ao, con ocasin de la Cuaresma, la Iglesia nos invita a una sincera revisin de nuestra vida a la luz de las enseanzas evanglicas. Este ao quiero proponeros algunas reflexiones sobre el vasto tema de la justicia, partiendo de la afirmacin de San Pablo: La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo (Rm 3,21-22).

Convertirse a Cristo, creer en el Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusin de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los dems y de Dios, exigencia de su perdn y de su amistad.

la fe no es un hecho natural, cmodo, obvio: hace falta humildad para aceptar la necesidad de Otro que me libere de lo mo para darme gratuitamente lo suyo Gracias a la accin de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia ms grande que es la del amor (Cf, Rm 13,8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre ms deudor que acreedor, porque ha recibido ms de lo que poda esperar.

Precisamente por la fuerza de esta experiencia, el cristiano se ve impulsado a contribuir a la formacin de sociedades justas, donde todos reciban lo necesario para vivir segn su propia dignidad de personas y donde la justicia sea vivificada por el amor.

la Cuaresma culmina en el Triduo Pascual, en el que este ao volveremos a celebrar la justicia divina, que es plenitud de caridad, de don y de salvacin. Que este tiempo penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de autntica conversin y de intenso conocimiento del misterio de Cristo que vino para cumplir toda justicia.

por qu me engao haciendo de mi religin, que debera ser impulso para la entrega a los dems, como el de Jess, un inters, un espectculo, una pantalla que oculta mi verdad...

Todos y todas estamos llamados a experimentar que, si damos los pasos anteriores seremos felices; si no lo hacemos, continuaremos inmersos en la mediocridad que nada redime, nada salva, nada engrandece, todo lo entristece.

En este primer domingo de Cuaresma, el Evangelio nos muestra a Jess tentado en el desierto. Comenzamos el camino hacia la Pascua, queriendo recuperar nuestra esperanza en el Seor, sabiendo que tambin nosotros sufrimos sus mismas tentaciones.

El pueblo de Dios, ahora en nuestro tiempo, siente la fuerte tentacin de permitir que los bienes de consumo le encarcelen y le esclavicen. Miremos a Jess: l rechaz dejarse fascinar por ellos, y quiere que nosotros tengamos hambre, no de cosas materiales y mundanas, sino ms bien hambre de fraternidad con los hermanos, de encuentro con Dios Padre, en la oracin y en la vida de cada da...

El pueblo de Dios siente la fuerte tentacin de impresionar y de controlar a los dems. Miremos a Jess: l vino para instaurar el poder del amor y nos dice que sirvamos a Dios en los hermanos.

El pueblo de Dios siente la fuerte tentacin de crear sus propios dolos y hacerse a s mismo el centro del universo. Miremos a Jess: l quiere que con l demos culto y adoremos solamente a Dios. Con l, que resisti y venci resueltamente las tentaciones, entramos con confianza en esta Cuaresma.

El pueblo de Israel tiene conciencia de ser un Pueblo salvado por Dios. Nosotros como el pueblo judo, tenemos que convencernos de que es Dios quien nos hace pueblo libre: l es nuestro Salvador. Escuchemos.

Nuestro Credo no es una frmula de dogmas o un encuentro histrico de hechos salvficos, nuestro Credo es una persona y un nombre: Jess, el Cristo, nuestro Seor y Salvador. sta es la fe que profesamos y vivimos, sea cual sea nuestra raza o nacionalidad.

Hoy escuchamos el relato de las tentaciones de Jess en el desierto. Jess, Hijo de Dios, es el nuevo ser humano que resisti las tentaciones y nos ense a nosotros a luchar contra las tentaciones, a entender lo que es la libertad, a escoger el servicio frente al poder. Nosotros estamos llamados a seguirle. Escuchemos la proclamacin del Santo Evangelio.

Bendice, Padre, a nuestro pueblo que sigue desgarrado por toda clase de crisis, violencias e injusticias para que estas lacras se puedan superar y conseguir un mundo ms justo y fraterno, con la colaboracin de todos. OREMOS.

Bendice, Padre, a las personas que ms sufren, marcadas por la enfermedad, la pobreza, el paro, la soledad, para que sean confortados por la cruz de Jesucristo y no se dejen llevar por las tentaciones de desesperanza y no aceptacin. OREMOS.

Bendice, Padre, a nuestra comunidad parroquial y a todos nosotros, para que por la celebracin de la Eucarista creamos de corazn y confesemos con nuestros labios y con nuestra vida que Jess es el Seor. OREMOS.

Estas manzanas son un smbolo de la seduccin y tentaciones que recibimos cada da en nuestro mundo. Queremos superarlas con la fuerza de la Eucarista y de la escucha de la Palabra.

Iniciamos hoy, en comunin con toda la Iglesia, el tiempo de Cuaresma. Cada ao, este tiempo nos ofrece una ocasin providencial para profundizar en el sentido y el valor de nuestra identidad cristiana, nos estimula a descubrir -de nuevo- la misericordia de Dios y nos invita a que seamos nosotros mismos ms misericordiosos con nuestros hermanos.

Nos reunimos este mircoles de Ceniza, respondiendo a la invitacin del Seor para empezar estos 40 das de preparacin para la Pascua, con anhelo de conversin. Y lo hacemos con esperanza, porque sabemos que el amor y el perdn de Dios, nuestro Padre, es siempre mayor que nuestro pecado y nuestros fracasos. Con l siempre podemos comenzar de nuevo.

Las lecturas que ahora vamos a escuchar, nos llaman a la conversin, al cambio de nuestra vida. Y nos dirn que, hoy mismo, si volvemos a l con nimo firme y sincero, es el da de la salvacin, el tiempo de gracia.

En este tiempo de gracia y reconciliacin, el Seor nos ofrece tres pistas para la accin, que debemos interpretar y vivir adecuadamente: el ayuno, la oracin y la limosna.

Sabemos que el amor y el perdn de nuestro Padre Dios es siempre mayor que nuestro pecado y nuestros fracasos. Con El siempre podemos empezar de nuevo. Por eso, tenemos motivos suficientes para vivir este tiempo con confianza y esperanza.

Esta ceniza que vamos a recibir en nuestras cabezas ser el signo de este camino de conversin que nos llevar hasta el gozo de la Pascua.

Mientras nos imponen la ceniza oiremos una invitacin clara: Convirtete y cree el Evangelio. Luego, cada uno de nosotros, expresamos la acogida y respuesta a esta invitacin, poniendo la mano sobre la Biblia y santigundonos luego. Con ello manifestamos delante de toda la comunidad que aceptamos ponernos en camino de conversin.



Oh Dios que buscas el arrepentimiento y la conversin del pecador, escucha nuestra oracin y bendice esta ceniza que vamos a imponer sobre nuestra cabeza, y porque sabemos que somos polvo y al polvo hemos de volver, concdenos por medio del ayuno y la oracin, creer y convertirnos al Evangelio; as podremos alcanzar, la vida nueva, a imagen de tu Hijo resucitado, que vive contigo y el Espritu por los siglos de los siglos. Amn.

Finalizada la oracin, roca con agua bendita las cenizas. Seguidamente, se dirige al lugar desde el que va a imponer la ceniza. Junto a l se coloca una persona con el Evangeliario abierto.

En este tiempo de gracia, la ceniza nos recuerda que somos poca cosa, limitados, pecadores; por eso acudimos a ti, Padre, para que vengas en nuestra ayuda. A cada peticin responderemos: Mustranos tu misericordia.

Por las personas que sufren las consecuencias todo tipo de crisis; especialmente, por las que son vctimas de las estructuras de pecado: las personas sin trabajo ni hogar; las que mueren de hambre Roguemos al Seor.

Por los que estn paralizados por la pereza, la rutina y el miedo y se cierran a nuevas formas de vivir la fe, ms activas, creativas y adaptadas a los tiempos actuales. Roguemos al Seor...

Te damos gracias, PADRE BUENO, por la participacin en la Celebracin de la Eucarista, en la que nos has dado la fuerza para ponernos en camino, con esperanza, hacia tu Pascua.

GRACIAS, PADRE, porque nos ayudas a entender que el verdadero ayuno es decir un no fuerte al consumismo excesivo, y un s de corazn a la solidaridad con los empobrecidos.

GRACIAS, JESS, porque con tu estilo de vida nos enseas a comprender que nuestras privaciones han de servir para ayudar a los hermanos necesitados y para aliviar a los que sufren.

Igual que durante el pasado tiempo de adviento, al comienzo de la Cuaresma de este ao, Ciclo C, nos ponemos en contacto con todos ustedes desde el rea de Pastoral Social de nuestra Dicesis, con el fin de compartir algunos materiales que estimamos pueden servir de ayuda para la preparacin de las Celebraciones y/o para las reuniones de formacin y oracin-reflexin que se puedan llevar a cado con los agentes de pastoral y con otros grupos de creyentes.

Obviamente, estos recursos son solamente una pequea aportacin especfica que, junto a los abundantes y ricos materiales de la Delegacin de Liturgia, puedan servir de ayuda a las comunidades para la preparacin de sus celebraciones y la formacin de los fieles.

El Master de Pastoral Familiar, que ya est presente en diferentes zonas de la Pennsula (centro, sur, este y norte), dilata su misin al traspasar los lmites peninsulares y organizar un encuentro en Tenerife, previsto para el fin de semana de los das 19, 20, y 21 de febrero 2010. Se trata de un encuentro piloto, en el que queremos explicar lo que es el Master as como conocer el inters que esta propuesta tiene entre vosotros. Por ello, os animamos a que asistis con la enorme ilusin de todo lo que empieza y que transmitis este anuncio a todos aquellos que puedan estar interesados.

El objetivo del Master, siguiendo la inspiracin esencial de su fundador, el siervo de Dios Juan Pablo II, al instituir este Instituto para estudios sobre el matrimonio y la familia, es dar a conocer el plan de Dios sobre la persona, el matrimonio y la familia. Se trata, pues, de ofrecer un contenido acadmico profundo y peculiar, dirigido especficamente a las familias, que son las protagonistas y las organizadoras del encuentro.

Deseo, desde estas lneas, animaros a vivir esta experiencia, desde la certeza de los frutos que est produciendo en tantas otras familias, y encomendndola ya desde ahora a la Virgen, Reina de la Familia, en este ao santo compostelano.

Los detalles ms concretos del encuentro, podris encontrarlos en el boletn de inscripcin que os adjuntamos. Si tenis cualquier otra cuestin, no dudis en contactar con la Secretara. Un cordial abrazo en Cristo

En aquel tiempo, dijo Jess a sus discpulos: Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendris recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipcritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.

T, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; as tu limosna quedar en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagar.

Cuando recis, no seis como los hipcritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.

T, en cambio, cuando ayunes, perfmate la cabeza y lvate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que est en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensar.

T, Seor, me llamas al amor, a amar sin medida, como t. Un amor que lo abarque todo. Primero a Ti, porque t me has amado primero, has querido hacerte hombre para decirme lo que me amas, hasta dar tu vida, como un padre o una madre, como el mejor amigo. Y as me has invitado a entrar en tu intimidad para experimentar tu amor, para llenarme de l y convertirlo en ofrenda.

Por eso, me urges a dar, no slo cosas, que se dan con relativa facilidad. Me invitas a darme, y eso me cuesta ms, se me hace ms difcil. Y a hacerlo con naturalidad, con sencillez, no para recibir a cambio o para que me adulen, que es lo que muchas veces tengo el riesgo de buscar. Darme, porque as es el amor, como nos lo enseaste t con el tuyo.

Desde ah me invitas a ampliar mis gestos y manifestarlos en su hondura. Ayunar es fcil, hasta es bueno para la salud, pero el ayuno que t me pides de verdad es el ir dejando aquello que no me deja ser yo, frente a m y frente a los dems. Ayunar de aquello que me encierra en mi comodidad, o en mis miedos, o mis seguridades, o mis verdades. Me invitas a descubrir mi propio tesoro, y mi pobreza, y hasta mis vacos, y a quererme desde ah y, en esta pequea y gran realidad que soy yo, apoyar la fuerza de tu amor, que me catapulte en ofrenda de m mismo hacia mis hermanos y hacia Ti.

En esta nueva cuaresma que me regalas, me invitas a entrar en el aposento profundo de mi corazn, para encontrarnos en lo ms profundo de mi intimidad, y as poder proyectarme desde ah con toda la fuerza de tu amor y del mo. Eso se llama conversin, y me gusta, la necesito, y la quiero.

Gracias, Seor, por tu amor. Porque te me has dado. Porque sales cada da a mi encuentro, aunque no lo sienta, para decirme que me quieres. Gracias porque me has hecho capaz de amar. Acompame en esta aventura de cada da. Ensame a Fortalecer mi amor en el tuyo. Dame coraje para repartirlo, y hazme sencillo y humilde para saber recibirlo.

Que esta cuaresma no sea la repeticin, sin ms, de un tiempo litrgico, sino una nueva y maravillosa oportunidad de abrirte mi corazn y dejar que lo modeles un poco ms a tu estilo, y que todos lo puedan experimentar.

nos ofrece el discurso del Papa Benedicto XVI a una delegacin ecumnica de la Iglesia Luterana, procedente de Finlandia, durante su anual peregrinacin a Roma con motivo de la fiesta del patrn fins, San Enrique.

Con afecto saludo a todos los miembros de vuestra delegacin ecumnica, que habis venido a Roma para la celebracin de la festividad de San Enrique. En esta ocasin se conmemora el vigsimo quinto aniversario de vuestra visita anual a Roma. Por lo tanto, con gratitud, quiero recordar cmo estas reuniones han contribuido significativamente al fortalecimiento de las relaciones entre los cristianos en su pas.

El Concilio Vaticano II comprometi a la Iglesia catlica "de forma irrevocable a seguir el camino de la accin ecumnica, ponindose a la escucha del Espritu del Seor, que nos ensea a leer atentamente los 'signos de los tiempos'"(Ut unum sint, 3). ste es el camino que la Iglesia Catlica ha aceptado sin reservas desde entonces. Las Iglesias de Oriente y Occidente, cuyas tradiciones estn ambas presentes en su pas, mantienen una real, aunque todava imperfecta, comunin. Este es un motivo para lamentar los problemas del pasado, pero sin duda es tambin un motivo que nos impulsa a esforzarnos cada vez ms en la comprensin y la reconciliacin, para que nuestra amistad fraternal y el dilogo puedan an florecer en una unidad perfecta y visible en Cristo Jess.

Habis mencionado en vuestra intervencin que la Declaracin Conjunta sobre la Doctrina de la Justificacin, que cumple ahora diez aos, es un signo concreto de la fraternidad reencontrada entre luteranos y catlicos. En este contexto, me complace sealar el reciente trabajo del dilogo entre los luteranos nrdicos y los catlicos en Finlandia y Suecia sobre las cuestiones que se derivan de la Declaracin Conjunta. Es muy de esperar que el texto resultante del dilogo contribuya positivamente al camino que lleva a la restauracin de nuestra unidad perdida.

Una vez ms, me complace expresar mi gratitud por vuestra perseverancia en estos veinticinco aos de peregrinacin conjunta. Ellos demuestran vuestro respeto por el Sucesor de Pedro, as como vuestra buena fe y el deseo de unidad a travs del dilogo fraterno. Rezo fervientemente para que las diversas Iglesias cristianas y comunidades eclesiales que representis puedan basarse en este sentido de la fraternidad mientras perseveran en la peregrinacin conjunta. Sobre vosotros y sobre todos aquellos bajo vuestro cuidado pastoral, me complace invocar las abundantes bendiciones del Dios Todopoderoso.

El P. Timothy Lehane Barret, SVD, Secretario General de la Obra Pontificia de la Propagacin de la fe ha expresado profunda gratitud a todos los Directores Nacionales de las Obras Misioneras Pontificias y a los amigos de las misiones que han expresado su solidaridad con el pueblo de Hait en el trgico terremoto.(Enero 2010)

Deseo expresar nuestro profundo agradecimiento y gratitud a todos ustedes que han escrito en las ltimas dos semanas sobre la situacin del pueblo de Hait. Las agencias de noticias lo han descrito como el peor desastre de los siglos y los equipos de rescate lo describieron como una zona de guerra. Estoy seguro de que en estos das, todos hemos sentido la presencia y la cercana de tantas personas que nos preguntan y esperan ayuda. En verdad, muchos de ustedes han preguntado acerca de la situacin y el paradero de Fr. Clarck de la Cruz, nuestro Director Nacional, y s que algunos de ustedes han intentado ponerse en contacto con l, como he intentado hacer yo mismo. Esto, por supuesto, era imposible ya que las comunicaciones no funcionan correctamente. Finalmente he conseguido noticias de l ayer a travs de nuestros amigos de la oficina nacional de las Antillas y que les gustara compartir con nosotros los ms recientes e-mail que recibieron de Fr. Alain Laverne, el Director de PMS para la dicesis de Nassau (Bahamas), quien l mismo es un haitiano y escribi "Padre Clarke - el Director Nacional de Hait PMS ha sobrevivido al terremoto. Est bien. Por favor, continen orando por el pueblo de Hait. Un milln de gracias. Lamentablemente, sabemos que Su Excelencia, el arzobispo de Port-au-Prince, que era tambin el Presidente de la Comisin Episcopal de Misiones: Mons. Joseph Serge Miot, RIP muri durante el trgico terremoto.

Pero en medio de tantas imgenes de sufrimiento y lgrimas de desesperacin y dolor implacable, en la mampostera cada, desde las vidas y extremidades aplastadas, el mundo se ha movilizado a la fraternidad. As que muchos hablan de la capacidad de resistencia del pueblo haitiano y estoy seguro de que todos nosotros sonriamos y aplaudamos tambin como la pequea Elisabeth, el beb de 18 das que pas 11 de ellos enterrado, fue sacada de los escombros o tal vez aplaudamos tambin con el resto del mundo, como las imgenes de la pequea Kiki de 7 aos de edad con sus dientes torcidos que fueron expuestos a travs de su sonrisa tan amplia como sus brazos extendidos, han brillado en todo el mundo, cuando estaba siendo pasada por los rescatadores a la mano segura de su delgada madre enfermiza. Estas escenas casi bblicas de alegra son como las muchas otras, no transmitidas en los medios de comunicacin, que son experimentadas por nuestros misioneros y voluntarios que trabajan all cada da. Vamos a seguir pidiendo al Seor que bendiga sus esfuerzos y les d fuerza. Su presencia y su trabajo nos dan el aliento y fuerza para continuar esperando que el pueblo pueda all recuperarse de esta terrible tragedia.

Hemos visto el maravilloso espritu de solidaridad y la generosa ayuda que llega de todos los pases que aportan ayuda a las personas que han perdido todo y estoy seguro de que ser un gran consuelo para ellos y para los misioneros saber que toda la comunidad internacional est tomando medidas de tantas maneras concretas. Gracias a esta coordinacin internacional, el pueblo est siendo capaz de dar los primeros pasos hacia la recuperacin de la esperanza al mismo tiempo que llora a sus muertos y descubre las numerosas experiencias de quienes han perdido todo lo que tenan. Con el tiempo, estos diferentes grupos, as como la Iglesia seguirn canalizando la asistencia hacia una mayor labor de reconstruccin. Aqu, en la Oficina Internacional, hemos ayudado desde nuestro Fondo de Emergencia y muchas de nuestras propias oficinas nacionales de PMS tambin participan activamente en esta coordinacin para ayudar en sus propios pases. Como animadores misioneros y Directores Nacionales, sabemos que nos sumamos a esta cruzada fraterna para el largo plazo y vamos a seguir alentando a otros a hacerlo. Esto fue tan elocuentemente expresado hace poco por el Santo Padre Benedicto XVI, que escribi en un mensaje fechado el 16 de enero, enviado al presidente Ren Prval, de Hait, cuando dijo: "La Iglesia catlica, a travs de sus instituciones, ms all de la gran emocin que se ha suscitado, continuar acompaando a aquellos probados por este sufrimiento y, conforme a sus fuerzas, les ayudar a encontrar la posibilidad de un futuro esperanzador. "(Agencia Fides 25/01/2010)

As que vamos a seguir rezando por el bienestar de todos los haitianos y en especial para nuestro hermano Clarck y otros que estn sufriendo an. Nuestra Agencia Fides ha seguido dando la informacin segn la reciba y esta es nuestra agencia oficial.

La bendicin e imposicin de la ceniza se hace despus del evangelio y la homila. Es importante prever previamente cmo se realizar en concreto el rito, y tener preparado todo lo necesario para la bendicin y la imposicin: una mesilla para colocar la ceniza en lugar visible y destacado durante la bendicin, el agua bendita (que no hay que dejar en la misma mesa que la ceniza), un ministro que sostenga el misal...

Nos reunimos hoy para comenzar juntos la Cuaresma. Hoy nos hacemos el propsito de intensificar, a lo largo de estas semanas, el esfuerzo de fidelidad al camino del Evangelio, al camino que se inici con nuestro bautismo.Y para hacerlo nos damos cuenta de que debemos convertirnos. As podremos celebrar con gozo la Pascua del Seor.

(La oracin se dice con las manos extendidas sobre la asamblea y al final se da la bendicin. Si no se dice desde el altar, convendr que alguien le sostenga al celebrante el texto de la oracin).

Infunde propicio, Seor, un espritu de contricin sobre los que se inclinan ante tu majestad, para que merezcan conseguir la recompensa que tu misericordia ha prometido a los que se arrepienten. Por Jesucristo, nuestro Seor.

Como de costumbre, la Agencia Fides publica al final del ao el elenco de los agentes pastorales que han perdido la vida en modo violento durante los ltimos 12 meses. Segn las informaciones que tenemos, en el 2009 han sido asesinados 37 agentes pastorales: 30 sacerdotes, 2 religiosas, 2 seminaristas, 3 voluntarios laicos. Son casi el doble respecto al pasado 2008, y es el nmero ms alto de los ltimos diez aos.

Analizando el elenco por continente, este ao al primer puesto figura, con un nmero extremadamente elevado, AMRICA, baada por la sangre de 23 agentes pastorales (18 sacerdotes, 2 seminaristas, 1 religiosa, 2 laicos), seguida por FRICA, donde han perdido la vida en modo violento 9 sacerdotes, 1 religiosa y 1 laico, ASIA, con 2 sacerdotes asesinados y finalmente por EUROPA, con un sacerdote asesinado.

El conteo de Fides no hace referencia slo a los misioneros ad gentes en sentido estricto, sino a todos los agentes pastorales muertos en modo violento. A propsito no usamos el trmino mrtires, sino en su sentido etimolgico de testigo, para nos entrar en mrito al juicio que la Iglesia podr eventualmente dar sobre algunos de ellos, y tambin por las pocas noticias que, en la mayor parte de los casos, se logran recoger sobre su vida e incluso sobre las circunstancias de su muerte.

Como ha dicho el Santo Padre Benedicto XVI el da de la fiesta del protomrtir San Esteban, el testimonio de san Esteban, como el de los mrtires cristianos, indica a nuestros contemporneos, a menudo distrados y desorientados, en quin deben poner su confianza para dar sentido a la vida. De hecho, el mrtir es quien muere con la certeza de saberse amado por Dios y, sin anteponer nada al amor de Cristo, sabe que ha elegido la mejor parte. Configurndose plenamente a la muerte de Cristo, es consciente de que es germen fecundo de vida y abre en el mundo senderos de paz y de esperanza. Hoy, presentndonos al dicono san Esteban como modelo, la Iglesia nos indica asimismo que la acogida y el amor a los pobres es uno de los caminos privilegiados para vivir el Evangelio y testimoniar a los hombres de modo creble el reino de Dios que viene (ngelus del 26 de diciembre de 2009).

En las pocas notas biogrficas de estos hermanos y hermanas asesinados, podemos leer la entrega generosa y sin condiciones a la gran causa del Evangelio, sin callar la limitacin de la fragilidad humana: es esto lo que los ha unido en la vida y tambin en la muerte violenta, incluso encontrndose en situaciones y contextos profundamente diversos. Para anunciar el amor de Cristo, muerto y resucitado para la salvacin del hombre, testimonindolo en obras concretas de amor a los hermanos, no han dudado en poner cotidianamente su vida en riesgo en contextos de sufrimiento, de pobreza extrema, de tensin, de violencia generalizada, para ofrecer la esperanza de un maana mejor y buscar arrancar tantas vidas, sobre todo jvenes, a la degradacin y al crculo de la mala vida, acogiendo a todos aquellos que la sociedad rechaza y margina.

Algunos han sido vctimas de aquella violencia que estaban combatiendo o de la disponibilidad para ir en ayuda de los dems poniendo en segundo plano su propia seguridad. Muchos han sido asesinados en intentos de robo y de secuestro, sorprendidos en sus habitaciones por bandidos en bsqueda de irreales tesoros, y que la mayora de las veces se han tenido que contentar con un coche viejo o con el telfono celular de las vctimas, llevndose sin embargo el tesoro ms precioso, una vida donada por Amor. Otros han sido eliminados slo porque en el nombre de Cristo oponan el amor al odio, la esperanza a la desesperacin, el dilogo a la contraposicin violenta, el derecho al abuso.

Recordar los muchos agentes pastorales asesinados en el mundo y rezar por ellos es un deber de gratitud de toda la Iglesia y un estmulo para cada uno de nosotros a testimoniar de modo cada vez ms valiente nuestra fe y nuestra esperanza en Aquel que en la cruz venci para siempre el poder del odio y de la violencia con la omnipotencia de su amor (Benedicto XVI, Regina Coeli, 24 de marzo de 2008).

A este elenco provisional redactado anualmente por la Agencia Fides, debe aadirse siempre la larga lista de aquellas personas de las que quizs nunca se tendr noticia, que en cada ngulo del planeta sufren y pagan incluso con la vida su fe en Cristo. Se trata de aquella nube de soldados desconocidos de la gran causa de Dios segn la expresin del Papa Juan Pablo II a quienes miramos con gratitud y veneracin, incluso sin conocer sus rostros, y sin los cuales la Iglesia y el mundo seran muchsimo ms pobres.

Los 23 agentes pastorales cados en Amrica (18 sacerdotes, 2 seminaristas, 1 religiosa, 2 laicos) han sido asesinados en Brasil, Colombia, Mxico, Cuba, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala y Honduras.

Son 6 los sacerdotes asesinados en Brasil, un nmero sin duda elevado, tanto que el Consejo Episcopal de Pastoral de la Conferencia Episcopal Brasilera, al final de su ltima reunin del ao, ha publicado una preocupada declaracin sobre la creciente ola de violencia en el pas contra los sacerdotes: la Iglesia catlica en Brasil se siente profundamente golpeada e indignada ante la violencia contra sus hijos cuya vida ha sido truncada. Reafirmamos que nada justifica la violencia!.

Entre los sacerdotes asesinados en Brasil figuran el espaol Ramiro Ludea, conocido como padre Ramiro, que trabajaba desde hace 34 aos en una asociacin de ayuda a los nios y muchachos de la calle, y que fue asesinado justamente por un joven de 15 aos para robarle. El misionero Fidei donum italiano don Ruggero Ruvoletto, asesinado en su parroquia, de donde fueron robados cincuenta reales (cerca de 19 euros). Don Evaldo Martiol, asesinado por dos jvenes, vctima de un robo terminado en homicidio. Su mtodo de evangelizacin era la amistad, record el Obispo durante los funerales. El p.

Gisley Azevedo Gomes, CSS, Asesor nacional de la Seccin Jvenes de la Conferencia Episcopal Brasilera (CNBB), asesinado por algunos jvenes que primero le robaron. En modo deplorable afirmaron los Obispos ha sido vctima de esa violencia que deseaba combatir.

Colombia, con 5 sacerdotes y 1 laico asesinados, se encuentra al segundo puesto. Todos los sacerdotes han sido vctimas de robos terminados en modo trgico: los dos sacerdotes redentoristas, el p. Gabriel Fernando Montoya Tamayo y el p. Jess Ariel Jimnez, han sido asesinados por un hombre que entr en su casa, muy probablemente buscando dinero, asesinndolos a los dos mientras estaban conectados a Internet. El cuerpo sin vida de don Oscar Danilo Cardozo Ossa fue encontrado en la cannica de la parroquia, y en el lugar se encontraron tambin una mordaza y algunas cuerdas. Tambin don Emiro Jaramillo Crdenas fue asesinado durante la noche en su habitacin, mientras don Juan Gonzalo Aristizbal Isaza, fue encontrado asesinado al interno de su automvil, abandonado en la autopista regional. A ellos se suma el laico Jorge Humberto Echeverri Garro, profesor y agente pastoral, comprometido como catequista y en la Pastoral Social por la paz y la convivencia, asesinado por un grupo de guerrilleros durante una reunin en el que se discuta de algunos proyectos de la Iglesia.

En Mxico han sido asesinados un sacerdote y dos seminaristas: mientras se dirigan a una reunin de pastoral vocacional, su vehculo fue alcanzado por otro, y obligados a bajar fueron asesinados con armas de fuego. El Arzobispo de Acapulco seal que en esa regin del pas prevalece la lgica de resolver todo con la pistola, la lgica del arreglo de cuentas, del esparcimiento de sangre, mientras las fuerzas armadas no logran controlar el narcotrfico y la violencia.

Particular conmocin suscit la muerte violenta en Cuba de dos sacerdotes espaoles: don Eduardo de la Fuente Serrano, muerto despus de haber sido acuchillado en una calle de la periferia de la capital, y don Mariano Arroyo Merino, asesinado en su parroquia. Su cuerpo haba sido esposado, amordazado y parcialmente quemado.

Dos vctimas en El Salvador, un sacerdote y un joven laico: el cuerpo sin vida del redentorista salvadoreo p. Leopoldo Cruz fue encontrado algunos das despus de la su desaparicin en un canal de una zona rural de San Salvador. El joven William Quijano, de la Comunidad de San Egidio, fue asesinado con arma de fuego por una de las tantas pandillas violentas organizadas que pagan a los jvenes pobres en las periferias de Centroamrica. Desde hace cinco aos William trabajaba en la Escuela de la Paz para los nios pobres del vecindario de Apopa, en los suburbios de la capital.

La nica religiosa asesinada en el continente e Sor Marguerite Bartz, de las Hermanas del Santsimo Sacramento para los Indios y los Negros (SBS), asesinada en su convento de Saint Berard, en la zona de los Navajos, en Nuevo Mxico (USA). La religiosa era conocida por ser una mujer desde siempre apasionada por la bsqueda de la justicia y de la paz. Siempre en los Estados Unidos, don Ed Hinds, prroco de la iglesia de San Patricio en Chatham, en New Jersey (USA), fue encontrado muerto en el Rectorado adyacente a la iglesia, cubierto por numerosos traumas y heridas provocadas por un arma blanca.

En Guatemala encontr la muerte el p. Lorenzo Rosebaugh, de los Misioneros Oblatos de Mara Inmaculada (OMI), asesinado en un asalto en un camino rural, mientras se diriga con otros sacerdotes a una reunin pastoral. Dos hombres armados con fusil y con el rostro cubierto detuvieron el automvil y, despus de haber despojado a los misioneros de lo que tenan, dispararon asesinando al p. Rosebaugh.

Finalmente fue encontrado muerto en una provincia de la parte oriental de Guatemala el sacerdote capuchino guatemalteco, p. Miguel ngel Hernndez, desde hace cuatro aos responsable de una parroquia de Ocotepeque (Honduras), quien haba sido secuestrado algunos das antes.

En la martirizada Repblica Democrtica de Congo, donde la Iglesia y la poblacin local son objeto desde hace tiempo de brutalidades y continuas violaciones de los derechos humanos, han encontrado la muerte 2 sacerdotes, 1 religiosa y 1 laico de la Caritas. Tanto don Jean Gaston Buli cuanto don Daniel Cizimya Nakamaga fueron asesinados por desconocidos que entraron durante la noche en su habitacin, muy probablemente para robar, respectivamente en Bunia y Kabare. Sor Denise Kahambo Murahirwa, monja trapense, fue asesinada por hombre armados en uniforme que entraron en el monasterio de Notre Dame de la Clart en Murhesa, a 20 kilmetros de Bukavu, que huyeron sin robar nada. El joven congols Ricky Agusa Sukaka, trabajador de la Caritas, fue asesinado en Musezero, en Kivu del norte, por dos hombres que vestan uniformes del ejrcito.

Tambin en Sudfrica fueron asesinados 4 sacerdotes. Don Daniel Matsela Mahula, de la dicesis de Klerksdorp, fue asesinado por cuatro bandidos mientras manejaba su auto. Don Lionel Sham, 66 aos, prroco de Mohlakeng (arquidicesis de Johannesburgo, Sudfrica), fue asesinado luego de haber sido secuestrado de su casa. El cuerpo del Padre Ernst Plchl, de la Congregacin de los Misioneros de Mariannhill, en Sudfrica desde haca ms de 40 aos, fue encontrado en la aislada estacin misionera de Maria Zell. Tambin el Padre Louis Blondel, de los Misioneros de frica (Padres Blancos), fue asesinado en la noche por algunos jvenes que entraron en la habitacin de los misioneros.

En Kenya han sido asesinados el p. Giuseppe Bertaina, de los Misioneros de la Consolada, atacado por algunos malvivientes en el Instituto de Filosofa de los Misioneros de la Consolada, en Nairobi, del que era rector y administrador, quienes lo golpearon, ataron y amordazaron, provocndole la muerte por insuficiencia respiratoria, y el p. Jeremiah Roche, de la Sociedad de San Patricio para las Misiones Extranjeras, cuyo cadver fue encontrado con las manos atadas y con heridas de machete en la cabeza.

Un gesto de altruismo le cost la vida a don Rvocat Gahimbare, en Burundi: sabiendo del asalto al monasterio de las hermanas Bene Maria, se dirigi en ayuda a las religiosas, pero los bandidos le tendieron una emboscada en el camino, asesinndolo.

Dos han sido los sacerdotes asesinados en Asia en el 2009. En India don James Mukalel fue encontrado muerto en los alrededores de Mangalore, estado de Karnataka, en India meridional, probable vctima de violencia anticristiana, dado que en precedencia en el rea verificaron algunos casos de ataques de integralistas. En Filipinas don Cecilio Lucero, defensor de los ms dbiles y comprometido en la tutela de los derechos humanos, ha sido asesinado por un grupo de hombres armados, en la provincia de Samar del Norte, al sur de la capital, Manila.

El nico sacerdote asesinado de quien se tiene noticia es don Louis Jousseaume, agredido y asesinado en la cannica de Egletons, dicesis de Tulle (Francia), donde era prroco. Comprometido en el mundo de los discapacitados, fue asesinado justamente por uno de aquellos marginados desequilibrados de quienes se ocupaba.

P. Giuseppe Bertaina, italiano, de los Misioneros de la Consolada, fue asesinado la maana del 16 de enero de 2009, en su oficina en Langata, en el Instituto de Filosofa de los Misioneros de la Consolada, en Nairobi, capital de Kenya. El p. Bertaina era rector y administrador del Instituto. Algunas personas entraron a escondidas al instituto durante el horario de las lecciones, mientras los estudiantes y los profesores estaban en las aulas. Los delincuentes sorprendieron al p. Giuseppe, lo golpearon, ataron y amordazaron, provocndole la muerte por insuficiencia respiratoria. El p. Bertaina, ordenado sacerdote en 1951, se encontraba en Kenya desde los aos 60. Siempre llev a cabo su misin en el pas, menos durante un perodo en Sudfrica donde se dirigi por motivos de estudio. Los homicidios con el fin de robo son un fenmeno en continuo crecimiento y afectan con alarmante frecuencia tambin a los institutos religiosos y a las dems obras de la Iglesia.

El cuerpo sin vida del sacerdote espaol Eduardo de la Fuente Serrano, fue encontrado la maana del 14 de febrero de 2009, en una zona al noroeste de La Habana (Cuba). Segn las investigaciones, el sacerdote habra muerto luego de un acuchillamiento, sufrido en una calle en la periferia de la capital. Su coche fue encontrada en el distrito de Bauta, a unos 20 kilmetros del lugar en el que fue abandonado su cuerpo. El sacerdote, de 61 aos, era nativo de Guadalix de la Sierra, en la provincia de Madrid (Espaa), y desde hace tres aos trabajaba en Cuba como Prroco en la Iglesia de Santa Clara de Ass, donde se dedicaba sobre todo a obras humanitarias. El testimonio de quienes lo conocieron ponen en evidencia su atencin con todos: los nios, los ancianos, y en modo particular los adolescentes y los jvenes, que haba involucrado en un vivo y comprometido grupo parroquial. A travs de un intenso y concreto trabajo pastoral haba logrado dar de nuevo vida a una comunidad que senta la falta de un sacerdote permanente desde hace aos. Don Eduardo, que en Madrid serva pastoralmente en la Parroquia del Rosario en el vecindario de Carabanchel, comenz a trabajar en La Habana hace diez aos, cuando todos los aos, en el mes de julio, se diriga para reemplazar a un sacerdote. Luego decidi transferirse definitivamente hace tres aos, sobre todo para ayudar a las personas ms necesitadas.

Don Juan Gonzalo Aristizbal Isaza, sacerdote colombiano de 62 aos, fue asesinado el 22 de febrero de 2009: su cadver fue encontrado al interno del automvil de su propiedad, abandonado en la autopista regional, cerca de la Universidad de Antioquia. El sacerdote era prroco de la parroquia San Juan Apstol y capelln del Hotel Intercontinental de Medelln (Colombia). Adems se distingua por su espritu de caridad hacia los ms necesitados, su dedicacin pastoral, su inteligencia y entrega a los dems. Nacido en Medelln en 1946, Don Juan Gonzalo Aristizbal Isaza fue ordenado presbtero el 10 de junio de 1973. Graduado en Educacin, haba conseguido tambin el ttulo de psiclogo y de maestro en orientacin psicolgica. Despus de su ordenacin sacerdotal ocup diversos cargos pastorales en las parroquias y en diversos institutos escolares como capelln, asimismo fue rector de la Escuela Ozanam y Capelln del Gobierno de Antioquia (1993-1996). Desde el 2 de febrero de 2006 era prroco de San Juan Apstol.

Don Daniel Matsela Mahula, de la dicesis de Klerksdorp (Sudfrica), fue asesinado mientras manejaba su coche, por cuatro bandidos de la calle, cerca a Bloemhof, el 27 de febrero de 2009. Nacido el 6 de junio de 1975 fue ordenado sacerdote el 22 de diciembre de 2002. Llevaba a cabo su servicio en la Peters Catholic Church de Jouberton.

Don Lionel Sham, 66 aos, prroco de Mohlakeng (Arquidicesis de Johannesburgo, Sudfrica), fue asesinado el 7 de marzo de 2009, despus de haber sido raptado de su casa en Mohlakeng. El cuerpo fue recuperado por la polica el domingo 8 de marzo, pocas horas despus de la desaparicin del sacerdote de su parroquia. El p. Sham Lionel era conocido por ser abierto con todos y generoso con las personas en necesidad.

El domingo 8 de marzo fue asesinado don Rvocat Gahimbare, prroco de la parroquia de Karuzi, en Burundi. El sacerdote fue asesinado por 4 bandidos disfrazados de policas que haban robado el monasterio de las Hermanas Bene Maria. Habiendo sabido del asalto, don Gahimbare se dirigi en auxilio a las religiosas, pero los bandidos le tendieron una emboscada por la calle. El sacerdote fue alcanzado por una bala que lo mat.

Dos sacerdotes redentoristas, el padre Gabriel Fernando Montoya Tamayo (40 aos) y el padre Jess Ariel Jimnez (45 aos), fueron asesinados las noche del 16 de marzo de 2009 en el municipio de La Primavera (Vichada), en Colombia. Los trgicos eventos se realizaron en el sector de La Pascua, jurisdiccin del municipio La Primavera, en el departamento de Vichada, a ms de 500 kilmetros de Bogot y en la frontera con Venezuela. El doble crimen fue cometido por un hombre que la tarde del 16 de marzo entr en la casa de los sacerdotes en el Colegio de La Pascua, muy probablemente buscando dinero, asesinndolos a los dos con un arma de fuego mientras estaban conectados a Internet. El p. Gabriel Fernando Montoya era desde hace siete aos director del Colegio y estaba por pasar el cargo al p. Jess Ariel Jimnez, que haba llegado hace poco tiempo como responsable.

El sacerdote espaol Ramiro Ludea, 64 aos, fue asesinado el 20 de marzo de 2009 en Recife, al nordeste de Brasil, donde trabajaba desde hace 34 aos en una asociacin de ayuda a los nios de la calle. Segn las informaciones difundidas por la polica, don Ludeo fue asesinado con un tiro de fusil mientras sala con su vehculo de un estacionamiento. El disparo lo alcanz en el brazo y le perfor el trax. La polica detuvo a un joven de 15 aos que confes el crimen y se encontr tambin el arma utilizada. El adolescente explic que quera robar al sacerdote mientras se encontraba en su automvil, y dispar porque pens que estaba buscando un arma para defenderse. El sacerdote espaol, originario de Toledo, resida en Brasil desde hace 34 aos y trabajaba con el Movimiento de Apoyo a los Meninos da Rua (Mamer), dirigido a adolescentes de la localidad de Jaboatao dos Guarapes, en el rea metropolitana de Recife. Segn los amigos del religioso, don Ludeo era muy afectuoso y querido por todos, y no haba nunca recibido amenazas. Lo describen como un hombre tranquilo, pero enrgico y determinado cuando se trataba de defender la Ong. Era un sacerdote dotado de una gran sensibilidad social, que trataba de arrancar a los nios y adolescentes de la pobreza y de la tentacin de entrar en la criminalidad.

El sacerdote estadounidense Lorenzo Rosebaugh, de 74 aos, de los Misioneros Oblatos de Mara Inmaculada (OMI), fue asesinado en Guatemala el 18 de mayo de 2009 luego de un asalto en el Parque Nacional Laguna Lachu, en Alta Verapaz, una comunidad rural en el norte de Guatemala, a lo largo de un camino de campaa que une la comunidad de Chisec con Ixcn. Dos hombres armados con fusil y con el rostro cubierto detuvieron el automvil del p. Rosebaugh en la que viajaban otros cuatro sacerdotes, todos Misioneros Oblatos de Mara Inmaculada (OMI), quienes se dirigan a Laguna Lachu para una reunin. Despus de haberles quitado sus posesiones, los delincuentes dispararon contra los religiosos, matando al p. Rosebaugh e hiriendo gravemente al p. Jean Claude Nowama, originario de la Repblica Democrtica de Congo, mientras los otros dos salieron ilesos del atentado. A los sacerdotes les robaron dinero, un celular y objetos litrgicos. El p. Rosebaugh estaba en Guatemala desde 1993. Fue prroco en Chicaman, una parroquia de montaa poblada por los Maya, y luego en la comunidad de Ixcn, una regin al norte del pas, conocida por la alta concentracin de criminalidad, donde permaneci hasta el 2000. Despus de haber regresado a la patria para asistir a su madre, regres a Guatemala en el 2005, ocupndose de los enfermos, de los pobres y de los encarcelados.

Padre Ernst Plochl, austriaco de 78 aos, de la Congregacin de los Misioneros de Mariannhill fue asesinado en la provincia Sudafricana del Cabo. El cuerpo del misionero, en Sudfrica desde hace ms de 40 aos, fue encontrado la maana del domingo 31 de mayo de 2009, en la aislada estacin de misin de Mara Zell. Al principio, las autoridades locales haban dicho que el misionero fue asesinado con arma de fuego, despus que haba sido estrangulado. P. Ploechl diriga una escuela de 400 alumnos en Matatiele, una ciudad al sur del pas. P. Ploechl naci en Neumarkt im Mhlkreis en el distrito Austriaco de Freistadt, donde conservaba fuertes lazos y era admirado por su compromiso con los pobres.

Jorge Humberto Echeverri Garro, de 40 aos, profesor y agente de pastoral, el 11 de junio de 2009 se encontraba en Colonos, Panam de Arauca (Colombia), para asistir a una reunin de Pastoral Social centrada en proyectos de la Iglesia en la zona a favor del fortalecimiento de la Comunidad, de acuerdo con Caritas Alemania. Durante la reunin, un grupo de guerrilleros invadieron el centro de la ciudad y se dirigieron al lugar de la reunin donde, sin dar ninguna explicacin, asesinaron a tiros al docente.

Segn el comunicado emitido por Monseor Hctor Fabio Henao Gaviria, director del Secretariado Nacional de Pastoral Social, Jorge Humberto, adems de ser reconocido por su liderazgo tambin era catequista y miembro de la red de docentes en el mbito de otra propuesta de Pastoral Social con los Centros Educativos Gestores de Paz y Convivencia, que se desarrolla en esta zona, de acuerdo con ACNUR.

El sacerdote mexicano Habacuc Bentez Hernndez, de 39 aos, y los jvenes seminaristas de Oregn, Eduardo Bentez, de 19, y Silvestre Gonzlez Cambrn, 21, ambos de Ajuchitln (Guerrero), fueron asesinados mientras se dirigan a una reunin de pastoral vocacional, la noche del sbado, 13 de junio de, 2009, en el municipio de Arcelia, en Tierra Caliente (Guerrero). El sacerdote era coordinador de pastoral vocacional en la Dicesis de Ciudad Altamirano (Mxico). Segn la reconstruccin de la polica, el sacerdote y los seminaristas recibieron varios disparos efectuados por algunas personas en torno a las siete de la tarde del Sbado, 13 de junio mientras viajaban a bordo de una furgoneta. Estaban conduciendo por una de las calles centrales de Arcelia, cuando de repente otro vehculo lleg hasta ellos, les hicieron bajar de la furgoneta y les dieron varios disparos. El arzobispo de Acapulco, Mons. Felipe Aguirre Franco, seal que en esa regin se trata de resolver todo con un arma, con la lgica del ajuste de cuentas, del derramamiento de sangre. Al mismo tiempo, las fuerzas armadas no son suficientes para resolver el problema global del trfico de drogas y la violencia.

El 15 de junio de 2009 fue asesinado P. Gisley Azevedo Gomes, CSS, 31 aos, Asesor nacional de la Seccin de Juventud de la Conferencia Episcopal de Brasil (CNBB). El cuerpo del sacerdote fue encontrado al da siguiente, 16 de junio, cerca de Brazlandia, ciudad satlite de Brasilia (DF), dentro de su automvil; tena un tiro en la cara y dos en la cabeza. La polica arrest a algunos jvenes, autores del crimen: subieron a su coche, primero le robaron y luego lo asesinaron. Originario de Morrinhos, p. Gisley haba entrado en la Congregacin de los Sagrados Estigmas de Nuestro Seor Jesucristo, y haba sido ordenado sacerdote en mayo de 2005.

Era Asesor nacional de la Seccin de Juventud de la CNBB desde hacia dos aos. Comprometido con los jvenes, organizaba conjuntamente la Pastoral Juvenil de Brasil, la Campaa Nacional sobre el tema juventud en marcha contra la violencia. De forma deplorable - han dicho los obispos - ha sido vctima de la violencia que quera combatir.

Don Mariano Arroyo Merino, originario de Espaa, 74 aos, fue encontrado muerto en su parroquia en el Santuario de Nuestra Seora de la Regla en Cuba, el 13 de julio de 2009. El cuerpo del sacerdote fue encontrado por los bomberos en torno a las 6:10 de la maana (hora local), despus de que el vigilante nocturno haba visto salir humo de la parroquia. Los homicidas apualaron al P. Arroyo y luego le prendieron fuego. Su cuerpo estaba esposado, amordazado y parcialmente quemado. El sacerdote haba prestado servicios en Cuba durante los ltimos 12 aos en la zona residencial de la Avana, desarrollando un intenso trabajo pastoral y desplegando un particular carisma hacia la religiosidad popular y el sincretismo religioso. D. Mariano Arroyo naci el 20 de febrero de 1935, en Cabezn de la Sal , Cantabria (Espaa). Fue ordenado sacerdote el 17 de abril de 1960. Poco despus, en 1962, parti como misionero a Santiago de Chile, donde permaneci hasta 1968. De 1969 a 1979 trabaja nuevamente en Madrid, Espaa, como prroco y formador del Seminario. En 1980 regres a Chile, y prest servicio en varias parroquias de la dicesis de Copiap. Lleg a La Habana el 19 de enero de 1997. En marzo siguiente, fue nombrado prroco de Nuestra Seora del Pilar, en La Habana , y en diciembre de 2004, Rector y prroco del Santuario Nacional de Nuestra Seora de Regla. Era tambin asesor del Movimiento de Trabajadores Cristianos y director del Instituto de ciencias religiosas Padre Flix Varela. El Padre Arroyo perteneca a la Obra Cooperacin Sacerdotal Hispano-Americana (OCSHA)

El joven congoleo Ricky Agusa Sukaka, 27 aos, agente de Caritas, fue asesinado en la tarde del 15 de julio de 2009 en Musezero en el norte de Kivu, Repblica Democrtica del Congo. Segn una reconstruccin del crimen, el joven, que trabajaba desde hacia un ao como ingeniero agrnomo en un proyecto de Secours Catholique-Caritas France, fue abordado por dos hombres vestidos con uniformes del ejrcito mientras regresaba a su casa. Posteriormente se encontr su cadver, al cual haban robado la camisa que llevaba puesta de Secours Catholique y la cartera. Caritas Internacional ha condenado el brutal asesinato de un joven que trabajaba con valenta en una zona de guerra para ayudar a otros a reconstruir sus vidas.

Don James Mukalel, 39 aos, fue encontrado muerto en los alrededores de Mangalore, estado de Karnataka, en India meridional. Su cadver ha sido encontrado en el campo por algunos parroquianos, el 30 de julio de 2009, despus de que el joven sacerdote no haba regresado a su parroquia, en la dicesis siro-malabar de Belthangady. El 29 de julio, en las horas inmediatamente antes de la muerte, el sacerdote, segn los normales compromisos pastorales, haba visitado algunas familias, almorzado en un convento, celebrado un funeral. Segn las hiptesis, podra tratarse de un caso de violencia anticristiana, dado que el ao pasado en el rea se verificaron algunos casos de ataques de integralistas.

El cuerpo sin vida del redentorista salvadoreo p. Leopoldo Cruz, quien estaba desaparecido desde mitad de Agosto, fue encontrado muerto el 24 de agosto en un canal de una zona rural de El Salvador. El cuerpo estaba ya en proceso de descomposicin, por lo cual resulta difcil establecer con certeza las causas de la muerte. Sin embargo, das despus, fue arrestado un joven encontrado mientras manejaba el automvil del Padre Cruz

Don Cecilio Lucero, filipino de 48 aos, fue asesinado el 6 de setiembre, por un grupo de hombres armados en la provincia de Samar del Norte, al sur de la capital Manila (Filipinas). Segn fuentes de la polica local, el sacerdote viajaba en su auto cuando fue detenido por unas 30 personas que hicieron fuego asesinndolo al instante. Otras dos personas que estaban con l en el vehculo fueron gravemente heridas. D. Lucero, prroco de la ciudad de Catubig, era considerado por todos un defensor de los ms dbiles y un activista a favor de los derechos humanos. Era responsable de la Comisin por los Derechos Humanos de la dicesis de Catarman, a la que perteneca, y haba comenzado varias iniciativas y proyectos en defensa de los pobres, denunciando abusos de poder. Tena adems algunos parientes involucrados en la poltica en la provincia de Samar del Norte. Este hecho, segn los investigadores, podra estar relacionado al homicidio: una especie de venganza o de advertencia trasversal de tipo poltico. En la regin de Samar del Norte son numerosos los homicidios de polticos, periodistas, agentes sociales y pastorales que osan alzar la voz para defender los derechos humanos de las categoras ms dbiles o acusar de corrupcin a los potentes.

Don Ruggero Ruvoletto, misionero Fidei donum italiano, de 52 aos, fue asesinado el 19 de setiembre de 2009, en su parroquia dedicada al Sagrado Corazn de Mara en Santa Etelvina, barrio perifrico de Manaus (Brasil). El dicono de la parroquia, odos los disparos, corri y encontr el cuerpo sin vida de don Ruggero, arrodillado cerca a la cama, con la cabeza reclinada, golpeado en la nuca por un proyectil. Por testimonios recogidos en el lugar, parece que robaron unos cincuenta reales (unos 19 Euro), dejando mucho ms dinero en la habitacin. Don Ruggero Rivoletto naci en Galta di Vigonovo el 23 de marzo de 1957, provincia de Venecia, dicesis de Padua. Fue ordenado sacerdote en 1982. Despus de haber estudiado eclesiologa en Roma, entr de nuevo en la dicesis en agosto de 1994, donde se ocup por un ao de Pastoral social y del trabajo, siendo luego nombrado Director del Centro Misionero Diocesano, cargo que ocup de 1995 a 2003. El 6 de julio de 2003 parti hacia Brasil, como misionero fidei donum, en la dicesis de Itagua en Mangaratiba. Al ao siguiente particip en un proyecto de presencia misionera en la periferia de Manaus, querido por las dicesis locales. Un lugar de confn entre la ciudad y la selva en donde la criminalidad es particularmente agresiva. El mismo don Ruggero haba participado recientemente a una manifestacin para pedir mayor seguridad.

Un sacerdote de 33 aos, don Evaldo Martiol, de la dicesis de Cacador (Brasil), fue asesinado en Santa Catalina la tarde del 26 de septiembre de 2009 por dos jvenes, de 21 y 15 aos, to y sobrino respectivamente. El sacerdote fue victima de un robo que termino en homicidio. En efecto, despus de haber dejado la capilla y de haber pasado por casa de otro sacerdote, don Evaldo dio un pasaje en su coche a dos jvenes que lo asesinaron. Al da siguiente, la polica identific a los criminales, que tenan todava consigo el coche, el telfono mvil y los documentos del sacerdote. Ambos confesaron e indicaron el lugar donde encontrar el cuerpo del sacerdote. 5 kilmetros a las afueras de la zona urbana de Cacador, con cuatro disparos. Don Evaldo, original de Timb Grande, fue ordenado sacerdote el 26 de abril del 2003. Su mtodo de evangelizar fue la amistad record el Obispo diocesano, Mons. Luiz Carlos Eccell, durante los funerales celebrados en la Catedral en la que el sacerdote trabaj, y que estaba llena de fieles compadecidos y adolorados, porque padre Evaldo fue un hijo muy amado que hizo amistad con todos.

El cuerpo sin vida del padre Oscar Danilo Cardozo Ossa ha sido hallado en la casa parroquial de la parroquia San Luis Mara de Montford en Villavicencio (Colombia), la cual era prroco desde el 2003, en la tarde del domingo 27 de septiembre de 2009. Algunos feligreses viendo que el sacerdote no llegaba para celebrar la Santa Misa vespertina, fueron a buscarlo a la casa parroquial y encontraron su cuerpo sin vida. Segn cuanto han comunicado las autoridades de la polica, no se encontraron seales de rotura o fuerce, por lo que muy probablemente los asesinos eran conocidos del sacerdote. En el lugar se encontraron una maleta y algunas cuerdas. Padre Oscar Danilo Cardozo naci el 7 de abril de 1952 en Toro (Valle). Fue ordenado sacerdote el 10 de junio de 1983. Ha sido Vicerrector del seminario menor San Po X en Restrepo, Vicario Cooperador de San Jos Obrero, fundador y prroco de la Parroquia Mara Auxiliadora, Capelln de la Colonia penal de Acacias, Prroco de Nuestra Seora del Perpetuo Socorro barrio la Grama, San Jos Obrero del barrio Nuevo Ricaute, San Lus Mara de Montfort (desde 2003), y delegado archidiocesano para la emisora y el peridico Eco Llanero

El joven William Quijano, 21 aos, de la comunidad de San Egidio en San Salvador, ha sido asesinado con varios disparos mientras regresaba a casa la tarde del 28 de septiembre de 2009. Los asesinos formaban parte de una de esas bandas violentas organizadas que alistan a los jvenes pobres de las periferias de Centro Amrica. Desde hacia cinco aos William estaba comprometido en la Escuela de la Paz con los nios pobres del barrio de Apopa, en los suburbios de la capital. Su vida pacfica y buena, al servicio de los jvenes y los ms necesitados era conocida y representaba una alternativa a las bandas.

El cuerpo del Rev. P. Ed Hinds, prroco de la Iglesia de San Patricio en Chatham, en New Jersey, fue encontrado el sbado por la maana, 24 de octubre 2009, a 10 millas aproximadamente de distancia de Newark, en la cocina del rectorado adyacente a la Iglesia, con numerosos traumas y heridas provocadas por arma blanca. En la maana del sbado, poco despus de las 8, un dicono y una persona de mantenimiento fueron a buscarlo, ya que no se haba presentado para la Misa de la maana, descubriendo as el asesinato. El sacerdote, de 61 aos, haba sido visto por ltima vez la tarde precedente, en torno a las 23 horas, durante un encuentro comunitario en los locales de la rectora, y estaba bien. Muy comprometido en el sostenimiento a los marginados, el sacerdote era considerado el alma y corazn de la comunidad de San Patricio, donde fue prroco por 7 aos.

D. Luis Jousseaume, sacerdote de la dicesis de Luon (Francia) ha sido atacado y asesinado en la noche del 26 de octubre de 2009 en la casa parroquial de Egletons, dicesis de Tulle, donde era prroco desde 1981, as como capelln del movimiento Chrtien en monde rural ( CMR) y responsable de la Pastoral litrgica y sacramental. El sacerdote con 70 aos recin cumplidos, desde hacia ms de 40 prestaba servicios pastorales en la dicesis de Tulle, donde entre otras cosas haba sido capelln del instituto Breeve y comprometido en el mundo de la discapacidad. De cuantos le conocan fue descrito como un hombre carioso, abierto, que haba pasado toda su vida bajo el signo del Evangelio, ocupndose especialmente de los ms pobres y los ms dbiles, especialmente discapacitados. Uno de estos marginados desequilibrado lo atac y mat.

Sor Marguerite Bartz, 64 aos, de las Hermanas del Santsimo Sacramento para los Indios y los Negros (SBS), con sede en Bensalen, Pensilvania, fue asesinada en su convento de Saint Berard, en la zona de los Navajos, en Nuevo Mjico, el domingo 1 de noviembre. Cuando la religiosa no se present a misa dominical un colaborador fue a buscarla y encontr su cuerpo. Segn el FBI la religiosa fue asesinada en la noche entre el sbado 31 de octubre y la maana del domingo 1 de novembre de 2009. La religiosa era conocida por ser una mujer apasionada desde siempre en la bsqueda de la justicia y de la paz. Sor Marguerite nacin en Plymouth, Wisconsin, en 1945. Entro en la Congregacin de las Hermanas del Santsimo Sacramento (SBS) en 1966, en Beaumont, Texas, y emiti sus votos perpetuos en 1974. Despus de graduarse en Letras y hacer un master en Educacin Religiosa, durante ms de 40 aos, Sor Margarita estuvo en misiones en diferentes lugares. Las Hermanas del Santsimo Sacramento para los Indios y Negros (SBS) fueron fundadas en 1891 por Santa Caterina Drexel (1858-1955) para difundir el mensaje y la vida eucarstica en medio de los Indios y de los afroamericanos.

P. Hidalberto Henrique Guimaraes, de 48 aos, prroco de la Iglesia de la Virgen de las Gracias del municipio de Murici en la periferia de Macei (AL), en Brasil, fue encontrado asesinado el 7 de noviembre de 2009, dos das despus de su desaparicin. El sbado 7 tena programada una Celebracin Eucarstica en la ciudad de Branquinha, pero precisamente a causa de su ausencia un amigo se dirigi a su casa. Al llegar, encontr el cuerpo ensangrentado del sacerdote en el piso de la cocina, con mltiples cortes en todo el cuerpo. P. Hidalberto fue ordenado sacerdote en la iglesia de San Jos, en el barrio de Trapiche, Macei, el 14 de diciembre de 1992. Recientemente se haba licenciado en periodismo. Era muy querido por sus parroquianos (Ver Agencia Fides 10/11/2009; 12/11/2009)

Fue encontrado muerto en una provincia de la parte oriental de Guatemala el sacerdote capuchino guatemalteco P. Miguel ngel Hernndez, 45 aos, desde hacia cuatro aos responsable de una parroquia de Ocotepeque (Honduras) y desaparecido desde hacia das. Fuentes de la polica de Honduras haban comunicado que el P. Hernndez haba sido raptado mientras se diriga a Ocotepeque, a la ciudad oriental de Chiquimula (Guatemala). El cuerpo del sacerdote fue encontrado en un hotel de la ciudad de Esquipulas, a 222 kilmetros aproximadamente al este de la capital, con diversas cuchilladas. Su muerte ocurri el 8 de noviembre de 2009. Los Capuchinos trabajan desde hace muchos aos en la zona fronteriza entre Honduras y Guatemala, donde tienen diversas comunidades. P. Miguel ha sido director de un colegio catlico y era muy amigo de los jvenes. Ha sido definido como un hombre muy dedicado en su trabajo, simple, claro en su predicacin y muy sincero y coherente.

Don Jean Gaston Buli fue asesinado en la noche entre el 9 y 10 de noviembre de 2009 por bandidos armados que entraron en la casa parroquial de Nyakasanza, en Bunia, en Ituri (Repblica Democrtica del Congo). Alrededor de las 2.30 de la maana, los ladrones forzaron la puerta de la oficina e hirieron al sacerdote, que, fue transportando a un hospital cercano, pero que lamentablemente muri poco despus debido a una hemorragia grave. Don Jean Gastn, con 24 aos de sacerdocio, haba sido recientemente nombrado vicario-tesorero de la parroquia de Nyakasanza.

Don Daniel Cizimya Nakamaga, 51 aos, desde hace 12 sacerdote en Bukavu (R.D. Congo) fue asesinado en su parroquia de Kabare el domingo 6 de diciembre de 2009 hacia las dos de la madrugada. Unos desconocidos asaltaron la casa parroquial en la noche, despus de haber roto la reja de una ventana entraron en la casa. Don Daniel trat de refugiarse en su habitacin, pero fue encontrado por los delincuentes y asesinado a sangre fra.

Padre Louis Blondel, de los Misioneros de frica (Padres Blancos), fue asesinado la noche entre el domingo 6 de diciembre y el lunes 7 de 2009, en Diepsloot, una de las poblaciones de Pretoria, en Sudfrica. En la noche, tres jvenes entraron en la casa de los misioneros. Luego de despertar a uno de los hermanos de la comunidad de p. Louis y a otra persona que dorma en la casa, y despus de haberles quitado los telfonos celulares, pidieron abrir la puerta principal de la casa. En ese momento ingres otro joven, quien pregunt si haba otras personas en la casa. Luego se dirigi a la habitacin del P. Louis Blondel, el cual abri la puerta y fue inmediatamente asesinado de un solo disparo. El P. Louis Blondel tena 70 aos y era originario del norte de Francia. Haba enseado filosofa en Tanzania por 15 aos. Desde 1987 se haba transferido a Sudfrica. En junio del 2009 haba terminado su segundo mandato como Superior de la Provincia de frica Austral (Malawi, Mozambique y Sudfrica) de los Padres Blancos. Ense filosofa en el Saint Peters Seminary, Hammanskraal. Luego de fundar Cordis, un centro Emmaus, y de haber trabajado en el desarrollo de Orange Farm, una inmensa poblacin de Johannesburgo, en el 2008, el P. Blondel se haba trasladado a Diepsloot, otra poblacin de cerca de 300 mil personas que se encuentra entre Johannesburg y Pretoria. En Diepsloot, el P. Bondet abri una nueva parroquia.

En la tarde del 7 de diciembre de 2009 fue asesinada la hermana Denise Kahambu Muhayirwa, de 44 aos, monja trapense, por hombres armados en uniforme, que haban entrado en el monasterio de Notre Dame de la Clart en Murhesa, a 20 kilmetros de Bukavu, en el territorio de Kabare, en Repblica Democrtica del Congo. La monja, responsable de la recepcin y acogida del monasterio, fue asesinada alrededor de las 20 horas, mientras que, despus de cantar las vsperas en la comunidad, iba a recoger las mesas donde haban comido los invitados de Goma que iban a asistir a la entrada de sus hijas al noviciado al da siguiente, 8 de diciembre. Al notar la presencia de invitados no deseados, la monja ech a correr, gritando para advertir a sus hermanas, perseguida por delincuentes que la dispararon en la pierna, causndole la muerte.

P. Jeremiah Roche, irlandes, de la Sociedad de San Patricio para las Misiones Extranjeras, fue asesinado en la noche del 10 al 11 de diciembre de 2009 or algunos desconocidos que entraron en su casa en Kericho, a 250 kilmetros de Nairobi. (Kenya). El cuerpo del misionario, que vivia solo, fue descubierto por algunos parroquianos alarmados por el hecho que P. Roche no se present para celebrar la Misa de las 6 de la maana. El misionero estaba en su cama con las manos amarradas y con heridas de machete en la cabeza. P. Roche prestaba servicio en Kenia desde 1968, y haca poco tiempo haba terminado una nueva iglesia. Haba promovido diversos proyectos de desarrollo, gracias tambin a su incesante actividad de recoger fondos, apoyada por su familia. Probablemente algunos jvenes del lugar, como narr el comandante de la polica local, habrn pensado que el misionero posea tal vez algn tesoro, introducindose as en su casa para robarlo, episodio que tuvo un trgico desenlace. Robaron ropa que se encontr despus tirada en la calle, un reproductor de CD y el movil.

El sacerdote brasileo don Alvino Broering, 46 aos, ha sido acuchillado al alba del 14 de diciembre en el estado meridional de Santa Catarina (Brasil) por un hombre que despus ha robado su coche, segn la informacin difundida por la polica. El sacerdote, herido por diversas cuchilladas en la espalda, abdomen y cara, ha sido transportado al hospital Marieta Konder Bornhausen, dnde lo han sometido a intervencin quirrgica, pero desaforadamente ha muerto poco despus. Don Alvino era Capelln de la Universidad de Vale do Itajai y director-administrador de la Radio Comunitaria Conceio FM. La radio en el 2010 cumplir 10 aos de vida y padre Alvino haba comenzado ya a hacer los preparativos del aniversario que celebrar. Tambin ha sido miembro de la Academia de Letras de Itajai, y era un sacerdote muy activo en la ciudad y en la regin. Era un sacerdote muy disponible, de carcter jovial, carismtico y querido por todos. (Ver Agencia Fides 15/12/2009)

El sacerdote colombiano Emir Jaramillo Crdenas fue asesinado el domingo 20 de dicembre de 2009 en su casa, ubicada en Santa Rosa de Osos, a unos 74 kilmetros de la ciudad de Medelln. Segn algunos conocidos del sacerdote, que estaba a cargo de la "Capilla de Nuestro Seor de la Humildad", el padre Jaramillo no haba recibido ninguna amenaza contra su vida. Su cuerpo ha sido encontrado por un pariente que, sorprendido por el hecho de que no estaba en la capilla, fue en su busca. La puerta de su apartamento estaba abierta y al entrar ha encontrado el cuerpo del sacerdote con heridas de cuchillo. Don Emiro Jaramillo naci en 1936 y fue ordenado sacerdote en 1966. Desde 1999 trabaj en la capilla dedicada a Nuestro Seor de la Humildad, un lugar rico en historia y espiritualidad, muy frecuentado por los fieles de esta ciudad

1. Al inicio del encuentro en el Templo Mayor de los Judos de Roma, los Salmos que hemos escuchado nos sugieren la actitud espiritual ms autntica para vivir este particular y feliz momento de gracia: la alabanza al Seor, que ha hecho grandes cosas por nosotros, nos ha reunido aqu con su Hsed, el amor misericordioso, y el agradecimiento por habernos dado el don de encontrarnos juntos para hacer ms firmes los vnculos que nos unen y continuar recorriendo el camino de la reconciliacin y de la fraternidad. Deseo expresarle ante todo viva gratitud a usted, Rabino Jefe, doctor Riccardo Di Segni, por la invitacin que me ha dirigido y por las significativas palabras que me ha dirigido. Agradezco tambin a los Presidentes de la Unin de las Comunidades Judas de Italia, abogado Renzo Gattegna, y de la Comunidad Juda de Roma, seor Riccardo Pacifici, por las corteses expresiones que han querido dirigirme. Mi pensamiento va a las Autoridades y a todos los presentes y se extiende, de modo particular, a la comunidad juda romana y a cuantos han colaborado para hacer posible el momento de encuentro y de amistad que estamos viviendo.

Viniendo entre vosotros por primera vez como cristiano y como Papa, mi venerado Predecesor Juan Pablo II, hace casi veinticuatro aos, quiso ofrecer una decidida contribucin a la consolidacin de las buenas relaciones entre nuestras comunidades, para superar toda incomprensin y prejuicio. Este visita ma se insertaen el camino trazado, para confirmarlo y reforzarlo. Con sentimientos de viva cordialidad me encuentro en medio de vosotros para manifestaros la estima y el afecto que el Obispo y la Iglesia de Roma, como tambin la entera Iglesia catlica, nutren hacia esta comunidad y las comunidades judas dispersas por el mundo.

2. La doctrina del Concilio Vaticano II ha representado para los catlicos un punto firme al que referirse constantemente en la actitud y en las relaciones con el pueblo judo, marcando una nueva y significativa etapa. El acontecimiento conciliar ha dado un decisivo impulso al compromiso de recorrer un camino irrevocable de dilogo, de fraternidad y de amistad, camino que se ha profundizado y desarrollado en estos cuarenta aos con pasos y gestos importantes y significativos, entre los cuales deseo mencionar nuevamente la histrica visita a este lugar de mi Venerable predecesor, el 13 de abril de 1986, los numerosos encuentros que l mantuvo con Personalidades judas, tambin durante los Viajes Apostlicos internacionales, la peregrinacin jubilar a Tierra Santa en el ao 2000, los documentos de la Santa Sede que, tras la Declaracin Nostra Aetate, han ofrecido preciosas orientaciones para un desarrollo positivo en las relaciones entre catlicos y judos. Tambin yo, en estos aos de Pontificado, he querido mostrar mi cercana y mi afecto hacia el pueblo de la Alianza. Conservo bien vivos en mi corazn todos los momentos de la peregrinacin que tuve la alegra de realizar a Tierra Santa, en mayo del ao pasado, como tambin los muchos encuentros con comunidades y organizaciones judas, en particular en las sinagogas de Colonia y de Nueva York.

Adems, la Iglesia no ha dejado de deplorar las faltas de sus hijos e hijas, pidiendo perdn por todo aquello que ha podido favorecer de cualquier modo las heridas del antisemitismo y del antijudasmo (cfr Comisin para las Relaciones Religiosas con el Judasmo, Nosotros Recordamos: una reflexin sobre la Shoah, 16 marzo 1998). Que estas heridas puedan ser curadas para siempre! Vuelve a la mente la sentida oracin en el Muro del Templo, en Jerusaln, del Papa Juan Pablo II el 26 de marzo de 2000, que resuena verdadera y sincera en lo profundo de nuestro corazn. Dijo: Dios de nuestros padres, tu has elegido a Abraham y a su descendencia para que tu Nombre sea llevado a los pueblos: nosotros estamos profundamente doloridos por el comportamiento de cuantos, a lo largo de la Historia, les han hecho sufrir, a esos que son tus hijos, y pidindote perdn, queremos comprometernos a vivir una fraternidad autntica con el pueblo de la Alianza.

3. El paso del tiempo nos permite reconocer en el siglo XX una poca verdaderamente trgica para la humanidad: guerras sangrientas que han sembrado destruccin, muerte y dolor como nunca haba sucedido antes; ideologas terribles que han tenido su raz en la idolatra del hombre, de la raza, del Estado, y que han llevado una vea ms al hermano a matar al hermano. El drama singular e impactante de la Shoah representa, en cualquier caso, el culmen de un camino de odio que nace cuando el hombre olvida a su Creador y se pone a s mismo en el centro del universo. Como dije en la visita del 28 de mayor de 2006 al campo de concentracin de Auschwitz, an profundamente impresa en mi memoria, los potentados del Tercer Reich queran aplastar al pueblo judo en su totalidad y, en el fondo, con el aniquilamiento de este pueblo, pretendan matar a aquel Dios que llam a Abraham, que hablando sobre el Sina estableci los criterios orientativos de la humanidad que permanecen vlidos eternamente (Discurso en el campo de Auschwitz-Birkenau: Enseanzas de Benedetto XVI, II, 1, p. 727).

En este lugar, cmo no recordar a los judos romanos que fueron arrancados de sus casas, ante estos muros, y con horrendo tormento fueron asesinados en Auschwitz? Cmo es posible olvidar sus rostros, sus nombres, sus lgrimas, la desesperacin de hombres, mujeres y nios? El exterminio del pueblo de la Alianza de Moiss, primero anunciado y despus sistemticamente programado y realizado en la Europa bajo el dominio nazi, alcanz aquel da trgicamente tambin a Roma. Por desgracia, muchos permanecieron indiferentes, pero muchos, tambin entre los catlicos italianos, sostenidos por la fe y por la enseanza cristiana, reaccionaron con valor, abriendo los brazos para socorrer a los judos perseguidos y fugitivos, a menudo a riesgo de su propia vida, y merecen una gratitud perenne. Tambin la Sede Apostlica llevo a cabo una accin de socorro, a menudo oculta y discreta.

4. Nuestra cercana y fraternidad espirituales encuentran en la Sagrada Biblia en hebreo Sifre Qodesh o Libros de Santidad el fundamento ms slido y perenne, en base al cual nos vemos constantemente puestos ante nuestras races comunes, a la historia y al rico patrimonio espiritual que compartimos. Es escrutando su propio misterio como la Iglesia, Pueblo de Dios de la Nueva Alianza, descubre su propio vnculo profundo con los judos, elegidos por el Seor los primeros entre todos para acoger su palabra (cfr Catecismo de la Iglesia Catlica, 839). A diferencia de las dems religiones no cristianas, la fe juda ya es respuesta a la revelacin de Dios en la Antigua Alianza. Es al pueblo judo al que le pertenecen la adopcin filial, la gloria, las alianzas, la legislacin, el culto, las promesas, y los patriarcas; de ellos tambin procede Cristo segn la carne (Rm 9,4-5) porque los dones y la vocacin de Dios son irrevocables (Rm 11,29) (Ibid.).

5. Numerosas pueden ser las implicaciones que derivan se la herencia comn tomada de la Ley y de los Profetas. Quisiera recordar algunas: ante todo, la solidaridad que liga a la Iglesia y al pueblo judo a nivel de su misma identidad espiritual, y que ofrece a los cristianos la oportunidad de promover un renovado respeto por la interpretacin juda del Antiguo Testamento (cfr Pontificia Comisin Bblica, El pueblo judo y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana, 2001, pags. 12 y 55); la centralidad del Declogo como mensaje comn tico de valor perenne para Israel, la Iglesia, los no creyentes y la humanidad entera; el compromiso por preparar o realizar el Reino del Altsimo en el cuidado de la creacin confiada por Dios al hombre para que la cultive y la custodie responsablemente (cfr Gen 2,15).

6.En particular, el Declogo, las Diez Palabras o Diez Mandamientos (Cf. xodo 20,1-17; Deuteronomio 5,1-21), que procede de la Tor de Moiss, constituye la antorcha de la tica, de la esperanza y del dilogo, al estrella polar de la fe y de la moral del pueblo de Dios, e ilumina y gua tambin el camino de los cristianos. Constituye un faro y una norma de vida en la justicia y en el amor, un gran cdigo tico para toda la humanidad. Las Diez Palabras iluminan el bien y el mal, lo verdadero y lo falso, lo justo y lo injusto, segn los criterios de la conciencia recta de toda persona. Jess mismo lo ha repetido en varias ocasiones, subrayando que es necesario un compromiso concreto siguiendo el camino de los Mandamientos: si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos" (Mateo 19,17). Desde esta perspectiva, hay varios campos de colaboracin y testimonio. Quisiera recordar tres particularmente importantes para nuestro tiempo.

Las Diez Palabras piden reconocer al nico Seor, superando la tentacin de adoptar otros dolos, de construirse becerros de oro. En nuestro mundo, muchos no conocen a Dios o consideran que es superfluo, que no tiene relevancia para la vida; se han fabricado, de este modo, otros dioses nuevos ante los que se inclina el hombre. Despertar en nuestra sociedad la apertura a la dimensin trascendente, dar testimonio del nico Dios es un servicio precioso que judos y cristianos pueden ofrecer juntos.

Las Diez Palabras piden respeto, proteccin de la vida, contra toda injusticia y abuso, reconociendo el valor de toda persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. Cuntas veces, en todas las partes de la tierra, cercanas o alejadas, siguen pisotendose la dignidad, la libertad, los derechos del ser humano! Dar testimonio juntos del valor supremo de la vida contra todo egosmo es ofrecer una importante contribucin para un mundo en el que reine la justicia y la paz, el shalom deseado por los legisladores, los profetas y los sabios de Israel.

Las Diez Palabras exigen conservar y promover la santidad de la familia, cuyo s personal y recproco, fiel y definitivo del hombre y de la mujer, abre el espacio al futuro, a la autntica humanidad de cada uno, y se abre, al mismo tiempo, al don de una nueva vida. Testimoniar que la familia sigue siendo la clula esencial de la sociedad y el contextos bsico en el que se aprenden y ejercen las virtudes humanas es un servicio precioso que hay que ofrecer a la construccin de un rostro ms humano.

7. Como ensea Moiss en el Shem (cf. Deuteronomio 6,5; Levtico 19,34), y Jess afirma en el Evangelio (cf. Marcos 12, 19-31), todos los mandamientos se resumen en el amor de Dios y en la misericordia por el prjimo. Esta Regla compromete a judos y cristianos a vivir, en nuestro tiempo, una generosidad especial con los pobres, las mujeres, los nios, los extranjeros, los enfermos, los dbiles, los necesitados. En la tradicin juda hay un admirable dicho de los Padres de Israel: Dimn el Justo sola decir: El mundo se funda en tres cosas: la Tor, el culto y los actos de misericordia (Aboth 1,2). Con el ejercicio de la justicia y la misericordia, judos y cristianos estn llamados a anunciar y a dar testimonio del Reino del Altsimo que viene, y por el que rezan y actan cada da en la esperanza.

8. En esta direccin podemos dar pasos juntos, conscientes de las diferencias que se dan entre nosotros, pero tambin de que si logramos unir nuestros corazones y nuestras manos para responder a la llamada del Seor, su luz se har ms cercana para iluminar a todos los pueblos de la tierra. Los pasos dados en estos cuarenta aos desde por el Comit Internacional Conjunto Catlico-Judo y, en los aos recientes, por la Comisin Mixta de la Santa Sede y del Gran Rabinato de Israel, son un signo de la voluntad comn de continuar un dilogo abierto y sincero. Precisamente maana la Comisin Mixta celebrar aqu, en Roma, su noveno encuentro sobre La enseanza catlica y juda sobre la creacin y el ambiente. Deseamos a sus miembros un dilogo fecundo sobre un tema tan importante como actual.

9. Cristianos y judos tienen buena parte de su patrimonio espiritual en comn, rezan al mismo Seor, tienen las mismas races, pero con frecuencia se desconocen mutuamente. Nos corresponde a nosotros, respondiendo a la llamada del Seor, trabajar para que quede siempre abierto el espacio del dilogo, del respeto recproco, del crecimiento en la amistad, del testimonio comn ante los desafos de nuestro tiempo, que nos invitan a colaborar por el bien de la humanidad en este mundo creado por Dios, el Omnipotente y Misericordioso.

10. Por ltimo, dedico un saludo particular a nuestra ciudad de Roma, donde desde hace unos dos mil aos viven, como dijo el Papa Juan Pablo II, la comunidad catlica con su obispo y la comunidad juda con su rabino jefe; que esta convivencia pueda animarse con un creciente amor fraterno, que se exprese tambin en una cooperacin cada vez ms cercana para ofrecer una contribucin eficaz en la solucin de los problemas y de las dificultades que hay que afrontar.

Invoco del Seor el don precioso de la paz en todo el mundo, sobre todo en Tierra Santa. En mi peregrinacin de mayo pasado, en Jerusaln, ante el Muro de las Lamentaciones, ped a quien todo lo puede: enva tu paz a Tierra Santa, a Oriente Medio, a toda la familia humana; mueve los corazones de todos los que invocan tu nombre para que caminen humildemente por la senda de la justicia y de la compasin (Oracin en el Muro de las Lamentaciones de Jerusaln , 12 de mayor 2009).

En el domingo de hoy se celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. La presencia de la Iglesia al lado de estas personas ha sido constante en el tiempo, alcanzando objetivos singulares a principios del siglo pasado: baste pensar en las figuras del obispo beato Giovanni Battista Scalabrini y de santa Francesca Cabrini. En el mensaje enviado para la ocasin he llamado la atencin sobre los migrantes y refugiados menores de edad. Jesucristo, que de recin nacido vivi la dramtica experiencia del refugiado a causa de las amenazas de Herodes, ensea a sus discpulos a acoger a los nios con gran respeto y amor. Tambin el nio, de hecho, sea cual sea su nacionalidad o el color de su piel, debe ser considerado ante todo y siempre como persona, imagen de Dios, que promover y tutelar contra todo tipo de marginacin y explotacin. En particular, es necesario poner todo cuidado para que los menores que se encuentran viviendo en un pas extranjero tengan garantas a nivel legislativo, y sean sobre todo acompaados en los innumerables problemas que deben afrontar. Mientras animo vivamente a las comunidades cristianas y a los organismo que trabajan en el servicio a los menores migrantes y refugiados, exhorto a todos a mantener viva la sensibilidad educativa y cultural hacia ellos, segn el autntico espritu evanglico.

Hoy por la tarde, casi 24 aos despus de la histrica Visita del Venerable Juan Pablo II, me dirigir a la gran Sinagoga de Roma, llamada Templo Mayor, para encontrar a la Comunidad juda de la ciudad y abrir una ulterior etapa en el camino de concordia y amistad entre catlicos y judos. De hecho, a pesar de los problemas y las dificultades, entre los creyentes de las dos religiones se respira un clima de gran respeto y de dilogo, atestiguando cunto han madurado las relaciones, y el empeo comn de valorar lo que nos une: la fe en el nico Dios, ante todo, pero tambin la tutela de la vida y de la familia, la aspiracin a la justicia social y a la paz.

Recuerdo, finalmente, que maana se abrir la tradicional Semana de oracin por la unidad de los cristianos. Cada ao, sta constituye, para cuantos creen en Cristo, un tiempo propicio para reavivar el espritu ecumnico, para encontrarse, conocerse, rezar y reflexionar juntos. El tema bblico, tomado del evangelio de san Lucas, recoge las palabras de Jesucristo resucitado a los Apstoles: Vosotros seris testigos de todo esto (Lc 24,48). Nuestro anuncio del Evangelio de Cristo ser tanto ms creble y eficaz cuanto ms estemos unidos en su amor, como verdaderos hermanos. Invito por tanto a las parroquias, a las comunidades religiosas, a las asociaciones y a los movimientos eclesiales a rezar incesantemente, de modo particular durante las celebraciones eucarsticas, por la plena unidad de los cristianos.

Confiamos estas tres intenciones nuestros hermanos Migrantes y Refugiados, el dilogo religioso con los judos y la unidad de los cristianos a la maternal intercesin de Mara Santsima, Madre de Cristo y Madre de la Iglesia.

Nuestro pensamiento, en estos das, est dirigido a las queridas poblaciones de Hait, y se hace oracin de corazn. El Nuncio Apostlico, que gracias a Dios est bien, me tiene constantemente informado, y as he sido enterado de la dolorosa desaparicin del arzobispo, como tambin de tantos sacerdotes, religiosos y seminaristas. Sigo y animo el esfuerzo de las numerosas organizaciones caritativas, que se estn haciendo cargo de las inmensas necesidades del pas. Rezo por los heridos, por los sin techo, y por cuantos han perdido trgicamente la vida.

En esta Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, estoy contento de saludar a los representantes de diversas comunidades tnicas aqu reunidas. Auguro a todos que participen plenamente en la vida social y eclesial, custodiando los valores de sus propias culturas de origen. Saludo tambin a los brasileos descendientes de emigrados del Trentino. Gracias por haber venido!

Dirijo finalmente un saludo especial a los participantes en la segunda edicin del Festival Internacional de los Itinerarios del Espritu, conectados con nosotros desde la Nueva Feria de Roma, donde acaba de celebrar la Santa Misa el Presidente del Consejo Pontificio para los Migrantes e Itinerantes.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espaola que participan en esta oracin mariana del ngelus, en particular al grupo de estudiantes del Instituto Maestro Domingo, de Badajoz, con sus profesores de religin, as como a los grupos de diversas parroquias de Murcia. En este domingo, invito a todos a seguir el consejo de la Virgen Mara, suprema maestra en la fe, que nos narra el Evangelio de hoy: haced lo que Jess os diga en todo momento. Muchas gracias y feliz da del Seor.

Nuevamente el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, hace gala de un laicismo excluyente, que estlejos de ser la sana laicidad que necesitamos para construir una democracia madura e incluyente. En rplica a las declaraciones que hemos hecho contra la ley de la capital del pas que ha cambiado hasta el mismo concepto de matrimonio, homologndolo con la unin de personas del mismo sexo, dndoles incluso la facultad de adoptar nios, dijo: "La moral de la Iglesia no puede ser el fundamento de una ley... Lo que no se puede hacer es imponer una moral en la ley..., pues somos un Estado laico". Y en un tono sarcstico, el senador Manlio Fabio Beltrones presume de que no le preocupan las leyes divinas, sino las humanas. Y estos son quienes aspiran a gobernar a todo el pas! Cuidado! Al hacer leyes sin tomar en cuenta la moral, se pueden hacer leyes inmorales. En esta denuncia ha llevado la voz cantante el cardenal Norberto Rivera Carrera, pues se trata de su arquidicesis, pero le apoyamos cien por ciento.

En trminos semejantes se expresan quienes critican que ya 18 Estados hayan hecho cambios constitucionales en sus legislaciones locales, para blindar el derecho a la vida desde la concepcin. Insisten en que las Iglesias debemos estar ajenas a estos procesos jurdicos, pues juzgan que es una intromisin indebida en la vida nacional. Alegan el laicismo e incluso cabildean con legisladores para que ste se haga precepto constitucional. Tienen un concepto anticuado de laicismo, que en muchos pases ha sido superado. Aducen una interpretacin restrictiva del artculo 130 constitucional, y no tienen en cuenta la Ley de Asociaciones y Culto Pblico, que en su artculo 2. nos garantiza el derecho de "no ser objeto de ninguna inquisicin judicial o administrativa por la manifestacin de ideas religiosas", as como de "propagar" nuestra doctrina, en este caso sobre el matrimonio y el derecho a la vida. No estamos impidiendo que se cumplan las leyes civiles, sino que urgimos se respete nuestro derecho a proclamar nuestra fe, sin discriminacin ni represin.

En su discurso al Cuerpo Diplomtico, acreditado ante la Santa Sede, y que aglutina a 178 pases, acaba de decir el Papa Benedicto XVI: "La Iglesia est abierta a todos porque, en Dios, ella existe para los dems...La comunidad de los creyentes puede y quiere participar en promover un cambio efectivo de la mentalidad y establecer nuevos modelos de vida; pero para hacerlo es necesario que se reconozca su papel pblico. Lamentablemente, en ciertos pases, sobre todo occidentales, se difunde en mbitos polticos y culturales, as como en los medios de comunicacin social, un sentimiento de escasa consideracin y a veces de hostilidad, por no decir de menosprecio, hacia la religin, en particular la religin cristiana. Es evidente que si se considera el relativismo como un elemento constitutivo esencial de la democracia, se corre el riesgo de concebir la laicidad slo en trminos de exclusin o, ms exactamente, de rechazo de la importancia social del hecho religioso. Dicho planteamiento, sin embargo, crea confrontacin y divisin, hiere la paz, perturba la ecologa humana y, rechazando por principio actitudes diferentes a la suya, se convierte en un callejn sin salida. Es urgente, por tanto, definir una laicidad positiva, abierta, y que, fundada en una justa autonoma del orden temporal y del orden espiritual, favorezca una sana colaboracin y un espritu de responsabilidad compartida.

Uno de estos ataques proviene de leyes o proyectos que, en nombre de la lucha contra la discriminacin, atentan contra el fundamento biolgico de la diferencia entre los sexos. Pero la libertad no puede ser absoluta, ya que el hombre no es Dios, sino imagen de Dios, su criatura. Para el hombre, el rumbo a seguir no puede ser fijado por la arbitrariedad o el deseo, sino que debe ms bien consistir en la correspondencia con la estructura querida por el Creador. La negacin de Dios desfigura la libertad de la persona humana. La naturaleza manifiesta un designio de amor y de verdad que nos precede y que viene de Dios" (11-I-2010).

No pretendemos imponer una moral catlica a todo un pas, pero s luchamos por que haya moral en la sociedad. Sin una moral bsica, la sociedad se hunde, y lo peor es que la hundan los mismos legisladores. Hay una moral natural, es decir, la que respeta lo que la misma naturaleza implica, como es que el matrimonio slo puede realizarse entre un hombre y una mujer; que los nios necesitan un padre y una madre, para que crezcan normales; que la vida es humana desde su inicio, en la fecundacin y concepcin, hasta su trmino natural; que todo ser humano vale como persona, independientemente de su edad, gnero, condicin social, religin, cultura, e incluso de su tendencia sexual. Se le ha de respetar como persona, pero no se puede legalizar lo que es contra la misma naturaleza. Esta es nuestra palabra, y respeten nuestro derecho a emitirla. Son libres de asumirla o no, pero no nos repriman.

Estoy seguro de que, si uno quiere buscar en el evangelio un refrendo a su tranquilidad, lo encontrar. "Vengan a m todos los que estn cansados y agobiados, que los aliviar". O: "Yo soy el buen Pastor y conozco a mis ovejas". O, todava ms: "No se agobien pensando qu van a comer o cmo se vestirn". Efectivamente, estas sentencias pueden hacerle creer a uno que entrar en el evangelio es entrar en el pas de las maravillas. Y es tan confortable navegar con viento a favor! Pero, claro, una lectura seria del evangelio nos lleva al convencimiento contrario. De tranquilidades, nada. A lo que el evangelio nos llama es a nadar contra corriente, a vivir en el ejercicio constante de la paradoja, de la contradiccin, y, si me apuran, del absurdo. Lean, si no, despacio, el evangelio de hoy: "Jess, al bajar del monte, dijo: `Dichosos los pobres. Dichosos los que tienen hambre. Dichosos cuando les odien. Dichosos los que lloran"'. Es como decirnos: Felices los infelices! Y luego aadi: "Ay de los ricos, porque ya tiene su consuelo! Ay de los saciados y de los que ren, porque tendrn hambre y llorarn". Que es lo mismo que decir: Infelices los felices! Al leer estas sentencias, pueden surgir, claro, diferentes interpretaciones. Unos pensarn: Se trata de tomaduras de pelo, pronunciadas por un hbil malabarista del lenguaje; juegos de palabras lanzados por un perito en logomaquias; ingeniosa sopa de letras y frases para recreo y divertimento. Otros dirn: Son invitaciones al conformismo, a la pasiva resignacin, a la estoica aceptacin del que cada palo aguante su vela. Declaraciones, en fin, fatalistas, que significan: no hay nada que hacer. Siempre habr pobreza y dolor. Por lo tanto, aguanta mecha! Pero otros diremos: Son locuras a lo divino. Lneas, en apariencia, torcidas, pero para escribir derecho. Proposiciones para poner del revs lo que creamos que estaba del derecho. Colocar cabeza abajo, o patas arriba, nuestra mundana filosofa del vivir. Porque resulta que no slo las bienaventuranzas, sino todo el evangelio es paradoja y contradiccin. Piensen un poco. Cristo viene a reinar, pero nace en un pesebre. Busca una sociedad nueva, pero se rodea de iletrados y plebeyos. Dice que los violentos arrebatarn el reino, pero se hace amigo de los leprosos, paralticos, sordos y dbiles. Afirma que los limpios de corazn vern a Dios, pero se sienta a comer entre publicanos y pecadores. Proclama que es Rey, y que para eso ha venido al mundo, pero se hace obediente hasta la muerte. Nos asegura la felicidad, s, pero slo el que se humilla ser ensalzado. Sumen y sigan. Y se darn cuenta de que, en el programa de Jess, todo es inversin de valores y caminar contra corriente: se gana, perdiendo; se vive, muriendo, y se conquista, perdonando. Por una elemental razn, tambin paradjica. Y es la de ver que Dios, se hizo hombre. Para qu? Para que el hombre se haga Dios. Chesterton debi de comprender muy bien estas cosas.

Mensaje que ha enviado el cardenal Llus Martnez Sistach, arzobispo de Barcelona, ante la beatificacin del sacerdote Josep Sams i Elias, martirizado en 1936, que tendr lugar el prximo 23 de enero de 2010.

Ante la beatificacin, el prximo 23 de enero, del que fue prroco de Santa Mara de Matar, me parece necesario recordar algunos aspectos de la ejemplaridad cristiana de este sacerdote nuestro. Adems de las biografas ya publicadas anteriormente, con ocasin de la prxima beatificacin, el mataronense Ramon Reixach i Puig ha publicado una nueva biografa actualizada que sita con gran documentacin al doctor Sams en el contexto de la vida y las tensiones que se vivan en la capital del Maresme. Uno de sus captulos se titula "Un catequista en medio de una poca de poltica convulsa".

"El Dr. Sams -escribe este bigrafo- nunca particip en ningn acto poltico, tampoco se signific ni defini explcitamente a favor de ningn partido. O al menos nunca exterioriz sus ideas en este mbito". Su inmolacin, por tanto, aparece como la de un buen pastor del pueblo de Dios que tena encomendado. Mencionar algunos hechos que nos lo presentan como testimonio y como mrtir de Jesucristo.

La maana del 6 de octubre de 1934, un grupo de hombres armados entr en la rectora de Santa Mara. Con amenazas obligaron al prroco a ir a la nave central de la baslica, a amontonar sillas en ella y le mandaron que las encendiera. El Dr. Sams se neg, a pesar de las amenazas. Aquellos hombres incendiaron un altar y otros objetos de culto, pero al llegar algunos feligreses, el fuego pudo ser apagado. El doctor Sams perdon a aquellos hombres y no quiso revelar su identidad cuando fue invitado a hacerlo por la autoridad judicial, precisamente a causa de su condicin de sacerdote.

Desde los hechos de 1934 y hasta los del 1936 hallamos en la vida de Sams la previsin y tambin el deseo del martirio. El da 19 de julio de 1936, a las tres de la madrugada, unos policas registraron la rectora de Santa Mara con la excusa de descubrir armas. El prroco Sams les dijo que lo podan hacer, ya que l haba defendido siempre a la Iglesia con todos los medios, pero nunca con las armas, ya que Jesucristo defendi a su Iglesia muriendo y no matando. En una ocasin, dijo a su madre: "Pido a Nuestro Seor que si me ha destinado al martirio que me d las fuerzas para afrontarlo".

Detenido la maana del 30 de julio de 1936, cuando le pidieron identificarse, les dijo: "Soy yo a quien buscis". Conducido por hombres armados, fue llevado hasta la crcel de Matar. All permaneci un mes. El primero de setiembre, a las once de la maana, los guardas lo llamaron. l se despidi de sus compaeros de prisin con su "Dios sobretodo" y, con las manos atadas, fue trasladado al cementerio de Matar.

Al llegar all, pidia sus ejecutores que respetaran a su madre y a su hermana. Le contestaron que nada les pasara. l les asegur que los perdonaba como Jess haba hecho con los que le clavaron en la cruz. Cuando intentaron taparle los ojos, dijo con serenidad: "Yo no soy un criminal, quiero morir de cara a Matar y a las Santas que tanto he amado". Intent abrazar a los miembros del pelotn de ejecucin, cosa que logr con algunos, pero otros se negaron. Uno de los del pelotn le hizo callar con un "Basta, que acabar convencindonos!"

Sams puso los brazos en cruz y dijo: "Ya podis disparar". Ya en el suelo, recibi el tiro de gracia. Tan slo con una gran emocin y respeto nos podemos acercar a este mrtir de Cristo. Y, en ocasin de su beatificacin, debemos celebrarla procurando tener el mismo espritu de perdn y de reconciliacin que l testimoni a lo largo de toda su vida y, de forma especial, en el momento de morir. Que l, desde el cielo, nos ayude a vivirlo as, ahora y aqu, a fin de que aquella tragedia entre hermanos nunca se vuelva a repetir.

nos invita a acoger generosamente a los emigrantes y refugiados menores de edad y a reflexionar sobre su dolorosa condicin. Hay que reconocerles los derechos fundamentales de la persona de la misma manera que se reconocen al adulto, pues se ha de salvaguardar siempre el inters superior del menor.

Los trabajadores inmigrantes y los refugiados, al establecerse quiz definitivamente entre nosotros, reagrupando a sus familias o formando nuevos hogares, han alcanzado una significativa presencia. Nuestra Iglesia, que vive y obra profundamente inserta en la sociedad madrilea y solidaria con sus aspiraciones y sus dramas, se sabe especialmente llamada a convertir nuestra sociedad en el espacio acogedor en el que se reconozca la dignidad de los trabajadores extranjeros.

-comunidades parroquiales, movimientos, comunidades educativas, familias inmigrantes y madrileas en general- y a todos los hombres de buena voluntad, amantes de la justicia y de la paz, para invitaros a asumir con generosidad la acogida y el servicio no slo de los hombres y mujeres inmigrantes y refugiados, sino tambin, y en especial, de sus hijos menores, sin olvidar a los menores no acompaados. Nuestra comunidad eclesial ha de poder ser estimada, con toda verdad, como casa comn y escuela de comunin, en la que cada persona es valorada y promovida por su condicin de hija de Dios, que constituye su cualidad ms excelente y ms real.

Os invito, pues, a todos a luchar contra la rmora de la mentalidad, los prejuicios y los hbitos contrarios a esta ley de la acogida del hermano; os invito a ejercitar el dilogo y la comprensin. "Dios es Amor que salva, Padre amoroso que desea ver cmo sus hijos se reconocen entre ellos como hermanos, responsablemente dispuestos a poner los diversos talentos al servicio del bien comn de la familia humana. Dios es fuente inagotable de la esperanza que da sentido a la vida personal y colectiva. Dios, slo Dios, hace eficaz cada obra de bien y de paz" (Benedicto XVI, Mensaje Jornada Mundial de la Paz, 2006).

Los pastores y los educadores cristianos particularmente deben empearse en ello. No desfallezcamos en la tarea. Creemos y desarrollemos una cultura madura de la acogida, que facilite procesos de autntica integracin de los menores inmigrantes y refugiados y sus familias, acogidos legtimamente en el tejido social y cultural de nuestro pueblo, y que nos estimule a contemplar con ms hondura a la persona humana, salvaguardando la dignidad del hombre en las relaciones sociales, laborales y econmicas. "Slo lo haremos posible si acogemos las diferencias culturales como ocasin de encuentro y de dilogo en el respeto de las diferencias" (Juan Pablo II, Mensaje Jornada Mundial de las Migraciones, 1999). Acojamos cada da con renovado frescor el Don de la caridad que Dios nos ofrece y de la que nos hace capaces.

En Espaa todos los menores, con independencia de su origen e incluso de su situacin legal, tienen garantizados los derechos fundamentales de la educacin, sanidad, ayudas, formacin profesional... Pero hemos de ir ms lejos. Asumamos plenamente nuestro compromiso de comunin, de justicia, de solidaridad y de paz..., expresado en gestos concretos, sencillos y constantes. Es el camino para que todos y cada uno de nosotros, y de modo especial los menores inmigrantes y refugiados podamos crecer con equilibrio humano y espiritual.

--Dirijo esta invitacin, en primer lugar, a los jvenes, en este ao de preparacin a la Jornada Mundial de la Juventud. Cread espacios de encuentro en orden al reconocimiento y enriquecimiento mutuos en la familia, en la comunidad cristiana, en la escuela, entre los amigos, en el trabajo, en el deporte, en el tiempo de ocio. Estis llamados a ser hombres y mujeres fraternos y solidarios, pacificadores, amantes de la vida, respetuosos con todos. Haced que caigan las barreras de la desconfianza, de los prejuicios y de los miedos que por desgracia existen.

Los que ahora son nios se fijan en vosotros y espontneamente tienden a imitaros; tenedlo en cuenta. Con independencia de vuestro origen, sois la juventud de nuestro pueblo y de nuestras comunidades cristianas; dejad una estela digna de ser imitada. Dentro de pocos aos, los jvenes de hoy seris los responsables de la vida familiar y de la convivencia en la ciudad. Con vuestra manera de vivir tenis que manifestar claramente vuestra fe: creados a imagen y semejanza de Dios para amar, slo nos realizamos plenamente cuando nos entregamos sinceramente a los dems. Confiamos en vosotros. Animaos. En nombre del Seor es posible llevar a cabo esta noble misin.

--Invito a las familias -inmigrantes y madrileas- y especialmente a los padres y las madres: trabajad incansablemente en la educacin de vuestros hijos. A veces se hace muy difcil, pero nunca podis daros por vencidos. La familia es el mbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y recibir. Si la familia no se cierra en s misma, los hijos van aprendiendo que toda persona es digna de ser amada gratuitamente y que hay una fraternidad universal entre todos los seres humanos. De este modo, juntos podremos hacer frente a los desafos que nos plantea esta sociedad plural, urbana, compleja y cambiante.

Las familias inmigrantes tambin podris encarar asel reto del desarraigo social y cultural. Vuestros hijos, reagrupados o nacidos aqu, sern ellos mismos y superarn tambin esa difcil situacin culturalmente tan compleja con la que se encuentran, que a veces les lleva a no reconocerse -como algunos han expresado- ni en nuestra sociedad, ni en nuestras escuelas, ni en la comunidad cristiana, con un sufrimiento ms doloroso que el que padecen los adultos, y que se hace especialmente hiriente en el mbito escolar.

No perdis vuestras races, pero sed lcidos y realistas: el tiempo que habis proyectado trabajar en Espaa puede prolongarse ms de lo que imaginis y sera una grave prdida para todos prescindir de vuestros valores y desaprovechar la ocasin para un dilogo integrador so pretexto de que ser por poco tiempo. Enriquecednos con vuestro patrimonio cultural y espiritual y juntos respondamos a la llamada de Dios a construir un mundo de justicia y de paz.

--Invito a los educadores: Trabajad para que la escuela sea verdaderamente el mbito en el que todos los alumnos, con independencia de sus orgenes, crezcan da a da en el aprecio de sus compaeros, aprendan a convivir en la diversidad cultural y a respetarla. Ayudadles a abrir sus grupos, demasiado cerrados a veces sobre s mismos. Ensead a los jvenes y adolescentes, vuestros alumnos, a superar las actitudes de mera tolerancia y valorar el autntico respeto y la amistad, para que pueda crecer en ellos la estima de los valores culturales y religiosos del otro y el sentimiento de pertenencia a una comunidad. Y en cuanto a las familias inmigrantes que tienen hijos en edad escolar, facilitadles la necesaria informacin sobre los programas de escolarizacin, procurad el acercamiento efectivo de la escuela a sus expectativas respecto a la educacin de los hijos, a sus problemas, a sus valores y no olvidis ofrecerles la clase de religin y moral catlica prevista en la programacin escolar. Es vital para facilitar su incorporacin y participacin en la escuela y en las asociaciones de padres.

Antes de concluir, quiero expresar mi aprecio a cuantos trabajis desde la Delegacin Episcopal de Migraciones o en relacin con ella. Os agradezco el compromiso, la competencia y la solicitud con que, en un mbito social hoy da tan complejo y delicado, llevis a cabo la misin que os he confiado: ofrecer apoyo a quienes, por libre eleccin o por necesidad, han dejado su pas de origen y se han establecido entre nosotros. Hago extensivo mi agradecimiento a quienes desde las parroquias y asociaciones apostlicas, guiados por la fe y la caridad, salen con tanta generosidad al encuentro de estos hermanos nuestros, y de modo especial de los menores inmigrantes y refugiados.

Que la Santsima Virgen Mara, Madre de la Iglesia, que, presente en las bodas de Can, estaba atenta a la vida y a las personas y colaboraba en el crecimiento de la fe de los discpulos en Jess y a la revelacin del amor de Dios, vele maternalmente sobre nosotros y nos ayude a permanecer en nuestra vocacin y compromiso y a comprender las dificultades de quienes estn lejos de su patria.

Hay hechos simblicos en la vida personal y social que revelan olvidos mortales o recuerdos esenciales para nuestra existencia, porque los humanos ya no estamos slo aposentados en el universo fsico sino que habitamos otros mundos. A diferencia de los animales el hombre no slo vive en una realidad ms amplia, sino que construye un universo simblico. Y esos parasos o infiernos, cumbres o abismos, llanuras o laderas en las que habitamos, son los que nos crean ms gozo o angustia. Ellos se entrecruzan con la realidad fsica de cada da, para allanarla o endurecerla. La urdimbre de la experiencia humana est tejida por los recursos e incursiones de ese universo, del que forman parte el lenguaje, el mito, el arte, la religin y la poesa.

Qu sentido o sinsentido tiene el hecho de que en nuestra vida pblica estn desapareciendo signos y smbolos que durante siglos han acompaado la vida hispnica, trayendo a la conciencia universos de ilusin y de esperanza, con los cuales hemos tejido el imaginario personal del que nos nutrimos? Por ejemplo, los signos de la Navidad, que desde siempre han engalanado nuestras calles y fachadas, portadas y portales, y que en los ltimos aos han ido desapareciendo, primero vergonzantemente, como quien pide perdn por su presencia, y luego siendo drsticamente sustituidos por insulsas lneas o borrones insignificantes. Navidad remita a una historia de alegra y de paz, a la presencia de Dios en el mundo y a la insercin del Absoluto en nuestra historia para compartir nuestro destino. Eso implicaba la dignificacin suprema hasta de los ms pequeos elementos de nuestra existencia: desde los paales de un nio a la ofrenda de unos pobres y los regalos de unos Reyes. Beln, siendo originariamente un signo particular de los cristianos y expresin de un misterio divino acogido y agradecido, pas a ser el smbolo de la vida acogida y de la infancia agradecida, ya que un nio no slo viene con un pan bajo el brazo, sino con un futuro floreciendo.

Beln fue siempre la afirmacin de la vida humana perdurable y de la maternidad siempre misteriosa. Fiesta de quien se abre a lo que nos viene de lejos, alumbra esperanzas e incita a caminar tras esas estrellas que, estando en el cielo, nos estn sustradas pero a cuya luz avanzamos en la noche. Misterio para unos, smbolo real para otros, mito para quienes no alcanzan a leerlo como don divino o signo humanizador. El smbolo y su interpretacin obligada nos llevan a romper los cerrojos de lo inmediato y a quebrar la corteza del rbol de la vida para ver ascender su savia y anticipar la floracin en ramas y tallos.

Si ser hombre quiere decir pensar y soar, trascender y anticipar, atenerse a cosas y crear sentido, entonces no podemos vivir sin esa abertura a lo que nos funda y llama, a lo que en la historia ha significado una crepitacin de fuego y una anticipacin de vida perenne. O es que la verdad es slo la materia, la cantidad, el espesor tangible de las cosas mensurables, de lo que dominamos, poseemos y deglutimos? Tal realismo no significa una mayor ilustracin con superacin de fases preilustradas, sino un empobrecimiento radical de nuestra vida, dejndola confinada en lo primario y lo inmediato, en la ceguera espiritual y los solos sentidos materiales. Tal realismo no ofrece mayor verdad y sentido, ensanchamiento y profundizacin, en la existencia personal, sino un recorte mortal que termina llevndonos al escepticismo, cuando no al cinismo. O es que en tiempo de la tcnica no son necesarios poetas y cantores, nios y estrellas? Ya no renacemos desde sueos y ensueos, del clamar y rememorar? Sin tales signos de trascendencia seramos solo ciegos topos, mudas hormigas.

Los smbolos pblicos vienen de lejos como jugo y zumo de la historia de un pueblo, que se ha expresado en ellos, ha dicho sus victorias y derrotas, y con ellos se ha redimido de la caducidad que el tiempo lleva consigo. Sean signos culturales o religiosos, todos dicen lo que ese pueblo ha sido y quiere ser. Un pueblo que renuncia a ellos se corta las venas de su memoria y las esperanzas que le llegan desde sus orgenes. El intento de anularlos equivale a negar su historia y cultura, a cegar los veneros por los que nos llegan las fibras de nuestra trama actual. Ellos han pervivido en un proceso de afirmacin y de exclusin, de decantacin y de purificacin; y nunca pueden ser del todo derogados, porque ello significara un suicidio cultural. Unos son signos de vida que convocan a la paz; otros, signos de muerte que alertan contra la violencia.

La lgica de esta actitud iconoclasta, llevada al extremo, nos conducira a una reduccin a la nada. Porque casi todos los signos y memorias del pasado son ambivalentes: de victoria para unos, y para otros de derrota. Signos de una minora o signos de una mayora, en cualquier caso expresin de una creacin victoriosa sobre el olvido. Al eliminarlos eliminamos la historia, el tiempo y lugar anteriores, quedndonos reducidos a nuestro instante, clausurados en nuestra geografa de mortales y nacionales, es decir amputados de nuestra dimensin de universalidad y divinidad. Podemos negar todo lo que fueron nuestros antecesores y sustraer a nuestros sucesores esa herencia de smbolos, como si nuestro presente fuera la suprema cumbre creativa y el tribunal definitivo de la razn?

Somos lo que somos como pueblo en la medida en que conocemos el destino e historia de todos los dems pueblos; y en cuanto mortales y finitos, lo somos en la medida en que podemos conocer y adivinar, tender y acoger al Infinito. No es ingenua la eliminacin de esos signos: ella implica una clausura de la mirada, un cierre en la inmediatez, un retorno de la historia a la naturaleza, y dentro de sta, una sumisin al poder imperante, una esclavitud frente al pensamiento nico.

Los signos, por el cambio de situacin poltica o la llegada de poblacin inmigrante, pueden convertirse en un problema social, afectando a la convivencia, porque son siempre signos particulares de una poblacin, de una religin, de una comprensin de la realidad. La sociedad tiene que estar regulada por dos grandes criterios: una libertad negativa que garantiza el espacio de iniciativa, de accin y de vida personal a todos los ciudadanos sin diferenta ninguna; y una libertad positiva, aquella por la que el poder social y poltico ofrece a los ciudadanos signos de reconocimiento de su realidad y de aceptacin de su identidad. El individuo debe ser reconocido como tal ciudadano no con mera condescendencia despreciativa para su pertenencia particular, que de hecho equivaldra a un rechazo implcito, sino como miembro de un grupo en el que tenga un nombre, se identifique con una historia y se considere miembro de una familia. La libertad negativa es esencial e intocable; la positiva lo es en la misma medida. Una poltica que no ejerza ambas se convertir automticamente en gobierno desptico a pesar de que haga gala de modernidad e ilustracin. No basta un liberalismo republicano, que solo cuenta individuos, sino que es necesario un reconocimiento comunitario, que vea a las personas en su dimensin de naturaleza y de historia, de pertenencia a la sociedad comn y de adhesin a una comunidad propia.

Una mayora no puede imponer sus signos a las minoras, all donde esos signos exijan adhesin y confesin, pero un gobierno tampoco puede a peticin de una minora en clave individual-liberal anular la historia colectiva y la voluntad comunitaria que reconoce en esos signos, sean culturales o religiosos, su propia historia, y sin la cual quedara ciega y muda. Los gobiernos tienen que actuar con aquella voluntad de concordia, y los ciudadanos, con aquella voluntad de convivencia, que miran los problemas sobre ese fondo de historia y de cultura, de real antropologa y de convivencia sincera, y no desde el favor que esos signos prestan a una poltica determinada

Artculopublicado por Monseor Bernardo lvarez, obispo de Tenerife, este fin de semana, 13-14 de Febrero de 2010,en la prensa provincial con ocasin de la cincuenta y un campaa de Manos Unidas contra el hambre.

Las situaciones de emergencia derivadas de catstrofes naturales, como la producida por el terremoto de Hait, con su secuela de muertos, heridos y la ruina de millones de personas, conmueven la conciencia de todos y producen una corriente de solidaridad en favor de los damnificados. Son situaciones extraordinarias en las que, impactados por la gravedad de los daos, sacamos a relucir nuestros mejores sentimientos para bien de muchas personas.

Pero, lo extraordinario no pude hacernos olvidar que todos los das, y en muchos lugares del mundo, hay millones de personas que son vctimas del hambre, la enfermedad, las guerras y las injusticias sociales.... S. El hambre y la miseria humana existen en el mundo, no slo ni principalmente por catstrofes naturales, sino como algo crnico derivado de la injusta distribucin de los bienes.

Todos los bienes de la tierra son de todos los seres humanos. Sin embargo, en la realidad el 30% de la poblacin mundial consume y derrocha el 70% de los bienes disponibles, mientras que el 70% de las personas malviven y mueren porque slo pueden disponer del 30% de los recursos. Hay que pararse a pensar en ello. No se puede ser indiferente ante esta situacin. Particularmente, "es necesario que madure una conciencia solidaria que considere la alimentacin y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones" (Benedicto XVI).

Antes de la catstrofe, Hait ya estaba sumergido en la miseria como lo estn otros muchos pases del mundo, los llamados "pases del sur" que desde hace bastante tiempo viven la catstrofe permanente del subdesarrollo. Son muchos los esfuerzos que se vienen realizando desde hace dcadas para paliar esta situacin. Son dignas del mejor reconocimiento y aplauso todas aquellas personas e instituciones, particularmente las ONGs, que estn comprometidas seriamente en la lucha contra el hambre y la miseria en el mundo.

Para vergenza de nuestra sociedad rica y opulenta, el problema del hambre en el mundo sigue siendo real. La lucha debe continuar. Como dice, el Papa Benedicto XVI en su encclica social: " En muchos pases pobres persiste, y amenaza con acentuarse, la extrema inseguridad de vida a causa de la falta de alimentacin: el hambre causa todava muchas vctimas Dar de comer a los hambrientos es un imperativo tico para la Iglesia universal, que responde a las enseanzas de su Fundador, el Seor Jess, sobre la solidaridad y el compartir. Adems, en la era de la globalizacin, eliminar el hambre en el mundo se ha convertido tambin en una meta que se ha de lograr para salvaguardar la paz y la estabilidad del planeta" (Caritas in veritate, 27).

MANOS UNIDAS es una de estas instituciones. La primera que surgi en Espaa. Son ms de 50 aos ininterrumpidos de lucha contra la pobreza, el hambre, la malnutricin, la enfermedad, la falta de instruccin, el subdesarrollo Nacida por iniciativa de las Mujeres de Accin Catlica y mantenida por ellas a lo largo de estos aos, MANOS UNIDAS, junto con CRITAS, se ha convertido en el principal referente de los catlicos en Espaa para encauzar su deber de caridad para con el prjimo ms necesitado: dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, curar al enfermo, ensear al que no sabe, etc.

S. Ms de cincuenta aos de trabajo constante, coherente y eficaz de lucha contra la pobreza en todo el mundo. A modo de ejemplo, ahora que tenemos en la mente y el corazn la situacin de Hait, es bueno recordar que MANOS UNIDAS ha apoyado proyectos de desarrollo en Hait durante ms de 30 aos. En concreto: En los tres ltimos aos (2007-2009), Manos Unidas financi 68 proyectos, por un monto total de 2.373.890,83 euros.

De ese total, 18 proyectos se dirigieron a apoyar el desarrollo agropecuario de grupos de campesinos en situacin de pobreza, con 700.284,84 euros invertidos. Otros 31 proyectos se dirigieron a apoyar las infraestructuras y la calidad educativa, con 970.975,99 euros invertidos. En el rea de la salud los proyectos apoyados fueron 17, por un total de 606.056 euros. Dos proyectos fueron de carcter social, por valor de 96.577 euros. Adems, en septiembre de 2008, apoy 8 proyectos de emergencia, destinados a paliar la situacin de los damnificados por los huracanes Gustave, Hanna e Ike, que afectaron el pas en la ltima semana de agosto y primera de septiembre. La cantidad destinada a ello fue 429.960 euros.

El domingo pasado hacamos en nuestra Dicesis Nivariense la colecta para Critas de Hait. Las circunstancias han hecho que ahora, este fin de semana, tengamos en todas las iglesias de Espaa la colecta anual a favor de la "51 Campaa contra el Hambre en el Mundo", que se entrega a MANOS UNIDAS para que pueda seguir, como hasta ahora luchando contra la pobreza y, como dice el Art. 5 de sus estatutos, trabajando para erradicar las causas estructurales que la producen: la injusticia, el desigual reparto de los bienes y las oportunidades entre las personas y los pueblos, la ignorancia, los prejuicios, la insolidaridad, la indiferencia y la crisis de valores humanos y cristianos.

Ciertamente, las dos colectas han sido muy seguidas y eso supone que tenemos que hacer un esfuerzo mayor, mxime en la situacin de crisis que viven muchas familias acostumbradas a colaborar generosamente. Lo importante es que cada uno aporte segn su conciencia, sabiendo, adems, que si no podemos colaborar como quisiramos esta semana podemos hacerlo ms adelante entregando el donativo para MANOS UNIDAS en la propia parroquia o en las cuentas que la organizacin tiene en las entidades bancarias. Ms informacin en su pgina WEB .

nos ofrece el discurso que el Papa ha dirigidoel viernes 15 de Enero de 2010a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregacin para la Doctrina de la Fe, a quienes recibi en la Sala Clementina del Palacio Apostlico.

es para m motivo de gran alegra encontraros con ocasin de la Sesin Plenaria y manifestaros los sentimientos de profundo reconocimiento y de cordial aprecio por el trabajo que llevis a cabo al servicio del Sucesor de Pedro en su ministerio de confirmar a los hermanos en la fe (cfr Lc 22, 32).

Agradezco al seor cardenal William Joseph Levada por su discurso de saludo, en el cual ha llamado la atencin sobre las temticas que ocupan actualmente a la Congregacin, adems de las nuevas responsabilidades que el Motu Proprio "Ecclesiae Unitatem" le ha confiando, uniendo de modo estrecho al Dicasterio la Comisin Pontificia Ecclesia Dei.

Ante todo, deseo subrayar cmo vuestra Congregacin participa del ministerio de unidad, que est confiado, de modo especial, al Romano Pontfice, mediante su empeo por la fidelidad doctrinal. La unidad es, de hecho, primariamente unidad de fe, apoyada por el sagrado depsito, del que el Sucesor de Pedro es el primer custodio y defensor. Confirmar a los hermanos en la fe, mantenindoles unidos en la confesin del Cristo crucificado y resucitado, constituye para quien se sienta en la Ctedra de Pedro el primer y fundamental deber que le ha sido conferido por Jess. Es un servicio inderogable, del que depende la eficacia evangelizadora de la Iglesia hasta el final de los siglos.

El Obispo de Roma, de cuya potestas docendi participa vuestra Congregacin, debe constantemente proclamar: "Dominus Iesus" "Jess es el Seor". La potestas docendi, de hecho, comporta la obediencia a la fe, para que la Verdad que es Cristo siga resplandeciendo en su grandeza y resonando para todos los hombres en su integridad y pureza, para que haya un solo rebao, reunido en torno al nico Pastor.

Alcanzar el testimonio comn de la fe de todos los cristianos constituye, por tanto, la prioridad de la Iglesia de todos los tiempos, con el fin de conducir a todos los hombres al encuentro con Dios. En este espritu confo en particular en el compromiso de este Dicasterio para que se superen los problemas doctrinales que an permanecen, para alcanzar la plena comunin de la Iglesia, por parte de la Fraternidad San Po X.

Deseo adems alegrarme por el compromiso a favor de la plena integracin de grupos de fieles y de individuos, ya pertenecientes al Anglicanismo, en la vida de la Iglesia catlica, segn cuanto est establecido en la Constitucin Apostlica Anglicanorum coetibus. La fiel adhesin de estos grupos a la verdad recibida de Cristo y propuesta por el Magisterio de la Iglesia no es en modo alguno contraria al movimiento ecumnico, sino que muestra, en cambio, su fin ltimo, que consiste en alcanzar la comunin plena y visible de los discpulos del Seor.

En el precioso servicio que hacis al Vicario de Cristo, debo recordar tambin que la Congregacin para la Doctrina de la Fe, en septiembre de 2008, public la Instruccin Dignitas personae sobre algunas cuestiones de biotica. Tras la Encclica Evangelium vitae, del Siervo de Dios Juan Pablo II en marzo de 1995, este documento doctrinal, centrado en el tema de la dignidad de la persona, creada en Cristo y por Cristo, representa un nuevo punto firme en el anuncio del Evangelio, en plena comunin con la Instruccin Donum vitae, publicada por este Dicasterio en febrero de 1987.

En temas tan delicados y actuales, como los que se refieren a la procreacin y a las nuevas propuestas teraputicas que comportan la manipulacin del embrin y del patrimonio gentico humano, la Instruccin ha recordado que el valor tico de la ciencia biomdica se mide con referencia tanto al respeto incondicional debido a todo ser humano, en todos los momentos de su existencia, como a la tutela de la especificidad de los actos personales que transmiten la vida" (Instr. Dignitas personae, n. 10). De este modo el Magisterio de la Iglesia pretende ofrecer su propia contribucin a la formacin de la conciencia, no slo de los creyentes, sino de cuantos buscan la verdad y pretenden escuchar argumentaciones que proceden de la fe, pero tambin de la propia razn. La Iglesia, al proponer valoraciones morales para la investigacin biomdica sobre la vida humana, llama a la luz, tanto de la razn como de la fe(cfr Ibid., n. 3), en cuanto que su conviccin es la de que lo que es humano no slo es acogido y respetado por la fe, son tambin purificado, enaltecido y perfeccionado por ella" (Ibid., n. 7).

En este contexto se da as una respuesta a la difundida mentalidad, segn la cual la fe se presenta como obstculo a la libertad y a la investigacin cientfica, porque estara constituida por un conjunto de prejuicios que viciaran la comprensin objetiva de la realidad. Frente a esta postura, que tiende a sustituir la verdad con el consenso, frgil y fcilmente manipulable, la fe cristiana ofrece en cambio una contribucin verdadera tambin en el mbito tico-filosfico, no proporcionando soluciones preconstitudas a problemas concretos, como la investigacin y la experimentacin biomdica, sino proponiendo perspectivas morales fiables dentro de las cuales la razn humana puede buscar y encontrar soluciones vlidas.

Hay, de hecho, determinados contenidos de la revelacin cristiana que arrojan luz sobre las problemticas bioticas: el valor de la vida humana, la dimensin relacional y social de la persona, la conexin entre el aspecto unitivo y procreativo de la sexualidad, la centralidad de la familia fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer. Estos contenidos, inscritos en el corazn del hombre, son comprensibles tambin racionalmente como elementos de la ley moral natural y pueden hallar acogida tambin por parte de aquellos que no se reconocen en la fe cristiana.

La ley moral natural no es exclusivamente o predominantemente confesional, aunque la Revelacin cristiana y la realizacin del hombre en el misterio de Cristo la ilumine y desarrolle en plenitud su doctrina. Como afirma el Catecismo de la Iglesia Catlica, sta "indica las normas primeras y esenciales que regulan la vida moral" (n. 1955). Fundada en la propia naturaleza humana y accesible a toda criatura racional, constituye as la base para entrar en dilogo con todos los hombres que buscan la verdad y, ms en general, con la sociedad civil y secular. Esta ley, inscrita en el corazn de cada hombre, toca uno de los nudos esenciales de la misma reflexin sobre el derecho e interpela igualmente a la conciencia y a la responsabilidad de los legisladores.

Al animaros a proseguir con vuestro comprometido e importante servicio, deseo tambin expresaron en esta circunstancia mi cercana espiritual, impartiendo de corazn a todos vosotros, en signo de afecto y gratitud, la Bendicin Apostlica.

publica la meditacin que ha escrito monseor Jess Sanz Montes, OFM, arzobispo de Oviedo, administrador apostlico de Huesca y Jaca, sobre el Evangelio del domingo sexto del tiempo ordinario, 14 de febrero (Lucas 6, 17.20-26), sexto del Tiempo Ordinario.

Monte abajo iba Jess con aquellos Doce ms ntimos, y al encontrarse con un gento grande de discpulos, los asomar a su "balcn". Qu veis normalmente desde vuestra ventana? -parece preguntarles- El espectculo humano es a veces tan cruel y cotidiano, que hasta llegamos a pensar que deber ser as, sin recambio: ricos a costa de pobres, hartos a costa de hambrientos, risotadas a costa de lgrimas, poderosos a costa de sometidos. Jess propona otro espectculo, increble y paradjico: justamente la inversin de aquel drama: los pobres se hacan reyes, los hambrientos eran saciados, los que lloraban sonrean esperanzados, y los proscritos e insultados saltaban de alegra con una dignidad inslita.

Era Jess un alib, un supermn vende-lo-todo que buscaba la adhesin de sus asombrados oyentes? En sus palabras no haba el ms mnimo atisbo de oportunismo demaggico. No estaba l preparando su campaa comercial ni electoral. Era comenzar a ver asomados al balcn de Dios. Todos los desajustes que se contemplaban desde la ventana del mundo, generaban mal a todos: dolor a quienes los sufran y soportaban, y vaco a quienes los provocaban y mantenan.. Para los primeros, Jess abrir un portillo de esperanza: a pesar de todo y de todos, podis ser dichosos y bienaventurados. Para los segundos, dar un aviso: ay de vosotros que manchis la belleza original, ay de vosotros que envilecis la bondad del principio.

El balcn de las bienaventuranzas no nos invita a cerrar los ojos ante la dura realidad, sino a mirar lo que sta debera ser, trabajando para que lo sea. Jess es la primera piedra de ese hogar humano: l nos ha revelado que la verdadera felicidad que tan torpemente buscan a veces los hombres, no est en ese desajuste que ha merecido el lamento del Seor, sino en su Persona viva, su mensaje y su destino: la misericordia entraable que nos devuelve la posibilidad de parecernos a Dios, la libertad que nos hace sus hijos, el amor que nos hace hermanos de los dems. Por eso Jess, monte abajo, mostrar otro balcn desde donde se vislumbra el ocaso del terror, del odio, de las envidias, de las hambres, de las oscuridades. Y dirigindose a los suyos les propondr: no perdis el tiempo en estriles lamentos, haced un mundo nuevo, empezando por vosotros mismos.

El Cristianismo tiene la misin de estrenar ese cielo ya en la tierra, como primicia del mundo querido por Dios: que hace felices a los hombres, que cambia las tristezas, las hambres, los absurdos... en dicha bienaventurada. Y Jess invitaba a mirar desde su balcn, haciendo realidad lo que en l se contemplaba. Porque Jess siempre miraba desde los ojos de Dios. Y nosotros, a qu balcn nos asomamos? Una forma de saberlo es preguntarse qu ven los dems en los cristianos, cuando nos ven vivir y morir, gozar, trabajar, sufrir y rer... desde sus ventanas.

"Pedid la paz para Jerusaln: / en calma estn tus tiendas, / haya paz en tus muros, / en tus palacios calma!. / Por amor de mis hermanos y de mis amigos, / quiero decir: La paz contigo! / Por el amor de la Casa del Seor nuestro Dios, / ruego por tu ventura (Salmo 122): rezar por Jerusaln es un imperativo puesto en el corazn de la oracin. Una novedad perenne. Una llamada antigua que an hoy despierta nuestra atencin, nuestra participacin, como una urgencia que est en el corazn, un deber que se cumple por amor, con amor. Por segunda vez se recogen en oracin en torno a esta oracin muchas personas, grupos, movimientos, Iglesias. Un coro que se pasa la voz de un punto a otro del mundo e invoca la paz para una pequea franja de tierra que nos pertenece porque nos ha sido dada junto a la fe en el Seor Jess; en el Padre que ha sabido amarnos desde siempre y por siempre y que ha querido que fusemos salvados por el sacrificio del Hijo; en el Espritu que nos hace sentir en el corazn el deber y la alegra de corresponder a tanto don con la responsabilidad de la fraternidad, con el compromiso concreto por la justicia y la paz. Unirnos a este coro requiere entonces ponernos en comunin unos con otros, para convertirnos en ese nosotros que hace personal y directa la relacin con Dios: Padre nuestro. A l pedimos paz para Tierra Santa, para la Tierra de nuestra redencin. Y en seguida nos damos cuenta de que es un don que ya hemos recibido, cuando un coro distinto alababa a Dios y deca: Gloria a Dios en lo alto del cielo y paz en la tierra a los hombres que l ama".

Qu hemos hecho con esa paz? Cmo hemos acogido al Prncipe de la paz? Rezar por la paz en Tierra Santa debe ser por tanto un querer encontrarse en la sinceridad, cada uno ante s mismo, unos delante de otros, todos juntos ante Dios, para redescubrir el don que hemos recibido gratuitamente.

Y amaestrados por el Seor, confiados en que l sabe de qu estamos necesitados, nos compremeteremos a vivir la justicia, la misericordia, el perdn, la reconciliacin, la compasin. Aprenderemos a hacernos cercanos a quien sufre en esta Tierra, por esta Tierra, por la falta de paz que sufre toda la Tierra Santa. La paz necesita oracin, compromiso, valor. Auguro, por tanto, que de esta Segunda Jornada Internacional de Intercesion por la Paz en Tierra Santa, nazca un compromiso concreto para la reconciliacin y la paz, y que toda iniciativa que la siga sea apoyada con firmeza y coherencia.

nos ofrece el texto del comunicado hecho pblicoel jueves 14 de Enero de 2010por los representantes de los episcopados de Europa y Amrica del Norte, en una rueda de prensa en Jerusaln, con la que concluye su visita a Tierra Santa.

En nuestra dcima reunin en Tierra Santa, el Patriarca Fouad Twal reflexion sobre la peregrinacin del Papa Benedicto XVI en mayo de 2009. En unin con nuestro Santo Padre, pedimos que la justicia y la paz para todos los pueblos de esta tierra. Hacemos nuestro este llamamiento suyo:

Ningn amigo de los israeles y los palestinos puede dejar de entristecerse por la continua tensin entre vuestros dos pueblos. Ningn amigo puede dejar de llorar por el sufrimiento y la prdida de vidas que ambos pueblos han sufrido en las ltimas seis dcadas. Permitidme hacer este llamamiento a todos los habitantes de estas tierras: No ms derramamiento de sangre! No ms lucha! No ms terrorismo! No ms guerra! En su lugar rompamos el crculo vicioso de la violencia. Dejad que haya una paz duradera basada en la justicia, que haya una verdadera reconciliacin y curacin. Que se reconozca universalmente que el Estado de Israel tiene el derecho a existir, y de disfrutar de la paz y la seguridad dentro de fronteras internacionalmente aceptadas. Que se reconozca asimismo que el pueblo palestino tiene derecho a una patria independiente y soberana, para vivir con dignidad y viajar libremente. Dejad que la solucin de dos Estados sea una realidad, y no quede en un sueo. Y dejad que se propague la paz de estas tierras, que sirvan como una "luz para las naciones" (Isaas 42:6), llevando esperanza las muchas otras regiones que se ven afectadas por los conflictos. (15 de mayo de 2009)

Ocho meses despus, la solucin de los dos Estados, no parece ms cercana. Muchos expresan un deseo de paz, pero lo que se necesita es un compromiso por la justicia que garantice la paz. Las soluciones son bien conocidas por los dirigentes, pero lo que se necesita es voluntad poltica y valor.

Jerusaln, ciudad sagrada para judos, cristianos y musulmanes, ofrece un lugar especial donde los diferentes pueblos y religiones diferentes pueden reunirse en dilogo y respeto; lamentablemente, es el centro voltil del conflicto. Hay una distancia cada vez mayor entre israeles y palestinos - la falta de contacto humano socava la confianza y el dilogo. La violencia, la inseguridad, la demolicin de viviendas, permisos y problemas con el visado, el trazado del muro, la expropiacin de tierras y otras polticas amenazan al mismo tiempo la solucin de los dos Estados y la presencia cristiana. Adems, animamos a la plena aplicacin del Acuerdo Fundamental y la facilitacin de visados para los agentes de pastoral para que la Iglesia pueda cumplir con su misin.

El deterioro de la situacin no es bueno para los israeles, los palestinos, la regin y el mundo. A travs de nuestros esfuerzos, esperamos atraer los ojos de los catlicos de todo el mundo sobre lo que sucede aqu. Hacemos un llamamiento a los fieles en nuestras naciones para rezar por la Iglesia en Tierra Santa, por una paz justa, y por el xito del prximo Snodo en el Oriente Medio, que es importante para toda la regin y el mundo.

Animamos a nuestros conciudadanos a conocer mejor la situacin y a venir en peregrinacin para dar testimonio de la fe viva de las "piedras vivas" de la Iglesia local el "Quinto Evangelio". Instamos a que apoyen a los funcionarios pblicos que toman iniciativas valientes para una resolucin justa del conflicto la solucin de dos Estados con la seguridad y el reconocimiento de Israel y un estado viable e independiente para los palestinos. Para nosotros, esto no es slo algo poltico, es una cuestin de derechos humanos bsicos.

En la situacin actual, es difcil mantener la esperanza, pero, como cristianos, todos nacimos con Jesucristo en Beln, que todos morimos y resucitamos a una nueva vida en Jerusaln. A pesar de las heridas de esta tierra, el amor y la esperanza estn vivas. La paz con la justicia est al alcance, pero los lderes polticos y todas las personas de buena voluntad necesitan el coraje necesario para lograrlo.

nos ofrece la intervencin del Papa a los miembros de las Administraciones de la Regin Lacio, de la Provincia y del Ayuntamiento de Roma, a quienes recibi hoy en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostlico.

Estoy contento de encontrarles en esta tradicional cita, que nos ofrece la ocasin de intercambiarnos cordiales augurios para el nuevo ao, y de reflexionar sobre la realidad de nuestro territorio, en el que desde hace 2000 aos est presente el Sucesor de Pedro, como obispo de Roma y arzobispo metropolitano de la Provincia eclesistica romana, que comprende todo el Lacio. Os estoy agradecido por esta visita y dirigo mi deferente y cordial saludo al Vicepresidente de la Junta Regional del Lacio, honorable Esterino Montino, al Alcalde de Roma, honorable Gianni Alemanno, y al Presidente de la Provincia de Roma, honorable Nicola Zingaretti, a quienes deseo expresar mi vivo agradecimiento por las corteses palabras que me han dirigido en nombre de las Administraciones que dirigen. Con ellos, saludo a los Presidentes de las respectivas Asambleas del Consejo y a todos los presentes.

La crisis que ha afectado a la economa mundial como se ha recordado ha tenido consecuencias tambin para los habitantes y las empresas de Roma y del Lacio. Al mismo tiempo, ha ofrecido la posibilidad de volver a revisar el modelo de crecimiento perseguido estos ltimos aos. En la encclica Caritas in veritate record que el desarrollo humano para ser autntico debe tener en cuenta al hombre en su totalidad, y debe realizarse en la caridad y en la verdad. La persona humana, de hecho, est al centro de la accin poltica y su crecimiento moral y espiritual debe ser la primera preocupacin para aquellos que han sido llamados a administrar la comunidad civil. Es fundamnetal que cuantos han recibido de la confianza de los ciudadanos la alta responsabilidad de gobernar las instituciones adviertan como prioritaria la exigencia de perseguir constantemente el bien comn, que no es un bien buscado por s mismo, sino para las personas que forman parte de esa comunidad social y que slo en ella pueden realmente y ms eficazmente conseguir su bien" (Caritas in veritate, 7). Para que esto suceda, es oportuno que en las sedes institucionales se busque favorecer una sana dialctica ya que cuanto ms sean compartidos las decisiones y los procesos, tanto ms estos permitirn un eficaz desarrollo para los habitantes de los territorios administrados.

En este contexto deseo expresar mi aprecio por los esfuerzos realizados por estas Administraciones para salir al encuentro de los sectores ms dbiles y marginados de la sociedad, de cara a la promocin de una convivencia ms justa y solidaria. Al respecto, quisiera invitaros a poner todo cuidado para que la centralidad de la persona humana y de la familia constituyen el principio inspirador de cada decisin vuestra. A l, particularmente, es necesario hacer referencia en la realizacin de los nuevos asentamientos de la ciudad, para que los complejos habitacionales que estn surgiendo no sean slo barrios dormitorio. Con este fin, es oportuno que se prevean esas estructuras que favorecen los procesos de socializacin, evitando as que surja y se incremente la cerrazn en el individualismo y la atencin exclusiva a los propios intereses, lo que es daoso para toda convivencia humana. Respetando las competencias de las autoridades civiles, la Iglesia est contenta de ofrecer su propia contribucin para que en estos barrios haya una vida social digna del hombre. S que en diversas zonas perifricas de la ciudad esto ya ha sucedido, gracias al empeo de la Administracin del Ayuntamiento para la realizacin de importantes obras, y auguro que estas exigencias sean tenidas en cuenta en todas partes. Estoy contento por la consolidada colaboracin existente entre las Administraciones dirigidas por vosotros y el Vicariato, en particular en lo que concierne a la construccin de nuevos complejos parroquiales que, adems de ser puntos de referencia para la vida cristiana, desarrollan tambin una funcin social y educativa fundamental.

Esta colaboracin ha permitido alcanzar objetivos significativos. Al respecto, quiero recordar que en algunos barrios nuevos, donde viven en particular familias jvenes con nios pequeos, las comunidades eclesiales, conscientes de que la apertura a la vida est en el centro del verdadero desarrollo humano (cfr Ibid., 28), han realizado los oratorios de los pequeos. Estas tiles estructuras permiten a los nios transcurrir las horas de la jornada, mientras sus padres trabajan. Confo en que una sinergia cada vez ms fecunda entre las diversas instituciones permita el surgimiento en las zonas perifricas, como tambin en el resto de la ciudad, de estructuras anlogas que ayuden a los jvenes padres en su tarea educativa. Auguro tambin que puedan adoptarse otros procedimientos ulteriores a favor de las familias, en particular de las numerosas, para que toda la ciudad goce de la funcin insustituible de esta institucin, primaria e indispensable clula de la sociedad.

Dentro de la promocin del bien comn, la educacin de las nuevas generaciones, que constituyen en futuro de nuestra regin, representa una preocupacin predominante que los Administradores del ente pblico comparten con la Iglesia y con todas las instituciones formativas. Desde hace algunos aos, la dicesis de Roma y las del Lacio estn comprometidas en ofrecer su contribucin para afrontar las instancias cada vez ms urgentes que proceden del mundo juvenil y que piden respuestas educativas adecuadas de perfil alto. Est ante los ojos de todos la necesidad y la urgencia de ayudar a los jvenes a proyectar su vida sobre valores autnticos, que hagan referencia a una visin alta del hombre y que encuentran en el patrimonio religioso y cultural cristiano una de sus expresiones ms sublimes. Hoy las nuevas generaciones piden saber quin es el hombre y cul es su destino, y buscan respuestas capaces de indicarles el camino a recorrer para fundar su existencia en valores perennes. En particular, en las propuestas formativas sobre los grandes temas de la afectividad y de la sexualidad, tan importantes para la vida, es necesario evitar proponer a los adolescentes y a los jvenes caminos que favorezcan la banalizacin de estas dimensiones fundamentales de la existencia humana. Deseo, con este propsito, invitar a todos a comprender que, al pronunciar su no, la Iglesia en realidad dice s a la vida, al amor vivido en la verdad del don de s al otro, al amor que se abre a la vida y que no se cierra en una visin narcisista de la pareja. Ella est convencida de que slo estas elecciones pueden llevar a un modelo de vida, en el que la felicidad es un bien compartido. Sobre estos temas, como tambin sobre los de la familia fundada sobre el matrimonio y sobre el respeto a la vida desde su concepcin hasta su trmino natura, la comunidad eclesial no puede no ser fiel a la verdad que, por s sola, es garanta de libertad y de la posibilidad de un desarrollo humano integral (Ibid., 9).

Finalmente, no puedo dejar de exhortar a las autoridades competentes a una atencin constante y coherente al mundo de la enfermedad y del sufrimiento. Las estructuras sanitarias, tan numerosas en Roma y en el Lacio, que ofrecen un importante servicio a la comunidad, deben ser lugares en los cuales se encuentren cada vez ms una gestin atenta y responsable de los asuntos pblicos, competencias profesionales y dedicacin generosa hacia el enfermo, cuya acogida y cuidados, deben ser el sumo criterio de cuantos trabajan en ese mbito. Toma y el Lacio, junto a las estructuras sanitarias pblicas, ven desde hace siglos la presencia de las de inspiracin catlica, que trabajan a favor de amplias capas de la poblacin. En ellas se intenta conjugar la competencia profesional y la atencin al enfermo con la verdad y la caridad de Cristo. De hecho, inspirndose en el Evangelio, ellas se esfuerzan por acercarse a las personas que sufren con amor y esperanza, apoyando tambin la bsqueda de sentido e intentando proporcionar respuestas a los interrogantes que inevitablemente surgen en los corazones de cuantos viven la difcil dimensin de la enfermedad y del dolor. El hombre necesita, de hecho, ser atendido en su unidad de ser espiritual y corporal. Confo por tanto en que, a pesar de las persistentes dificultades econmicas, estas estructuras puedan ser adecuadamente apoyadas en su precioso servicio.

Gentiles Autoridades, mientras expreso mi ms viva gratitud por esta corts y agradable visita, aseguro mi cordial cercana y mi oracin por vosotros, por las altas responsabilidades que se os han confiado y por los habitantes de las realidades que administris. Que el Seor os sostenga, os gue y de cumplimiento a las expectativas de bien presentes en el corazn de cada uno.

Con estos sentimientos, con afecto y benevolencia, imparto la Bendicin Apostlica, extendindola de corazn a vuestras familias y a cuantos viven y trabajan en Roma, en su provincia y en todo el Lacio.

al inicio del nuevo ao miramos la historia del Cristianismo, para ver cmo se desarrolla una historia y cmo puede ser renovada. En ella podemos ver que son los santos, guiados por la luz de Dios, los autnticos reformadores de la vida de la Iglesia y de la sociedad. Maestros con la palabra y testigos con el ejemplo, saben promover una renovacin eclesial estable y profunda, porque ellos mismos son profundamente renovados, estn en contacto con la verdadera novedad: la presencia de Dios en el mundo. Esta consoladora realidad, o sea, que en cada generacin nazcan santos y traigan la creatividad de la renovacin, acompaa constantemente la historia de la Iglesia en medio de las tristezas y de los aspectos negativos de su camino. Vemos, de hecho, siglo a siglo, nacer tambin las fuerzas de la reforma y de la renovacin, porque la novedad de Dios es inexorable y da siempre nueva fuerza para seguir adelante. As sucedi tambin en el siglo trece, con el nacimiento y el extraordinario desarrollo de las rdenes Mendicantes: un modelo de gran renovacin en una nueva poca histrica. stos fueron llamados as por su caracterstica de mendigar, es decir, de recurrir humildemente al apoyo econmico de la gente para vivir el voto de pobreza y llevar a cabo su propia misin evangelizadora. De las rdenes Mendicantes que surgieron en ese periodo, los ms conocidos y ms importantes son los Frailes Menores y los Frailes Predicadores, conocidos como Franciscanos y Dominicos. Se les llama as por el nombre de sus fundadores, Francisco de Ass y Domingo de Guzmn respectivamente. Estos dos grandes santos tuvieron la capacidad de leer con inteligencia los signos de los tiempos, intuyendo los desafos que deba afrontar la Iglesia de su tiempo.

Un primer desafo estaba representado por la expansin de varios grupos y movimientos de fieles que, aun inspirados por un legtimo deseo de una autntica vida cristiana, se ponan a menudo fuera de la comunin eclesial. Estaban en profunda oposicin a la Iglesia rica y hermosa que se haba desarrollado precisamente con el florecimiento del monaquismo. En recientes catequesis e detuve sobre la comunidad monstica de Cluny, que haba atrado a jvenes, y por tanto fuerzas vitales, como tambin bienes y riquezas. Se haba desarrollado as, lgicamente, en un primer momento, una Iglesia rica en propiedades y tambin inmvil. Contra esta Iglesia se contrapuso la idea de que Cristo vino a la tierra pobre y que la verdadera Iglesia debera ser precisamente la Iglesia de los pobres; el deseo de una verdadera autenticidad cristiana se opuso as a la realidad de la Igelsia emprica. Se trata de los llamados movimientos paupersticos de la Edad Media. stos rechazaban speramente el modo de vivir de los sacerdotes y de los monjes de aquel tiempo, acusados de haber traicionado el Evangelio y de no practicar la pobreza como los primeros cristianos, y estos movimientos contrapusieron al ministerio de los obispos una autntica jerarqua paralela. Adems, para justificar sus propias elecciones, difundieron doctrinas incompatibles con la fe catlica. Por ejemplo, el movimiento de los ctaros o albigenses volvi a proponer antiguas herejas, como la devaluacin y el desprecio del mundo material la oposicin contra la riqueza se convierte velozmente en oposicin contra la realidad material en cuanto tal la negacin de la libre voluntad, y despus el dualismo, la existencia de un segundo principio del mal equiparado a Dios. Estos movimientos tuvieron xito, especialmente en Francia y en Italia, no solo por su slida organizacin, sino tambin porque denunciaban un desorden real en la Iglesia, causado por el comportamiento poco ejemplar de varios representantes del clero.

Los Franciscanos y los Dominicos, en la estela de sus fundadores, mostraron, en cambio, que era posible vivir la pobreza evanglica, la verdad del Evangelio como tal, sin separarse de la Iglesia; mostraron que la Iglesia sigue siendo el verdadero, autntico lugar del Evangelio y de la Escritura. Es ms, Domingo y Francisco sacaron precisamente de su ntima comunin con la Iglesia y con el Papado la fuerza de su testimonio. Con una eleccin completamente original en la historia de la vida consagrada, los miembros de estas rdenes no slo renunciaban a la posesin de bienes personales, como hacan los monjes desde la antigedad, sino que ni siquiera queran que se pusieran a nombre de la comunidad terrenos y bienes inmuebles. Pretendan as dar testimonio de una vida extremadamente sobria, para ser solidarios con los pobres y confiar slo en la Providencia, vivir cada da de la Providencia, de la confianza de ponerse en las manos de Dios. Este estilo personal y comunitario de las rdenes Mendicantes, unido a la total adhesin a las enseanzas de la Iglesia y a su autoridad, fue muy apreciado por los Pontfices de la poca, como Inocencio III y Honorio III, que ofrecieron su completo apoyo a estas nuevas experiencias eclesiales, reconociendo en ellas la vos del Espritu. Y los frutos no faltaron: los movimientos paupersticos que se haban separado de la Iglesia volvieron a entrar en la comunin eclesial o, lentamente, se redimensionaron hasta desaparecer. Tambin hoy, a pesar de vivir en una sociedad en la que a menudo prevalece el tener sobre el ser, se es muy sensible a los ejemplos de pobreza y solidaridad, que los creyentes ofrecen con elecciones valientes. Tambin hoy no faltan iniciativas similares: los movimientos, que parten realmente de la novedad del Evangelio y lo viven con radicalidad en la actualidad, ponindose en las manos de Dios, para servir al prjimo. El mundo, como recordaba Pablo VI en la Evangelii nuntiandi, escucha de buen grado a los maestros, cuando son tambin testigos. Esta es una leccin que no hay que olvidar nunca en la obra de difusin del Evangelio: vivir los primeros aquello que se anuncia, ser espejo de la caridad divina

Franciscanos y Dominicos fueron testigos, pero tambin maestros. De hecho, otra exigencia difundida en su poca era la de la instruccin religiosa. No pocos fieles laicos, que vivan en las ciudades en vas de gran expansin, deseaban practicar una vida cristiana espiritualmente intensa. Intentaban por tanto profundizar en el conocimiento de la fe y ser guiados en el arduo pero entusiasmante camino de la santidad. Las rdenes Mendicantes supieron felizmente salir al encuentro tambin a esta necesidad: el anuncio del Evangelio en la sencillez y en su profundidad y grandeza era un objetivo, quizs el objetivo principal, de este movimiento. Con gran celo, de hecho, se dedicaron a la predicacin. Eran muy numerosos los fieles, a menudo verdaderas y autnticas multitudes, que se reunan para escuchar a los predicadores en las iglesias y en los lugares abiertos, pensemos en san Antonio, por ejemplo. Se trataban argumentos cercanos a la gente, sobre todo la prctica de las virtudes teologales y morales, con ejemplos concretos, fcilmente comprensibles. Adems, se enseaban formas para nutrir la vida de oracin y la piedad. Por ejemplo, los Franciscanos difundieron mucho la devocin hacia la humanidad de Cristo, con el compromiso de imitar al Seor. No sorprende entonces que fuesen numerosos los fieles, hombres y mujeres, que elegan hacerse acompaar en el camino cristiano por frailes Franciscanos y Dominicos, directores espirituales y confesores buscados y apreciados. Nacieron as asociaciones de fieles laicos que se inspiraban en la espiritualidad de san Francisco y Santo Domingo, adaptada a su estado de vida. Se trata de la Orden Terciaria, tanto franciscna como dominica. En otras palabras, la propuesta de una santidad laical conquist a muchas personas. Como ha recordado el Concilio Ecumnico Vaticano II, la llamada a la santidad no est reservada a algunos, sino que es universal (cfr Lumen gentium, 40). En todos los estados de vida, segn las exigencias de cada uno de ellos, se encuentra la posibilidad de vivir el Evangelio. Tambin hoy cada cristiano debe tender a la medida alta de la vida cristiana, sea cual sea el estado de vida al que pertenezca.

La importancia de las rdenes Mendicantes creci tanto en la Edad Media que Instituciones laicas como las organizaciones de trabajo, las antiguas corporaciones y las propias autoridades civiles, recurran a menudo a la consulta espiritual de los Miembros de estas rdenes para la redaccin de sus regulaciones y, a veces, para solucionar sus conflictos externos e internos. Los Franciscanos y los Dominicos se convirtieron en los animadores espirituales de la ciudad medieval. Con gran intuicin, pusieron en marcha una estrategia pastoral adaptada a las transformaciones de la sociedad. Dado que muchas personas se trasladaban de los campos a las ciudades, stos ya no colocaron sus conventos en las zonas rurales, sino urbanas. Adems, para llevar a cabo su actividad en beneficio de las almas, era necesario trasladarse segn las exigencias pastorales. Con otra eleccin totalmente innovadora, las rdenes Mendicantes abandonaron el principio de estabilidad, clsico del monaquismo antiguo, para elegir otra forma. Menores y Predicadores viajaban de un lugar a otro, con fervor misionero. En consecuencia, se dieron una organizacin distinta respecto a la de la mayor parte de las rdenes Monsticas. En lugar de la tradicional autonoma de que gozaba cada monasterio, stos reservaron mayor importancia a la Orden en cuanto tal y al Superior General, como tambin a la estructura de las provincias. As los Mendicantes estaban ms disponibles a las exigencias de la Iglesia universal. Esta flexibilidad hizo posible el envo de los frailes ms adecuados para el desarrollo de misiones especficas, y las rdenes Mendicantes llegaron a frica septentrional, a Oriente Medio, al Norte de Europa. Con esta flexibilidad el dinamismo misionero se renov.

Otro gran desafo lo representaban las transformaciones culturales que estaban teniendo lugar en ese periodo. Nuevas cuestiones hacan vivaz la discusin en las universidades, que nacieron a finales del siglo XII. Menores y Predicadores no dudaron en asumir tambin esta tarea y, como estudiantes y profesores, entraron en las universidades ms famosas de su tiempo, erigieron centros de estudio, produjeron textos de gran valor, dieron vida a verdaderas y autnticas escuelas de pensamiento, fueron protagonistas de la teologa escolstica en su mejor periodo, incidieron significativamente en el desarrollo del pensamiento. Los ms grandes pensadores, santo Toms de Aquino y san Buenaventura, eran mendicantes, trabajando precisamente con este dinamismo de la nueva evangelizacin, que renov tambin el coraje del pensamiento, del dilogo entre razn y fe. Tambin hoy hay una caridad de la y en la verdad, una caridad intelectual que ejercer, para iluminar las inteligencias y conjugar la fe con la cultura. El empeo llevado a cabo por los Franciscanos y los Dominicos en las universidades medievales es una invitacin, queridos fieles, a hacerse presentes en los lugares de elaboracin del saber, para proponer, con respeto y conviccin, la luz del Evangelio sobre las cuestiones fundamentales que interesan al hombre, su dignidad, su destino eterno. Pensando en el papel de los Franciscanos y de los Dominicos en la Edad Media, en la renovacin espiritual que suscitaron, al soplo de vida nueva que comunicaron en el mundo, un monje dijo: En aquel tiempo el mundo envejeca. Surgieron dos rdenes en la Iglesia, de la que renovaron su juventud, como la de un guila (Burchard dUrsperg, Chronicon).

Queridos hermanos y hermanas, invoquemos precisamente al inicio de este ao el Espritu Santo, eterna juventud de la Iglesia: que l haga sentir a cada uno la urgencia de ofrecer un testimonio coherente y valiente del Evangelio, para que no falten nunca santos, que hagan resplandecer a la Iglesia como esposa siempre pura y bella, sin mancha y sin arruga, capaz de atraer irresistiblemente el mundo hacia Cristo, hacia su salvacin.

En el siglo trece surgieron las rdenes mendicantes, llamadas as porque buscaban la ayuda de la gente para poder vivir y cumplir su misin. Las ms conocidas fueron los franciscanos y los dominicos, fundados por Francisco de Ass y Domingo de Guzmn, respectivamente, los cuales supieron enfrentarse a los desafos de la Iglesia de su poca. Frente a la pretensin de algunos que, anhelando una vida cristiana ms autentica, se alejaban de la comunin eclesial, demostraron que era posible vivir la pobreza evanglica sin separarse de la Iglesia. Se entregaron con incansable celo a la predicacin, a la enseanza y al acompaamiento espiritual de los fieles, satisfaciendo la necesidad que sentan de una vida espiritual ms intensa. Supieron tambin adaptarse con flexibilidad a las necesidades pastorales provocadas por el crecimiento de las ciudades en detrimento de las zonas rurales. Participando activamente en la vida cultural de su tiempo, llegaron a incidir significativamente en el desarrollo del pensamiento. En definitiva, la aparicin de las rdenes mendicantes es un ejemplo concreto de cmo lo santos son los autnticos reformadores de la Iglesia, capaces de promover una renovacin eclesial estable y profunda.

Saludo cordialmente a los fieles de lengua espaola aqu presentes. En particular, a los peregrinos de Espaa, Mxico, Uruguay y de otros pases latinoamericanos. Deseo a todos que vuestra peregrinacin a las tumbas de los apstoles Pedro y Pablo os ayude a sentir la urgencia de dar un testimonio coherente y valiente del Evangelio, mostrando con la palabra y el ejemplo de vuestras vidas la belleza del mensaje de Cristo. Muchas gracias.

Deseo ahora dirigir un llamamiento por la dramtica situacin en la que se encuentra Hait. Mi pensamiento va, en particular, a la poblacin duramente afectada, hace pocas horas, por un devastador terremoto, que ha causado graves prdidas en vidas humanas, un gran aumento de sin techo y de dispersos e ingentes daos materiales. Invito a todos a unirse a mi oracin al Seor por las vctimas de esta catstrofe y por aquellos que lloran por su desaparicin. Aseguro mi cercana espiritual a quienes han perdido su casa y a todas las personas probadas de diversas formas por esta grave calamidad, implorando a Dios consuelo y alivio en su sufrimiento. Llamo a la generosidad de todos, para que no les falte a estos hermanos que viven un momento de necesidad y de dolor, nuestra solidaridad concreta y el apoyo fctico de la Comunidad Internacional. La Iglesia catlica no dejar de activarse inmediatamente a travs de sus instituciones caritativas para salir al encuentro de las necesidades ms inmediatas de la poblacin.

publica el saludo que Benedicto XVI dirigiel sbado, 9 de Enero de 2010, a los superiores, alumnos y exalumnos del Colegio Pontificio Norteamericano, al recibirles en audiencia con motivo del 150 aniversario de su fundacin.

Me complace dar la bienvenida a los alumnos del Colegio Pontificio Norteamericano, junto al Rector, la facultad y los estudiantes del seminario de la colina Janiculum, y a los sacerdotes estudiantes de la Casa Santa Mara de la Humildad. Nuestro encuentro llega en la conclusin de las celebraciones del 150 aniversario de la institucin del Colegio por mi predecesor, el Beato Po IX. En esta feliz ocasin, quiero unirme a vosotros en el agradecimiento al Seor por las muchas maneras con las que el Colegio ha permanecido fiel a su visin fundacional a travs de la formacin de generaciones de vlidos predicadores del Evangelio y ministros de los sacramentos, devotos del Sucesor de Pedro y comprometidos con la edificacin de la Iglesia en los Estados Unidos de Amrica.

Es oportuno, en este Ao del Sacerdocio, que hayis vuelto al Colegio y a esta Ciudad Eterna para dar gracias por la formacin acadmica y espiritual con la que se ha alimentado vuestro ministerio sacerdotal a travs de los aos. La presente Reunin es una oportunidad no slo para recordar con gratitud el tiempo de vuestros estudios, sino tambin para reafirmar vuestro afecto filial a la Iglesia de Roma, para recordar las tareas apostlicas de los innumerables alumnos que se han ido antes que vosotros, y comprometeros nuevamente con los altos ideales de santidad, fidelidad y celo apostlico que abrazasteis el da de vuestra ordenacin. Es como una oportunidad para renovar vuestro amor al Colegio y vuestro aprecio por su misin especfica para la Iglesia de vuestro pas.

El Papa reiter su conviccin de que la Iglesia en Amrica est llamada a cultivar una cultura intelectual que sea Catlica de una manera genuina que confa en la armona profunda entre fe y razn, y dispuesta a llevar la riqueza de la visin de la fe en contacto con las cuestiones urgentes que conciernen el futuro de la sociedad americana. (Homila en el Estadio Nacional, Washington, 17 de abril de 2008).

Como el Beato Po IX haba previsto correctamente, el Colegio Pontificio Norteamericano de Roma est preparado de una manera nica para ayudar a responder a este perenne desafo. En el siglo y medio desde su fundacin, el Colegio ha ofrecido a sus estudiantes una excepcional experiencia de la universalidad de la Iglesia, de la amplitud de su tradicin intelectual y espiritual, y de la urgencia de su mandato de llevar la verdadera salvacin de Cristo y a los hombres y mujeres de todo tiempo y lugar. Confo en que, enfatizando esos signos distintivos de la educacin Romana en todos los aspectos de su programa de formacin, el Colegio continuar formando sabios y generosos pastores capaces de transmitir la fe Cristiana en su integridad, llevando la infinita gracia de Cristo a los dbiles y los perdidos, y permitiendo a los Catlicos de Amrica ser levadura del Evangelio en la vida social, poltica y cultural de su nacin.

Queridos hermanos, rezo para que en estos das seis renovados en el don del Espritu Santo que recibisteis el da de vuestra ordenacin. En la capilla del Colegio, dedicada a la Bienaventurada Virgen Mara bajo el ttulo de la Inmaculada Concepcin, Nuestra Seora est retratada en compaa de cuatro excepcionales modelos y patrones de la vida sacerdotal y el ministerio: san Gregorio Magno, san Po X, san Juan Mara Vianney y san Vicente Pal. Durante este Ao del Sacerdocio, que puedan estos santos sacerdotes continuar guiando a los estudiantes que rezan diariamente en medio de ellos; que puedan guiar y apoyar su propio ministerio e interceder por los sacerdotes de los Estados Unidos. Con cordiales buenos deseos por los frutos que Os imparto mi Bendicin Apostlica, que quiero extender a todos los alumnos y amigos del Colegio Pontificio Norteamericano.

Un ao ms, el Seor Obispo me ha nombrado responsable de la peregrinacin en oracin por la paz a Candelaria, actividad que se viene desarrollando desde hace ya varios aos, motivada por los momentos ms difciles de la Guerra del Golfo.

Si quieres promover la paz, protege la creacin es el lema elegido para estas jornada por el Papa Benedicto XVI, el cual, quiere subrayar que la responsabilidad por el medioambiente significa preocuparse por las generaciones futuras dejndoles un mundo que se pueda gobernar. Cuidando la creacin constatamos que Dios nos protege y la salvaguardia de la creacin es la base para construir un futuro mejor.

Desde la comisin que se ha creado para dicha actividad diocesana queremos invitarles a que animen a sus comunidades parroquiales, colegios, grupos, etc. a participar en ella, el prximo 20 de marzo de 2010, saliendo como en aos anteriores desde la Iglesia de Sto. Domingo de Guzmn en La Laguna en torno a las 6.00 horas tras una pequea celebracin de la Palabra y reunindonos en Caletillas con el resto para continuar la marcha hacia la Baslica, en la cual celebraremos la Eucarista presidida por nuestro Sr. Obispo.

La campaa de Manos Unidas de este fin de semana tiene como lema: Contra el hambre, defiende la tierra, el cual se ha plasmado en los carteles y el resto de los materiales, as como en un rbol y un tenedor. El rbol como smbolo de la naturaleza y de la vida, y el tenedor como smbolo de eliminacin del hambre en el mundo. El 12 de febrero, Da del Ayuno Voluntario, Manos Unidas ha invitado a quienes lo deseen a participar en la eucarista que tendr lugar en la parroquia de San Juan Bautista, en La Orotava, a las 19:30 horas, presidida por el obispo, Bernardo lvarez.

Dando vida, sembrando esperanza, es le lema escogido este ao para desarrollar la Jornada Mundial del Enfermo que se acaba de celebrar. Cada ao, con esta jornada, la Iglesia quiere sensibilizar a toda la comunidad eclesial sobre la importancia del servicio pastoral en el vasto mundo de la salud, un servicio que es parte integrante de su misin, ya que se inscribe en el surco de la misma misin salvfica de Cristo. l, Mdico divino, "pas haciendo el bien y curando a todos los oprimidos.

El prximo mircoles se inicia la cuaresma, la delegacin de liturgia ha editado un cartel que lleva por ttulo: para crecer en la feconvirtete. Igualmente en la web de la delegacin se pueden encontrar distintos materiale. Adems, para ayudar a la contemplacin y a la oracin personal y comunitaria, partiendo del Evangelio del domingo, sigue ofreciendo la Lectio Divina.

A partir del domingo, en el Puerto de la Cruz, los presbteros ordenados en los ltimos cinco aos desarrollarn el ya tradicional encuentro de sacerdotes jvenes.

Tambin este domingo, 14 de febrero, se llevar a cabo en la Casa de la Iglesia, la Asamblea General de la Adoracin Nocturna Espaola (ANE) y de la Adoracin Nacional Femenina Espaola (ANFE). Dicho encuentro comenzar a las10:00 horas y se prolongar hasta medioda.

El Consejo de Gerencia de la Bajada de la Virgen ha propuesto por unanimidad a Carmen Daz Alayn como pregonera de las prximas Fiestas Lustrales. La prestigiosa filloga nacida en Santa Cruz de La Palma ser la primera mujer que desempee el cometido de anunciar el comienzo de una nueva edicin de la Bajada de la Virgen de las Nieves.

La Comisin de Seguimiento de las obras de la Catedral se ha reunido, nuevamente, para valorar las acciones que se vienen acometiendo en el primer templo de la Dicesis. Las obras van cumpliendo los plazos establecidos. La cpula se sigue demoliendo a mano. Se trata de una labor que requiere lentitud y precisin pero se est en el plazo previsto. El 26 de febrero ser la reunin en Madrid con el Instituto de Patrimonio.

En S. Sebastin de La Gomera se reuni la Comisin de seguimiento del Convenio entre el Cabildo Insular y el Obispado sobre el Patrimonio Eclesistico. En la misma se acord realizar acciones prioritarias en la iglesia de S. Marcos, de Agulo, y Candelaria, en Chipude. Tambin- entre otros asuntos- se evalu el final de las obras en la parroquia de Vallehermoso, o la situacin de las obras presentes y futuras en el Santuario de Puntallana.

En la tarde del mircoles, el Alcalde de La Laguna, Fernando Clavijo, y distintos miembros de la Corporacin municipal visitaron, oficialmente, la rehabilitada Casa Salazar, actual Sede del Obispado. El Obispo les agradeci la colaboracin del Consistorio durante todo el proceso de restauracin del edificio y en la cesin de la Casa Anchieta como Sede Provisional del Obispado.

En la edicin dominical del rotativo Canarias 7 se adelanta algunos datos del estudio que se va a presentar a las prximas jornadas de Historia de la Iglesia en Canarias, relativos a la presencia en el archivo secreto vaticano del llamado pleito insular. As el peridico destaca cmo el pleito preocup a los obispos canarios de finales del siglo XIX y XX e informaron de ello a Roma.

Continan desarrollndose las Fiestas en honor a la Virgen de Chinguaro, en Gmar. El da grande de esta festividad tendr lugar el domingo, 14 de febrero. La salida de la peregrinacin hasta el Sitio Histrico de Chinguaro se desarrollar a partir de las 7:30 horas. La Eucarista en la ermita de Chinguaro comenzar a las 8:30 horas. Al trmino de la misma se llevar a cabo el tradicional desayuno de hermandad.

Entre el 19 y el 21 de febrero se desarrollar el Master de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre matrimonio y familia. Se trata de una especialidad universitaria que ofrece a sus alumnos una formacin interdisciplinar sobre el matrimonio y la familia. Adems, les permite comprender el sentido de la vocacin al matrimonio, capacitndolos as para colaborar en el trabajo por la familia en las distintas dicesis, parroquias, asociaciones o movimientos apostlicos.

La delegacin de pastoral vocacional ha invitado a quienes lo deseen a acudir a la Peregrinacin Vocacional a Garachico, el domingo 21 de febrero bajo el lema: En camino, para ser enviados. El horario queda de la siguiente forma: De 16:00 a 19:00 horas; adoracin del Santsimo y testimonios simultneos en todas las iglesia y ermitas de Garachico. A las 19:00 horas; celebracin y peregrinacin desde la Puerta de Tierra a la ermita de la Virgen de los Reyes. Para cualquier informacin se puede llamar a la parroquia de Santa Ana (922 83 02 44).

El jesuita Lucas Lpez dar ejercicios de forma personalizada a quien lo desee la prxima Semana Santa en la Casa Manresa de Tacoronte. Los interesados pueden llamar al 677 911 017 o enviar un correo a:

Bajo el lema Busca y encuentra, los prximos das 26 de febrero y 5 de marzo se llevarn a cabo en diferentes puntos de la dicesis, varias vigilias de cuaresma especialmente dirigidas a jvenes. Las zonas y los horarios de estas vigilas para el 26 de febrero quedan de la siguiente forma: Parroquias de Gracia en La Cuesta, de Santa rsula, en el norte de Tenerife, de Santo Domingo en Hermigua y en El Retamar en Los Llanos, a las 20:00 horas. Ese mismo da, tambin habr una vigilia en la parroquia de Las Eras a las 21:00 horas. Por otro lado, una nueva iniciativa de este tipo se desarrollar, el 5 de marzo, en la parroquia de Valverde en El Hierro, a las 19:30 horas.

El domingo se celebr la aplazada fiesta de la Virgen de Candelaria. En un templo en el que estaban presentes las primeras autoridades autonmicas, insulares y locales. El Obispo destac en su homila que estamos llamados a ser como velas que disipen las tinieblas del mal, la injusticia, la miseria y la divisin.

El Obispo dio gracias a la patrona porque las pasadas riadas no ocasionaron vctimas. "Las riadas no causaron daos personales, pero s daos materiales. Esto ha sido gracias a Dios". Entonces, el obispo record a todos los profesionales y voluntarios que se han volcado en los ltimos das para atenuar las consecuencias de la borrasca tormentosa. "Pedimos a Dios que los afectados por las riadas se recuperen lo antes posible", destac a los pies de la imagen de La Morenita.

En varias ocasiones de su homila el Prelado tuvo presente a Hait. Si ya era pobre de por s, ahora Hait ha visto agravado el dolor y la miseria de sus habitantes tras la reciente tragedia. No podemos ser indiferentes. Vamos a hacer luz y a contribuir para que este pas salga adelante".

El pasado 30 de enero se present el CD con la "Misa de Conmemoracin para: Solistas, Coro y Orquesta", obra de Emilio Coello, compuesta para el 50 Aniversario de la Edificacin de la Baslica de Candelaria. La grabacin que se llev a cabo en el Auditorio Ernesto Lecuona, del Conservatorio Superior de Msica de Canarias, durante los das 30 y 31 de Enero de 2009. Supone el sptimo trabajo discogrfico en el que participa Camerata Lacunensis, ya sea en solitario, o, como en este caso, formando parte de un formidable elenco de solistas, orquesta y coros.

El Ayuntamiento de Gmar ha firmado un convenio con la viuda del nieto del artista y compositor del "Pasodoble al Socorro", Miguel Castillo, para donar documentos personales y artsticos del autor. Entre las obras donadas al Consistorio destaca el pasodoble "Al Socorro", que desde el momento de su estreno, el pueblo gimarero la hizo suya, convirtindose en el himno popular de las fiestas en honor a la Virgen de El Socorro. Otra de las piezas musicales donadas es la salve "A la Virgen del Socorro", una marcha dedicada al obispo de San Cristbal de La Laguna y natural de Gmar, Domingo Prez Cceres.

La comunidad parroquial de S. Juan Bautista de Vallehermoso prev celebrar el centenario del templo, el prximo viernes 19 de marzo de 2010. Con tal motivo, entre otros actos, se est organizando un homenaje a los sacerdotes que han servido a esta parroquia en el ltimo siglo.

El pasado domingo, la devocin a San Antonio Abad qued patente en Buenavista del Norte en su romera desde el recinto ferial de Triana hasta la parroquia de Nuestra Seora de los Remedios, para concluir en la ermita del santo. Tambin en Gimar celebraron a este santo con la tradicional exposicin y bendicin de animales.

La Obra Social Caja Madrid y Critas Diocesana de Tenerife han puesto en marcha un programa de prevencin del envejecimiento patolgico dirigido a mujeres mayores. Este proyecto consiste en una serie de actividades en viviendas tuteladas, diseado para cubrir las necesidades de mujeres mayores de 65 aos sin recursos o apoyo familiar o social, hasta ahora desatendidas, con la idea de manterlas por ms tiempo activas, ayudndolas a fomentar un envejecimiento activo y saludable.

El obispo Bernardo lvarez y el rector del Seminario, Juan Pedro Rivero han realizado una invitacin para participar en el Certamen Teolgico Espiritual que se convoca en el Ao Sacerdotal con motivo del Da de San Juan de vila. Se trata de una propuesta dirigida a todos los sacerdotes y diconos que residan en la Dicesis de San Cristbal de La Laguna consistente en la elaboracin de un trabajo escrito en el que se ofrezca una aportacin personal sobre el tema: Vida y Espiritualidad Sacerdotal. Para ms informacin se puede llamar al nmero de telfono de la secretaria del ISTIC: 922 25 20 67.

El peridico Diario de Avisos ha publicado en su edicin del martes, 9 de febrero un reportaje sobre la labor que desempean los voluntarios en el Hospital San Juan de Dios de Tenerife. Actualmente, hay una docena de voluntarios implicados en el acompaamiento de los pacientes.

El Parlamento de Canarias ha aprobado la Ley canaria de Igualdad entre Mujeres y Hombres, una nueva normativa legal que recoge el derecho al embarazo y a la maternidad, adems de articular una serie de ayudas y recursos de apoyo para las mujeres embarazadas. Segn la portavoz del colectivo Red Madre en el Archipilago, Alina Lpez esta nueva ley es un paso muy importante para las mujeres embarazadas de Canarias, porque por fin van a tener un apoyo y una ayuda real. Por primera vez no van a estar solas.

El Colegio Nuestra Seora del Buen Consejo ha invitado a todos los que lo deseen a la celebracin del 75 aniversario de la fundacin de este centro educativo por las Religiosas Franciscanas de Nuestra Seora del Buen Consejo. El acto tendr lugar el prximo viernes 19 de marzo de 2010, a partir de las 10:00 horas con la celebracin de la Eucarista presidida por el Obispo en las instalaciones del colegio, en La Laguna.

La Campaa de este ao 2010, tiene como lema: CONTRA EL HAMBRE, DEFIENDE LA TIERRA, y se ha plasmado, en los carteles y el resto de los materiales, en un rbol y un tenedor. El rbol como smbolo de la Naturaleza y de la Vida; y el tenedor como smbolo de eliminacin del Hambre en el mundo. Consiguiendo la sostenibilidad ambiental, podemos ayudar a erradicar el Hambre. Finalmente, el campo verde, representa no solamente fines ecolgicos, sino tambin el color de la esperanza.

Le agradeceramos que ingresaran la colecta de la Misa del 2 domingo de Febrero directamente en la nica cuenta que Manos Unidas tiene en esta provincia, en Caja Canarias n 2065 0000 00 1400155999.

El 12 de Febrero, Da del Ayuno Voluntario, le invitamos a concelebrar con el Sr. Obispo la Eucarista, que tendr lugar en la Parroquia de San Juan Bautista , en la Orotava, a las 19:30 horas.

Sugerencias para la Eucarista de la Jornada Mundial del Enfermo, 11 de Febrero, fiesta de Ntra. Sra. de Lourdes, publicado en Guin Litrgico para su celebracin por el Departamento de Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Espaola y que este ao de 2010 se presenta con el lema Dando vida, sembrando esperanza.

1R 11,4-13. La grandeza del reino de Israel empieza a resquebrajarse y entre las diversas causas, tanto histricas como sociolgicas, hay una causa honda: el corazn de Salomn se ha desviado, no es por entero del Seor. La grandeza de Salomn es juzgada por la Palabra, pues su fuerza le viene del Seor y l ha de ser fiel a la Alianza.

Sal 105. Acurdate de mi, Seor, por amor a tu pueblo. Meditacin histrica sobre los siete pecados capitales del pueblo en el desierto. El pueblo reconoce el pecado, se asocia con toda la historia pecadora y pide la restauracin.

Mc 7,24-30. Empieza una nueva seccin del evangelio de Marcos, una lnea teolgica que se encuadra en la lnea del seguimiento de Jess. La lectura de hoy recoge un signo de convocacin y se subraya la universalidad del ofrecimiento de salvacin. Aparece con claridad la condicin bsica para seguir a Jess: la fe en l, el reconocimiento de su poder, actitud indigente, humilde, pobre.

Se da un paso de la fe al compromiso. Una mujer de otra religin (una pagana), es la que se acerca a Jess en busca de su poder divino. Por eso, Jess se hace de rogar: quiere comprobar el contenido de fe de la mujer. Aparentemente la humilla y le hace sufrir; pero es a travs de esa dolorosa experiencia como la mujer purifica su gesto de religiosidad y lo transforma en un gesto de compromiso de fe con Jess.

La Jornada Mundial del Enfermo quiere sensibilizar a la comunidad eclesial sobre la importancia del servicio pastoral en el amplio mundo de la salud, servicio que es parte integrante de su misin, ya que se inscribe en el surco de la misma misin salvfica de Cristo.

El sufrimiento humano alcanza su sentido y plenitud de luz en el misterio de su pasin, muerte y resurreccin. El sufrimiento humano ha alcanzado su culmen en la pasin de Cristo. La cruz de Cristo se ha convertido en una fuente de la que brotan ros de agua viva (Salvifici doloris, n. 18).

En la ltima Cena, el Seor Jess se inclin para lavar los pies a los apstoles, con ese gesto invit a sus discpulos a entrar en su misma lgica del amor que se dona especialmente a los ms pequeos y a los necesitados (cf. Jn 13, 12-17).

Concluyendo la parbola, Jess dice: Vete y haz t lo mismo (Lc 10, 37). Con estas palabras se dirige tambin a nosotros. Nos exhorta a inclinarnos sobre las heridas del cuerpo y del espritu de numerosos hermanos y hermanas que encontramos en los caminos del mundo; nos ayuda a comprender que, con la gracia de Dios acogida y vivida en la vida de cada da, la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento se puede convertir en escuela de esperanza.

Como he afirmado en la Encclica Spe salvi, lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulacin, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unin con Cristo, que ha sufrido con amor infinito (n. 37).

En su momento, el Concilio Ecumnico Vaticano II recordaba la importante tarea de la Iglesia de ocuparse del sufrimiento humano. En la Constitucin dogmtica Lumen gentium leemos que as como Cristo fue enviado por el Padre a evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos (Lc 4, 18), para buscar y salvar lo que estaba perdido (Lc 19, 10), de manera semejante la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana, ms an, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en aliviar sus necesidades y pretende servir en ellos a Cristo (n. 8).

Esta obra humanitaria y espiritual de la Comunidad eclesial hacia los enfermos y los que sufren a lo largo de los siglos se ha expresado en muchas formas y estructuras sanitarias tambin de carcter institucional. Quisiera recordar aqu aquellas que las dicesis administran directamente y las que han nacido de la generosidad de varios institutos religiosos. Se trata de un precioso patrimonio que responde al hecho de que el amor necesita tambin de organizacin como presupuesto para un ordenado servicio comunitario (Deus caritas est, 20).

La creacin del Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios, hace ya veinticinco aos, forma parte de esta solicitud eclesial por el mundo de la salud. Debo aadir que, en el momento histrico-cultural actual, se advierte ms todava la exigencia de una presencia eclesial atenta y capilar junto a los enfermos, as como de una presencia en la sociedad capaz de transmitir de modo eficaz los valores evanglicos para tutelar la vida humana en todas sus fases, desde su concepcin hasta su trmino natural.

Agradezco de corazn a las personas que, cada da, realizan un servicio para con los que estn enfermos y los que sufren, de modo que el apostolado de la misericordia de Dios, al que se dedican, responda cada vez mejor a las nuevas exigencias (Juan Pablo II, Cons. ap. Pastor Bonus, 152).

En este Ao Sacerdotal, mi pensamiento se dirige particularmente a vosotros, queridos sacerdotes, ministros de los enfermos, signo e instrumento de la compasin de Cristo, que debe llegar a cada hombre marcado por el sufrimiento. Os invito, queridos presbteros, a no ahorrar vuestros esfuerzos en proporcionarles cuidado y consolacin. El tiempo transcurrido junto a la persona probada se revela fecundo de gracia para todas las dems dimensiones de la pastoral.

En fin, me dirijo a vosotros, queridos enfermos, y os pido que oris y ofrezcis vuestros sufrimientos por los sacerdotes, para que se mantengan fieles a su vocacin y su ministerio sea rico en frutos espirituales, para beneficio de toda la Iglesia.

Guin litrgico para la Eucarista de la Jornada Mundial del Enfermo, 11 de Febrero, fiesta de Ntra. Sra. de Lourdes, publicado por el Departamento de Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Espaola y que este ao de 2010 se presenta con el lema Dando vida, sembrando esperanza.

11 de febrero (Ntra. Seora de Lourdes): Jornada Mundial del Enfermo (pontificia y dependiente de la CEE, obligatoria). Liturgia del da (vase secc. Misal), alusin en la monicin de entrada y en la homila; intencin en la Oracin Universal.

MISAL: para la feria cualquier formulario permitido (vase pg. 65, n. 5) / para la memoria 1. Oracin propia, aunque por utilidad pastoral, a juicio del rector de la iglesia o del sacerdote celebrante, se puede celebrar con el formulario Por los Enfermos (cf. OGMR 376).

Este ao, la Jornada Mundial del Enfermo adquiere un tono especial para la Iglesia Universal y para la Pastoral de la Salud. Este da coincide con el 25. aniversario de la Institucin del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud y tiene como lema: La Iglesia al servicio del amor hacia los enfermos y los que sufren.

Como cada ao, hay que tener presente que la Jornada Mundial del Enfermo es el primer paso de la Campaa del Enfermo, que culmina en la Pascua del Enfermo, el VI Domingo de Pascua.

El lenguaje de los smbolos tiene siempre gran importancia en la celebracin, pues de una forma u otra llegan a la persona e influyen en ella. Habr que tener en cuenta aquellos que ms pueden ayudar a la celebracin en cada comunidad.

Unas cuantas antorchas, velas que nos unen a la celebracin que tiene lugar en Roma, a la Procesin de antorchas en Lourdes, es el signo de la luz, de Cristo resucitado, de tanta tradicin y devocin en nuestras comunidades.

Hoy, memoria litrgica de la Bienaventurada Virgen Mara de Lourdes, se celebra la Jornada Mundial del Enfermo. Este da coincide, adems, con el 25. aniversario de la creacin del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud. El lema elegido para esta celebracin expresa el trabajo de la Iglesia a lo largo de la historia y de estos veinticinco aos del Consejo Pontificio: La Iglesia al servicio del amor hacia los enfermos y los que sufren. Benedicto XVI, en su mensaje para esta Jornada, invita a dar gracias a Dios por el camino recorrido hasta ahora en el mbito de la Pastoral de la Salud, y es su deseo que esta celebracin sea ocasin para que haya un empeo apostlico ms generoso en el servicio a los enfermos y a las personas que los asisten.

La Iglesia de Espaa, a la vez que celebra la Jornada Mundial del Enfermo, da inicio a una campaa que celebrar los veinticinco aos del Da del Enfermo. Demos, pues, gracias a Dios por el camino recorrido y pidmosle que fortalezca nuestro compromiso de acompaar y servir a los enfermos.

En la primera lectura se nos narra el oscurecimiento del reinado de Salomn. Salomn no ha sido fiel al Seor, su corazn se ha desviado, ha cado en la idolatra, Dios se encoleriza contra l y le anuncia el castigo que seguir por su infidelidad. En el Evangelio, una buena mujer no juda se acerca a Jess para pedirle la curacin de su hija.

1R 11,4-13. La grandeza del reino de Israel empieza a resquebrajarse y entre las diversas causas, tanto histricas como sociolgicas, hay una causa honda: el corazn de Salomn se ha desviado, no es por entero del Seor. La grandeza de Salomn es juzgada por la Palabra, pues su fuerza le viene del Seor y l ha de ser fiel a la Alianza.

Sal 105. Acurdate de mi, Seor, por amor a tu pueblo. Meditacin histrica sobre los siete pecados capitales del pueblo en el desierto. El pueblo reconoce el pecado, se asocia con toda la historia pecadora y pide la restauracin.

Mc 7,24-30. Empieza una nueva seccin del evangelio de Marcos, una lnea teolgica que se encuadra en la lnea del seguimiento de Jess. La lectura de hoy recoge un signo de convocacin y se subraya la universalidad del ofrecimiento de salvacin. Aparece con claridad la condicin bsica para seguir a Jess: la fe en l, el reconocimiento de su poder, actitud indigente, humilde, pobre.

Se da un paso de la fe al compromiso. Una mujer de otra religin (una pagana), es la que se acerca a Jess en busca de su poder divino. Por eso, Jess se hace de rogar: quiere comprobar el contenido de fe de la mujer. Aparentemente la humilla y le hace sufrir; pero es a travs de esa dolorosa experiencia como la mujer purifica su gesto de religiosidad y lo transforma en un gesto de compromiso de fe con Jess.

La Jornada Mundial del Enfermo quiere sensibilizar a la comunidad eclesial sobre la importancia del servicio pastoral en el amplio mundo de la salud, servicio que es parte integrante de su misin, ya que se inscribe en el surco de la misma misin salvfica de Cristo.

El sufrimiento humano alcanza su sentido y plenitud de luz en el misterio de su pasin, muerte y resurreccin. El sufrimiento humano ha alcanzado su culmen en la pasin de Cristo. La cruz de Cristo se ha convertido en una fuente de la que brotan ros de agua viva (Salvifici doloris, n. 18).

En la ltima Cena, el Seor Jess se inclin para lavar los pies a los apstoles, con ese gesto invit a sus discpulos a entrar en su misma lgica del amor que se dona especialmente a los ms pequeos y a los necesitados (cf. Jn 13, 12-17).

Concluyendo la parbola, Jess dice: Vete y haz t lo mismo (Lc 10, 37). Con estas palabras se dirige tambin a nosotros. Nos exhorta a inclinarnos sobre las heridas del cuerpo y del espritu de numerosos hermanos y hermanas que encontramos en los caminos del mundo; nos ayuda a comprender que, con la gracia de Dios acogida y vivida en la vida de cada da, la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento se puede convertir en escuela de esperanza.

Como he afirmado en la Encclica Spe salvi, lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulacin, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unin con Cristo, que ha sufrido con amor infinito (n. 37).

En su momento, el Concilio Ecumnico Vaticano II recordaba la importante tarea de la Iglesia de ocuparse del sufrimiento humano. En la Constitucin dogmtica Lumen gentium leemos que as como Cristo fue enviado por el Padre a evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos (Lc 4, 18), para buscar y salvar lo que estaba perdido (Lc 19, 10), de manera semejante la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana, ms an, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en aliviar sus necesidades y pretende servir en ellos a Cristo (n. 8).

Esta obra humanitaria y espiritual de la Comunidad eclesial hacia los enfermos y los que sufren a lo largo de los siglos se ha expresado en muchas formas y estructuras sanitarias tambin de carcter institucional. Quisiera recordar aqu aquellas que las dicesis administran directamente y las que han nacido de la generosidad de varios institutos religiosos. Se trata de un precioso patrimonio que responde al hecho de que el amor necesita tambin de organizacin como presupuesto para un ordenado servicio comunitario (Deus caritas est, 20).

La creacin del Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios, hace ya veinticinco aos, forma parte de esta solicitud eclesial por el mundo de la salud. Debo aadir que, en el momento histrico-cultural actual, se advierte ms todava la exigencia de una presencia eclesial atenta y capilar junto a los enfermos, as como de una presencia en la sociedad capaz de transmitir de modo eficaz los valores evanglicos para tutelar la vida humana en todas sus fases, desde su concepcin hasta su trmino natural.

Agradezco de corazn a las personas que, cada da, realizan un servicio para con los que estn enfermos y los que sufren, de modo que el apostolado de la misericordia de Dios, al que se dedican, responda cada vez mejor a las nuevas exigencias (Juan Pablo II, Cons. ap. Pastor Bonus, 152).

En este Ao Sacerdotal, mi pensamiento se dirige particularmente a vosotros, queridos sacerdotes, ministros de los enfermos, signo e instrumento de la compasin de Cristo, que debe llegar a cada hombre marcado por el sufrimiento. Os invito, queridos presbteros, a no ahorrar vuestros esfuerzos en proporcionarles cuidado y consolacin. El tiempo transcurrido junto a la persona probada se revela fecundo de gracia para todas las dems dimensiones de la pastoral.

En fin, me dirijo a vosotros, queridos enfermos, y os pido que oris y ofrezcis vuestros sufrimientos por los sacerdotes, para que se mantengan fieles a su vocacin y su ministerio sea rico en frutos espirituales, para beneficio de toda la Iglesia.

Por los responsables de las polticas sanitarias, para que acten con verdadero espritu de servicio, pensando siempre en los pobres y los dbiles, de aqu y de todo el mundo. OREMOS.

Por nuestra comunidad cristiana, por los que nos hemos reunido en esta Eucarista, que abramos nuestros corazones para recibir el amor y la gracia del Seor y seamos luz de esperanza para el mundo. OREMOS.

El prximo 11 de febrero, memoria litrgica de la Bienaventurada Virgen Mara de Lourdes, se celebrar en la baslica vaticana la XVIII Jornada mundial del enfermo. La feliz coincidencia con el 25 aniversario de la institucin del Consejo pontificio para la pastoral de los agentes sanitarios constituye un motivo ms para agradecer a Dios el camino recorrido hasta ahora en el sector de la pastoral de la salud. Deseo de corazn que ese aniversario sea ocasin para un celo apostlico ms generoso al servicio de los enfermos y de quienes cuidan de ellos.

Cada ao, con la Jornada mundial del enfermo, la Iglesia quiere sensibilizar a toda la comunidad eclesial sobre la importancia del servicio pastoral en el vasto mundo de la salud, un servicio que es parte integrante de su misin, ya que se inscribe en el surco de la misma misin salvfica de Cristo. l, Mdico divino, "pas haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo" (Hch 10, 38). En el misterio de su pasin, muerte y resurreccin, el sufrimiento humano encuentra sentido y la plenitud de la luz. En la carta apostlica Salvifici doloris, el siervo de Dios Juan Pablo II tiene palabras iluminadoras al respecto: "El sufrimiento humano escribi ha alcanzado su culmen en la pasin de Cristo. Y a la vez ha entrado en una dimensin completamente nueva y en un orden nuevo: ha sido unido al amor (...), a aquel amor que crea el bien, sacndolo incluso del mal, sacndolo por medio del sufrimiento, as como el bien supremo de la redencin del mundo ha sido sacado de la cruz de Cristo, y de ella toma constantemente su origen. La cruz de Cristo se ha convertido en una fuente de la que brotan ros de agua viva" (n. 18).

El Seor Jess en la ltima Cena, antes de volver al Padre, se inclin para lavar los pies a los Apstoles, anticipando el acto supremo de amor de la cruz. Con ese gesto invit a sus discpulos a entrar en su misma lgica, la del amor que se da especialmente a los ms pequeos y a los necesitados (cf. Jn 13, 12-17). Siguiendo su ejemplo, todo cristiano est llamado a revivir, en contextos distintos y siempre nuevos, la parbola del buen Samaritano, el cual, pasando al lado de un hombre al que los ladrones dejaron medio muerto al borde del camino, "al verlo tuvo compasin; y, acercndose, vend sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montndolo sobre su propia cabalgadura, lo llev a una posada y cuid de l. Al da siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: "Cuida de l y, si gastas algo ms, te lo pagar cuando vuelva"" (Lc 10, 33-35).

Al final de la parbola, Jess dice: "Ve y haz t lo mismo" (Lc 10, 37). Con estas palabras se dirige tambin a nosotros. Nos exhorta a inclinarnos sobre las heridas del cuerpo y del espritu de tantos hermanos y hermanas nuestros que encontramos por los caminos del mundo; nos ayuda a comprender que, con la gracia de Dios acogida y vivida en la vida de cada da, la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento puede llegar a ser escuela de esperanza. En verdad, como afirm en la encclica

, "lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulacin, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unin con Cristo, que sufri con amor infinito" (n. 37).

leemos que como "Cristo fue enviado por el Padre "para anunciar a los pobres la Buena Nueva, para sanar a los de corazn destrozado" (Lc 4, 18), "a buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc 19, 10); de manera semejante la Iglesia abraza con amor a todos los afligidos por la debilidad humana; ms an, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su fundador, pobre y sufriente, se preocupa de aliviar sus necesidades y pretende servir en ellos a Cristo" (n. 8).

Esta accin humanitaria y espiritual de la comunidad eclesial en favor de los enfermos y los que sufren a lo largo de los siglos se ha expresado en mltiples formas y estructuras sanitarias tambin de carcter institucional. Quisiera recordar aqu las gestionadas directamente por las dicesis y las que han nacido de la generosidad de varios institutos religiosos. Se trata de un valioso "patrimonio" que responde al hecho de que "el amor necesita tambin una organizacin, como presupuesto para un servicio comunitario ordenado" (

, hace veinticinco aos, forma parte de esa solicitud eclesial por el mundo de la salud. Y debo aadir que, en el actual momento histrico-cultural, se siente todava ms la exigencia de una presencia eclesial atenta y generalizada al lado de los enfermos, as como de una presencia en la sociedad capaz de transmitir de manera eficaz los valores evanglicos para la defensa de la vida humana en todas sus fases, desde su concepcin hasta su fin natural.

, que los padres conciliares dirigieron al mundo al final del concilio ecumnico Vaticano II: "Vosotros que sents ms el peso de la cruz dijeron (...), vosotros que lloris (...), vosotros los desconocidos del dolor, tened nimo: vosotros sois los preferidos del reino de Dios, el reino de la esperanza, de la bondad y de la vida; vosotros sois los hermanos de Cristo sufriente y con l, si queris, salvis al mundo" (Concilio Vaticano II. Constituciones. Decretos. Declaraciones. BAC, Madrid 1966, p. 845). Agradezco de corazn a las personas que cada da "realizan un servicio para con los que estn enfermos y los que sufren", haciendo que "el apostolado de la misericordia de Dios, al que se dedican, responda cada vez mejor a las nuevas exigencias" (Juan Pablo II, constitucin apostlica

mi pensamiento se dirige en particular a vosotros, queridos sacerdotes, "ministros de los enfermos", signo e instrumento de la compasin de Cristo, que debe llegar a todo hombre marcado por el sufrimiento. Os invito, queridos presbteros, a no escatimar esfuerzos para prestarles asistencia y consuelo. El tiempo transcurrido al lado de quien se encuentra en la prueba es fecundo en gracia para todas las dems dimensiones de la pastoral. Me dirijo por ltimo a vosotros, queridos enfermos, y os pido que recis y ofrezcis vuestros sufrimientos por los sacerdotes, para que puedan mantenerse fieles a su vocacin y su ministerio sea rico en frutos espirituales, para el bien de toda la Iglesia.

Con estos sentimientos, imploro para los enfermos, as como para los que los asisten, la proteccin maternal de Mara, Salus infirmorum, y a todos imparto de corazn la bendicin apostlica.

Ideas para la homila de la Misa de la Jornada Nacional de Manos unidas, 14 de Febrero de 2010, entresacadas del guin litrgico recibido entre los materiales para su celebracin.

El evangelio de hoy es muy consolador en la primera parte, pero terriblemente fuerte y duro en la segunda. Cuando contemplamos en nuestra sociedad de bienestar en la que vivimos la pobreza y miseria de la mayor parte de la humanidad, comprendemos algo mejor las palabras del Seor.

Al discurso de las bienaventuranzas aade Lucas cuatro "ayes" o amenazas que ponen en guardia a los ricos (vv. 24-26), anttesis de las cuatro bienaventuranzas. Jess llama dichosos a los pobres, a aquellos que lloran, a los que tienen hambre y a los que son perseguidos.Y declara destinados a la infelicidad a los ricos, a los que ren, a los que estn saciados o a los que son alabados por todos. Las palabras de Jess contrastan con la experiencia diaria que tenemos de la vida. El ideal comn de la felicidad es bien diverso de la felicidad de la que habla Jess.

En la primera bienaventuranza Jess garantiza a los pobres: "Vuestro es el Reino de los cielos!". Es evidente que Jess no proclama a los pobres dichosos por el hecho de ser pobres, ni menos an seala la pobreza como el ideal a vivir . La dicha o felicidad de los pobres radica ahora en el hecho mismo de que ya ha llegado para ellos el Reino de Dios. Son dichosos porque el Reino de Dios les pertenece.

La pobreza y la miseria es algo escandaloso que va contra el querer de Dios. El cristiano la rechaza y la combate. Todo esfuerzo por suprimirla es un paso que hace avanzar al Reino de Dios. Sin embargo, en la actual situacin en la que viven tantas personas y pases, elegir la pobreza como solidaridad con los pobres para luchar contra ella se convierte en buena noticia, ya que es proseguir la causa de Jess y vivir nuestra filiacin y fraternidad construyendo el Reino de Dios.

Las dos afirmaciones "Dichosos vosotros los pobres" y "Ay de vosotros los ricos!" mueven a los que escuchan a hacer una eleccin, una opcin a favor de los pobres. En el Antiguo Testamento, diversas veces Dios pone al pueblo delante de una eleccin de bendicin o de maldicin.Al pueblo se le dar la libertad de escoger:"Yo te he puesto delante la vida y la muerte, la bendicin y la maldicin; escoge, por tanto, la vida para que vivas t y tu descendencia " (Dt 30, 19).

Pero tambin la pobreza es un espritu. "La pobreza espiritual es la actitud de apertura a Dios, la disponibilidad de quien todo lo espera del Seor.Aunque valoriza los bienes de este mundo no se apega a ellos y reconoce el valor superior de los bienes del Reino" (Medelln, I 4,4). La pobreza es, por tanto, una espiritualidad, es una actitud del cristiano; es una disponibilidad de alma abierta a Dios. Por eso los pobres son una esperanza, porque son los ms disponibles para recibir los dones de Dios. Cristo dice: Dichosos los pobres porque de ellos es el Reino de Dios! Ellos son los ms capacitados para comprender lo que no comprenden quienes se postran ante los falsos dolos y confan en su poder. Los pobres que no tienen esos dolos, cuanto ms pobres, ms dueos del Reino de Dios, con tal que vivan de verdad esta espiritualidad, porque la pobreza que aqu dignifica Jesucristo no es una pobreza simplemente material, no tener nada, y eso es malo;

Adems, nuestros compromisos con las personas y los grupos vulnerables pasan por la cruz de Cristo. El rechazo de la cruz de Cristo es el fundamento y la explicacin del porqu nos cuesta tanto colaborar con los excluidos y oprimidos.

En la segunda y tercera bienaventuranza Jess dice:"Dichosos vosotros los que ahora tenis hambre, porque seris saciados! Dichosos vosotros los que ahora lloris porque reiris!" Lo que es definitivo ser el Reino, que estamos construyendo hoy con la fuerza del Espritu de Jess. Construir el Reino supone sufrimiento y persecucin, pero una cosa es cierta: el Reino llegar y "vosotros seris saciados y reiris!" El Reino es a la vez una realidad presente y futura. La segunda bienaventuranza evoca el cntico de Mara:"A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacos" (Lc 1,53).

La cuarta bienaventuranza nos lleva a mirar nuestra propia vida. Asumir en forma proftica la exclusin, los insultos, las sospechas, la murmuracin y que nos juzguen a causa del Hijo del Hombre, y eso puede ocurrir en nuestra propia familia o crculo de amigos.

Jesucristo contrapona dos mundos: el de los pobres, que se apoyan en Dios, y el de los satisfechos de la vida, egostas y perseguidores, que no necesitan de l. Pero adems, las bienaventuranzas desestabilizan la escala de valores que predomina en la sociedad. Jess aporta una nueva comprensin de la

La liturgia de la Iglesia, al poner hoy el texto de Jeremas en la la lectura, parece estar dando una clave de interpretacin: los pobres, los que lloran, los que tienen hambre son los que, desde su desamparo, tienen que saberse confiados en las manos de Dios, como dice Jeremas."Bendito el que confa en el Seor y pone en el Seor su confianza".

Y en este sentido se puede situar tambin la segunda lectura, porque ella motiva nuestra esperanza. Cristo vive. Esta es la gran fe y confianza, la gran espiritualidad de los pobres, este es nuestro Dios, el Dios de los pobres. Una felicidad que se prolongar y llegar a plenitud en la vida nueva de los redimidos, de la que Lzaro es prototipo (Lc 16, 19-3 I ). El lugar privilegiado para acceder a Jess son los pobres, en sus formas ms variadas. Las manifestaciones extremas de la pobreza son el pecado y la muerte.

Cristo ha resucitado y ha salvado desde su cruz el pecado de los hombres y la muerte de los hombres. En l consigue el hombre su liberacin integral y completa. Manos Unidas, con su identidad eclesial, apuesta por el compromiso cristiano por y con los pobres buscando un desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad, como nos ensea El Papa Benedicto XVI en su reciente encclica.

Los que vivimos acomodados, en esta sociedad de la abundancia, sentimos una especial dificultad para vivir las bienaventuranzas de Jess. Lo que hemos de hacer es escucharlas y empezar a mirar a los pobres, a los hambrientos y a los que lloran, como los mira Dios. De ah puede nacer nuestra conversin.

Cada domingo nos reunimos, como creyentes en Cristo, para celebrar el misterio salvador de su muerte y resurreccin. El Seor se hace presente en nuestra vida para salvarnos. Hoy, en todas las comunidades cristianas de Espaa, se nos hace presente el grito de los ms pobres de la tierra por medio de la Jornada Nacional de "Manos Unidas-Campaa contra el Hambre". Estamos viviendo el 50 aniversario de Manos Unidas y este ao nos propone como lema: "Contra el hambre, defiende la tierra". Abramos nuestro corazn a lo que Dios nos manifieste en esta celebracin.

La Palabra de Dios hoy nos invita a examinar nuestra conciencia y a interrogarnos para ver si nuestra vida va por el camino de las bendiciones o de las maldiciones. Dios no soporta al soberbio, al que se refugia en sus seguridades, sino que nos llama a vivir las bienaventuranzas y la cercana con el pobre y el oprimido. Estos son los hijos predilectos de Dios. Dispongmonos a escuchar su Palabra como aquellas gentes sencillas que oyeron a Jess en las orillas del algo Tiberades.

El evangelio de hoy es muy consolador en la primera parte, pero terriblemente fuerte y duro en la segunda. Cuando contemplamos en nuestra sociedad de bienestar en la que vivimos la pobreza y miseria de la mayor parte de la humanidad, comprendemos algo mejor las palabras del Seor.

Al discurso de las bienaventuranzas aade Lucas cuatro "ayes" o amenazas que ponen en guardia a los ricos (vv. 24-26), anttesis de las cuatro bienaventuranzas. Jess llama dichosos a los pobres, a aquellos que lloran, a los que tienen hambre y a los que son perseguidos.Y declara destinados a la infelicidad a los ricos, a los que ren, a los que estn saciados o a los que son alabados por todos. Las palabras de Jess contrastan con la experiencia diaria que tenemos de la vida. El ideal comn de la felicidad es bien diverso de la felicidad de la que habla Jess.

En la primera bienaventuranza Jess garantiza a los pobres: "Vuestro es el Reino de los cielos!". Es evidente que Jess no proclama a los pobres dichosos por el hecho de ser pobres, ni menos an seala la pobreza como el ideal a vivir . La dicha o felicidad de los pobres radica ahora en el hecho mismo de que ya ha llegado para ellos el Reino de Dios. Son dichosos porque el Reino de Dios les pertenece.

La pobreza y la miseria es algo escandaloso que va contra el querer de Dios. El cristiano la rechaza y la combate. Todo esfuerzo por suprimirla es un paso que hace avanzar al Reino de Dios. Sin embargo, en la actual situacin en la que viven tantas personas y pases, elegir la pobreza como solidaridad con los pobres para luchar contra ella se convierte en buena noticia, ya que es proseguir la causa de Jess y vivir nuestra filiacin y fraternidad construyendo el Reino de Dios.

Las dos afirmaciones "Dichosos vosotros los pobres" y "Ay de vosotros los ricos!" mueven a los que escuchan a hacer una eleccin, una opcin a favor de los pobres. En el Antiguo Testamento, diversas veces Dios pone al pueblo delante de una eleccin de bendicin o de maldicin.Al pueblo se le dar la libertad de escoger:"Yo te he puesto delante la vida y la muerte, la bendicin y la maldicin; escoge, por tanto, la vida para que vivas t y tu descendencia " (Dt 30, 19).

Pero tambin la pobreza es un espritu. "La pobreza espiritual es la actitud de apertura a Dios, la disponibilidad de quien todo lo espera del Seor.Aunque valoriza los bienes de este mundo no se apega a ellos y reconoce el valor superior de los bienes del Reino" (Medelln, I 4,4). La pobreza es, por tanto, una espiritualidad, es una actitud del cristiano; es una disponibilidad de alma abierta a Dios. Por eso los pobres son una esperanza, porque son los ms disponibles para recibir los dones de Dios. Cristo dice: Dichosos los pobres porque de ellos es el Reino de Dios! Ellos son los ms capacitados para comprender lo que no comprenden quienes se postran ante los falsos dolos y confan en su poder. Los pobres que no tienen esos dolos, cuanto ms pobres, ms dueos del Reino de Dios, con tal que vivan de verdad esta espiritualidad, porque la pobreza que aqu dignifica Jesucristo no es una pobreza simplemente material, no tener nada, y eso es malo;

Adems, nuestros compromisos con las personas y los grupos vulnerables pasan por la cruz de Cristo. El rechazo de la cruz de Cristo es el fundamento y la explicacin del porqu nos cuesta tanto colaborar con los excluidos y oprimidos.

En la segunda y tercera bienaventuranza Jess dice:"Dichosos vosotros los que ahora tenis hambre, porque seris saciados! Dichosos vosotros los que ahora lloris porque reiris!" Lo que es definitivo ser el Reino, que estamos construyendo hoy con la fuerza del Espritu de Jess. Construir el Reino supone sufrimiento y persecucin, pero una cosa es cierta: el Reino llegar y "vosotros seris saciados y reiris!" El Reino es a la vez una realidad presente y futura. La segunda bienaventuranza evoca el cntico de Mara:"A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacos" (Lc 1,53).

La cuarta bienaventuranza nos lleva a mirar nuestra propia vida. Asumir en forma proftica la exclusin, los insultos, las sospechas, la murmuracin y que nos juzguen a causa del Hijo del Hombre, y eso puede ocurrir en nuestra propia familia o crculo de amigos.

Jesucristo contrapona dos mundos: el de los pobres, que se apoyan en Dios, y el de los satisfechos de la vida, egostas y perseguidores, que no necesitan de l. Pero adems, las bienaventuranzas desestabilizan la escala de valores que predomina en la sociedad. Jess aporta una nueva comprensin de la

La liturgia de la Iglesia, al poner hoy el texto de Jeremas en la la lectura, parece estar dando una clave de interpretacin: los pobres, los que lloran, los que tienen hambre son los que, desde su desamparo, tienen que saberse confiados en las manos de Dios, como dice Jeremas."Bendito el que confa en el Seor y pone en el Seor su confianza".

Y en este sentido se puede situar tambin la segunda lectura, porque ella motiva nuestra esperanza. Cristo vive. Esta es la gran fe y confianza, la gran espiritualidad de los pobres, este es nuestro Dios, el Dios de los pobres. Una felicidad que se prolongar y llegar a plenitud en la vida nueva de los redimidos, de la que Lzaro es prototipo (Lc 16, 19-3 I ). El lugar privilegiado para acceder a Jess son los pobres, en sus formas ms variadas. Las manifestaciones extremas de la pobreza son el pecado y la muerte.

Cristo ha resucitado y ha salvado desde su cruz el pecado de los hombres y la muerte de los hombres. En l consigue el hombre su liberacin integral y completa. Manos Unidas, con su identidad eclesial, apuesta por el compromiso cristiano por y con los pobres buscando un desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad, como nos ensea El Papa Benedicto XVI en su reciente encclica.

Los que vivimos acomodados, en esta sociedad de la abundancia, sentimos una especial dificultad para vivir las bienaventuranzas de Jess. Lo que hemos de hacer es escucharlas y empezar a mirar a los pobres, a los hambrientos y a los que lloran, como los mira Dios. De ah puede nacer nuestra conversin.

Para que los gobernantes de todas las naciones promuevan y guarden la justicia, distribuyendo ms equitativamente los bienes de este mundo entre todos los pueblos de la tierra, ROGUEMOS AL SEOR.

nos ofrece la versión española del Discurso al Cuerpo Diplomático, pronunciado el lunes 11 de Enero de 2010 por el Papa Benedicto XVI ante los embajadores acreditados ante la Santa Sede, a quienes recibió en audiencia en la Sala Regia del Palacio Apostólico Vaticano.

Este tradicional encuentro al comienzo del año, dos semanas después de la celebración del nacimiento del Verbo encarnado, representa para mí una gran alegría. Como hemos proclamado en la liturgia, en el misterio de la Navidad, «el que era invisible en su naturaleza se hace visible al adoptar la nuestra; el eterno, engendrado antes del tiempo, comparte nuestra vida temporal para asumir en sí todo lo creado, para reconstruir lo que estaba caído y restaurar de este modo el universo» (Prefacio II de Navidad). Por tanto, en Navidad, hemos contemplado el misterio de Dios y el de la creación: por el anuncio de los ángeles a los pastores hemos conocido la buena nueva de la salvación del hombre y de la renovación de todo el universo. Por eso, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de ese año, he invitado a todas las personas de buena voluntad, a las que los ángeles prometieron precisamente la paz, a proteger la creación. Con este mismo espíritu, me complace saludaros con afecto, en particular a los que participáis por primera vez en esta ceremonia. Agradezco vivamente los sentimientos de los que se ha hecho intérprete vuestro decano, el Señor Embajador Alejandro Valladares Lanza, y os manifiesto de nuevo mi aprecio por la misión que desarrolláis ante la Santa Sede. A través de vosotros, deseo enviar un cordial saludo y mis deseos de paz y bienestar a las Autoridades y a todos los habitantes de los países que dignamente representáis. Pienso también en las demás naciones de la tierra: el Sucesor de Pedro tiene su puerta abierta a todos y desea establecer con todos relaciones que contribuyan al progreso de la familia humana. Desde hace algunas semanas, se han establecido plenas relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la Federación Rusa, y esto es un motivo de profunda satisfacción. Ha sido también muy significativa la visita que me ha hecho recientemente el Presidente de la República Socialista de Vietnam, país que siento muy cercano, donde la Iglesia celebra su presencia multisecular con un Año Jubilar. Con este espíritu de apertura, he recibido durante el año 2009 a numerosas personalidades políticas de diversos países; he visitado algunos de ellos y me propongo continuar haciéndolo en el futuro, en la medida de lo posible.

La Iglesia está abierta a todos porque, en Dios, ella existe para los demás. Ella, por tanto, comparte intensamente la suerte de la humanidad que, en este año apenas comenzado, aparece todavía marcada por la crisis dramática que ha golpeado la economía mundial, provocando una grave y vasta inestabilidad social. En la Encíclica «Caritas in veritate», he invitado a buscar las raíces profundas de esta situación, que se encuentran, a fin de cuentas, en la vigente mentalidad egoísta y materialista, que no tiene en cuenta los límites inherentes a toda criatura. Quisiera subrayar hoy que dicha mentalidad amenaza también a la creación. Cada uno de nosotros podría citar, probablemente, algún ejemplo de los daños que ella produce en el medio ambiente en todas las partes del mundo. Cito uno, entre tantos otros, de la historia reciente de Europa: hace veinte años, cuando cayó el muro de Berlín y se derrumbaron los regímenes materialistas y ateos que habían dominado durante varios decenios una parte de este continente, ¿acaso no fue posible calcular el alcance de las profundas heridas que un sistema económico carente de referencias fundadas en la verdad del hombre había infligido, no sólo a la dignidad y a la libertad de las personas y de los pueblos, sino también a la naturaleza, con la contaminación de la tierra, las aguas y el aire? La negación de Dios desfigura la libertad de la persona humana, y devasta también la creación. Por consiguiente, la salvaguardia de la creación no responde primariamente a una exigencia estética, sino más bien a una exigencia moral, puesto que la naturaleza manifiesta un designio de amor y de verdad que nos precede y que viene de Dios.

Por eso comparto la gran preocupación que causa la resistencia de orden económico y político a la lucha contra el deterioro del ambiente. Se trata de dificultades que se han podido constatar aun recientemente, durante la XV Sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, que tuvo lugar en Copenhague del 7 al 18 de diciembre pasado. Espero que a lo largo de este año, primero en Bonn y después en México, sea posible llegar a un acuerdo para afrontar esta cuestión de un modo eficaz. Se trata de algo muy importante puesto que lo que está en juego es el destino mismo de algunas naciones, en particular ciertos Estados insulares.

Sin embargo, conviene que esta atención y compromiso por el ambiente esté bien establecido en el conjunto de los grandes desafíos a los que se enfrenta la humanidad. Si se quiere construir una paz verdadera, ¿cómo se puede separar, o incluso oponer, la protección del ambiente y la de la vida humana, comprendida la vida antes del nacimiento? En el respeto de la persona humana hacia ella misma es donde se manifiesta su sentido de responsabilidad por la creación. Pues, como enseña santo Tomás de Aquino, el hombre representa lo más noble del universo (cf. Summa Theologiae, I, q. 29, a. 3). Además, como ya recordé en la reciente Cumbre Mundial de la FAO sobre la Seguridad Alimentaria, «la tierra puede alimentar suficientemente a todos sus habitantes» (Discurso, 16 noviembre 2009, n. 2), con tal de que el egoísmo no lleve a algunos a acaparar los bienes destinados a todos.

Quisiera subrayar, además, que la salvaguardia de la creación implica una gestión correcta de los recursos naturales de los países y, en primer lugar, de los más desfavorecidos económicamente. Pienso en el continente africano, que tuve la dicha de visitar en el pasado mes de marzo, en mi viaje a Camerún y Angola, y al que se dedicaron los trabajos de la reciente Asamblea especial del Sínodo de Obispos. Los Padres sinodales señalaron con preocupación la erosión y la desertificación de grandes extensiones de tierra de cultivo, a causa de una explotación desmedida y de la contaminación del medio ambiente (cf. Propositio 22). En África, como en otras partes, es necesario adoptar medidas políticas y económicas que garanticen «formas de producción agrícola e industrial que respeten el orden de la creación y satisfagan las necesidades primarias de todos» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2010, n. 10).

Por otra parte, ¿cómo olvidar que la lucha por acceder a los recursos naturales es una de las causas de numerosos conflictos, particularmente en África, así como una fuente de riesgo permanente en otros casos? Por este motivo, repito con firmeza que, para cultivar la paz, hay que proteger la creación. Además, hay todavía extensas zonas, por ejemplo en Afganistán o en ciertos países de Latinoamérica, donde la agricultura, lamentablemente relacionada todavía con la producción de droga, es una fuente nada despreciable de empleo y subsistencia. Si se quiere la paz, hay que preservar la creación mediante la reconversión de dichas actividades y, una vez más, quisiera pedir a la comunidad internacional que no se resigne al tráfico de drogas y a los graves problemas morales y sociales que esto produce.

Señoras y Señores, la protección de la creación es un factor importante de paz y justicia. Entre los numerosos retos que esta protección plantea, uno de los más graves es el del aumento de los gastos militares, así como el del mantenimiento y desarrollo de los arsenales nucleares. Este objetivo absorbe ingentes recursos económicos que podrían ser destinados al desarrollo de los pueblos, sobre todo de los más pobres. En este sentido, espero firmemente que, en la Conferencia de examen del Tratado de no proliferación de armas nucleares, que tendrá lugar el próximo mes de mayo en Nueva York, se tomen decisiones eficaces con vistas a un desarme progresivo, que tienda a liberar el planeta de armas nucleares. En general, deploro que la producción y la exportación de armas contribuya a perpetuar conflictos y violencias, como en Darfur, Somalia o en la República Democrática del Congo. A la incapacidad de las partes directamente implicadas para evitar la espiral de violencia y dolor producida por estos conflictos, se añade la aparente impotencia de otros países y Organizaciones internacionales para restablecer la paz, sin contar la indiferencia casi resignada de la opinión pública mundial. No es necesario subrayar cuánto perjudican y degradan estos conflictos al medio ambiente. Asimismo, se ha de mencionar el terrorismo, que pone en peligro muchas vidas inocentes y causa una difusa ansiedad. En esta solemne ocasión, quisiera renovar el llamamiento que hice el 1 de enero, en la oración del Ángelus, a todos los que pertenecen a cualquier grupo armado, para que abandonen el camino de la violencia y abran sus corazones al gozo de la paz.

Las graves violencias que acabo de evocar, unidas a las plagas de la pobreza y el hambre, así como a las catástrofes naturales y a la destrucción del medio ambiente, hacen que aumente el número de quienes abandonan sus propias tierras. Frente a dicho éxodo, deseo exhortar a las Autoridades civiles implicadas de un modo u otro a trabajar con justicia, solidaridad y clarividencia. Quisiera referirme aquí, en particular, a los cristianos de Oriente Medio. Amenazados de muchos modos, incluso en el ejercicio de su libertad religiosa, dejan la tierra de sus padres, donde creció la Iglesia de los primeros siglos. Con el fin de darles apoyo y hacerles sentir la cercanía de sus hermanos en la fe, he convocado para el próximo otoño una Asamblea especial del Sínodo de Obispos sobre Oriente Medio.

Señoras y Señores Embajadores, hasta aquí he evocado solamente algunos aspectos relacionados con el problema del medio ambiente. Las raíces de la situación que está a la vista de todos son, sin embargo, de tipo moral y la cuestión tiene que ser afrontada en el marco de un gran esfuerzo educativo, con el fin de promover un cambio efectivo de la mentalidad y establecer nuevos modelos de vida. La comunidad de los creyentes puede y quiere participar en ello, pero para hacerlo es necesario que se reconozca su papel público. Lamentablemente, en ciertos países, sobre todo occidentales, se difunde en ámbitos políticos y culturales, así como en los medios de comunicación social, un sentimiento de escasa consideración y a veces de hostilidad, por no decir de menosprecio, hacia la religión, en particular la religión cristiana. Es evidente que si se considera el relativismo como un elemento constitutivo esencial de la democracia se corre el riesgo de concebir la laicidad sólo en términos de exclusión o, más exactamente, de rechazo de la importancia social del hecho religioso. Dicho planteamiento, sin embargo, crea confrontación y división, hiere la paz, perturba la ecología humana y, rechazando por principio actitudes diferentes a la suya, se convierte en un callejón sin salida. Es urgente, por tanto, definir una laicidad positiva, abierta, y que, fundada en una justa autonomía del orden temporal y del orden espiritual, favorezca una sana colaboración y un espíritu de responsabilidad compartida. Desde este punto de vista, pienso en Europa que, con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, ha abierto una nueva fase de su proceso de integración, que la Santa Sede seguirá con respeto y cordial atención. Al observar con satisfacción que el Tratado prevé que la Unión Europea mantenga con las Iglesias un diálogo «abierto, transparente y regular» (art. 17), formulo mis votos para que Europa, en la construcción de su porvenir, encuentre continua inspiración en las fuentes de su propia identidad cristiana. Ésta, como ya afirmé en mi viaje apostólico a la República Checa el pasado mes de septiembre, tiene un papel insustituible «para la formación de la conciencia de cada generación y para la promoción de un consenso ético de fondo, al servicio de toda persona que a este continente lo llama "mi casa"» (Encuentro con las Autoridades civiles y el Cuerpo diplomático, 26 septiembre 2009).

Continuando con nuestra reflexión, es preciso señalar la complejidad del problema del medio ambiente. Se podría decir que se trata de un prisma con muchas caras. Las criaturas son diferentes unas de otras y, como nos muestra la experiencia cotidiana, se pueden proteger o, por el contrario, poner en peligro de muchas maneras. Uno de estos ataques proviene de leyes o proyectos que, en nombre de la lucha contra la discriminación, atentan contra el fundamento biológico de la diferencia entre los sexos. Me refiero, por ejemplo, a países europeos o del continente americano. Como dice San Columbano, «si eliminas la libertad, eliminas la dignidad» (Epist. 4 ad Attela, in S. Columbani Opera, Dublin, 1957, p. 34). Pero la libertad no puede ser absoluta, ya que el hombre no es Dios, sino imagen de Dios, su criatura. Para el hombre, el rumbo a seguir no puede ser fijado por la arbitrariedad o el deseo, sino que debe más bien consistir en la correspondencia con la estructura querida por el Creador.

La salvaguardia de la creación comporta también otros desafíos, a los que solamente se puede responder a través de la solidaridad internacional. Pienso en las catástrofes naturales que a lo largo del año pasado han sembrado muerte, sufrimiento y destrucción en Filipinas, Vietnam, Laos, Camboya y en la Isla de Taiwán. ¿Cómo no recordar también Indonesia y, muy cerca de nosotros, la región de los Abruzzos, golpeadas por devastadores temblores de tierra? Ante dichos acontecimientos, nunca debe faltar la asistencia generosa, pues está en juego la vida misma de las criaturas de Dios. Pero la salvaguardia de la creación, además de solidaridad, requiere también la concordia y estabilidad de los Estados. Cuando surgen divergencias y hostilidades entre ellos, para defender la paz, deben perseguir con tenacidad la vía de un diálogo constructivo. Esto es lo que sucedió hace 25 años con el Tratado de Paz y Amistad entre Argentina y Chile, concluido gracias a la mediación de la Sede Apostólica y del que se derivaron abundantes frutos de colaboración y prosperidad que, en cierta manera, beneficiaron a toda Latinoamérica. En esta misma parte del mundo, me alegra el acercamiento que Colombia y Ecuador han emprendido tras muchos meses de tensión. Más cerca de aquí, me alegro por el entendimiento logrado entre Croacia y Eslovenia a propósito del arbitraje relativo a sus fronteras marítimas y terrestres. Me alegro asimismo por el Acuerdo entre Armenia y Turquía con vistas a la reanudación de las relaciones diplomáticas y deseo también que a través del diálogo se mejoren las relaciones entre todos los países del Cáucaso meridional. Durante mi peregrinación a Tierra Santa, hice un llamamiento acuciante a Israelíes y Palestinos a dialogar y respetar los derechos del otro. Una vez más, alzo mi voz para que el derecho a la existencia del Estado de Israel sea reconocido por todos, así como a gozar de paz y seguridad en las fronteras reconocidas internacionalmente. Asimismo, que el pueblo palestino vea reconocido su derecho a una patria soberana e independiente, a vivir con dignidad y a desplazarse libremente. Quisiera, además, pedir el apoyo de todos para que sean protegidos la identidad y el carácter sagrado de Jerusalén, cuya herencia cultural y religiosa tiene un valor universal. Sólo así, esta ciudad única, santa y atormentada, podrá ser signo y anticipo de la paz que Dios desea para toda la familia humana. Por amor al diálogo y a la paz, que salvaguardan la creación, exhorto a los gobernantes y ciudadanos de Iraq a superar las divisiones, la tentación de la violencia e intolerancia, para construir juntos el futuro de su país. Las comunidades cristianas quieren también ofrecer su aportación, pero para ello es necesario que se les asegure respeto, seguridad y libertad. Pakistán ha sido también golpeado duramente por la violencia en los últimos meses y ciertos episodios han afectado directamente a la minoría cristiana. Pido que se haga todo lo posible para que dichas agresiones no se vuelvan a repetir y que los cristianos puedan sentirse plenamente integrados en la vida de su país. Por otra parte, a propósito de la violencia contra los cristianos, no puedo dejar de mencionar el deplorable atentado que en los últimos días ha sufrido la comunidad copta egipcia, precisamente cuando celebraba la fiesta de Navidad. En cuanto a Irán, espero que, a través del diálogo y la colaboración, se encuentren soluciones comunes tanto a nivel nacional como en el ámbito internacional. Deseo que el Líbano, que ha superado una larga crisis política, continúe por la vía de la concordia. Espero que Honduras, después de un tiempo de incertidumbre y agitación, se encamine hacia la recuperación de la normalidad política y social. Deseo que, con la ayuda desinteresada y efectiva de la comunidad internacional, suceda lo mismo en Guinea y Madagascar.

Señoras y Señores Embajadores, al final de este rápido recorrido que, debido a su brevedad, no se puede detener en todas las situaciones que lo merecerían, me vienen a la mente las palabras del Apóstol Pablo, para quien «la creación entera está gimiendo con dolores de parto» y «también nosotros gemimos en nuestro interior» (Rm 8, 22-23). En efecto, hay muchos sufrimientos en la humanidad y el egoísmo humano hiere a la creación de muchas maneras. Por eso mismo, el anhelo de salvación que atañe a toda la creación, es todavía más intenso y está presente en el corazón de todos, creyentes o no. La Iglesia indica que la respuesta a esta aspiración está en Cristo «primogénito de toda criatura; porque por medio de Él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres» (Col 1, 15-16). Fijando mis ojos en Él, exhorto a toda persona de buena voluntad a trabajar con confianza y generosidad por la dignidad y la libertad del hombre. Que la luz y la fuerza de Jesús nos ayuden a respetar la ecología humana, conscientes de que la ecología medioambiental se beneficiará también de ello, ya que el libro de la naturaleza es único e indivisible. De esta manera, podremos consolidar la paz, hoy y para las generaciones venideras. Os deseo a todos un feliz año.

publica la homila que pronunci Benedicto XVI este domingo, solemnidad del Bautismo del Seor, durante la celebracin eucarstica presidida en la Capilla Sixtina en la que bautiz a catorce recin nacidos.

En la fiesta del Bautismo del Seor, este ao tambin tengo la alegra de administrar el sacramento del Bautismo a varios recin nacidos, presentados por sus padres a la Iglesia. Bienvenidos, queridos paps y mams de estos nios, padrinos y madrinas, amigos y familiares, que les rodeis. Damos gracias a Dios que hoy llama a estas siete nias y a estos siete nios a convertirse en sus hijos en Cristo. Les rodeamos con la oracin y con el afecto y les acogemos con alegra en la comunidad cristiana, que desde hoy se convierte tambin en su familia.

Con la fiesta del Bautismo de Jess contina el ciclo de las manifestaciones del Seor, que comenz en Navidad con el nacimiento en Beln del Verbo encarnado, contemplado por Mara, Jos y los pastores en la humildad del pesebre, y que ha tenido una etapa importante en la Epifana, cuando el Mesas, a travs de los Magos, se ha manifestado a todos los pueblos. Hoy Jess se revela en la orillas del Jordn, a Juan y al pueblo de Israel. Es la primera ocasin en la que, como hombre maduro, entra en el escenario pblico, despus de haber dejado Nazaret. Lo encontramos junto al Bautista, a quien acude un gran nmero de personas, en una escena particular. En el pasaje evanglico, poco antes proclamado, san Lucas observa ante todo que el pueblo estaba "a la espera" (3, 15). Subraya de este modo la espera de Israel; percibe en esas personas que haban dejado sus casas y sus compromisos habituales el profundo deseo de un mundo diferente y de palabras nuevas, que parecen encontrar respuesta precisamente en las palabras severas, comprometedoras, pero llenas de esperanza del Precursor. Su bautismo es de penitencia, un signo que invita a la conversin, a cambiar de vida, pues se acerca Aqul que "bautizar en Espritu Santo y fuego" (3,16). De hecho, no se puede aspirar a un mundo nuevo permaneciendo sumergidos en el egosmo y en las costumbres ligadas al pecado. Tambin Jess deja su casa y sus habituales ocupaciones para ir al Jordn. Llega en medio de la muchedumbre que est escuchando al Bautista y se pone en fila, como todos, en espera de ser bautizado. Al verle, Juan intuye que en ese Hombre hay algo nico, que es el Otro misterioso que esperaba y hacia el que haba orientado toda su vida. Comprende que se encuentra ante Alguien ms grande que l, al que no es digno ni siquiera de desatar la correa de sus sandalias.

En el Jordn, Jess se manifiesta con una humildad extraordinaria, que recuerda la pobreza y la sencillez del Nio colocado en el pesebre, y que anticipa los sentimientos con los que, al final de sus das terrenos, llegar a lavar los pies de sus discpulos y sufrir la humillacin terrible de la cruz. El Hijo de Dios, el que no tiene pecado, se mezcla entre pecadores, muestra la cercana de Dios al camino de conversin del hombre. Jess carga sobre sus espaldas el peso de la culpa de toda la humanidad, comienza su misin ponindose en nuestro lugar, en lugar de los pecadores, en la perspectiva de la cruz.

Cuando, recogido en oracin, tras el bautismo, sale del agua, se abren los cielos. Es el momento esperado por tantos profetas: "Si rompieses los cielos y descendieses", haba invocado Isaas (63, 19). En ese momento, segn parece sugerir san Lucas, se escucha esta oracin. De hecho, "se abri el cielo, y baj sobre l el Espritu Santo" (3, 21-22); se escucharon palabras nunca antes escuchadas: "T eres mi hijo; yo hoy te he engendrado" (v. 22). Al salir de las aguas, como afirma san Gregorio Nazianceno, "ve cmo se rasgan y se abren los cielos, esos cielos que Adn haba cerrado para s y para toda su descendencia" (Discurso 39 para el Bautismo del Seor, PG 36). El Padre, el Hijo y el Espritu Santo descienden entre los hombres y nos revelan su amor que salva. Si los ngeles llevaron a los pastores el anuncio del nacimiento del Salvador, y la estrella gui a los Magos de Oriente, ahora es la voz misma del Padre la que indica a los hombres la presencia en el mundo de su Hijo e invita a esperar en la resurreccin, en la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte.

El alegre anuncio del Evangelio es el eco de esta voz que baja del cielo. Con razn, por este motivo, Pablo, como hemos escuchado en la segunda lectura, escribe a Tito: "se ha manifestado la gracia salvadora de Dios a todos los hombres" (2,11). El Evangelio, de hecho, es para nosotros gracia que da alegra y sentido a la vida. ste, sigue diciendo el apstol Pablo, "nos ensea a que, renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, vivamos con sensatez, justicia y piedad" (v. 12); es decir, nos conduce a una vida ms feliz, ms hermosa, ms solidaria, a una vida segn Dios. Podemos decir que tambin para estos nios hoy se abren lo cielos. Ellos reciben el don de la gracia del Bautismo y el Espritu Santo habitar en ellos como en un templo, transformando en profundidad sus corazones. Desde este momento, la voz del Padre les llamar tambin a ellos a ser sus hijos en Cristo y, en su familia que es la Iglesia, entregar a cada uno de ellos el don sublime de la fe. Este don, ahora que no tienen la posibilidad de comprenderlo plenamente, ser depositado en su corazn como una semilla llena de vida, que espera desarrollarse y dar fruto. Hoy son bautizados en la fe de la Iglesia, profesada por los padres, padrinos y madrinas, y por los cristianos presentes, que despus les llevarn de la mano en el seguimiento de Cristo. El rito del Bautismo recuerda con insistencia el tema de la fe ya desde el inicio, cuando el celebrante recuerda a los padres que, al pedir el bautismo para los propios hijos, asumen el compromiso de "educarles en la fe". Esta tarea es exigida de manera an ms fuerte a los padres y padrinos en la tercera parte de la celebracin, que comienza dirigindoles estas palabras: "Tenis la tarea de educarles en la fe para que la vida divina que reciben como don sea preservada del pecado y crezca cada da. Si, por tanto, en virtud de vuestra fe, estis dispuestos a asumir este compromiso..., profesad vuestra fe en Jesucristo. Es la fe de la Iglesia en la que son bautizados vuestros hijos". Estas palabras del rito sugieren, en cierto sentido, que la profesin de fe y la renuncia al pecado de padres, padrinos y madrinas, representan la premisa necesaria para que la Iglesia confiera el Bautismo a sus hijos.

Antes de derramar el agua en la cabeza del recin nacido, aparece otra alusin a la fe. El celebrante dirige una ltima pregunta: "Queris que este nio reciba el Bautismo en la fe de la Iglesia, que todos juntos hemos profesado?". Slo despus de la respuesta afirmativa se administra el sacramento. Tambin en los ritos explicativos --uncin con el crisma, entrega del vestido blanco y de la vela encendida, gesto del 'effet'-- la fe representa el tema central. "Prestad atencin --dice la frmula que acompaa la entrega de la vela-- para que vuestros nios... vivan siempre como hijos de la luz; y perseverando en la fe, salgan al encuentro del Seor que viene"; "Que el Seor Jess --sigue diciendo el celebrante en el rito del 'effet'-- te conceda la gracia de escuchar pronto su palabra y de profesar su fe, para alabanza y gloria de Dios Padre". Todo concluye, despus, con la bendicin final, que recuerda una vez ms a los padres su compromiso de ser para los hijos "los primeros testigos de la fe".

Queridos amigos: para estos nios hoy es un gran da. Con el Bautismo, participando en la muerte y resurreccin de Cristo, comienzan con l la aventura gozosa y entusiasmante del discpulo. La liturgia la presenta como una experiencia de luz. De hecho, al entregar a cada uno la vela encendida en el cirio pascual, la Iglesia afirma: "Recibid la luz de Cristo!". El Bautismo ilumina con la luz de Cristo, abre los ojos a su resplandor e introduce en el misterio de Dios a travs de la luz divina de la fe. En esta luz, los nios que van a ser bautizados tendrn que caminar durante toda la vida, ayudados por las palabras y el ejemplo de los padres, de los padrinos y madrinas. stos tendrn que comprometerse a alimentar con las palabras y el testimonio de su vida las antorchas de la fe de los nios para que pueda resplandecer en este mundo, que con frecuencia camina a tientas en las tinieblas de la duda, y llevar la luz del Evangelio que es vida y esperanza. Slo de este modo, como adultos, podrn pronunciar con plena conciencia la frmula que aparece al final de la profesin de fe de este rito: "Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia. Y nosotros nos gloriamos de profesarla en Cristo Jess, nuestro Seor".

Tambin en nuestros das la fe es un don que hay que volver a descubrir, cultivar y testimoniar. Que en esta celebracin del Bautismo, el Seor conceda a cada uno de nosotros la gracia de vivir la hermosura y la alegra de ser cristianos para que podamos introducir a los nios bautizados en la plenitud de la adhesin a Cristo. Encomendamos estos pequeos a la materna intercesin de la Virgen Mara. Le pedimos que, revestidos con el vestido blanco, signo de su nueva dignidad de hijos de Dios, sean durante toda su vida fieles discpulos de Cristo y valientes testigos del Evangelio. Amn.

publica las palabras que dirigi Benedicto XVIel domingo, 10 de Enero de 2010,al rezar desde la ventana de su estudio la oracin mariana del ngelus junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.

Esta maana, durante la misa celebrada en la Capilla Sixtina, he administrado el sacramento del Bautismo a varios recin nacidos. Esta costumbre est ligada a la fiesta del Bautismo del Seor, con la que se concluye el tiempo litrgico de la Navidad. El Bautismo expresa muy bien el sentido global de las festividades navideas, en las que el tema de convertirse en hijos de Dios gracias a la venida del Hijo unignito en nuestra humanidad constituye un elemento dominante. l se hizo hombre para que podamos convertirnos en Hijos de Dios. Dios naci para que podamos renacer. Estos conceptos aparecen continuamente en los textos litrgicos navideos y constituyen un motivo entusiasmante de reflexin y esperanza. Pensemos en lo que escribe san Pablo a los Glatas: "envi Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiramos la filiacin adoptiva" (4, 4-5); o en lo que dice san Juan en el Prlogo de su Evangelio: "a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios" (Juan 1,12). Este estupendo misterio, que constituye nuestro "segundo nacimiento" --el renacimiento de un ser humano de lo alto, de Dios (Cf. Juan 3,1-8)-- tiene lugar y se resume en el signo sacramental del Bautismo.

Con este sacramento el hombre se convierte realmente en hijo, hijo de Dios. A partir de ese momento, el fin de su existencia consiste en alcanzar de manera libre y consciente aquello que desde el inicio constituye el destino del hombre. "Convirtete en lo que eres", representa el principio educativo bsico de la persona humana redimida por la gracia. Este principio tiene muchas analogas con el crecimiento humano, en el que la relacin de los padres con los hijos pasa por separaciones y crisis, de la dependencia total a la conciencia de ser hijo, del reconocimiento del don de la vida recibida a la madurez y la capacidad para dar la vida. Engendrado por el Bautismo para una nueva vida, tambin el cristiano comienza su camino de crecimiento en la fe que le llevar a invocar conscientemente a Dios como "Abb - Padre", a dirigirse a l con gratitud y a vivir la alegra de ser su hijo.

Del Bautismo se deriva tambin un modelo de sociedad: la de los hermanos. La fraternidad no se puede establecer a travs de una ideologa y mucho menos por el decreto de un poder constituido. Nos reconocemos hermanos a partir de la humilde y profunda conciencia del ser hijos del nico Padre celestial. Como cristianos, gracias al Espritu Santo, recibido en el Bautismo, se nos ha dado el don y el compromiso de vivir como hijos de Dios y como hermanos, para ser como "levadura" de una humanidad nueva, solidaria y llena de paz y esperanza. En esto, nos ayuda la conciencia de tener, adems de un Padre en los cielos, tambin una madre, la Iglesia, de quien la Virgen Mara es modelo perenne. A ella le encomendamos los nios recin bautizados y sus familias y le pedimos para todos la alegra de renacer cada da "desde lo alto", del amor de Dios, que nos hace sus hijos y hermanos entre nosotros.

Dos hechos me han llamado particularmente la atencin en estos ltimos das: el caso de la condicin de los migrantes, que buscan una vida mejor en pases que tienen necesidad, por diferentes motivos de su presencia, y las situaciones de conflicto, en varias partes del mundo, en las que los cristianos son objeto de ataques, en ocasiones violentos.

Es necesario remontarse al corazn del problema! Hay que partir del significado de la persona! Un inmigrado es un ser humano, diferente por su proveniencia, cultura y tradiciones, pero es una persona que hay que respetar y con derechos y deberes, en particular en el mbito laboral, donde es ms fcil la tentacin del abuso, as como en el mbito de las condiciones concretas de vida. La violencia no debe ser nunca para nadie el camino para resolver las dificultades. El problema es ante todo humano! Invito a contemplar el rostro del otro y a descubrir que tiene un alma, una historia y una vida: es una persona y Dios le ama como me ama a m.

Quisiera hacer consideraciones similares en lo que se refiere al hombre en su diversidad religiosa. La violencia contra los cristianos en algunos pases ha suscitado el desdn de muchos, en parte porque se ha manifestado en los das ms sagrados para la tradicin cristiana. Es necesario que las instituciones, tanto polticas como religiosas, no desfallezcan --lo repito-- en sus propias responsabilidades. No puede haber violencia en el nombre de Dios, ni se puede pensar en honrarle ofendiendo a la dignidad y a la libertad de los semejantes.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espaola que participan en esta oracin mariana, as como a quienes se unen a ella a travs de la radio y la televisin. En la fiesta del Bautismo del Seor, invito a todos a renovar con alegra y conviccin las promesas realizadas al recibir este Sacramento, para ser ante el mundo discpulos y misioneros de Cristo, llevando la luz de su Evangelio a todos los mbitos de la sociedad, con la palabra y el propio ejemplo. Que en esta hermosa misin sintis el consuelo y la compaa de Mara Santsima, a cuyas maternas manos encomendamos a todos los hijos de la Iglesia. Feliz Domingo.

Acostumbrados a escuchar las "bienaventuranzas" tal como aparecen en el evangelio de Mateo, se nos hace duro a los cristianos de los pases ricos leer el texto que nos ofrece Lucas. Al parecer, este evangelista y no pocos de sus lectores pertenecan a una clase acomodada. Sin embargo, lejos de suavizar el mensaje de Jess, Lucas lo present de manera ms provocativa.

Junto a las "bienaventuranzas" a los pobres, el evangelista recuerda las "malaventuranzas" a los ricos: Dichosos los pobres...los que ahora tenis hambre...los que ahora lloris . Pero Ay de vosotros, los ricos...los que ahora estis saciados...los que ahora res. El Evangelio no puede ser escuchado de igual manera por todos. Mientras para los pobres es una Buena Noticia que los invita a la esperanza, para los ricos es una amenaza que los llama a la conversin. Cmo escuchar este mensaje en nuestras comunidades cristianas?

Antes que nada, Jess nos pone a todos ante la realidad ms sangrante que hay en el mundo, la que ms le haca sufrir a l, la que ms llega al corazn de Dios,la que est ms presente ante sus ojos. Una realidad que, desde los pases ricos, tratamos de ignorar y silenciar una y otra vez, encubriendo de mil maneras la injusticia ms cruel e inhumana de la que, en buena parte, somos culpables nosotros.

Los cristianos no hemos descubierto todava toda la importancia que pueden tener los pobres en la historia del cristianismo. Ellos nos dan ms luz que nadie para vernos en nuestra propia verdad, sacuden nuestra conciencia y nos invitan permanentemente a la conversin. Ellos nos pueden ayudar a configurar la Iglesia del futuro de manera ms evanglica. Nos pueden hacer ms humanos y ms capaces de austeridad, solidaridad y generosidad.

El abismo que separa a ricos y pobres sigue creciendo de manera imparable. En el futuro, cada vez ser ms imposible presentarse ante el mundo como Iglesia de Jess ignorando a los ms dbiles e indefensos de la Tierra. O tomamos en serio a los pobres u olvidamos el Evangelio. En los pases ricos nos resultar cada vez ms difcil escuchar la advertencia de Jess:No podis servir a Dios y al Dinero. Se nos har insoportable.

Hoy es el ltimo domingo antes de empezar la Cuaresma. Bien lo vemos por las fiestas de Carnaval que se celebran estos das. Desde luego que no es nada malo participar en ellas, pero s lo sera si nos hiciesen olvidar la importancia del tiempo que estamos a punto de empezar, y que nos conducir hasta la Pascua.

Una buena introduccin a este tiempo ser el evangelio de hoy. Jess nos dir que hay dos formas de vivir la vida. Una es la de los que van detrs de la riqueza, del bienestar, del aprovecharse de los dems... la de los que viven tranquilos olvidndose de los que sufren. Y la otra es la de los que lo pasan mal, la de los que no tienen las seguridades que dan la riqueza y el poder de este mundo.Todos debemos escoger. Y esta Cuaresma ser una nueva invitacin a hacerlo.

1. lectura (Jeremas 17,5-8): La primera lectura de hoy empieza con una frase dura y sorprendente. El profeta nos dice, en nombre de Dios: "Maldito quien confa en el hombre' Es una afirmacin fuerte, que nos invita a estar muy atentos. Para que recordemos siempre dnde tenemos que poner nuestra confianza. Es la misma llamada que luego nos har Jess en el evangelio.

2. lectura (1 Corintios 15,12.16-20): Escuchemos ahora las palabras de san Pablo. Son una buena reflexin sobre la resurreccin de Jesucristo y sobre nuestra propia resurreccin, que nos ayudar a comenzar el camino cuaresmal hacia la Pascua.

Oracin universal: Hoy, en el evangelio, Jess nos ha hablado muy claramente del amor de Dios para con los pobres. Hoy, precisamente, que es el da de la Campaa contra el Hambre en el Mundo, ser una buena ocasin para recordara tanta ytanta gente que vive esta tragedia, y aportarles nuestra ayuda, y rezar tambin por ellos. Respondamos a cada peticin diciendo: ESCCHANOS, PADRE.

Por los gobernantes y los dirigentes econmicos, que tienen en sus manos hacer que las riquezas de nuestro mundo lleguen a todos y nadie tenga que sufrir por no tener lo necesario para vivir. OREMOS:

Pasaje de la la homila que pronunciel sbado, 9 de Enero de 2010,monseor Jos Ignacio Munilla Aguirre al tomar posesin de la sede de San Sebastin.

Me presento ante vosotros pobre y humilde, con la inevitable sensacin de que las expectativas que muchos de vosotros podis tener, son muy superiores a lo que quepa esperar de m... Si me permits un poco de humor para distender el discurso (y quizs tambin para rebajar las expectativas), en estos das me ha venido a la mente un relato gracioso y enjundioso al mismo tiempo, que escuch a uno de mis hermanos obispos aqu presentes:

Dicen que haba un seor muy dbil y enfermo, que solicit audiencia con el Papa para pedirle que rezase por l. Para su sorpresa, el Santo Padre le contest concedindole una cita. Llegado el da, acudi con antelacin al Vaticano. En el primer control, le indicaron que tena que ser muy breve porque el Papa estaba muy ocupado; al llegar a la primera planta, el Secretario le insisti en que el Papa estara cansado, y que no deba alargarse en la entrevista... Al acercarse a la antesala, un monseor le hizo saber la ocupadsima agenda del Pontfice esa maana, insistindole en la brevedad... Cuando estaba ya a punto de entrar, un cardenal le mir fijamente, al mismo tiempo que se levantaba ligeramente la manga de su mueca, y daba unos golpecillos con su dedo al reloj... Finalmente, se abri la puerta, y al ver el rostro del Papa, nuestro hombre, dbil y enfermo, slo fue capaz de balbucear: "PAPA!, PUPA!"

A buen seguro que habis comprendido la intencin de mi pequea broma... La presin que se genera en ciertos momentos es muy grande. Por ello, quiero pediros a todos vuestra comprensin ante mi pequeez, al mismo tiempo que vuestra buena voluntad en la acogida de las palabras de este pastor de la Iglesia. El factor meditico tan influyente en nuestros das, contribuye fcilmente a construir castillos en el aire, a ver gigantes donde slo hay molinos, a engrandecer a quienes lejos de ser supermanes, tan slo son unos peregrinos ms en el camino de la vida; o tal vez, a juzgar como demonios a quienes simplemente comparten nuestra misma condicin pecadora.

Por todo ello, permitidme que lo diga una vez ms: me presento ante vosotros pobre y humilde, al mismo tiempo que consciente de la misin que he recibido de Cristo y de su Iglesia. Nada busco por mi cuenta y slo le pido a Dios "acertar", ser instrumento suyo en la construccin de su Reino... Ser "instrumento", no ms. Pero tampoco menos.

En un da como hoy y en las circunstancias presentes, he pensado compartir con vosotros el uso de la palabra... Me explico: Con motivo de mi nombramiento, he recibido muchsimos correos electrnicos y cartas. De entre stas ltimas, he elegido una, que me ha llegado especialmente al alma... Dice literalmente:

"La paz y el amor de Jesucristo y la alegra de la Virgen Mara rebosen en tu corazn. Con tu reciente nombramiento como obispo de la Dicesis de San Sebastin, quiero mostrarte mi acogida y cario junto con esta tu tierra que te vio nacer. Es mi deseo que te encuentres en casa, acogido y amado como Pastor.

Tu nueva labor vaya ungida por el Santo Espritu. l te consolar y te dar la fuerza que viene de lo alto para mantenerte fiel a Dios y a la Iglesia. Jess te dice: "No tengas miedo, Yo estoy contigo". As pues, no temas, Dios est con nosotros...

Acurdate cuando pastores la grey del Seor, sobre todo, de los pobres, humildes y enfermos, aquellos que no tienen protector y s un Padre amoroso para todos ellos. Hay mucha falta de cario en los corazones, Jos Ignacio, t que lo recibes de Nuestro Seor, dselo a los pobres y a los pequeos; y no te olvides de ninguno... S reflejo humilde del Corazn de Jess, siendo de todos y para todos!

T que tanto amas a la juventud, acurdate de ellos y s comprensivo con su debilidad, acogindolos con misericordia. Ellos necesitan acogida y compasin y un corazn que les comprenda, que les escuche y los acompae.

Sobre todo, Jos Ignacio, cuenta con la gracia de Dios. La empresa es muy grande para un alma sencilla como la tuya, pero la gracia es an mayor para llevarla a buen fin. No te faltar la oracin de la Iglesia. Te tendr siempre presente en mis humildes oraciones y aqu me tienes cuando me necesites. Aprovecho para desearte una Feliz Navidad. Un entraable recuerdo a tu amatxo. Ongi etorri zure etxera!

Da gusto tener unos fieles que le preparen la homila al obispo! Recibo estos consejos y los hago mos, e intentar llevarlos a la prctica en el ministerio pastoral (...)".

Al ver el calor de vuestra acogida, me he acordado del borriquillo que Jess montaba aquel Domingo de Ramos en su entrada en Jerusaln. Os imaginis qu ridculo hubiese hecho aquel asno si hubiese credo que aquellas aclamaciones y aquellos saludos estaban dirigidos a l, en vez de a quien llevaba sobre sus lomos? Le pido al Seor no ser tan "burro" como para engaarme as.

Me parece que todos, sin excepcin, deberamos aplicarnos la parte que nos corresponde en esta imagen de la entrada de Jess en Jerusaln. Qu absurdo hubiese sido que quienes salieron a las calles, aquel Domingo de Ramos, batiendo sus palmas y cantando cnticos de alegra, lo hubiesen hecho por el simple motivo de que el borrico les resultase simptico! Y qu decir de los habitantes de Jerusaln, si se hubiesen resistido a recibir a Jesucristo, porque no les gustaba el asnillo sobre el que vena montado?

La moraleja y la conclusin de esta cuasi fbula que os he propuesto, es obvia: El misterio de la Iglesia slo cabe vivirlo en la fe y desde la fe! Cualquier otra cosa, inevitablemente, nos conducira a malas interpretaciones y a manipulaciones! As nos lo record D. Juan Mara Uriarte en la homila de su despedida: "La comunidad cristiana se mantendr inclume si por la fe sabe identificar a Jess presente y activo en medio de ella y tiene el coraje de confiar en l a fondo perdido. l es la fuerza de la Iglesia en todos sus momentos de debilidad, de prueba y de riesgo".

Oremos unos por otros, queridos hermanos. No lo digo como una frase hecha, sino con plena conviccin de que es el camino para sanar heridas y para alcanzar la meta que perseguimos, que no es otra que dar gloria a Dios. Os pido que nos tomemos en serio esta llamada que os hago. La oracin dirigida a la Virgen Mara ser especialmente eficaz. Bien sabemos de la capacidad que tienen las madres de congregar a sus hijos! Con frecuencia, cuando falta la madre, resulta casi imposible convocar a la familia; sin la madre aquello se convierte en un "desmadre". Pero nosotros... tenemos madre!; y se llama "Mara". Cada vez que pronunciemos con confianza este santo y bendito nombre -"Mara!"-, nos sentiremos ms hermanos!

Como conclusin de las Fiestas navideas, durante las cuales hemos contemplado con el estupor de la fe el misterio del nacimiento de Jess, henos aqu reunidos para esta cita, convertida ya en familiar. Bienvenidos a la casa de Pedro!

Dirijo mi pensamiento cordial al Prefecto Antonio Manganelli, Jefe de la Polica, como tambin a los Vice-jefes, los Prefectos Francesco Cirillo y Paola Basilone, al Prefecto Salvatore Festa y al Cuestor Giuseppe Caruso. Con ellos saludo a los dirigentes y funcionarios que, a distintos niveles, comparten las responsabilidades de la Polica de Estado, los agentes, los colaboradores, los capellanes y todos los presentes. Agradezco en particular al doctor Giulio Callini, Director de la Inspectora de la Seguridad Pblica "Vaticano", que ha querido dirigirme expresiones de cordial estima y de augurio en nombre de los intervinientes.

El compromiso llevado a cabo da a da para tutelar el orden pblico en la Plaza de San Pedro y en las cercanas al Vaticano es particularmente importante para el desarrollo de la misin del Romano Pontfice. De hecho, consiente el clima de tranquila serenidad que permite, a cuantos vienen a visitar el centro de la Cristiandad, la posibilidad de una autntica experiencia religiosa, en contacto con testimonios fundamentales de la fe cristiana, como la tumba del apstol Pedro, las reliquias de los santos y las tumbas de los numerosos Pontfices, amados y venerados por el pueblo cristiano.

Gracias por este precioso servicio que hacis al Papa y a la Iglesia! Que el Seor os recompense por los sacrificios a menudo escondidos en favor de tantos creyentes y visitantes y en tutela de la misin del Papa.

A cada uno de vosotros se os pide compromiso y gran responsabilidad en el cumplimiento del deber, pero a los ojos de la fe ste debe constituir una forma particular de servir al Seor y casi prepararle el camino, para que la experiencia vivida en el seno de la cristiandad represente para cada peregrino o visitante una ocasin particular para el encuentro con el Seor, que cambia la vida.

En muchas ocasiones he podido observar la premura y la sensibilidad de alma que inspiran vuestro servicio, como tambin la fidelidad y la dedicacin, junto con los notables sacrificios que ste comporta. Estoy seguro de que stos son fruto tambin de vuestra fe y de vuestro amor por la Iglesia.

Que lo que estis llamados a realizar os valga para haceros cada vez ms fuertes y coherentes en la fe y a no tener miedo o respeto humano en manifestarla en el mbito de vuestras respectivas familias, de vuestro trabajo y all donde os encontris.

Os confo a vosotros y a vuestro trabajo a la maternal proteccin de Mara Santsima, Madre de Jess y Reina de cada familia. Que ella acoja vuestras intenciones y las avale presentndolas a su Hijo.

nos ofrece el discurso del Papa a los miembros del Cuerpo de Carabinieri de la Compaa Roma San Pietro, que fueronel 7 de Enero de 2010recibidos en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostlico Vaticano.

Estoy contento de acogeros y de dirigir a cada uno mi cordial bienvenida. Saludo al arzobispo monseor Vincenzo Pelvi, Ordinario Militar para Italia, y al Comandante General del Cuerpo de los Carabinieri, seor General Leonardo Gallitelli, agradecindole las corteses expresiones que me ha dirigido en nombre de los presentes. Con ellos saludo a los dems seores generales y oficiales, al Comandante Provincial del Cuerpo, seor general Vittorio Tomasone, y al comandante de la Compaa San Pietro, capitn Gabriele De Pascalis. A todos mi agradecimiento, en particular a vosotros, queridos Carabinieri, por la diligente obra que llevis a cabo con la presencia vigilante y discreta en torno al Vaticano.

Vuestra tarea contribuye a dar seguridad y serenidad a los peregrinos y visitantes que llegan al centro de la fe catlica y les permite el necesario recogimiento espiritual en la visita a la Tumba del apstol Pedro y a la Baslica que la custodia. Crea, adems, el clima favorable para el encuentro con el Sucesor de Pedro, a quien Cristo confi la tarea de confirmar a los hermanos en la fe (cfr Lc 22,31). Como sugiere la majestuosa columnata de Bernini, la casa de Pedro est siempre abierta para acoger, en un abrazo ideal, a los creyentes y a todos los hombres de buena voluntad, que del Magisterio de los Pontfices romanos reciben luz y nimo para crecer en la fe y llegar a ser constructores de paz y convivencia civil serena. De este pacfico e intenso afluir de personas distintas en edad, origen y cultura, vosotros sois testigos, tutores y garantes, silenciosos y diligentes, pero muy necesarios y preciosos.

Tambin las Fiestas Navideas, transcurridas hace poco, han permitido a muchos apreciar vuestro trabajo humilde, pero indispensable, para que la peregrinacin a Roma constituya para cada visitante una ocasin nica para experimentar la alegra de la fe y los valores de la fraternidad, de la acogida y del respeto mutuo, a ejemplo de Aquel que siendo Dios se convirti en nio por amor a nosotros.

Gracias una vez ms, queridos amigos, por vuestra colaboracin! Que el Seor os recompense. Auguro que vuestra fe, la tradicin de fidelidad y de generosidad de las que sois herederos, los ideales de vuestro Cuerpo, os ayuden a encontrar en este delicado servicio motivos siempre nuevos de satisfaccin y a vivir experiencias positivas para vuestra vida profesional y personal.

Que Mara, la "Virgo fidelis", vuestra Patrona, os acompae a vosotros y a todo el Cuerpo, en particular en cuantos, en diversos pases del mundo, estn empeados en delicadas misiones de paz, y acoja vuestros propsitos de bien presentndolos a su divino Hijo.

Me es grato concluir este agradable encuentro formulando a vosotros y a vuestras familias fervientes augurios de todo deseo de gracia y prosperidad en el Seor para el nuevo ao. Con estos deseos, imparto a todos de verdadero corazn la Bendicin Apostlica.

nos ofrece el discurso del Papa al nuevo embajador de la Repblica de Turqua ante la Santa Sede, Kenan Grsoy, a quien recibiel jueves, 7 de Enero de 2010,en el Vaticano con motivo de la presentacin de sus Cartas Credenciales.

Me complace darle la bienvenida al Vaticano y aceptar las Cartas que le acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la Repblica de Turqua ante la Santa Sede. Le agradezco sus amables palabras y los saludos que me ha trado de su Presidente, Su Excelencia Abdullah Gl. Por favor, transmtale mis mejores deseos y asegrele mis oraciones constantes por el bienestar y la prosperidad de todos los ciudadanos de su tierra.

Como Su Excelencia ha observado, nos estamos acercando rpidamente al quincuagsimo aniversario del establecimiento de relaciones diplomticas entre Turqua y la Santa Sede, fruto del pontificado de mi predecesor el Papa Juan XXIII, que haba servido como Delegado Apostlico en Estambul, y cuyo afecto por la gente de Turqua es bien conocido. Mucho se ha logrado durante los ltimos cincuenta aos en las reas de inters comn que usted ha indicado, y estoy seguro de que esas cordiales relaciones se harn ms profundas y fuertes como resultado de la colaboracin continuada en las muchas cuestiones que actualmente se plantean en los asuntos multilaterales.

Recuerdo con gran placer mi visita a su pas en 2006, cuando pude expresar mis respetos a la gente de Turqua y a los miembros de su Gobierno. Aprovecho esta oportunidad para reiterar mi agradecimiento por la clida acogida que recib. Uno de los aspectos ms destacados de esa visita fue mi encuentro con el Patriarca Bartholom I en el Fanar. En la secular Repblica de Turqua, de poblacin predominantemente musulmana, las comunidades cristianas estn orgullosas de desempear su funcin, conscientes de su antigua herencia y de la significativa contribucin que han realizado de cara a la civilizacin, no slo de su tierra, sino del conjunto de Europa. Durante las recientes celebraciones del aniversario de los dos mil aos del nacimiento de Pablo de Tarso, esa herencia cristiana se convirti en un foco de particular atencin en todo el mundo, y me gustara expresar el aprecio de los cristianos de todas partes por los pasos que se han dado para facilitar las peregrinaciones y las celebraciones litrgicas en los lugares relacionados con el gran Apstol.

Mi visita a Turqua tambin me brind una apreciada oportunidad para saludar a los miembros de la comunidad musulmana. De hecho, fue mi primera visita como Papa a un pas predominantemente islmico. Estuve contento de poder expresar mi estima a los musulmanes y reiterar el compromiso de la Iglesia catlica para llevar adelante el dilogo interreligioso en un espritu de respeto mutuo y amistad, dando testimonio comn de la fe firme en Dios que caracteriza a cristianos y musulmanes, y tratando de conocernos mejor mutuamente para fortalecer los lazos de afecto entre nosotros (cf. Discurso, Encuentro con el Presidente de la Direccin de Asuntos Religiosos, Ankara, 28 de noviembre de 2006). Mi oracin ferviente es que este proceso conduzca a una mayor confianza entre individuos, comunidades y gentes, especialmente en las zonas de conflicto de Oriente Medio.

Los catlicos en Turqua aprecian la libertad de culto que est garantizada por la Constitucin, y les complace poder contribuir al bienestar de sus conciudadanos, especialmente a travs de de la participacin en actividades caritativas y en la asistencia sanitaria. Estn orgullosos de la asistencia proporcionada a los pobres por los hospitales La Paix y Saint Georges de Estambul. Para que esos dignos esfuerzos puedan florecer, estoy seguro de que el Gobierno continuar haciendo lo que pueda para garantizar que stos reciben cualquier apoyo que pueden necesitar. Adems, la Iglesia catlica en Turqua est esperando el reconocimiento jurdico civil. ste la ayudara a disfrutar de una plena libertad religiosa y a realizar una todava mayor contribucin a la sociedad

Como estado democrtico laico que atraviesa la frontera entre Europa y Asia, Turqua est bien situada para actuar como puente entre el Islam y Occidente, y para realizar una significativa contribucin a los esfuerzos por llevar paz y estabilidad a Oriente Medio. La Santa Sede aprecia las numerosas iniciativas que Turqua ha llevado a cabo ya en este sentido, y est dispuesta a apoyar los esfuerzos adicionales para acabar con los largos conflictos de la regin. Como la historia ha mostrado tan a menudo, las disputas territoriales y las rivalidades tnicas slo pueden resolverse de manera satisfactoria cuando las aspiraciones legtimas de cada parte son debidamente tenidas en cuenta, las injusticias del pasado, reconocidas y, cuando es posible, reparadas. Djeme asegurar a Su Excelencia la alta prioridad que la Santa Sede concede a la bsqueda de soluciones justas y duraderas para todos los conflictos de la regin, y su disposicin a poner sus recursos diplomticos al servicio de la paz y la reconciliacin.

Ofreciendo mis mejores deseos por el xito de su misin, querra asegurarle que los distintos departamentos de la Curia Romana estarn siempre encantados de proporcionarle ayuda y apoyo en el pleno cumplimiento de sus responsabilidades. Sobre Su Excelencia, su familia y todas las personas de la Repblica de Turqua, invoco cordialmente abundantes bendiciones del Altsimo.

Celebramos hoy la gran fiesta de la Epifana, el misterio de la Manifestacin del Seor a todas las gentes, representadas por los Magos, venidos de Oriente para adorar al Rey de los Judos (cfr Mt 2,1-2). El evangelista Mateo, que relata el acontecimiento, subraya que stos llegaron a Jerusaln siguiendo una estrella, avistada en su surgimiento e interpretada como signo del nacimiento del Rey anunciado por los profetas, o sea, el Mesas. Llegados sin embargo a Jerusaln, los Magos necesitaron las indicaciones de los sacerdotes y de los escribas para conocer exactamente el lugar a donde dirigirse, es decir, Beln, la ciudad de David (cfr Mt 2,5-6; Mi 5,1). La estrella y las Sagradas Escrituras fueron las dos luces que guiaron el camino de los Magos, los cuales aparecen como modelos de los autnticos buscadores de la verdad.

stos eran unos sabios, que escrutaban los astros y conocan la historia de los pueblos. Eran hombres de ciencia en un sentido amplio, que observaban el cosmos considerndolo casi un gran libro lleno de signos y de mensajes divinos para el hombre. Su saber, por tanto, lejos de considerarse autosuficiente, estaba abierto a ulteriores revelaciones y llamadas divinas. De hecho, no se avergenzan de pedir instrucciones a los jefes religiosos de los judos. Habran podido decir: hagmoslo solos, no necesitamos a nadie, evitando, segn nuestra mentalidad actual, toda contaminacin entre la ciencia y la Palabra de Dios. En cambio los Magos escuchan las profecas y las acogen; y, apenas se vuelven a poner en camino hacia Beln, ven nuevamente la estrella, casi como confirmacin de una perfecta armona entre la bsqueda humana y la Verdad divina, una armona que llen de alegra sus corazones de autnticos sabios (cfr Mt 2,10). El culmen de su itinerario de bsqueda fue cuando se encontraron ante "el nio con Mara su madre" (Mt 2,11). Dice el Evangelio que postrndose le adoraron". Habran podido quedarse desilusionados, es ms, escandalizados. En cambio, como verdaderos sabios, se abrieron al misterio que se manifiesta de modo sorprendente; y con sus dones simblicos demostraron que reconocan en Jess al Rey y al Hijo de Dios. Precisamente en ese gesto se cumplen los orculos mesinicos que anuncian el homenaje de las naciones al Dios de Israel.

Un ltimo detalle confirma, en los Magos, la unidad entre inteligencia y fe: es el hecho de que advertidos en sueos de que no volvieran a Herodes, volvieron a su tierra por otro camino" (Mt 2,12). Habra sido natural volver a Jerusaln, al palacio de Herodes y al Templo, para proclamar su descubrimiento. En cambio, los Magos, que han elegido como soberano al Nio, lo custodian escondindolo, segn el estilo de Mara, o mejor de Dios mismo, y tal como haban aparecido, desaparecieron en el silencio, apagados, pero tambin cambiados tras el encuentro con la Verdad. Haban descubierto un nuevo rostro de Dios, una nueva realeza: la del amor. Que nos ayude la Virgen Mara, modelo de verdadera sabidura, a ser autnticos buscadores de la verdad de Dios, capaces de vivir siempre la profunda sintona que hay entre la razn y la fe, entre la ciencia y la revelacin.

Estoy contento de dirigir mi augurio ms cordial a los hermanos y a las hermanas de las Iglesias Orientales que celebran maana la Santa Navidad. Que el misterio de la luz sea fuente de alegra y de paz para cada familia y comunidad.

En la solemnidad de la Epifana se celebra la Jornada Misionera de los nios, con el lema Los nios ayudan a los nios. Promovida por el Venerable Papa Po XII en 1950, esta iniciativa educa a los nios a formarse una mentalidad abierta al mundo y a ser solidarios con sus coetneos ms desgraciados. Saludo con afecto a todos los pequeos misioneros presentes en los cinco continentes y les animo a ser siempre testigos de Jess y anunciadores de su Evangelio.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua espaola presentes en esta oracin mariana. La Iglesia celebra hoy la solemnidad de la Epifana del Seor, la manifestacin del Mesas a todos los pueblos. San Mateo nos narra en su evangelio como unos personajes, venidos de Oriente, son guiados por una estrella hasta Beln y, adorando al Nio Jess, le reconocen como el nico Salvador del Mundo. Queridos hermanos, os invito a imitar la obediencia de estos Magos que, gracias a su docilidad a la accin providente de Dios, pudieron recibir la luz sin ocaso: Cristo, el Seor. Feliz fiesta de la Epifana. Muchas gracias.

nos ofrece el texto de la homila que Benedicto XVI ha pronunciado durante la celebracin de la Santa Misa en la Baslica Vaticana, con ocasin de la solemnidad de la Epifana del Seor, 6 de Enero de 2009.

Hoy, Solemnidad de la Epifana, la gran luz que irradia desde la Gruta de Beln, a travs de los Magos procedentes de Oriente, inunda a la humanidad entera. La primera lectura, tomada del Libro del profeta Isaas, y el pasaje del Evangelio de Mateo, que hemos escuchado hace poco, ponen una junto a otra la promesa y su cumplimiento, en esa tensin particular que se produce cuando se leen sucesivamente pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento. He ah que aparece ante nosotros la esplndida visin del profeta Isaas, el cual, tras las humillaciones sufridas por el pueblo de Israel por parte de los poderes de este mundo, ve el momento en el que la gran luz de Dios, aparentemente sin poder e incapaz de proteger a su pueblo, surgir sobre toda la tierra, de modo que los reyes de las naciones se inclinarn ante l, vendrn desde todos los confines de la tierra y depositarn a sus pies sus tesoros ms precioso. Y el corazn del pueblo se estremecer de alegra.

Respecto a esta visin, la que nos presenta el evangelista Mateo parece pobre y andrajosa: nos parece imposible reconocer all el cumplimiento de las palabras del profeta Isaas. De hecho, llegan a Beln no los poderosos y los reyes de la tierra, sino unos Magos, personajes desconocidos, quizs vistos con sospecha, en todo caso indignos de particular atencin. Los habitantes de Jerusaln son informados de lo sucedido, pero no consideran necesario molestarse, y ni siquiera en Beln parece que haya alguien que se preocupe del nacimiento de este Nio, llamado por los Magos Rey de los Judos, o de estos hombres venidos de Oriente que van a visitarle. Poco despus, de hecho, cuando el rey Herodes d a entender quin detenta efectivamente el poder obligando a la Sagrada Familia a huir a Egipto y ofreciendo una prueba de su crueldad con la masacre de los inocentes (cfr Mt 2,13-18), el episodio de los Magos parece haberse borrado y olvidado. Es por tanto comprensible que el corazn y el alma de los creyentes de todos los siglos hayan sido atrados ms por la visin del profeta que por el sobrio relato del evangelista, como atestiguan las representaciones de esta visita en nuestros belenes, donde aparecen los camellos, los dromedarios, los reyes poderosos de este mundo que se arrodillan ante el Nio y que depositan a sus pies sus dones en cofres preciosos. Pero conviene prestar mayor atencin a lo que los dos textos nos comunican.

En realidad, qu vio Isaas con su mirada proftica? En un solo momento, l atisba una realidad destinada a marcar toda la historia. Pero tambin el acontecimiento que Mateo nos narra no es un breve episodio prescindible, que se cierra con la vuelta apresurada de los Magos a sus propias tierras. Al contrario, es un comienzo. Estos personajes procedentes de Oriente no son los ltimos, sino los primeros de la gran procesin de aquellos que, a travs de todas las pocas de la historia, saben reconocer el mensaje de la estrella, saben caminar por los caminos indicados por la Sagrada Escritura y saben encontrar, as, a Aqul que es aparentemente dbil y frgil, pero que en cambio es capaz de dar la alegra ms grande y ms profunda al corazn del hombre. En l, de hecho, se manifiesta la realidad estupenda de que Dios nos conoce y est cerca de nosotros, de que su grandeza y poder no se expresan en la lgica del mundo, sino en la lgica de un nio inerme, cuya fuerza es slo la del amor que se nos confa. En el camino de la historia, hay siempre personas que son iluminadas por la luz de la estrella, que encuentran el camino y llegan a l. Todas viven, cada una a su manera, la misma experiencia que los Magos.

stos trajeron oro, incienso y mirra. No son ciertamente dones que respondan a necesidades primarias o cotidianas. En aquel momento la Sagrada Familia habra tenido ciertamente mucha ms necesidad de algo distinto que el incienso y la mirra, y tampoco el oro poda serle inmediatamente til. Pero estos dones tienen un significado profundo: son un acto de justicia. De hecho, segn la mentalidad vigente en aquel tiempo en Oriente, representan el reconocimiento de una persona como Dios y Rey: es decir, son un acto de sumisin. Quieren decir que desde aquel momento los donadores pertenecen al soberano y reconocen su autoridad. La consecuencia que deriva de ello es inmediata. Los Magos no pueden ya proseguir por su camino, no pueden ya volver a Herodes, ya no pueden ser ya aliados con aquel soberano poderoso y cruel. Han sido llevados para siempre al camino del Nio, la que les har desentenderse de los grandes y los poderosos de este mundo y les llevar a Aquel que nos espera entre los pobres, el camino del amor que por s solo puede transformar el mundo.

No slo, por tanto, los Magos se han puesto en camino, sino que desde aquel acto ha comenzado algo nuevo, se ha trazado una nueva va, ha bajado al mundo una nueva luz que no se ha apagado. La visin del profeta se realiza: esa luz no puede ya ser ignorada en el mundo: los hombres se movern hacia aquel Nio y sern iluminados por la alegra que solo l sabe dar. La luz de Beln sigue resplandeciendo en todo el mundo. A cuanto la acogen, san Agustn les recuerda: Tambin nosotros, reconociendo en Cristo a nuestro rey y sacerdote muerto por nosotros, lo honramos como si le hubisemos ofrecido oro, incienso y mirra, nos falta slo dar testimonio de l tomando un camino distinto del que hemos venido (Sermo 202. In Epiphania Domini, 3,4).

Si leemos por tanto juntas la promesa del profeta Isaas y su cumplimiento en el Evangelio de Mateo en el gran contexto de toda la historia, parece evidente que lo que se nos dice, y lo que en el beln tratamos de reproducir, no es un sueo ni tampoco un vano juego de sensaciones y emociones, privadas de vigor y de realidad, sino que es la Verdad que se irradia en el mundo, a pesar de que Herodes parece siempre ser ms fuerte y que ese Nio parezca que puede relegado entre aquellos que no tienen importancia, o incluso pisoteado. Pero solamente en ese Nio se manifiesta la fuerza de Dios, que rene a los hombres de todos los tiempos, para que bajo su seoro recorran el camino del amor, que transfigura al mundo. Con todo, aunque los pocos de Beln se han convertido en muchos, los creyentes en Jesucristo parecen ser siempre pocos. Muchos han visto la estrella, pero son pocos los que han entendido su mensaje. Los estudiosos de la Escritura del tiempo de Jess conocan perfectamente la palabra de Dios. Estaban en grado de decir sin dificultad alguna qu se poda encontrar en ella sobre el lugar en el que el Mesas habra de nacer, pero, como dice san Agustn: les sucedi como a los hitos (que indican el camino) se quedaron inertes e inmviles (Sermo 199. In Epiphania Domini, 1,2).

Podemos entonces preguntarnos: cul es la razn por las que unos ven y encuentren, y otros no? Qu es lo que abre los ojos y el corazn? Qu les falta a aquellos que permanecen indiferentes, a aquellos que indican el camino pero no se mueven? Podemos responder: la demasiada seguridad en s mismos, la pretensin de conocer perfectamente la realidad, la presuncin de haber ya formulado un juicio definitivo sobre las cosas volviendo cerrados e insensibles sus corazones a la novedad de Dios. Estn seguros de la idea que se han hecho del mundo y no se dejan ya conmover en lo profundo por la aventura de un Dios que quiere encontrarles. Ponen su confianza ms en s mismos que en l y no consideran posible que Dios sea tan grande que pueda hacerse pequeo, que se pueda acercar verdaderamente a nosotros.

Al final, lo que falta es la humildad autntica, que sabe someterse a lo que es ms grande, pero tambin el autntico valor, que lleva a creer a lo que es verdaderamente grande, aunque se manifieste en un Nio inerme. Falta la capacidad evanglica de ser nios en el corazn, de asombrarse, y de salir de s para encaminarse en el camino que indica la estrella, el camino de Dios. El Seor sin embargo tiene el poder de hacernos capaces de ver y de salvarnos. Queramos, entonces, pedirle a l que nos d un corazn sabio e inocente, que nos consienta ver la estrella de su misericordia, nos encamine en su camino, para encontrarle y ser inundados por la gran luz y por la verdadera alegra que l ha trado a este mundo. Amn.

El evangelio es inagotable. Leemos y releemos los mismos textos y, sin embargo, advertimos cada da nuevos matices que nos enriquecen. Cuando comenzamos la lectura de un fragmento, pensamos: "Lo he ledo tantas veces que sabra recitarlo de memoria". Y, al momento, resulta que nos detenemos analizando una nueva faceta en la que no habamos reparado. Tres son los pensamientos que brotan al hilo del evangelio de hoy. "La gente se agolpaba alrededor de Jess para escuchar la Palabra de Dios". Me encanta la figura de un Jess apretujado. Si he de ser sincero, me gustara que, cuando ejerzo el ministerio de la Palabra, la gente se agolpara en mi derredor. Pero tengo la impresin de que, en esta hora pragmatista, las gentes se agolpan ante otras ofertas ms materiales. Hoy, como en los viejos tiempos, lo que a la gente atrae son panes y circos. Y as, las multitudes se agolpan en las carreteras tras las playas, los estadios o las discotecas. Pero, para or la Palabra? Se nos ha dicho, s, desde todas las pastorales ms modernas, que no hay que obsesionarse con que nos sigan las multitudes, que todas las masificaciones son peligrosas, que el papel de la Iglesia est en alimentar a las minoras, los pequeos grupos. Que esos pequeos grupos ya irn amplindose despus, en crculos concntricos, hasta fermentar la masa. Pero tambin se nos ha dicho que no hay que minusvalorar la fe de los sencillos, los que confiesan y comulgan en las fiestas de agosto, las romeras o las celebraciones tradicionales. "Subi a una de las barcas y, desde ella, enseaba a la gente". Me encanta tambin este Jess que improvisa plpitos y busca la eficacia. La barca ser, desde ese da, smbolo y acicate para que la Iglesia emplee todos los medios de comunicacin social que encuentre a su paso. Por eso, introdujo hace ya aos ese da especialmente dedicado a ellos. Para convencer a los creyentes de que todo -el cine y la tele, la radio y el papel impreso, el disco y las diapositivas, los micrfonos y los vdeos- pueden y deben ser barcas desde las que lancemos la Palabra a todos los que estn a la orilla. "Dijo Jess a Pedro: 'Echad las redes.... Pues bien. Hoy, de manera especial, me encanta este Jess que, despus de predicar se pone a dar trigo. Porque la escena que all ocurri fue una escena de manos unidas. Recurdenlo: "Haba tal cantidad de peces, que tuvieron que llamar a los de la otra barca...". Ya s que el papel de la Iglesia no consiste, primordialmente, en llenar los estmagos vacos. Ella viene a que los pobres sean evangelizados. Pero de difcil manera podr cumplir esa misin, si, al mismo tiempo, no "da de comer al hambriento y de beber al sediento". Es decir, conjugando simultneamente las obras de amor espirituales y corporales. Por eso pienso que la escena de hoy es aleccionadora. Sera muy bonito que la Iglesia consiguiera que todas las barcas del mundo -creyentes o no creyentes- se unieran para ensear a pescar y proporcionar barcas a quienes no tienen nada, slo hambre.

1. Con ocasin de la apertura de la Puerta Santa, que da comienzo al Jubileo Compostelano de 2010, hago llegar un cordial saludo a Vuestra Excelencia y a los participantes en esa significativa ceremonia, as como a los pastores y fieles de esa Iglesia particular, que por su vinculacin inmemorial con el Apstol Santiago hunde sus races en el Evangelio de Cristo, ofreciendo este tesoro espiritual a sus hijos y a los peregrinos de Galicia, de otras partes de Espaa, de Europa y de los ms lejanos rincones del mundo.

Con este acto solemne, se abre un tiempo especial de gracia y de perdn, de la "gran perdonanza", como dice la tradicin. Una oportunidad particular para que los creyentes recapaciten sobre su genuina vocacin a la santidad de vida, se impregnen de la Palabra de Dios, que ilumina e interpela, y reconozcan a Cristo, que sale a su encuentro, les acompaa en las vicisitudes de su caminar por el mundo y se entrega a ellos personalmente, sobre todo en la Eucarista. Pero tambin los que no tienen fe, o tal vez la han dejado marchitar, tendrn una ocasin singular para recibir el don de "Aquel que ilumina a todos los hombres para que puedan tener finalmente vida" (Lumen gentium, 16).

2. Santiago de Compostela se distingue desde tiempos remotos por ser meta eminente de peregrinos, cuyos pasos han marcado un Camino que lleva el nombre del Apstol, hasta cuyo sepulcro acuden gentes especialmente de las ms diversas regiones de Europa para renovar y fortalecer su fe. Un Camino sembrado de tantas muestras de fervor, penitencia, hospitalidad, arte y cultura, que nos habla elocuentemente de las races espirituales del Viejo Continente.

El lema de este nuevo Ao Jubilar Compostelano, "Peregrinando hacia la luz", as como la carta pastoral para esta ocasin, "Peregrinos de la fe y testigos de Cristo resucitado", siguen fielmente esta tradicin y la reproponen como una llamada evangelizadora a los hombres y mujeres de hoy, recordando el carcter esencialmente peregrino de la Iglesia y del ser cristiano en este mundo (cf. Lumen gentium, 6.48-50). En el Camino se contemplan nuevos horizontes que hacen recapacitar sobre las angosturas de la propia existencia y la inmensidad que el ser humano tiene dentro y fuera de s, preparndole para ir en busca de lo que realmente su corazn anhela. Abierto a la sorpresa y la trascendencia, el peregrino se deja instruir por la Palabra de Dios, y de este modo va decantando su fe de adherencias y miedos infundados. As hizo el Seor resucitado con los discpulos que, aturdidos y desalentados, iban de camino hacia Emas. Cuando a la palabra se aadi el gesto de partir el pan, a los discpulos "se les abrieron los ojos" (cf. Lc 24, 31) y reconocieron al que crean sumido en la muerte. Entonces se encuentran personalmente con Cristo, que vive para siempre y forma parte de sus vidas. En ese momento, su primer y ms ardiente deseo es anunciar y atestiguar lo ocurrido ante los dems (cf. Lc 24, 35).

Pido fervientemente al Seor que acompae a los peregrinos, que se da conocer y entre en sus corazones, "para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). sta es la verdadera meta, la gracia, que el mero recorrido material del Camino no puede alcanzar por s solo, y que lleva al peregrino a convertirse en testigo ante los dems de que Cristo vive y es nuestra esperanza imperecedera de salvacin. En esa Archidicesis, junto a otras muchas organizaciones eclesiales, se han puesto en marcha mltiples iniciativas pastorales para ayudar a lograr este fin esencial de la peregrinacin a Santiago de Compostela, de carcter espiritual, aunque en ciertos casos se tienda a ignorarlo o desvirtuarlo.

3. En este Ao Santo, en sintona con el Ao Sacerdotal, un papel decisivo corresponde a los presbteros, cuyo espritu de acogida y entrega a los fieles y peregrinos ha de ser particularmente generoso. Peregrinos tambin ellos, estn llamados a servir a sus hermanos ofrecindoles la vida de Dios, como hombres de la Palabra divina y de lo sagrado (cf. Al retiro sacerdotal internacional en Ars, 28 septiembre 2009). Aliento, pues, a los sacerdotes de esa Archidicesis, as como a los que se sumen a ellos durante este Jubileo y a los de las dicesis por donde pasa el Camino, a prodigarse en la administracin de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucarista, pues lo ms buscado, lo ms preciado y caracterstico del Ao Santo es el Perdn y el encuentro con Cristo vivo.

4. En esta circunstancia, expreso mi especial cercana a los peregrinos que llegan y seguirn llegando a Santiago. Les invito a que hagan acopio de las sugestivas experiencias de fe, caridad y fraternidad que encuentren en su andadura, a que vivan el Camino sobre todo interiormente, dejndose interpelar por la llamada que el Seor hace a cada uno de ellos. As podrn decir con gozo y firmeza en el Prtico de la Gloria: "Creo". Les ruego tambin que en su oracin cadenciosa no olviden a los que no pudieron acompaarles, a sus familias y amigos, a los enfermos y necesitados, a los emigrantes, a los frgiles en la fe y al Pueblo de Dios con sus Pastores.

5. Agradezco cordialmente a la Archidicesis de Santiago, as como a las Autoridades y otros colaboradores, sus esfuerzos en la preparacin de este Jubileo Compostelano, como tambin a los voluntarios y a cuantos estn dispuestos a contribuir a su buen desarrollo. Confo los frutos espirituales y pastorales de este Ao Santo a nuestra Madre del cielo, la Virgen Peregrina, y al Apstol Santiago, el "amigo del Seor", a la vez que imparto a todos con afecto la Bendicin Apostlica.

publica la homila que pronunci Benedicto XVI durante la Santa Misa de la solemnidad de Mara Santsima Madre de Dios, celebrada en la Baslica de San Pedro la maana del viernes, 1 de Enero de 2010, 43 Jornada Mundial de la Paz.

En el primer da del nuevo ao tenemos la alegra y la gracia de celebrar a la Santsima Madre de Dios y, al mismo tiempo, la Jornada Mundial de la Paz. En ambos aniversarios celebramos a Cristo, Hijo de Dios, nacido de Mara Virgen y nuestra verdadera paz! A todos vosotros, que estis aqu reunidos: Representantes de los pueblos del mundo, de la Iglesia romana y universal, sacerdotes y fieles; y a todos los que estn conectados mediante la radio y la televisin, repito las palabras de la antigua bendicin: que el Seor te descubra su rostro y te conceda la paz (cfr. Nm. 6,26). Precisamente el tema del Rostro y de los rostros querra desarrollar hoy, a la luz de la Palabra de Dios -Rostro de Dios y rostros de los hombres- un tema que nos ofrece tambin una clave de lectura del problema de la paz en el mundo.

Hemos escuchado, sea en la primera lectura -extrada del Libro de los Nmeros- sea en el Salmo responsorial, algunas expresiones que contienen la metfora del rostro referida a Dios: El Seor haga resplandecer su faz sobre ti y te otorgue su gracia (Nm 6,25); Apidese Dios de nosotros y bendganos, haga resplandecer su faz sobre nosotros (Sal 66/67, 2-3). El rostro es la expresin por excelencia de la persona, es lo que la hace reconocible y por lo que se muestran sentimientos, pensamientos, intenciones del corazn. Dios, por su naturaleza, es invisible, sin embargo la Biblia le aplica tambin a l esta imagen. Mostrar el rostro es expresin de su benevolencia, mientras que esconderlo indica ira e indignacin. El Libro del xodo dice que El Seor hablaba a Moiss cara a cara, como habla un hombre a su amigo (Ex 33,11), y siempre a Moiss el Seor promete su cercana con una frmula muy singular: Mi rostro caminar contigo y te dar descanso (Ex 33,14). Los Salmos nos muestran a los creyentes como los que buscan el rostro de Dios (cfr. Sal 26/27, 8; 104/105, 4) y los que en el culto aspiran a verlo (cfr. Sal 42,3), y nos dicen que los hombres rectos lo contemplarn (Sal 10/11,7).

Toda la historia bblica se puede leer como progresivo desvelo del rostro de Dios, hasta llegar a su plena manifestacin en Jesucristo. Al llegar la plenitud de los tiempos -nos ha recordado tambin hoy el apstol Pablo- envi Dios a su Hijo (Gal 4,4). Y rpidamente aade: nacido de mujer, nacido bajo la ley. El rostro de Dios ha tomado un rostro humano, dejndose ver y reconocer en el hijo de la Virgen Mara, que por eso veneramos con el ttulo altsimo de Madre de Dios. Ella, que ha custodiado en su corazn el secreto de la divina maternidad, ha sido la primera en ver el rostro de Dios hecho hombre en el pequeo fruto de su vientre. La madre tiene una relacin muy especial, nica y de todos modos exclusiva con el hijo recin nacido. El primer rostro que el nio ve es el de la madre, y esta mirada es decisiva para su relacin con la vida, con s mismo, con los dems, con Dios; es decisiva tambin para que l pueda convertirse en un hijo de la paz (Lc 10,6). Entre las muchas tipologas de iconos de la Virgen Mara en la tradicin bizantina, se encuentra la llamada de la ternura, que representa al nio Jess con el rostro apoyado -mejilla a mejilla- en el de la Madre. El Nio mira a la Madre, y sta nos mira a nosotros, casi como reflejando al que observa, y reza, la ternura de Dios, bajada en Ellos del Cielo y encarnada en aquel Hijo de hombre que lleva en brazos. En este icono mariano podemos contemplar algo de Dios mismo: un signo del amor inefable que le ha llevado a dar a su hijo unignito (Jn 3,16). Pero ese mismo icono nos muestra tambin, en Mara, el rostro de la Iglesia, que refleja sobre nosotros y sobre el mundo entero la luz de Cristo, la Iglesia mediante la cual llega a toda persona la buena noticia: Ya no es siervo, sino hijo (Gal 4,7) -como leemos todava en san Pablo.

Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio, Seores Embajadores, queridos amigos! Meditar sobre el misterio del rostro de Dios y del hombre es una va privilegiada que conduce a la paz. sta, de hecho, comienza por una mirada respetuosa, que reconoce en el rostro del otro a una persona, cualquiera que sea el color de su piel, su nacionalidad, su lengua, su religin. Pero quin, si no Dios, puede garantizar, por as decirlo, la profundidad del rostro del hombre? En realidad, slo si tenemos a Dios en el corazn, estamos en condiciones de detectar en el rostro del otro a un hermano de humanidad, no un medio sino un fin, no un rival o un enemigo, sino otro yo, una faceta del infinito misterio del ser humano. Nuestra percepcin del mundo y, en particular, de nuestros similares, depende esencialmente de la presencia en nosotros del Espritu de Dios. Es una especie de resonancia: quien tiene el corazn vaco, no percibe ms que imgenes planas, privadas de espesor. En cambio, cuanto ms estemos habitados por Dios, seremos tambin ms sensibles a su presencia en lo que nos rodea: en todas las criaturas, y especialmente en las otras personas, aunque a veces el rostro humano, marcado por la dureza de la vida y del mal, pueda resultar difcil de apreciar y de acoger como epifana de Dios. Con mayor razn, por tanto, para reconocernos y respetarnos como realmente somos, es decir hermanos, necesitamos referirnos al rostro de un Padre comn, que nos ama a todos, a pesar de nuestros lmites y nuestros errores.

Desde pequeos, es importante ser educados en el respeto al otro, tambin cuando es diferente a nosotros. Hoy cada vez es ms comn la experiencia de clases escolares compuestas por nios de varias nacionalidades, aunque tambin cuando esto no ocurre, sus rostros son una profeca de la humanidad que estamos llamados a formar: una familia de familias y de pueblos. Ms son pequeos estos nios, y ms suscitan en nosotros la ternura y la alegra por una inocencia y una hermandad que nos parecen evidentes: a pesar de sus diferencias, lloran y ren de la misma manera, tienen las mismas necesidades, se comunican de manera espontnea, juegan juntos... Los rostros de los nios son como un reflejo de la visin de Dios sobre el mundo. Por qu entonces apagar su sonrisa? Por qu envenenar sus corazones? Desgraciadamente, el icono de la Madre de Dios de la ternura encuentra su trgico opuesto en las dolorosas imgenes de tantos nios y de sus madres en las garras de la guerra y la violencia: prfugos, refugiados, emigrantes forzados. Rostros minados por el hambre y la enfermedad, rostros desfigurados por el dolor y por la desesperacin. Los rostros de los pequeos inocentes son una llamada silenciosa a nuestra responsabilidad: frente a su condiciones de impotencia, destruyen todas las falsas justificaciones de la guerra y de la violencia. Debemos simplemente convertirnos en diseadores de la paz, deponer las armas de todo tipo y comprometernos todos juntos para construir un mundo ms digno de la persona.

Mi Mensaje para la XLIII Jornada Mundial de la Paz de hoy: Si quieres cultivar la paz, custodia lo creado, se inscribe en la perspectiva del rostro de Dios y de los rostros humanos. Podemos, de hecho, afirmar que la persona es capaz de respetar a las criaturas en la medida en la que lleva en su propio espritu un sentido pleno de la vida, de otro modo ser llevado a despreciarse a s mismo y a lo que lo rodea, a no tener respeto por el entorno en el que vive, por lo creado. Quien sabe reconocer en el cosmos los reflejos del rostro invisible del Creador, es llevado a tener mayor amor a las criaturas, mayor sensibilidad por su valor simblico. Especialmente el Libro de los Salmos es rico en ejemplos de este modo propiamente humano de relacionarse con la naturaleza: con el cielo, el mar, las montaas, las colinas, los ros, los animales... Cuntas son tus obras, Seor! -exclama el Salmista- Todas las hiciste con sabidura! Est llena la tierra de tus criaturas (Sal 104/103,24).

En particular, la perspectiva del rostro invita a reafirmarse en lo que, tambin en este Mensaje, he llamado ecologa humana. Existe de hecho un nexo muy estrecho entre el respeto a la persona y la salvaguarda de lo creado. Los deberes hacia el medio ambiente derivan de aquellos hacia la persona considerada en s misma y en relacin con los dems (ibid., 12). Si la persona se degrada, se degrada el entorno en el que vive; si la cultura tiende a un nihilismo, si no terico, prctico, la naturaleza no podr no pagar las consecuencias. Se puede, en efecto, constatar un recproco influjo entre el rostro de la persona y el rostro del medio ambiente: cuando la ecologa humana es respetada en la sociedad, tambin la ecologa ambiental saca beneficio (ibid.; cf Enc. Caritas in veritate, 51). Renuevo, por tanto, mi llamada a invertir en educacin, ponindose como objetivo, adems de la necesaria transmisin de nociones tcnico-cientficas, una ms amplia y profunda responsabilidad ecolgica, basada en el respeto a la persona y a sus derechos y deberes fundamentales. Slo as el compromiso por el medio ambiente puede convertirse verdaderamente en educacin a la paz y construccin de la paz.

Queridos hermanos y hermanas, en el Tiempo de Navidad se repite un Salmo que contiene, entre otras cosas, tambin un ejemplo estupendo de cmo la venida de Dios transfigura lo creado y provoca una especie de fiesta csmica. Este himno empieza con una invitacin universal a la alabanza: Cantad al Seor un cntico nuevo, /cantad al Seor, la tierra toda. / Cantad al Seor, bendecid su nombre (Sal 95/96,1). Pero en un cierto punto este llamamiento a la exultacin se extiende a todo lo creado: Algrense los cielos, regocjese la tierra, / truene el mar y cuanto en l se contiene. / Salte de jbilo el campo y cuanto hay en l, / y exulten todos los rboles de la selva (ibidem 11-12). La fiesta de la fe se convierte en fiesta de la persona y de lo creado: esa fiesta que en Navidad se expresa tambin mediante la decoracin decoracin en los rboles, las calles, las casas. Todo reflorece porque Dios ha aparecido en medio de nosotros. La Virgen Madre muestra al Nio Jess a los pastores de Beln, que se alegran y alaban al Seor (cf Lc 2,20); la Iglesia renueva el misterio para las personas de todas las generaciones, les muestra el rostro de Dios, para que, con su bendicin, puedan caminar por la senda de la paz.

Hoy el Seor nos regala iniciar un nuevo ao en su Nombre y bajo la mirada de Mara Santsima, de la que celebramos la Solemnidad de la Divina Maternidad. Estoy contento de encontraros para este primer Angelus del 2010. Me dirijo a vosotros, que estis reunidos en gran nmero en la Plaza de San Pedro, y tambin a los que se unen a nuestra oracin mediante la radio y la televisin: a todos auguro que el ao que acaba de comenzar sea un tiempo en el que, con la ayuda del Seor, podamos encontrar a Cristo y la voluntad de Dios y as tambin mejorar nuestra casa comn que es el mundo.

Un objetivo compartido por todos, condicin indispensable para la paz, es el de administrar con justicia y sabidura los recursos naturales de la Tierra. Si quieres cultivar la paz, custodia lo creado: a este tema, de gran actualidad, he dedicado mi Mensaje para la XLIII Jornada Mundial de la Paz de hoy. Mientras se publicaba el Mensaje, los Jefes de Estado y de Gobierno estaban reunidos en Copenhague para la cumbre sobre el clima, donde ha emergido una vez ms la urgencia de directrices acordadas en el mbito mundial. Sin embargo, en este momento, querra destacar la importancia que, en la tutela del medio ambiente, tienen tambin las elecciones de cada uno, de las familias y de las administraciones locales. Resulta indispensable un cambio de mentalidad efectivo, que lleve a todos a adoptar nuevos estilos de vida (cfr. Mensaje n.11). En realidad, todos somos responsables de la proteccin y del cuidado de lo creado. Por ello, tambin en este campo, es fundamental la educacin: para aprender a respetar la naturaleza; orientarse cada vez ms a construir la paz a partir de opciones de gran calado en el mbito personal, familiar, comunitario y poltico (ibid.).

Si debemos cuidar las criaturas que nos rodean, qu consideracin deberemos tener con las personas, nuestros hermanos y hermanas! Qu respeto por la vida humana! En el primer da del ao, querra dirigir una llamada a las conciencias de los que forman parte de grupos armados de cualquier tipo. A todos y a cada uno digo: deteneos, reflexionad y abandonad el camino de la violencia! En un primer momento, este paso os podr parecer imposible, pero, si tenis la valenta de cumplirlos, Dios os ayudar, y sentiris volver a vuestros corazones la alegra de la paz, que quizs desde hace tiempo habis olvidado. Encomiendo este llamamiento a la intercesin de la Santsima Madre de Dios, Mara. Hoy, la liturgia nos recuerda que ocho das despus del nacimiento del Nio Ella, junto a su esposo Jos, lo hizo circuncidar, segn la ley de Moiss, y le puso por nombre Jess, como haba sido llamado por el ngel (cfr Lc 2,21). Este nombre, que significa Dios salva, es el cumplimiento de la revelacin de Dios. Jess es el rostro de Dios, es la bendicin para cada persona y para todas las poblaciones, es la paz para el mundo. Gracias, Madre Santa, que has dado a luz al Salvador, el Prncipe de la paz!

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua espaola presentes en esta oracin mariana, en el da en que la Iglesia celebra la solemnidad de Santa Mara, Madre de Dios, y a quienes se unen a ella a travs de la radio y la televisin. Al inicio del ao, os invito a todos a poner con total confianza todos vuestros proyectos e intenciones en las manos providentes de Dios, para que sea l el que gue nuestros pasos cada da y acreciente en nosotros la fe, esperanza y caridad. Feliz Ao Nuevo.

Presentacin en el Aeropuerto a la hora que se indique. Trmites de facturacin y embarque en vuelo regular con destino a Madrid. Llegada y salida en direccin a CACERES. Cena y alojamiento

Desayuno y visita de la ciudad, acompaados de un gua local, y a los monumentos ms importantes de la ciudad vieja (esta visita se realizar a pie.) Almuerzo y salida hacia FTIMA. Cena y alojamiento

Desayuno y salida hacia LISBOA. Visita panormica acompaados de un gua local, visitando los monumentos ms importantes: EL BARRIO DE BELN, MONASTERIOS DE LOS JERONIMOS, TORRE DE BELEN, MONUMENTO A LOS DESCUBRIDORES, PLAZA DEL ROSSIO etc. Almuerzo y tiempo libre para actividades. Regreso al hotel en Ftima. Cena y alojamiento.

Desayuno y salida en direccin a BATALHA con breve parada en el Majestuoso MONASTERIO DE SANTA MARA DE LA VICTORIA, prosiguiendo hasta Coimbra, la ciudad universitaria ms importante de Portugal. Efectuaremos una panormica en guagua a la ciudad. Almuerzo para proseguir a Oporto, junto al ro, donde se alinean muchas casas elegantes. Llegada a Oporto. Cena y alojamiento.

Desayuno, almuerzo y cena en el hotel de Oporto. Por la maana visita panormica a los monumentos ms importantes de la ciudad acompaados de un gua local, con posibilidad de visitar una de las Bodegas ms famosas de Oporto. Por la tarde, excursin a BRAGA, para recorrer el famoso VIA CRUCIS y luego regresar a Oporto. Cena y alojamiento.

Desayuno y salida hacia Villa Formosa, donde haremos una parada con tiempo libre para compras, especialmente objetos de Cobre, tan tpicos del lugar. Continuacin hasta Ciudad Rodrigo, donde efectuaremos el almuerzo. Despus del mismo, salida en direccin a Salamanca. Tiempo libre hasta la hora de la cena.

Desayuno y visita a la ciudad a pie, acompaados de un gua local recorriendo los monumentos ms importantes de la ciudad, destacando su Catedral, La Plaza Mayor , La Universidad , etc. Almuerzo y salida hacia Madrid, con una parada breve en AVILA. A continuacin nos dirigiremos al Aeropuerto de Barajas. Trmites de facturacin y embarque en vuelo regular con destino TENERIFE y fin de nuestros servicios.

El precio indicado en este programa est basado en los precios actuales de los carburantes, tarifas areas, hoteleras y transportes y para un grupo mnimo de 45 personas. Cualquier variacin sustancial dara lugar a una revisin en los mismos.

Es necesario ir provisto del D. N. I. en vigor. La entrega de una fotocopia del mismo y la presentacin del original en el mostrador de facturacin de la compaa area. No hacindose responsable VIAJES RAMALUGO S. L. de cualquier anomala

La organizacin tcnica de este programa ha sido realizada por la Agencia de Viaje RAMALUGO S. L. Titulo. IC. 198 con domicilio en Juana Blanca n 2 de La Laguna (Tenerife). El presente programa, se acoge a la nueva reglamentacin de viajes combinados segn la ley de 2111995 del 6 de Junio.

ANULACIONES: En caso de. que algunos servicios contratados y anulados estuvieran sometidos a condiciones econmicas especiales de contratacin, tal como fletes de aviones, hoteles, restaurantes, Bus, tarifas especiales etc., los gastos de anulacin por desistimientos vienen expuestos con recargo especial, con independiente de la penalizacin procedente y los gastos de gestin y anulaciones siguientes:

Si las compaas prestadas no se oponen y siempre que se haga la notificacin con tres das hbiles antes de la salida del grupo, puede subrogar a otra persona en su lugar, en tal caso, en lugar de la penalizacin, se cobrara un suplemento del 5% del precio total, ms los gastos econmicos ocasionados para efectuar dicha anulacin.

publica la meditacin que ha escrito monseor Jess Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostlico de Huesca y Jaca, sobre el Evangelio del domingo (San Lucas 5,1-11), quinto del Tiempo Ordinario - C.

Simn y sus compaeros son sorprendidos por Jess en el quehacer banal de cualquier da de su vida: mientras estaban lavando las redes vacas, tras una noche desafortunada. Ah, en ese cotidiano transcurrir de una vida, ah estaba tambin el Seor. All acontece un dilogo entre Jess y Simn, que es ejemplar. "Rema mar adentro, y echa las redes para pescar". Y responde Simn: hemos estado toda la noche intentndolo en balde, pero por tu palabra, volver a echar las redes. Es muy hermoso leer este dilogo paralelamente con el del final del Evangelio de S.Juan, cuando vuelvan a encontrarse Jess y Pedro -entonces ser ya Pedro- en un mismo escenario: el mismo lago, una barca, entre redes vacas y noches estriles (Cfr. Jn 21,1-24).

En ambos encuentros, lo que determina el asombro de Simn Pedro es la repuesta de Jess a la vaciedad de los esfuerzos de ste. No hay lugar a "pactos", no se trata de una "negociacin", sino el impresionante estupor ante algo ms grande que Pedro. Porque Simn, buen conocedor de las horas oportunas para su bregar pescador, cuando ve lo sucedido no hace una interpretacin simplona o racionalista: t ves ms que yo, has tenido ms suerte, hemos sido afortunados por dar finalmente con el banco de peces... No, la reaccin de Simn es la de un asombro netamente religioso: "aprtate, Seor, que soy un pecador".

En su ltimo encuentro en el lago Tiberades, an sabindose pecador -y quizs con una conciencia de ello que ahora no tiene todava-, lejos de decir a Jess que se aparte, ser l quien se lanzar al agua para acortar la distancia. Vale la pena leer los dos encuentros. Finalmente, la llamada y la respuesta: sers pescador de hombres... y ellos, dejndolo todo, lo siguieron. Este Evangelio es toda una meditacin que hay que leer despacio, como quien intuye -as es en realidad- que uno mismo est en esa barca, que a uno mismo se dirige el Seor, no como a una muchedumbre annima, sino con mi nombre y situacin.

Porque slo entenderemos este encuentro entre Simn y Jess, cuando en l veamos descrito nuestro propio encuentro con el Seor. O dicho de otro modo, cuando en el cotidiano lavar nuestras redes,o entre nuestros pucheros y quehaceres, descubrimos una Voz y vemos una Presencia, que nos llama desde todos nuestros vacos a una plenitud insospechada para la que habamos trabajado desde nuestras fuerzas insuficientes, la plenitud que haba soado nuestro corazn y para la que est hecho.Ellos, dejndolo todo, siguieron a Jess.

Cada ao, con ocasin de la Cuaresma, la Iglesia nos invita a una sincera revisin de nuestra vida a la luz de las enseanzas evanglicas. Este ao quiero proponeros algunas reflexiones sobre el vasto tema de la justicia, partiendo de la afirmacin paulina: La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo (cf. Rm 3,21-22).

Me detengo, en primer lugar, en el significado de la palabra "justicia", que en el lenguaje comn implica "dar a cada uno lo suyo" - "dare cuique suum", segn la famosa expresin de Ulpiano, un jurista romano del siglo III. Sin embargo, esta clsica definicin no aclara en realidad en qu consiste "lo suyo" que hay que asegurar a cada uno. Aquello de lo que el hombre tiene ms necesidad no se le puede garantizar por ley. Para gozar de una existencia en plenitud, necesita algo ms ntimo que se le puede conceder slo gratuitamente: podramos decir que el hombre vive del amor que slo Dios, que lo ha creado a su imagen y semejanza, puede comunicarle. Los bienes materiales ciertamente son tiles y necesarios (es ms, Jess mismo se preocup de curar a los enfermos, de dar de comer a la multitud que lo segua y sin duda condena la indiferencia que tambin hoy provoca la muerte de centenares de millones de seres humanos por falta de alimentos, de agua y de medicinas), pero la justicia "distributiva" no proporciona al ser humano todo "lo suyo" que le corresponde. Este, adems del pan y ms que el pan, necesita a Dios. Observa san Agustn: si "la justicia es la virtud que distribuye a cada uno lo suyo... no es justicia humana la que aparta al hombre del verdadero Dios" (De Civitate Dei, XIX, 21).

El evangelista Marcos refiere las siguientes palabras de Jess, que se sitan en el debate de aquel tiempo sobre lo que es puro y lo que es impuro: "Nada hay fuera del hombre que, entrando en l, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre... Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazn de los hombres, salen las intenciones malas" (Mc 7,15. 20-21). Ms all de la cuestin inmediata relativa a los alimentos, podemos ver en la reaccin de los fariseos una tentacin permanente del hombre: la de identificar el origen del mal en una causa exterior. Muchas de las ideologas modernas tienen, si nos fijamos bien, este presupuesto: dado que la injusticia viene "de fuera", para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden su puesta en prctica. Esta manera de pensar advierte Jess es ingenua y miope. La injusticia, fruto del mal, no tiene races exclusivamente externas; tiene su origen en el corazn humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. Lo reconoce amargamente el salmista: "Mira, en la culpa nac, pecador me concibi mi madre" (Sal 51,7). S, el hombre es frgil a causa de un impulso profundo, que lo mortifica en la capacidad de entrar en comunin con el prjimo. Abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de s una extraa fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en s mismo, a imponerse por encima de los dems y contra ellos: es el egosmo, consecuencia de la culpa original. Adn y Eva, seducidos por la mentira de Satans, aferrando el misterioso fruto en contra del mandamiento divino, sustituyeron la lgica del confiar en el Amor por la de la sospecha y la competicin; la lgica del recibir, del esperar confiado los dones del Otro, por la lgica ansiosa del aferrar y del actuar por su cuenta (cf. Gn 3,1-6), experimentando como resultado un sentimiento de inquietud y de incertidumbre. Cmo puede el hombre librarse de este impulso egosta y abrirse al amor?

En el corazn de la sabidura de Israel encontramos un vnculo profundo entre la fe en el Dios que "levanta del polvo al desvalido" (Sal 113,7) y la justicia para con el prjimo. Lo expresa bien la misma palabra que en hebreo indica la virtud de la justicia: sedaqad,. En efecto, sedaqad significa, por una parte, aceptacin plena de la voluntad del Dios de Israel; por otra, equidad con el prjimo (cf. Ex 20,12-17), en especial con el pobre, el forastero, el hurfano y la viuda (cf. Dt 10,18-19). Pero los dos significados estn relacionados, porque dar al pobre, para el israelita, no es otra cosa que dar a Dios, que se ha apiadado de la miseria de su pueblo, lo que le debe. No es casualidad que el don de las tablas de la Ley a Moiss, en el monte Sina, suceda despus del paso del Mar Rojo. Es decir, escuchar la Ley presupone la fe en el Dios que ha sido el primero en "escuchar el clamor" de su pueblo y "ha bajado para librarle de la mano de los egipcios" (cf. Ex 3,8). Dios est atento al grito del desdichado y como respuesta pide que se le escuche: pide justicia con el pobre (cf. Si 4,4-5.8-9), el forastero (cf. Ex 20,22), el esclavo (cf. Dt 15,12-18). Por lo tanto, para entrar en la justicia es necesario salir de esa ilusin de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazn, que es el origen de nuestra injusticia. En otras palabras, es necesario un "xodo" ms profundo que el que Dios obr con Moiss, una liberacin del corazn, que la palabra de la Ley, por s sola, no tiene el poder de realizar. Existe, pues, esperanza de justicia para el hombre?

El anuncio cristiano responde positivamente a la sed de justicia del hombre, como afirma el Apstol Pablo en la Carta a los Romanos: "Ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado... por la fe en Jesucristo, para todos los que creen, pues no hay diferencia alguna; todos pecaron y estn privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redencin realizada en Cristo Jess, a quien exhibi Dios como instrumento de propiciacin por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia (Rm 3,21-25).

Cul es, pues, la justicia de Cristo? Es, ante todo, la justicia que viene de la gracia, donde no es el hombre que repara, se cura a s mismo y a los dems. El hecho de que la "propiciacin" tenga lugar en la "sangre" de Jess significa que no son los sacrificios del hombre los que le libran del peso de las culpas, sino el gesto del amor de Dios que se abre hasta el extremo, hasta aceptar en s mismo la "maldicin" que corresponde al hombre, a fin de transmitirle en cambio la "bendicin" que corresponde a Dios (cf. Ga 3,13-14). Pero esto suscita en seguida una objecin: qu justicia existe dnde el justo muere en lugar del culpable y el culpable recibe en cambio la bendicin que corresponde al justo? Cada uno no recibe de este modo lo contrario de "lo suyo"? En realidad, aqu se manifiesta la justicia divina, profundamente distinta de la humana. Dios ha pagado por nosotros en su Hijo el precio del rescate, un precio verdaderamente exorbitante. Frente a la justicia de la Cruz, el hombre se puede rebelar, porque pone de manifiesto que el hombre no es un ser autrquico, sino que necesita de Otro para ser plenamente l mismo. Convertirse a Cristo, creer en el Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusin de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los dems y de Dios, exigencia de su perdn y de su amistad.

Se entiende, entonces, como la fe no es un hecho natural, cmodo, obvio: hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo "mo", para darme gratuitamente lo "suyo". Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucarista. Gracias a la accin de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia "ms grande", que es la del amor (cf. Rm 13,8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre ms deudor que acreedor, porque ha recibido ms de lo que poda esperar.

Precisamente por la fuerza de esta experiencia, el cristiano se ve impulsado a contribuir a la formacin de sociedades justas, donde todos reciban lo necesario para vivir segn su propia dignidad de hombres y donde la justicia sea vivificada por el amor.

Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma culmina en el Triduo Pascual, en el que este ao volveremos a celebrar la justicia divina, que es plenitud de caridad, de don y de salvacin. Que este tiempo penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de autntica conversin y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que vino para cumplir toda justicia. Con estos sentimientos, os imparto a todos de corazn la bendicin apostlica.

Cuando hablamos de los santos solemos asociarlos con religiosos, sacerdotes, obispos, misioneros; o sea, con personas que se diferencian por su estado de vida de la gente comn. La fiesta de hoy, en cambio, al hablar de la santidad nos presenta un lugar que no llama por nada la atencin, que es la casa de la familia, donde padres e hijos comparten la vida. Fue ese el lugar, donde el Hijo de Dios viva ocultamente, conocido como el hijo del carpintero, hasta los treinta aos. Lo que los evanglicos cannicos de Mateo y Lucas relatan de la niez de Jess, no tiene nada que ver con los cuentos de milagros llamativos, que traen los as llamados evangelios apcrifos, que la Iglesia nunca admiti para la lectura en sus asambleas. El nico dato que tenemos de la vida oculta de Jess en Nazaret, es el episodio que escuchamos hoy, cuando Jess se haba quedado entre los doctores de la Ley en Jerusaln y volvi con sus padres a casa, viviendo sujeto a ellos.

Con esta parquedad la Palabra nos hace entender que el Hijo de Dios comparta de verdad la vida comn de los hombres y que nos ense as que lo importante se vive en lo cotidiano. Si l creca en sabidura, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres, se lo deba fundamentalmente a Mara y Jos que tenan como referencia las costumbres religiosas de su pueblo judo, en las cuales educaban a Jess desde pequeo. A la vez, su docilidad a lo que Dios les comunicaba a travs de su hijo adolescente que llamaba a Dios mi Padre, afirmaba el proyecto de este hijo y les haca descubrir su propio rol.

De esta manera tan simple, la familia de Nazaret revela la misin de toda familia. Comencemos por su constitucin fundamental, que es la unin entre un varn y una mujer que entienden y aceptan el matrimonio como designio de Dios para siempre. La presencia del padre y la madre y su fidelidad son la primera enseanza a los hijos, que as experimentan la familia como lugar de aceptacin y cobijo. Con el ejemplo de los padres, los nios aprenden qu significan en concreto el amor y la solidaridad. Con el tipo de comportamientos recproco de los padres se forma la actitud de los hijos respecto del amor, de la fidelidad y la confianza. El fracaso matrimonial de los padres repercute ms que ningn otro fracaso en la actitud de los nios frente a la vida. La instruccin bblica de que los hijos deben honrar y respetar a sus padres presupone que pueden decir S a sus padres. Nada puede sustituir la falta de amor.

Para que los padres puedan mantener y profundizar su mutua relacin, la fe compartida y la praxis religiosa en el hogar brindan un apoyo que no se puede reemplazar por ninguna otra motivacin. Saber y sentir que la familia de uno responde a un plan de Dios y que la existencia de sus integrantes no es un capricho de la casualidad, da un sentido profundo a su existencia; con la fe puesta en Dios es posible superar las dificultades que no faltan en ningn hogar. Cada familia cristiana, si ha entendido su misin, es una pequea iglesia. Bautizar a los hijos, rezar juntos, preparar a los nios para la comunin, ir juntos a misa; es decir, trasmitir a los hijos las costumbres religiosas, como lo hacan Mara y Jos en Nazaret, es el modo natural de educar en la fe. Si los hijos comparten con sus padres la conviccin de que Dios tiene un proyecto para cada uno de ellos, con el apoyo de toda la familia buscarn entonces y encontrarn su lugar en la vida. Como Jess, que se haba quedado entre los entendidos de la Biblia para descubrir con su ayuda la misin para la cual su Padre del cielo lo haba envidado a los hombres.

Documento de los Obispos de Sudn publicado al final de su Asamblea plenaria, realizada en Torit, del 5 al 15 de diciembre de 2009, y dirigido a los cristianos, lderes polticos y todos los hombres de buena voluntad titulado Por una paz justa y duradera, en que afirman haber reflexionado durante el encuentro sobre la actual situacin del pas y su tarea como lderes espirituales.

Nosotros, los Obispos Catlicos de Sudn, reunidos en Torit para nuestra sesin Plenaria Anual del 5 - 15 de diciembre de 2009, al reflexionar y deliberar sobre la situacin actual de nuestro pas y conscientes de nuestro deber como lderes espirituales, deseamos llamar la atencin sobre las siguientes preocupaciones urgentes y que guardan relacin con nuestros cristianos, dirigentes polticos ycon todos los ciudadanos.

c. programa muy retrasado de las prximas elecciones podra afectar al Referndum en el ao 2011 y la consulta popular para Kordofan meridional y los estados del Nilo Azul meridional

El CPA sigue siendo una gua vlida y pertinente para una paz justa y duradera en Sudn. Tanto el CPA como la Constitucin Nacional Provisional confirman el derecho de voto como un derecho fundamental de los ciudadanos sudaneses. La celebracin de elecciones libres y justas es una disposicin clave del Acuerdo de Paz Global (CPA). Los ciudadanos deben tener la oportunidad y la responsabilidad de ejercer su derecho cuando se celebren elecciones en condiciones libres y justas. El descarrilamiento de las prximas elecciones es inaceptable para el pueblo sudans y sera incompatible con el Sudn pacfico y estable. Lamentablemente, la educacin cvica de los votantes no fue difundida a tiempo. En consecuencia, mucha gente perdi el derecho a registrarse. Para aquellos que se inscribieron, les instamos a ser vigilantes y ejercer su derecho constitucional al voto.

El CPA establece el derecho a la autodeterminacin para pueblo del Sudn meridional a travs del referndum internacional supervisado al final del perodo de transicin que est slo a quince meses de distancia. El retraso de la promulgacin del proyecto de Referndum, y el establecimiento de la Comisin del Referndum de Sudn Meridional son de gran preocupacin para todos los sudaneses. Por ello pedimos a la Asamblea Nacional Legislativa acelerar el proceso a fin de evitar las consecuencias innecesarias que sern perjudiciales para el futuro del pas. Instamos a todos los sudaneses a estar atentos y no dar paso a los que pueden arrastrar al pas a la guerra.

Es doloroso recordar la memoria de las dos amargas guerras (1955 - 1972 con cerca de 1,6 millones de vidas perdidas y de 1983 a 2005 con alrededor de 2,5 millones de vidas perdidas y ms de cuatro millones de desplazados) y la tragedia y la devastacin causada en la vida humana, infraestructura y medio ambiente como an podemos ser testigos en muchas partes de Sudn en la actualidad. La guerra es mala y no podemos aceptar ningn regreso a la guerra. El perodo de transicin ha trado estabilidad y desarrollo tangible en la historia del Sudn, y nosotros instamos encarecidamente a todos los sudaneses a rechazar la guerra y llamamos firmemente a las partes, al CPA y al pueblo del Sudn, a salvaguardar la paz y encontrar medios pacficos para resolver cuestiones pendientes. La segunda asamblea reciente del Snodo de los Obispos para frica cit con gran preocupacin la difcil situacin de frica en su mensaje: "frica, levntate! El Snodo lamenta observar que la situacin en muchos pases es una gran vergenza.... Este Snodo proclama alto y claro: ya es hora de cambiar los hbitos, por el bien de las generaciones presentes y futuras. "(Nuntius, art. 36 - 37).

Seguimos con gran preocupacin que, desde principios de 2008 y 2009, se han aumentado los ataques contra civiles y las instalaciones del Gobierno, la violencia tnica interna y externa. Estos no son incidentes aislados, sino que dan la impresin de ser una campaa coordinada por los enemigos de la paz para oponerse al CPA con el fin de desestabilizar el pas. Instamos a ambos a los autores y a las vctimas que se encuentran atrapados en estos ciclos de violencia a denunciar los asesinatos sin sentido, a buscar la reconciliacin y a respetar de la vida humana.

La agresin del Ejrcito de Resistencia del Seor (LRA) a civiles inocentes, especialmente de Equatoria Occidental y los Estados Occidentales Bhar El Ghazal ha creado sufrimiento indescriptible y desplazamiento de muchas personas. Hacemos un llamamiento al Gobierno de Uganda y al Ejrcito de Resistencia del Seor a reanudar conversaciones de paz

Reconocemos que algunos elementos del CPA se han aplicado con xito, aunque muchos elementos clave de los protocolos siguen siendo desatendidos. Teniendo en cuenta que el perodo de transicin termina en quince meses, instamos al Gobierno de Unidad Nacional a acelerar y a aceptar la aplicacin de las restantes cuestiones vitales en los protocolos.

Reconocemos que en este perodo de transicin se han producido muchos avances tangibles en el sur de Sudn, a pesar de los desafos afrontados, tales como corrupcin, tribalismo, nepotismo, pereza, falta de patriotismo, caducidad de seguridad en la aplicacin de la ley y el orden. Por ello, instamos al Gobierno y lderes de la comunidad a ser diligentes en la prctica del buen gobierno y el imperio de la ley. Gobernar significa servir con honestidad y garantizar el bien comn de las personas confiadas a su cuidado. La aplicacin justa de la ley y el orden sigue siendo un deber primordial del gobierno y de los lderes de la comunidad.

Hacemos un llamamiento a los lderes religiosos en el pas, es decir, cristianos y musulmanes, a reclamar y adoptar la espiritualidad que promueve tolerancia, armona, respeto mutuo y paz. Juntos vamos a fomentar el dilogo como medio para manejar los escenarios negativos que estn surgiendo en el pas debido a la situacin actual y convertirlos en elementos de paz. La paz debe basarse en una poltica de "verificar, entonces confiar".

Poco despus de la firma del CPA, la Comunidad Internacional dirigi su atencin al conflicto de Darfur. Sin descuidar Darfur, hacemos un llamamiento a la Comunidad Internacional para comprometer al gobierno de Jartum a resolucin pacfica en Darfur, y a comprometerse a s misma con el CPA dentro de los prximos quince meses y a presionar a los dos signatarios a aplicar todos los protocolos del CPA para garantizar la paz en el Pas. El Sudn parece estar en un terreno inestable. Esta seal de peligro pide la intervencin urgente de la Institucin Internacional que ayud a Sudn a lograr el CPA.

Los programas de rehabilitacin para los refugiados y desplazados internos han fracasado ya que los recursos apenas se han aprovechado. Un adecuado reasentamiento as como una rehabilitacin es necesaria que tenga en cuenta a todos los sudaneses en el exilio y a los desplazados internos. La aparente falta de lluvias este ao y la incursin por parte del LRA causaron una crisis humanitaria. Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional a proveer la asistencia a estas personas necesitadas.

Nos estamos acercando a la Navidad un tiempo que nos lleva a sentimientos de paz y alegra. Nos conciencia a solidaridad con nuestros hermanos y hermanas y a una conciencia de las necesidades y sufrimientos de nuestro pueblo. Recordemos que Cristo, el Prncipe de la Paz, vino entre nosotros como uno que era modesto, humilde servidor. l es el Mesas que vino para quitar nuestros pecados y llevarnos al Reino de la Paz.

En este santo tiempo de Adviento, exhortamos a orar por una paz justa y duradera en nuestro pas. Este momento de expectacin de Cristo, el Prncipe de la Paz, tiene un gran atractivo para nuestros corazones y es el de paz, calma, alegra y esperanza. El Adviento es un tiempo de conversin. La proclamacin de Juan el Bautista, "preparad el camino para el Seor, allanad sus senderos! (Lc: 3:4), es una exhortacin a genuina conversin y reforma de vida. En nuestro pas, nunca la realidad de la situacin actual parece igualar nuestras expectativas y nuestros sueos de una paz justa y duradera.

Nosotros vuestros obispos confiamos en Jesucristo, el Prncipe de la Paz. Unmonos en oracin por la paz, la armona y la justicia. Oramos por una paz justa y duradera en Sudn, nosotros vuestros lderes espirituales, conscientes de la suerte en el que nuestro pas se encuentra, exhortamos a nuestros fieles y personas de buena voluntad a ser vigilantes en la oracin (1 Pe. 5:8 - 9) en este momento decisivo de nuestro pas. Sobre todo cuando nos acercamos a Navidad, volvamos a comprometernos a ser pacificadores. Bienaventurados los pacificadores; pueden ser reconocidos como hijos de Dios (Mt 5:9).

publica la meditacin que ha escrito el padre Pedro Garca, misionero claretiano, conocido evangelizador en Amrica Central, sobre el Evangelio de este domingo (San Lucas 5,1-11), quinto del Tiempo Ordinario.

Pocas escenas del Evangelio sern hoy tan ledas, comentadas, cantadas o pintadas como aqulla de las orillas del lago. Porque es mucho lo que inspira. Ah tenemos la incansable cancin: T has venido a la orilla... Lucas nos cuenta el hecho con pinceladas maestras.

Jess, ante la imposibilidad de hablar a la gente que se le agolpa alrededor, tiene que subirse a la barca, para adoctrinar desde all a la multitud. Y acabada la instruccin de la turba, le pide a Pedro:

Las hunden en el agua, y los pescadores empiezan al cabo de poco a hacer esfuerzos enormes para mantenerlas y sacarlas a flote, pues se rompen casi con tanto peso. Tan cargadas estn, que gritan a los compaeros de la otra barca:

Llenan las dos barcas a ms no poder, de modo que casi se hunden, y con esfuerzo llegan sanos y salvos hasta la orilla. Son gentes del lago, que conocen su oficio, y no salen de su asombro. Jess les sonre satisfecho, y les anima y les promete:

Ellos dejan las redes. Santiago y Juan se despiden de su padre y de los jornaleros. Y sin pensrselo ms, se lanzan en seguimiento de Jess, lo mismo que Pedro y Andrs, para no abandonarlo ya nunca. Sern los apstoles ms fieles y los ms queridos de Jess.

La misin de pescar compromete, por llamamiento expreso del Seor, a los Pastores de la Iglesia, al Papa, Obispos y Sacerdotes, a los misioneros y misioneras que llevan el Evangelio a todas partes...

Y a nosotros, laicos? Qu nos toca a nosotros? Estamos los seglares privados, por nuestra condicin de laicos, de la gloria misionera de la Iglesia?... Oh, no, mil veces no!...

Nosotros estamos llamados a ser, podemos ser, y lo somos si queremos, apstoles de primera calidad. En nuestro puesto. Sin movernos de nuestra casa y sin dejar una sola de nuestras obligaciones.

Somos conscientes de que la salvacin de los hombres, realizada y merecida por Jesucristo con su sacrificio redentor en la cruz, depende en su aplicacin de nosotros, los bautizados, que prestamos nuestra colaboracin a Jesucristo el Seor. Para ello, aunque tengamos iniciativa propia, nos ponemos a disposicin de los Pastores de la Iglesia, desde el Papa hasta nuestro Prroco, para trabajar con seguridad plena, todos unidos, en la obra del Salvador.

- Ah! En el inmenso pas que me est encomendado, ni una sola cola de lobo se pierde. Y habran de perecer, cada da, almas que costaron la sangre de Jesucristo?... Dudara yo en sacrificarme?... De ninguna manera!. (Mons. Grandin, en el Gran Norte del Canad)

Y, si no llegamos a ms, nuestra generosidad y nuestra oracin son los instrumentos ms fuertes de un apostolado callado, pero fecundsimo. El Papa Po XI, llamado el Papa de las Misiones, deca con frase que se ha hecho famosa:

Jesucristo llama voluntarios. Y nosotros sabemos contestarle que s. Que cuente con nosotros. Que soamos en una pesca inmensa. Que se sienta orgulloso de los que queremos hacer algo por El...

Dadles vosotros de comer, fue la respuesta de Jess a sus discpulos cuando le pidieron que despidiera a la gente que llevaba varios das sin comer. Dadle vosotros de comer, es el mandato que Jess da a quienes llevamos el nombre de cristianos, ante la realidad de tantos seres humanos que sufren hambre de pan, de salud, de cultura, de Dios, de justicia, de paz, de afecto...

Como la del propio Jess, la vida del cristiano se configura en torno a tres dimensiones complementarias e inseparables. Si falta alguna de ellas, no se puede hablar propiamente de vida cristiana. Estas dimensiones son: rezar, predicar, curar.

Rezar, orar, es confiar en Dios y tener relacin personal con l. Es dar lugar a Dios en el corazn y dialogar con l. Predicar es dar testimonio de Jesucristo con las palabras y con la vida. Presentarlo a los dems para que tambin lo conozcan y, conocindole, puedan creer en l y seguirle como discpulos suyos. Curar es preocuparse por las dolencias de los dems y socorrerles en sus necesidades. Liberar a los que estn sometidos a la miseria, el hambre, la enfermedad, ya sea por causas naturales o como consecuencia de la injusticia y la opresin de unas personas para con otras.

Desde el primer momento, la Iglesia, la comunidad cristiana, como se refleja en los Hechos de los Apstoles, aparece caracterizada por estas tres dimensiones: no faltan ni la oracin, ni la predicacin, ni la comunicacin de bienes. As es la vida y misin de la Iglesia en cualquier parte del mundo. As lo ha sido a lo largo de la historia y as lo seguir siendo en el futuro. An en medio de las deficiencias de muchos cristianos, la Iglesia no ha perdido sus seas de identidad, y todos nos sentimos llamados a ser cada vez ms coherentes con nuestra fe, sobre todo, a no hacer separacin entre la fe y la vida, ni entre el amor a Dios y el amor al prjimo.

En nuestra Dicesis Nivariense, desde la poca de D. Domingo Prez Cceres, hace casi 60 aos, se cre Critas Diocesana (y con ella las Critas Parroquiales) para incentivar y coordinar la comunicacin cristiana de bienes. Desde entonces, todos los primeros domingos de cada mes, las colectas que se hacen en todas la iglesias de la Dicesis estn destinadas para atender a los ms pobres. Domingo del pobre se deca cuando yo era todava un nio, y an recuerdo a mi padre y a mi madre decidiendo, antes de ir a misa, cunto se iba a poner en la colecta de ese domingo.

En cualquier lugar del mundo, all donde est la Iglesia, all hay Critas formada con gentes de las comunidades cristianas del territorio donde desarrollan su actividad. De hecho existe una coordinacin internacional que hace posible que la comunicacin de bienes llegue, sin intermediarios, a la Critas de cualquier lugar y se distribuyan los recursos directamente y de forma digna a los ms necesitados. En nuestra Dicesis ya estamos acostumbrados a contribuir con las Critas de otros pases, tanto en situaciones de emergencia por catstrofes, como de forma sistemtica apoyando proyectos programados.

Tambin ahora, que estamos comprobando y sintiendo los efectos del terremoto de Hait, se ha generado un moviendo de solidaridad en todo el mundo al que no son ajenos los cristianos. Nuestra Critas Diocesana lanz inmediatamente una campaa de recogida de fondos y, a fecha del da 3 de febrero, ya haba recaudado 237.200 . Cantidad que se va a incrementar sustancialmente cuando se le sume el resultado de las colectas que se van a realizar en todas las iglesias de la Dicesis, este prximo fin de semana, en las misas del sbado y domingo.

Para un cristiano, dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, dar agua al sediento, curar a los enfermos, dar hogar a quien no lo tiene, enterrar a los muertos, no es una opcin que se pueda elegir o no, es un deber irrenunciable de nuestra identidad cristiana. Son las obras de misericordia que el mismo Cristo practic y que nosotros, sus discpulos, tenemos que llevar a cabo, si no queremos, cuando seamos examinados en el amor, ser excludos del Reino de los Cielos y tener que escuchar a Jesucristo dicindonos: Apartaos de mi, malditos porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber.

Como cristianos, como Iglesia, no podemos ser indiferentes ante el prjimo necesitado. Nuestros hermanos de Hait, ya muy pobres antes del terremoto, viven una situacin extrema, de vida o muerte. Dadles vosotros de comer, nos dice Jess. Nosotros solos no podemos dar de comer a tanta gente, podemos pensar. Tambin los discpulos le dijeron a Jess: Qu son cinco panes y dos peces para dar de comer a tantos? Sin embargo, Jess hizo el milagro y comieron todos hasta saciarse. Qu son nuestros euros para tanta necesidad? Dejemos que Jess haga el milagro de la multiplicacin; a nosotros nos corresponde poner lo que nos dicte nuestra conciencia cristiana.

No lo olvidemos, este fin de semana, en todas las misas: Colecta para Critas de Hait. Y quienes no van a misa y se sienten llamados a contribuir, recuerden que pueden entregar su donativo para ese fin directamente en cualquier parroquia, en Critas Diocesana o en las entidades colaboradoras: CajaCanarias, la Caixa, BBVA y Santander, en la cuenta Campaa CARITAS CON HAITI. Con muchos pocos se puede hacer mucho.

La Dicesis hermana canariense tambin realizar una colecta similar este fin de semana, con lo que en ms de 600 parroquias diseminadas por cada una de las islas canarias se llevar a cabo esta iniciativa.

Segn datos recogidos de las dos critas diocesanas de nuestro archipilago, a da de ayer jueves, se aproxima la cantidad recaudada en las cuentas abiertas por esta organizacin catlica en las Islas a favor de los damnificados en Hait, a 300.000 euros, cantidad que se espera incrementar con esta iniciativa. El presidente de Critas Haitiana, monseor Pierre Dumas, ha lanzado un llamamiento a la comunidad internacional y a las agencias voluntarias a humanizar la ayuda con los damnificados del terremoto.

Adems de instar a las organizaciones humanitarias a coordinarse para que la asistencia sea ms rpida y eficaz, el prelado ha asegurado que los haitianos, ms que palabras, necesitan una mano amiga que los ayude a esta difcil etapa.

Dadles vosotros de comer, fue la respuesta de Jess a sus discpulos cuando le pidieron que despidiera a la gente que llevaba varios das sin comer. Dadle vosotros de comer, es el mandato que Jess da a quienes llevamos el nombre de cristianos, ante la realidad

Para un cristiano, dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, dar agua al sediento, curar a los enfermos, dar hogar a quien no lo tiene, enterrar a los muertos, seala el Prelado de La Laguna, no es una opcin que se pueda elegir o no, es un deber irrenunciable de nuestra identidad cristiana.

Continuando con su serie de reflexiones mensuales por el Ao Sacerdotal, el arzobispo emrito de Corrientes, monseor Domingo Salvador Castagna, dedic la de enero de 2010 al Beato Carlos de Foucauld, quien sin buscarlo, abre un camino que conduce a la santidad sacerdotal y a su fecundidad apostlica.

Sus orgenes e itinerario. Charles de Foucauld es una de las personalidades ms apasionantes de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. El joven que pierde muy temprano su hbitat familiar (queda hurfano de sus padres a los seis aos), acompaado por el prestigio de un ttulo nobiliario y de una sociedad que propicia sus devaneos, se rebela y manifiesta su carcter trasgresor lanzndose a la aventura. La de mayor relieve y seriedad es la travesa del desierto en Marruecos, empeado en estudios de alto nivel cientfico, oportunamente publicados. A su regreso, curtido fsica y espiritualmente, como efecto de un ao de constantes peligros y de recopilacin de datos para la investigacin, comienza un misterioso itinerario de retorno a la fe. El joven Carlos de Foucauld, apasionado e idealista, haba perdido la fe religiosa recibida de su familia y practicada en su niez. En ese misterioso recodo de su camino de regreso se encuentra con lo mejor de su catlica familia. Me refiero a su prima, la Seora Mara de Bondy, provista de una excepcional espiritualidad. Carlos, de la mano de ella y su familia, comienza a respirar otro clima espiritual. Un sacerdote, el Padre Huvelin, vicario de la Parroquia San Agustn de Paris, lo recibe cordialmente. Las entrevistas de de Foucauld con el Vicario se repiten. Asiste a la Misa celebrada por l y escucha con creciente inters su excelente prdica. Innumerables cuestionamientos aparecen en los dilogos informales de ambos. El P. Huvelin responde pacientemente a todos ellos. Al cabo de algunos meses, en vsperas de la Navidad de 1886, el perspicaz sacerdote sorprende a su incansable cuestionador: Amigo mo, usted ya no tiene dudas, necesita arrodillarse y confesar sus pecados Aquel hombre joven y engredo cay en tierra, como Saulo en Damasco, y al confesar sus culpas de muchos aos, comprueba que su fe olvidada reaparece con misteriosa y definitiva fuerza. Entonces, y bajo la sabia y santa direccin de Huvelin, inicia un derrotero espiritual que lo lleva a la santidad.

Encuentro y conocimiento de Cristo. Su conversin es a Jesucristo. Huvelin y su prima permanecen en la penumbra, como indicadores de camino, y logran el humilde propsito de ser simples mediaciones. Ya vuelto a la fe se deja atraer por Cristo, el Dios hecho pequeo hasta una impensable situacin de pobreza y abyeccin. Desde el primer instante se propone ir en pos de Jess y alojarse espiritualmente en Nazaret, junto a Mara y a Jos. As busca el silencio de la Trapa y se inicia como monje austero y observante; estudia teologa y se prepara, por obediencia, a recibir las sagradas rdenes. Su corazn inquieto busca una mayor identificacin con Jesucristo en el anonadamiento de la Encarnacin, en el silencio y el anonimato de la vida oculta en Nazaret. Orientado por un sabio sacerdote trapense y por su director espiritual, el P. Huvelin, decide viajar a Jerusaln e instalarse como jardinero del Monasterio de las monjas clarisas, habitando una pobrsima ermita. Mientras tanto intensifica su bsqueda hasta decidir trasladarse definitivamente al desierto para iniciar una vida oculta en la contemplacin silenciosa de Cristo pobre e inmolado. Su director espiritual y sus amigos le recomiendan que, para centrar su vida contemplativa en la Presencia eucarstica -en medio del desierto- como era su principal anhelo, debe recibir la Ordenacin sacerdotal.

Sacerdote y contemplativo. Ordenado sacerdote, construye su pequeo Convento y Capilla, e inicia un proceso de identificacin con Cristo oculto y presente, pobre y ofrecido por la salvacin de los hombres. Alentado por la epistolar direccin del P. Huvelin avanza rpidamente en su conocimiento del Misterio de la Cruz, al mejor estilo paulino. Sin duda, a Cristo se lo conoce nicamente amndolo. La contemplacin, que insume casi todas las horas de su jornada monacal, es puro amor. Para ello se aventura - el P. de Foucauld siempre se aventura - en la noche oscura de la fe y se ambienta en ella. Aunque acepta la Ordenacin sacerdotal en vista a la Eucarista, su espiritualidad, teolgicamente bien fundada, se proyecta en un servicio incansable a la Iglesia de Cristo y al mundo rabe. No le es lcito ocultar los dones de la gracia a los innumerables necesitados que acuden a l (hasta cien por da). Su seguimiento de Cristo, Pan bajado del cielo, lo hace el ms humilde servidor, capaz de darlo todo - hasta su amada soledad - por los muchos heridos postrados al borde de su camino a la santidad. En ellos est Cristo, aunque de distinta manera, tan real como en su humilde Sagrario. No puede permanecer en una beatfica adoracin mientras los pobres golpean la puerta de su Oratorio. Tampoco puede identificarlos, como presencia de Cristo, sin reconocerlo y adorarlo largamente en la soledad de la sagrada Reserva.

Su espiritualidad. Se oculta en Nazaret, compartiendo la vida familiar de Jess, entre Mara y Jos, y sale a los caminos a socorrer a quienes estn heridos de muerte por causa del pecado y de la incredulidad. Pero, esos caminos pasan por su casa, impregnan su clausura y reclaman mucho de su tiempo. El sacerdocio recibido, no slo prolonga la presencia eucarstica, tambin cura las llagas de la Iglesia y la conduce al logro de su vocacin a la santidad. As ama a Cristo, se sumerge en su ocultamiento de Nazaret y se atreve a seguirlo hasta la cruz. Su espiritualidad se nutre del Misterio de Cristo -Dios y Hombre- como lo hiciera el Apstol Pablo. De esa manera aprende lo que ensea y, dcil a las indicaciones del P. Huvelin, pone por escrito lo que descubre en sus prolongadas meditaciones. Como los Apstoles, Carlos de Foucauld, advierte que su amor a Cristo es la clave de la perfeccin apostlica. Lo sigue apasionadamente en la obediencia al Padre y, mediante el generoso olvido de s, se despoja de lo propio para revestirse de Cristo pobre y fiel hasta la muerte. Su espiritualidad consiste en la renuncia a ser algo lejos de su Maestro y Seor. San Pablo, antes que Carlos, llega a no desear nada sino a Cristo crucificado.

Jess pobre y oculto en Nazaret. Por lo tanto, la meta final de su vida no es la prctica de las virtudes sino Jesucristo. No le interesa ni entusiasma, como en otros tiempos, el cultivo de la ciencia o la aventura en los senderos peligrosos de Marruecos. Su vida es Cristo. Lo busca y lo encuentra, internndose en la densa noche de la fe, tanto en la Escritura como en la celebracin y adoracin de la Eucarista; como consecuencia lo sirve incondicionalmente en sus hermanos ms pobres. Su vida silenciosa y fecunda se sostiene y desarrolla en la contemplacin. La vida nazarena de Jess atrae su exclusiva atencin y decide permanecer en ella adoptando sus rasgos distintivos. As escribe en noviembre de 1897, en forma de oracin: Busco una vida conforme a la tuya, en la que pueda participar de tu abatimiento, de tu pobreza, de tu humilde trabajo, de tu enterramiento. Al modo de Pablo, que se pone en seguimiento de Cristo crucificado, y no quiere conocerlo de otra manera, Carlos lo prefiere en la estrechez, en el silencio y en la pobreza del Hogar de Nazaret, junto a Mara y a Jos. Seres como l viven en la penumbra, por eleccin amorosa, pero no pueden permanecer siempre en la penumbra. Padecindola como una cruz, en la que acaban muriendo, atraen la mirada de la historia y, a su debido tiempo, de la Iglesia. Ciertamente. la santidad de sus hijos es el regocijo de la Iglesia, como los pecados de otros hijos suyos causan sus mayores tribulaciones.

El ltimo lugar. El P. Huvelin acu una frase que constituye un programa de vida para Carlos de Foucauld: T, Seor, escogiste de tal manera el ltimo lugar que nadie jams podr arrebatrtelo. Ese deseo incontenible de ocultarse, de buscar con Jess el ltimo lugar, trae aparejado el cumplimiento de la sentenciosa expresin de Jess: El que se humilla ser ensalzado y el que se ensalza ser humillado. La santidad hace absolutamente honestas a las personas. El santo busca estar con su Maestro en ese ltimo lugar que nadie apetece. Se queda all, sufriendo en silencio, dejndose crucificar. Lo decide por amor a Quien ha llegado a anonadarse por amor suyo. El Padre de Foucauld es un enamorado de Cristo. Sigue sus huellas, estudia sus palabras, se deja conmover por sus gestos y lo contempla largamente en la Sagrada Hostia y en la Cruz. Como sacerdote se hace Eucarista para sus hermanos y gusta, en silencio, el sabor del martirio. No es un simple asceta, no lo pretende, se humilla con su Seor humillado, se deja consumir por la obediencia al Padre, formulando su conocida y bella oracin: Mi Padre, yo me abandono en ti, haz de mi lo que t quieras. Lo que hagas de mi, te lo agradezco. Estoy dispuesto a todo, acepto todo. No deseo otra cosa, mi Dios, sino el cumplimiento de tu voluntad en m y en todas tus criaturas. Pongo mi alma entre tus manos. Yo te la doy, mi Dios, con todo el amor de mi corazn, porque te amo y es una necesidad de mi amor darme, ponerme entre tus manos sin medida, con infinita confianza, porque t eres mi Padre. Sin buscarlo, abre un camino que conduce a la santidad sacerdotal y a su fecundidad apostlica. Con su beatificacin es propuesto como modelo para el sacerdote actual. No es el caso de una copia mimtica sino de captar la esencia de su santidad: el amor, que lo hace fiel discpulo de Jesucristo. Me permito transcribir un prrafo de su diario (17 de mayo de 1904): Silenciosa, secretamente, como Jess en Nazaret, oscuramente como l, pasar desconocido sobre la tierra, como un viajero en la noche, pobre, laboriosa y humildemente, haciendo bien como l desarmado y mudo ante la injusticia como l; dejndome, como el Cordero divino, trasquilar e inmolar sin resistir ni hablar; imitando en todo a Jess en Nazaret y a Jess sobre la cruz.

Como su Maestro. El prestigio espiritual, del todo extraordinario, que lo sobrevive no es imaginado por l, pobre hermanito de Jess. Permanece, hasta su inexplicable muerte (1 de diciembre de 1916), en el espacio oculto y olvidado de su Nazaret. Quiere ser como su Maestro por una sola razn: Yo amo a Nuestro Seor Jesucristo, aunque con un corazn que quisiera amar ms y mejor; pero, en fin, lo amo, y no puedo llevar vida diferente a la suya, una vida suave y honrada, cuando la suya fue la ms dura y desdeada que jams existiera. (Carta a H. Duveyrier, 24 de abril 1890) Es la leccin principal que dicta a sus hermanos sacerdotes de todos los tiempos y condiciones. Sin un amor a Jesucristo, como el suyo, es imposible ser felices en el ejercicio del ministerio sacerdotal. La alegra de los santos no es una mueca incolora; procede de la conciencia creyente de vivir en plenitud. El amor a Cristo, que declara el Padre Carlos de Foucauld, es la vertiente de la que bebe la Vida que lo hace feliz. Descubre el secreto de la felicidad, an por senderos que parecen contradecirla, como son los de la pobreza, del silencio, del ocultamiento y de la muerte injusta y sin relieve. Es imposible volcar en pocos prrafos la riqueza que el Beato Carlos de Foucauld despliega en la coherencia de su vida y en sus humildes y numerosas notas espirituales. Su mensaje es claro e inconfundible.

Punto final. Tres semanas despus de la muerte de Fray Carlos (Charles de Foucauld), se hallar, a unos metros del lugar donde fue asesinado, su pobre custodia, con la Hostia, casi enteramente recubierta de arena. Sanos permitido ver en el sencillo hecho de esa custodia sin valor que se arroja a un lado durante un saqueo, una imagen exacta de toda la vida y muerte de Fray Carlos de Jess. Como la Hostia, en la que su fe vea el anuncio de salud de muchas almas -definicin admirable de la Eucarista!- , como Jess, a quien dese apasionadamente imitar, Fray Carlos qued sepultado como el grano en la tierra. Su muerte, como toda su vida, de la que fue tan exacto signo, preparaba vivaces germinaciones. (ltimo prrafo del libro de J. Francois Six)

El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio, insistieste 30 de diciembreen que Buenos Aires "no ha llorado todava lo suficiente" y tampoco "tiene lgrimas para esos hijos, que abandon", y que hace cinco aos murieron en la tragedia de Croman.

Estos das que rodean la celebracin de la Navidad el tono es precisamente el de esta mujer anciana, de 84 aos. Le hablaba acerca del Nio a todos en Israel. Esta mujer movida por el Espritu Santo, que haba visto cosas en la vida. Que haba visto triunfos y derrotas, noblezas e hipocresas. Esta mujer que saba lo que era el dolor y el sufrimiento, sale de s y reconoce que ese Nio es la promesa de su pueblo, que ese Nio es el que trae la paz, el consuelo, la fortaleza el triunfo definitivo.

Nosotros que hoy venimos a orar en el 5 aniversario de esta tragedia, necesitamos que se nos hable de lo nico que puede dar sentido a un sinsentido como el que hemos vivido. Necesitamos de la sabidura de tantos hombres ymujeres de nuestro pueblo que, como la profetisa Ana, nos digan ste es el que te va a dar el sentido definitivo a tu sufrimiento, tu dolor.

Venimos a llorar, llorar por ms que esos 194. A llorar por nuestra ciudad que no llora todava. Nuestra ciudad que no tiene lgrimas de madre para esos hijos que hoy recordamos y para tantos otros que ella abandon.

Esta ciudad vanidosa, casquivana, orgullosa, coimera. Esta ciudad que maquilla las heridas de sus hijos para que no la hagan sufrir. No las cura, las maquilla.Esta ciudad que esconde a sus ancianos mal alimentados, los arrincona porque no quiere ver el sufrimiento de los que nos dieron la vida.

Esta ciudad no llora y porque esta ciudad no sabe llorar no es madre y nosotros hoy venimos aqu a llorar para que esta ciudad sea ms madre. Para que esta ciudad en vez de matar, aprenda a parir. Para que esta ciudad sea promesa de vida. LLoramos recordando estos jvenes que han muerto y le decimos a esta ciudad mir, la mayora de ellos murieron entrando y saliendo para salvar a otros, no se escaparon para salvar el pellejo. Le decimos a esta ciudad que sea madre solidaria como lo fueron estos chicos que dieron testimonio entrando y saliendo hasta no pudiendo salir ms.

El dolor no se va, camina con nosotros. Lo peor que podemos hacer es la recetadel espritu mundano que es anestesiarlos con otras noticias, con otras atenciones, con otras distracciones. El dolor hay que asumirlo como ustedes lo asumen. Ustedes estn ms cercanos, nosotros los que estamos ms lejos, tambin queremos asumir a aquellos que estn muertos, lo tratamos de hacer. Hay que asumirlos y dejar que se aejen en nuestro corazn y se transformen en semilla de fecundidad.

Esta viejita de 84 aos que deca ste es, ste es se lo deca delante de su madre a la cual un ratito antes le haban dicho que ese chico iba a ocasionarle un dolor muy grande, una espada le iba a traspasar el corazn.

Hoy les digo a ustedes: miremos al Nio. Es el nico que puede hacer aejar el dolor en nuestro corazn y transformarlo en sabidura. Y en el Nio miremos a nuestros nios, los que se fueron y a los adultos que los acompaaron. Y miremos a la Madre. Pidmosle a la Madre, que sabe lo que es sufrir, que haga madre a esta ciudad compadrita, superficial y que le cuesta dar vida.

Debido a la alerta meteorolgica, los actos previstos para celebrar el da de la Patrona de Canarias, se han trasladado al prximo domingo, da siete. A las once y media de la maana se realizar, en la baslica, la bendicin de las Candelas y, a continuacin, se celebrar la Solemne Eucarista. Con la celebracin de este ao, se clausura la conmemoracin del 50 aniversario de la consagracin de la Baslica de Candelaria. "Concluirlo desde el agradecimiento ser nuestro objetivo- indic el nuevo Prior, Fray Alexis Gonzlez.

Por cierto que el chaparrn del pasado lunes no caus graves daos personales, pero s dej tras de s destrozos que afectaron especialmente a puntos de la capital tinerfea como la iglesia de La Concepcin y otras iglesias.

En este sentido, ya se han reunido las distintas administraciones para evaluar los daos en el citado templo. Hemos encontrado un gran grado de afectacin de todos los bienes muebles, tanto en retablos como en textiles y en menor cuanta en documentos pertenecientes al archivo ha indicado Mara Aranzazu Gutirrez, Directora General de Patrimonio del ejecutivo canario- . Estructuralmente hemos visto que no hay ningn problema. En cualquier caso, hemos acordado establecer una comisin de seguimiento porque entendemos que el problema no est solo en la restauracin o en la intervencin para recuperar los bienes muebles, sino que hay que encauzar este problema y reunirnos tambin con el Consejo Insular de Aguas.

Este viernes el obispo escribe en la prensa de la provincia una carta invitando a colaborar en la colecta del fin de semana a favor de Critas Hait. Dadles vosotros de comer, seala el prelado en la misiva, fue la respuesta de Jess a sus discpulos cuando le pidieron que despidiera a la gente que llevaba varios das sin comer. Dadle vosotros de comer, es el mandato que Jess da a quienes llevamos el nombre de cristianos, ante la realidad de tantos seres humanos que sufren hambre de pan, de salud, de cultura, de Dios, de justicia, de paz, de afecto...

Vocacin de servicio, as titula Jos Lus Cmara, su amplio reportaje en el rotativo DiariodeAvisos sobre un misionero, natural del municipio palmero de El Paso, del que se ocupa tambin la revista diocesana Iglesia Nivariense en su nmero cien. El misionero palmero Jess Calero trabaja desde 2008 en varios proyectos de ayuda al desarrollo en el Chad, uno de los pases ms conflictivos del frica central.

Este mircoles se ha celebrado una nueva sesin de la formacin permanente del clero. Los responsables de guiar la misma, en esta ocasin, fueron el sacerdote Jos Antonio Gonzlez y el profesor y periodista, Ricardo Acirn.

El pasado martes 2 de febrero el pueblo de La Matanza asisti al nombramiento del sacerdote Domingo Miguel Ponce lvarez como Hijo Adoptivo del municipio. Domingo Ponce ejerci de prroco del mismo durante 19 aos, desde 1986 a 2005.

El prximo 6 de febrero se celebra la Jornada de la Vida Consagrada. Por tal motivo, la vicara correspondiente organiza un encuentro para consagrados/as el sbado 6 de febrero, en el Colegio de las Dominicas de La Laguna. Su horario ser de16ha20 h, concluyendo con la eucarista a las 20:30. Se trata de un encuentro organizado desde la CONFER.

Se est celebrando, en la Fonda Medina de Gmar, el IV Encuentro de Historia en Chinguaro. Se trata de una serie de charlas y conferencias organizadas por la mayordoma del Sitio Histrico de Chinguaro y la parroquia de San Pedro e impartidas por expertos en la materia, donde se intenta dar a conocer diferentes aspectos de la historia, el arte y el mundo natural de diferentes lugares de Canarias.

Impulsado por el gran inters que ha despertado en muchas personas de la dicesis, prximamente tendr lugar en Tenerife un encuentro del Master de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre matrimonio y familia. El mismo se llevar a cabo durante los das 19, 20 y 21 de febrero.

El Cabildo ha adjudicado la reposicin y conservacin de las pinturas murales de la cpula del presbiterio de la Iglesia de San Antonio Abad, en Fuencaliente, lo que supondr una inversin de 22.545 euros. Esta intervencin, que ser ejecutada por el restaurador Jorge Afonso lvarez, est financiada por la Direccin General de Cooperacin y Patrimonio del Gobierno de Canarias, "por reconocido inters pblico para financiar restauraciones de bienes culturales de la isla de La Palma".

La orden de los Caballeros del Santo Sepulcro de Jerusaln, en su seccin para Canarias con sede en La Laguna, ha celebrado su primer ceremonial pblico en la iglesia de la Concepcin.

El portavoz del grupo municipal socialista del Ayuntamiento de La Laguna, Gustavo Matos, ha pedido que la escultura del Padre Anchieta sea declarada Bien de Inters Cultural (BIC) y que se conmemore el 50 aniversario de su colocacin e inauguracin.

El ltimo Tagoror celebrado en Salud-La Salle se mostr unnime en pedir para la iglesia de Los Gladiolos la declaracin como Bien de Inters Cultural (BIC). Y no porque sus valores arquitectnicos as lo merezcan, sino por la coleccin artstica que guardan sus paredes, que forman una exposicin permanente nica.

La campaa de Manos Unidas de este ao tiene como lema: Contra el hambre, defiende la tierra, el cual se ha plasmado en los carteles y el resto de los materiales, as como en un rbol y un tenedor. El rbol como smbolo de la naturaleza y de la vida, y el tenedor como smbolo de eliminacin del hambre en el mundo. El 12 de febrero, Da del Ayuno Voluntario, Manos Unidas ha invitado a quienes lo deseen a participar en la eucarista que tendr lugar en la parroquia de San Juan Bautista, en La Orotava, a las 19:30 horas, presidida por el obispo, Bernardo lvarez.

El prximo 6 de febrero el Teatro Leal acoger un concierto a beneficio de los Hermanos de la Cruz Blanca, a partir de las 20:30 horas. Dicho recital contar con las actuaciones de tres cantantes lricos canarios: Alberto Feria, Celso Albelo y Francisco Corujo, acompaados al piano por Juan Francisco Parra.

El obispo Bernardo lvarez y el rector del Seminario, Juan Pedro Rivero han realizado una invitacin para participar en el Certamen Teolgico Espiritual que se convoca en el Ao Sacerdotal con motivo del Da de San Juan de vila. Se trata de una propuesta dirigida a todos los sacerdotes y diconos que residan en la Dicesis de San Cristbal de La Laguna consistente en la elaboracin de un trabajo escrito en el que se ofrezca una aportacin personal sobre el tema: Vida y Espiritualidad Sacerdotal. Para ms informacin se puede llamar al nmero de telfono de la secretaria del ISTIC: 922 25 20 67.

La delegacin de pastoral vocacional ha invitado a quienes lo deseen a acudir a la Peregrinacin Vocacional a Garachico, el domingo 21 de febrero bajo el lema: En camino, para ser enviados. El horario queda de la siguiente forma: De 16:00 a 19:00 horas; adoracin del Santsimo y testimonios simultneos en todas las iglesia y ermitas de Garachico. A las 19:00 horas; celebracin y peregrinacin desde la Puerta de Tierra a la ermita de la Virgen de los Reyes. Para cualquier informacin se puede llamar a la parroquia de Santa Ana (922 83 02 44).

El jesuita Lucas Lpez dar ejercicios de forma personalizada a quien lo desee la prxima semana santa en la Casa Manresa de Tacoronte. Los interesados pueden llamar al 677 911 017 o enviar un correo a:

La cultura posmoderna carece de metas histricas, de sueos de transformacin, encierra al individuo en el crculo estrecho y reducido de lo inmediato y le hace perder el sentido del largo plazo y de la esperanza que. al igual que los ideales y los compromisos, tiene que ver con el largo plazo, con la fe en el futuro y en nuestra condicin humana redimida.

La filosofa posmoderna invita a vivir con pequeas aspiraciones individuales de corto alcance y horizontes cerrados. En algunos ambientes est al uso una tica sin prjimo porque lo que importa es que yo sea feliz teniendo como nico criterio el "todo vale". Se puede ser feliz utilizando al prjimo con principios como: "vale lo que me agrada, no vale lo que no me agrada", o, "el principio tico ms importante es 'haz lo que quieras"? Con una tica "indolora" la vida termina siendo incolora, por mucha imagen, brillo o placer que haya en la epidermis. Claro, se pueden realizar pequeos gestos de solidaridad, pero sin ir a la raz, a las causas de los problemas; un "altruismo indoloro" (Lipovestky) que ni implica ni complica.

Si lo nico que de verdad cuenta es el presente efmero y no sabemos hacia donde nos dirigimos cmo pensar nuestra responsabilidad personal y colectiva hacia el futuro de la humanidad y del planeta? Nmadas sin meta, sin rumbo fijo, as caminan algunos, dejndose llevar a la deriva, sin races y sin esperanza; y la esperanza es savia y brjula que anima, sostiene y orienta. "Hay que vivir intensamente el momento presente. No hay maana". Jvenes que viven "intensamente" sin futuro, que organizan slo el presente y se mueven sin proyectos. Hemos intoxicado a los jvenes con la comodidad, con gratificaciones inmediatas, con machaconas promesas de bienestar y, sin embargo, muchos son capaces de renunciar a comodidades por una vida comprometida al servicio de causas justas, al servicio de los hermanos.

Jess tiene un proyecto que l llama Reino y que sintoniza con las aspiraciones ms nobles y profundas del corazn humano. l vea lo que nadie vea: la cercana del Padre, su Reino llegando, porque llevaba en el corazn fuego, una pasin de amor que nadie llevaba ni ha llevado, una pasin que ilumina la mirada; y en los brotes ve los frutos y en las huellas del camino ya vislumbra la meta. Aunque el camino sea largo y no exento de dificultades y el horizonte pueda nublarse con dudas e incertidumbres, si participamos de esa misma pasin tambin nuestra mirada se iluminar.

El Reino es el sueo de Jess que antes haba sido sueo de Dios, sueo roto por el desmedido orgullo humano, y en Jess quiere rehacerlo. Con sus palabras y signos Jess anuncia y realiza un acontecimiento: la cercana compasiva y misericordiosa de Dios, y se desvive para que su pueblo acoja con gozo y esperanza esta presencia amorosa del Padre. Suea con que Dios sea acogido en los corazones y en la sociedad y que su misericordia llegue a todos, sobre todo a los ms necesitados, a quienes viven en los mrgenes de la sociedad y de la religin, excluidos de todo tipo, enfermos, pecadores, posedos; y que la justicia y la paz reinen y la vida que l ofrece florezca de verdad pues tal es la voluntad del Padre. Jess educa la mirada de nuestro corazn para que podamos captar esta singular presencia y cercana de Dios, educa nuestra mirada y la libera de la desesperanza al sugerirnos un nuevo estilo de vida, unos criterios distintos, unas preferencias desconcertantes.

La fuerza liberadora de Dios es sencilla, discreta, pero bien real como nos hace entrever en las parbolas que cuenta y en los milagros que realiza. Jess quiere vernos libres de cuanto nos esclaviza, hiere y deshumaniza; eso es el Reino, eso es l. El Reino de Dios crece en nuestro mundo entre dificultades y resistencias, y siguiendo a Jess queremos ponernos al servicio de este Reino que crece cuando la comunidad cristiana acoge a los pequeos, a los que no cuentan y los pone en el centro de sus preocupaciones. Iglesia samaritana que se hace real en numerosas comunidades cristianas y que quiere ser al mismo tiempo servidora y signo de este Reino cuya presencia y semillas desbordan sus fronteras.

Nuestro mundo es valioso porque el Hijo de Dios se ha hecho criatura, se ha encarnado en nuestra historia, en nuestras vidas, y nada ni nadie puede eliminar esa encarnacin. Por eso la realidad es ms de lo que aparece y adems camina hacia una plenitud. Nos contamina cierta miopa cultural interesada, una concepcin chata de la realidad que pretende reducir todo a los estrechos lmites de lo inmediato y visible, o simplemente de nuestra razn; y la realidad es ms grande que nuestra mirada. No queremos ser los portavoces de ningn "realismo" miope y de corto alcance sino de un sueo, de una esperanza, de una utopa, la de una sociedad ms fraterna que podemos construir. Porque creemos en el futuro queremos transformar nuestro presente, junto con otros hermanos.

Algunas de nuestras comunidades se sienten desalentadas y no saben que rumbo tomar, acumulan frustraciones y desnimo. El Seor nos invita a sacudirnos el miedo, la inercia, el desaliento, nos invita a recorrer caminos nuevos ya que los tiempos son exigentes, complejos, provocadores. "Fortuna iuvat audaces" dicen los clsicos. La fortuna tiene un rostro y un corazn, un espritu, un aliento y es Dios para nosotros. Tenemos motivos ms que suficientes para luchar por una sociedad mejor y para sacudirnos cualquier tentacin de desencanto o desesperanza, a pesar de sentirnos tantas veces desengaados o impotentes. Firmeza y fortaleza interior nos est pidiendo el Seor, y las circunstancias que nos ha tocado vivir, lo cual exige capacidad de resistencia, perseverancia, el largo plazo, no el corto y miope de nuestra cultura o de los polticos.

Hay tambin comunidades cristianas cercanas a los excluidos, a quienes sufren, a los inmigrantes; otras cultivan y viven una sensibilidad admirable hacia los pueblos del Sur, hacia sus luchas y esperanzas y levantan su voz para defender a quienes no la tienen o tenindola no es demasiado fuerte para hacerse or en detemnados lugares. Son comunidades capaces de mantener viva la esperanza y generarla a su alrededor, comunidades que sintonizan con los valores que humanizan nuestra sociedad y hacen nuestro mundo ms habitable. Y quieren hacer ms visible al Dios encamado en Jess, como fuerza y manantial de sentido para caminar y comprometerse. Hay hechos descorazonadores que provocan desaliento y desesperanza pero hay otros muchos que estimulan nuestra esperanza. Por qu estar atentos slo a los primeros y no dejarse empapar ms bien por los segundos? La esperanza siempre ser frgil porque somos humanos y la precariedad de nuestra condicin humana est siempre al acecho.

Nuestros desvelos y esfuerzos animados por la esperanza para construir un mundo ms humano estn y estarn siempre acompaados por la fiel cercana de Dios. Dios mantiene nuestra esperanza cuando aparentemente no hay motivos ni razones para ello, y cuando creemos que esta vida est misteriosa y secretamente abierta a un futuro de plenitud todo cobra y adquiere un sentido y una luz nueva, todo: esfuerzos, trabajos, fracasos, sueos, esperanzas.

Somos peregrinos hacia el Padre y caminamos con nuestros hermanos envueltos por el claro-oscuro de la vida, nos dirigimos hacia un "lugar clido". No somos vagabundos errantes, perdidos y a la deriva, aunque las dudas asalten y la brjula ofuscada pueda titubear. La esperanza no es una nostalgia cargada de melancola, es una certeza que llevamos en "vasos de barro". Dios trabaja en nuestras esperanzas humanas y un pueblo que vive de fe es ms fuerte porque la fe le sostiene y fortalece. Hay milagros lentos y poco vistosos pero fecundos a la larga. "El ave canta aunque la rama cruja porque conoce la fuerza de sus alas." (A Cunqueiro) El ave canta y el hombre simbolizado en Pedro (Mateo 14, 22-33)- grita porque conoce su fragilidad, su pequea fe, aunque experimenta sobre todo la bondad de Jess la fuerza de nuestras alas-. El ave canta, el hombre grita, y no podramos tambin nosotros cantar, fiados de esa mano tendida, la mano de Dios? Cuestin de confianza.

En este Ao Sacerdotal nos hemos planteado profundizar ms en nuestra espiritualidad, en primer lugar, reeditando el Certamen Teolgico Espiritual de otra poca. Toda la informacin sobre el mismo, bases, fecha de presentacin de los trabajos y temario se las har llegar el ISTIC (Instituto Superior de Teologa de las Islas Canarias) en breve. En segundo lugar, potenciando nuestro deseo de mejorar nuestra vida sacerdotal, siempre perfectible, hemos preparado tambin en el Monasterio de las Monjas Catalinas una Exposicin donde la iconografa y la palabra expresen lo genuino de la vida sacerdotal. En tercer lugar, siempre nos ha servido de gran motivacin para nuestra vida y ministerio unirnos a la accin de gracias de los compaeros que celebran los cincuenta y veinticinco aniversarios sacerdotales. En esta ocasin nos uniremos a su accin de gracias en la Eucarista y felicitarnos desde ahora a Don Carlos Gonzlez Quintero, Don Juan Fernando Prez Hernndez, Don Jos Luis Argalia (Padre Pal), y Don Pedro Cartn (Religioso Claretiano), que celebran el 50 Aniversario de Ordenacin presbiteral. Igualmente a los que celebran el 25 Aniversario de Ordenacin: Don Agustn Domingo Marrero Delgado, Don Rubn Jos Fagundo Garca, Don Arsenio Miguel de la Cruz Reymond, y Don Javier Fuentes (Religioso Carmelita).

Muchos de nosotros, a lo largo del ejercicio de nuestro ministerio, hemos estado o estamos acompaados de familiares o de seres queridos, que nos han regalado su apoyo, cuidado, ayuda y cario. Les agradecemos siempre a ellos y al Seor su presencia y estmulo en nuestra vida y especialmente en este encuentro anual.

CONCELEBRACIN DE LA EUCARISTA: 13:00 horas, en la Iglesia Parroquial de Santo Domingo de Guzmn. Entrega de recuerdos a los homenajeados despus de la Eucarista y en el mismo lugar.

Hemos dejado para el final de nuestra carta la insistencia y el ruego de que participen en el Certamen Teolgico Espiritual. Esperando tu valiosa colaboracin, un fuerte abrazo en Cristo Sacerdote.

Hemos elegido para esta ordenacin diaconal la fiesta de San Estban, testigo preclaro del Evangelio y primer mrtir cristiano. El Nuevo Testamento lo muestra como el ms representativo de los llamados siete diconos, a los cuales impusieron las manos los Apstoles, indicando as que les conferan un encargo, e imploraban sobre ellos la gracia divina para ejercerlo. Les encomendaron una tarea especfica: atender con equidad a todos los necesitados de la comunidad cristiana, fueran de origen judo o griego.

Pero este grupo no deba limitarse a un servicio meramente tcnico de distribucin: deban ser hombres llenos de Espritu y de sabidura (Hch 6, 1-6). Este servicio concreto era un verdadero servicio espiritual. Desde los comienzos de la Iglesia la diacona pertenece a su esencia tanto como el servicio de los Sacramentos y el anuncio del Evangelio DCE 22). La Iglesia nunca puede sentirse dispensada del ejercicio de la caridad como actividad organizada de los creyentes; y nunca habr situaciones en las que no haga falta la caridad de cada cristiano individualmente, porque el hombre, ms all de la justicia, tiene siempre necesidad de amor (DCE 29). Ejercer el diaconado es una misin, de la cual el candidato al sacerdocio nunca debe desentenderse.

Pero el ejemplo de los primeros diconos nos ensea ms. No slo se ocupaban del servicio caritativo: Esteban, sobre todo, proclam tambin el Evangelio, interpretando de modo nuevo toda la historia del pueblo de Israel desde la perspectiva central de Cristo. De este modo, con la caridad.

San Esteban nos habla sobre todo de Cristo, de Cristo crucificado y resucitado como centro de la historia y de nuestra vida. Eso provoc la persecucin y la condena a muerte, muriendo lapidado. Corrobor as su testimonio de fe derramando por ella su sangre.

Lo que la historia de Esteban nos ensea es que, no hay que disociar nunca el compromiso social de la caridad del anuncio valiente de la fe. La mayor pobreza es el desconocimiento del Evangelio. Entregar la vida a su anuncio es la donacin por excelencia. En su muerte San Esteban se asemeja de manera llamativa al mismo Jesucristo. Podemos comprender que la Cruz ocupa siempre un lugar central en la vida de la Iglesia y tambin en nuestra vida personal. En la historia de la Iglesia no faltar nunca la pasin, la persecucin. Y precisamente la persecucin se convierte, segn la famosa frase de Tertuliano, en fuente de misin para los nuevos cristianos. Con audacia dice a los perseguidores: Nosotros nos multiplicamos cada vez que somos segados por ustedes: la sangre de los cristianos es una semilla (Apologtico 50,13). Pero tambin en nuestra vida la cruz, que no faltar nunca, se convierte en bendicin. Y aceptando la cruz, sabiendo que se convierte y es bendicin, aprendemos la alegra del cristiano, incluso en momentos de dificultad. El valor del testimonio es insustituible, pues el Evangelio lleva hacia l, y de l se alimenta la Iglesia. San Esteban nos ensea a aprender estas lecciones, nos ensea a amar la Cruz, pues es el camino por el que Cristo se hace siempre presente de nuevo entre nosotros (Benedicto XVI, Audiencia Gral. 06-01-08).

El relato de "la pesca milagrosa" en el lago de Galilea fue muy popular entre los primeros cristianos. Varios evangelistas recogen el episodio, pero slo Lucas culmina la narracin con una escena conmovedora que tiene por protagonista a Simn Pedro, discpulo creyente y pecador al mismo tiempo.

Pedro es un hombre de fe, seducido por Jess. Sus palabras tienen para l ms fuerza que su propia experiencia. Pedro sabe que nadie se pone a pescar al medioda en el lago, sobre todo si no ha capturado nada por la noche. Pero se lo ha dicho Jess y Pedro confa totalmente en l:Apoyado en tu palabra, echar las redes.

Pedro es, al mismo tiempo, un hombre de corazn sincero. Sorprendido por la enorme pesca obtenida, se arroja a los pies de Jess y con una espontaneidad admirable le dice:Aprtate de m, que soy pecador. Pedro reconoce ante todos su pecado y su absoluta indignidad para convivir de cerca con Jess.

Jess no se asusta de tener junto a s a un discpulo pecador. Al contrario, si se siente pecador, Pedro podr comprender mejor su mensaje de perdn para todos y su acogida a pecadores e indeseables. No temas. Desde ahora, sers pescador de hombres. Jess le quita el miedo a ser un discpulo pecador y lo asocia a su misin de reunir y convocar a hombres y mujeres de toda condicin a entrar en el proyecto salvador de Dios.

Por qu la Iglesia se resiste tanto a reconocer sus pecados y confesar su necesidad de conversin? La Iglesia es de Jesucristo, pero ella no es Jesucristo. A nadie puede extraar que en ella haya pecado. La Iglesia es "santa" porque vive animada por el Espritu Santo de Jess, pero es "pecadora" porque no pocas veces se resiste a ese Espritu y se aleja del evangelio. El pecado est en los creyentes y en las instituciones; en la jerarqua y en el pueblo de Dios; en los pastores y en las comunidades cristianas. Todos necesitamos conversin.

Es muy grave habituarnos a ocultar la verdad pues nos impide comprometernos en una dinmica de conversin y renovacin. Por otra parte, no es ms evanglica una Iglesia frgil y vulnerable que tiene el coraje de reconocer su pecado, que una institucin empeada intilmente en ocultar al mundo sus miserias? No son ms crebles nuestras comunidades cuando colaboran con Cristo en la tarea evangelizadora, reconociendo humildemente sus pecados y comprometindose a una vida cada vez ms evanglica?No tenemos mucho que aprender tambin hoy del gran apstol Pedro reconociendo su pecado a los pies Jess?

Junto a lo anteriormente dicho, Conforti, preceda, a los temas de catequesis, una introduccin sobre la Navidad de manera que trataba este acontecimiento litrgico y lo armonizaba con la enseanza que quera proponer en las diversas navidades. De los temas navideos recogemos aqu algunas de sus reflexiones.

El recuerdo de este da luminoso llena de gozo al mundo de los creyentes, se impone a todos por su simplicidad... Entremos con espritu de fe en la gruta de Beln como entraron los ngeles y los pastores. Dnde est la magnificencia del palacio, la majestad del trono, la riqueza de las joyas, la suntuosidad de la corte? Los designios de la Divina sabidura son ms altos que la visin del hombre. No juzguemos, por lo tanto, humanamente y, hacindonos pequeos como los pastores, contemplemos el sublime misterio de este da con los ojos de la fe y con la simplicidad de los nios".

cuyo reino pacfico conquistar a todas las naciones y no tendr fin. Por esto todos los pueblos de la tierra, iluminados por el radiante rayo de la fe, exultan en este gozoso da con una alegra no terrena, sino celeste. Todos tienen motivos para la alegra: el santo porque ve que se acerca el premio, el pecador porque se le ofrece el perdn, el no creyente porque es llamado a la luz y a la vida de Cristo.

Por ello, la Iglesia, despus de siglos, repite a sus hijos lo que anunciaron los ngeles y los pastores: 'Mirad que os traigo una buena noticia, una gran alegra, que lo ser para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador, el Mesas, el Seor'.

En aquella noche los desventurados han encontrado un hermano, los esclavos un liberador, los nios un amigo, los doctos un maestro, la muerte un vencedor. La humanidad se alegra como la tierra se llena de gozo cada maana cuando el sol surge para librarla de las tinieblas.

"Este acontecimiento de la Navidad contiene un verdadero cambio moral, es el principio de un nuevo orden de ideas que cambiar la faz de la tierra. Riqueza, despotismo, orgullo, vuestro reino ha terminado. Si todos, sin distincin de condicin o edad, aceptsemos, con humildad y docilidad de mente, las enseanzas de Beln! Nuestra felicidad se juega en ello.

Del mismo modo, cuando nuestra sociedad lo olvida, se convierte en arena de combate, donde abunda la violencia, donde los hombres, armados los unos contra los otros, se combaten como maniticos por un poco de fango que se llama oro, por un poco de humo que se llama honor, gloria...

"No olvidemos nunca, queridos hermanos e hijos, que somos deudores de la obra de la redencin que con la Navidad se inicia en el portal de Beln. Qu sera de nosotros sin esta obra benfica que cambi la suerte del

Abrimos el ao 2010 con la Solemnidad de Santa Mara Madre de Dios y dentro de ella nuestra parroquia de La Guancha conmemora por tradicin centenaria al titular El Santo Nombre de Jess, aunque su fiesta litrgica sea el 3 de Enero. La silenciosa maana del comienzo de ao favorece a esta celebracin sencilla. Los repiques de campanas renen a un grupo de fieles en torno a la imagen del Nio Jess. Despus de la Eucarista se tiene la procesin con la venerada imagen. (

Un grupo de nios del barrio de Las Rosas de San Juan de la Rambla nos deleit con su representacin de la Adoracin de los Magos en la Ermita de Santa Rosala despus de la celebracin de la Eucarista de la Epifana del Seor. Sus versos y sus cantos captaron la atencin de los fieles que ese da llenaban el templo. Todo ello debido al gran trabajo y esfuerzo llevado en la ermita y en el barrio por doa Dorotea Rodrguez.

Se presenta de nuevo la Jornada de la Infancia Misionera para el da 24 de Enero. Este ao de 2010 con el objetivo de descubrir cmo son y cmo viven los nios africanos, para hacer realidad el intercambio de bienes con ellos. La meta est en frica. El lema nos lo recuerda Con los nios de frica ENCONTRAMOS A JESS. El color verde del cartel nos habla de la esperanza de un continente joven que vive la apasionante conquista de crecer por s mismo y el compromiso de rentabilizar la riqueza de sus gentes y tierras. Monseor Francisco Prez, Director de OMP en Espaa en el Mensaje de Presentacin de la Campaa nos dice: Invito a todos los nios de Espaa para vivamos esta jornada mirando a los nios de frica y nos solidaricemos hacindonos amigos de Jess.

En nuestra dicesis celebraremos el da de la Marcha Misionera el sbado 23 de Enero en la Villa de Candelaria, junto a la patrona de nuestras islas y presidida por nuestro obispo `pudiendo participar nios desde 3 de primaria hasta los 14 aos.

Fiel a la tradicin el municipio de La Guancha celebr un ao ms la Eucarista como voto de Accin de Gracias a la Virgen de La Esperanza por su proteccin ente la adversidad. Una gran cantidad de fieles se dieron cita en la tarde del 18 de Enero en el templo parroquial para participar en la Misa y despus en la procesin, que fue acompaada por las autoridades locales y Banda de Msica La Esperanza.

Ante la situacin de desolacin y catstrofe generalizada que viven nuestros hermanos haitianos como consecuencia del terremoto devastador que sacudi el pas y principalmente su capital, Puerto Prncipe, nuestro Obispo Don Bernardo ha tenido a bien disponer que la colecta en las misas del primer domingo del mes de febrero, da 7, en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, vaya destinada en su totalidad a la Critas hermana de Hait, para atender a los miles de damnificados por la tragedia que asola el pas.

Es de todos conocido el esfuerzo que desde Critas venimos realizando en nuestra Provincia para atender a las personas que acuden a nosotros en demanda de ayuda. Porque nuestra misin y compromiso es estar con los ltimos y no atendidos; pero no slo aqu, sino donde estn. Y la desgracia se ha cebado ahora con los hermanos de Hait y, como pueblo solidario que somos, vamos a ayudarles. Y vamos a ayudarles en la medida de nuestras posibilidades, con ese compartir que nos caracteriza sin que ninguno de los que aqu lo estn pasando mal (aunque por distintos motivos), deje de ser atendido por Critas.

Nuestra parroquia se est uniendo en estos das a la oracin por la Unidad de los Cristianos dentro del Octavario de Oraciones, que este ao se presenta con el tema Vosotros sois testigos de todas estas cosas (Lc 24, 48). Tradicionalmente, la Semana de oracin por la unidad de los cristianos se celebra del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo. Esta eleccin tiene un significado simblico. El Pontificio Consejo para la promocin de la unidad de los cristianos

La Adoracin Nocturna Espaola en Tenerife tiene programado hacerse presente en las diversas parroquias de la Dicesis durante este curso pastoral de 2009-2010. Este mircoles, 20 de Enero, y en los dos terceros mircoles prximos de mes, nuestra parroquia de El Dulce Nombre de Jess se ha visto y se ver honrada con su presencia con intencin de rezar por los sacerdotes en unin de la comunidad parroquial en este Ao Sacerdotal y presentar el Movimiento. As varios miembros del Movimiento con su secretario tuvieron la primera reunin en el templo parroquial donde explicaron la finalidad de su estancia, proyectaron un reportaje del Santo Cura de Ars, se rez por los sacerdotes, se tuvo la Exposicin del Santsimo Sacramento y la santa Misa presidida por el prroco.

Como es tradicional en nuestra dicesis con motivo de la Infancia Misionera se realiza la Marcha Misionera de los Nios a la Baslica de Ntra. Sra. de Candelaria. En concreto el sbado 23 de Enero, despus de la acogida de los nios en la zona de las Caletillas, a las 11.00 de la maana daba comienzo la marcha que acoga alrededor de dos mil nios con sus catequistas y algunos padres, divididos por grupos que representaban a los cinco continentes. Las calles del municipio de Candelaria se llenaron por unas horas de colorido, de cantos y de sonrisas y las pancartas nos hacan recordar el lema de este ao Con los nios de frica encontramos a Jess. En la puerta lateral de la plaza de la Baslica esperaba la imagen de Nuestra Seora. Desde ese lugar el Seor Obispo Don Bernardo salud tiernamente a los nios y presidi la Eucarista concelebrada por varios sacerdotes.

Ya se ha hecho costumbre que el domingo siguiente a la fiesta litrgica de San Vicente Mrtir en la Ermita de Santa Rosala del barrio de Las Rosas, municipio de San Juan de la Rambla, se convoque a los fieles para celebrar la Eucarista en honor del santo mrtir. Hace quince aos el matrimonio Don Manuel y Doa Tomasa donaron su imagen a la ermita. Los cohetes y los repiques de campanas recordaron a los vecinos su celebracin.

Dada la experiencia positiva y la gran repercusin que tuvo en nuestra dicesis la peregrinacin vocacional del pasado ao 2009 en Garachico, la Delegacin Diocesana de Pastoral Vocacional, contando con el deseo del Sr. Obispo y de muchos sacerdotes, nos invita a repetirla dentro de este Ao Sacerdotal. El Delegado ha enviado

Esta festividad nos pone de manifiesto que el Salvador, viniendo a este mundo, ha querido insertarse en una familia comn y a la vez extraordinaria por el aspecto milagroso que la envuelve. El Salvador hacindose hombre quiso seguir el camino de todos los hombres: tener una familia en la tierra, una patria, una formacin. Su familia no se distingua de las otras familias de su pueblo. Era una familia de trabajadores sencilla y humilde.

Sin embargo cuando leemos sobre ella en el Evangelio (Lucas 2, 41-52) encontramos rasgos espirituales singulares. Era una familia muy particular, donde reinaba el trabajo, la oracin y la honestidad. Como las otras familias judas presentaron a Jess al Templo, como est escrito en la Ley de Moiss y hacen por l las ofrendas correspondientes. Iluminado por el Espritu Santo el anciano Simen reconoce en el nio al Cristo el SeorLe tom en sus brazos bendiciendo a Dios y dirigindose luego a la madre le dijo Una espada atravesar tu alma (Ib. 26).

Para estos esposos, que presentaron a su hijo en el Templo, la vida no les ser nada fcil: El nio ser perseguido y tendrn -a causa de una revelacin- que huir a Egipto, se tendrn que instalar en tierra extranjera, con todas las privaciones que esto significa: el duro trabajo quiz mal retribuido, llevando una vida pobre. Pero Mara y Jos saben que ellos son una familia especial, conocen del misterio de su hijo y conocen tambin su responsabilidad en la vida para con Dios.

Seguramente que en Mara resuenan aquellas palabras profticas de Simen una espada atravesar tu alma y por ello est dispuesta al sufrimiento, a toda clase de sufrimientos. Cuando peregrinan a Jerusaln el nio se pierde y es encontrado -despus de ardua bsqueda- entre los doctores de la Ley. Jess mismo les explicar las razones de sus sufrimientos cuando les dice: No sabais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre? (Ib. 49). Jess sabe que antes que a nadie l le pertenece al Padre de los Cielos. A Jos y Mara les toca nada ms que la misin de hacerle crecer y educarlo como hombre. Esto les da a Jos y Mara la conciencia tambin de una entrega total a Dios que exige de ellos el mayor desinters y le da a su vida el sentido de un servicio total a Dios en colaboracin con la obra del Hijo, que vino a servir a la humanidad en la salvacin. Sin embargo el evangelio nos dice que Jess les estaba sujeto y creca en sabidura, edad y gracia ante los hombres y ante Dios (Ib. 51-52).

La Sagrada familia es propuesta por la Iglesia como modelo de la familia cristiana: Esta familia est sujeta a Dios y le reconoce como Seor. En esta familia se busca la voluntad de Dios y nada se quiere ni se hace sin este horizonte. El sufrimiento y las angustias de la vida son aceptadas con un sentido profundo de fe y reconocidos como permitidos por Dios. Las ms duras vicisitudes de la vida no turban la armona del hogar. Saben de alguna manera que Dios est presente en ellas, porque ellos estn enteramente entregados a Jess como regalo de Dios y ellos se olvidarn de s mismos y sus vidas gravitarn alrededor de la vida de Jess, asociados a su misin.

Cuando en una familia est presente primero Dios, no olvida los preceptos del evangelio, reina en ella la caridad y el amor y los sufrimientos son asociados a los de Jess en la Cruz. Se ora en familia, se alaba a Dios y se le respeta sobre todas las cosas. Los hijos aman a sus padres y les obedecen, como Jess vivi obediente a sus padres. Dios quiere que los padres sean honrados por sus hijos. San Pablo nos ensea que el amor mutuo debe hacer de la familia cristiana una comunidad ideal (Col.3, 12-13)

Si la familia no est fundada en el amor cristiano es difcil que persevere en el amor, perdn y misericordia, por esto es que la familia es el primer ncleo de la Iglesia: En la Iglesia y con la Iglesia la familia colabora en la obra de la salvacin y en la dignificacin de la sociedad.

Como sabemos, el prximo 1 de enero celebramos la Jornada Mundial de la Paz y el lema del Papa en su mensaje de este ao es Si quieres cultivar la paz, custodia la creacin. Un lema muy actual e importante para todos nosotros ya que la paz no es una cosa mgica, debe ser respetada en todas las instancias de la Creacin: de nuestra vida, de la naturaleza, de las personas, de las familias, de la sociedad, de los pases del mundo entero.

En el pasaje del Evangelio de este domingo vemos a Jess y la Sagrada Familia cumpliendo con sus obligaciones religiosas. Todos los aos tenan que ir a Jerusaln para celebrar las fiestas de la Pascua. Jess, que es verdadero Dios y verdadero Hombre, que naci de la Santsima Virgen Mara, vive en una familia. La familia, por lo tanto, es la primera clula constitutiva de nuestra sociedad y por eso es muy importante.

La familia se constituye por un hombre y una mujer que deciden formar, hacer y fundar una familia. Las dems cosas no son familia, yo dira que son convivencias, uniones, pero propiamente hablando no son familia.

Cuando uno afirma una cosa no est despreciando ni discriminando otra cosa, pero ciertamente el prototipo de familia es el hombre y la mujer unidos en matrimonio con la decisin de formar una familia, amarse y tener hijos, que son una bendicin de Dios.

Algo importante en una familia es que haya dilogo -que conversen, que se escuchen- pero hay que tener espacio para vivir en familia. El amor es aquello que funda la unin de dos personas, del hombre y la mujer, en la familia.

Hoy en da hay una visin materialista, una vida hedonista, existe el slo por hoy, no hay compromisos largos, a futuro. Hoy los proyectos de vida se van como apagando, desorientando, oscureciendo. Y esto, cranme, hace mucho dao porque de alguna forma est quitando identidad, potencia, fuerza y proyeccin que, en lugar de beneficiar, debilita tremendamente.

Quiero pedir a la Sagrada Familia que nos ilumine, porque lo divino que nos hace humanos, nos ayuda a buscar y hacer la voluntad de Dios. Porque si nos alejamos de Dios -que es la fuente de nuestras familias- se comprometen gravemente muchas realidades, como por ejemplo hoy estn comprometidos los valores.

Los valores estn en crisis y repercute en las conductas. Las conductas son dbiles, quieren ser espontneas, son pasajeras, superficiales y mediticas. Y al no tener valores ni conducta no pertenezco a nada, soy un ser individual, aislado por el mundo, vivo incomunicado aunque s informado.

Pedimos al Seor, a la Sagrada Familia, que la presencia de Dios -que nos viene a humanizar no a quitarnos humanidad- nos ayude a recuperar los valores de nuestras familias, a fortalecer nuestras conductas y a fortalecer nuestra pertenencia.

Deseo a todos un feliz trmino de este ao 2009 y feliz comienzo de 2010. Que la Virgen nos ayude, siguiendo el lema del Papa Si quieres cultivar la paz, custodia la creacin, a decir con Ella Si quieres vivir en paz, custodia tu familia

Y es justo que tenga estos sentimientos hacia todos ustedes, porque los llevo en mi corazn, ya que ustedes, sea cuando estoy prisionero, sea cuando trabajo en la defensa y en la confirmacin del Evangelio, participan de la gracia que he recibido.

Dios es testigo de que los quiero tiernamente a todos en el corazn de Cristo Jess. Y en mi oracin pido que el amor de ustedes crezca cada vez ms en el conocimiento y en la plena comprensin, a fin de que puedan discernir lo que es mejor.

As sern encontrados puros e irreprochables en el Da de Cristo, llenos del fruto de justicia que proviene de Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios. (Filip 1, 3-11).

Finalizar el ao es mirar todo lo que vivimos y ver la presencia de Dios Padre, de corazn tierno y lleno de misericordia, que con su Gracia nos ha acompaado y ha llevado adelante su obra; me siento identificado con lo que dice Pablo: Yo doy gracias a Dios cada vez que los recuerdo... (v. 3).

Cada uno de los acontecimientos eclesiales y pastorales que vivimos en este ao son manifestacin de Vida, de una comunidad de Fe que se siente motivada para asumir la misin que el Seor nos confi: Siempre y en todas mis oraciones pido con alegra por todos ustedes, pensando en la colaboracin que prestaron a la difusin del Evangelio (v. 5); Cmo no dar gracias al Seor por todo el amor que derrama entre nosotros!

La respuesta tenemos que escucharla en el mismo corazn de Jess, el Buen Pastor, que conduce a su Iglesia. El documento de Aparecida nos habla de una necesaria conversin, personal y pastoral (366. 370), para asumir una firme decisin misionera (365).

El COMIDI deber ser el acontecimiento, el Pentecosts de nuestra Iglesia diocesana, que d comienzo a una profunda renovacin espiritual y pastoral, personal y comunitaria. Ser el tiempo del lanzamiento de la renovacin misionera, litrgica, catequstica, del compromiso solidario con los ms pobres -asumiendo el desafo de las nuevas formas de pobreza que afloran hoy-, del repensar nuestra pastoral en el mbito cultural que nos plantea el mundo urbano donde vivimos, de replantear el compromiso y la corresponsabilidad de todos en la misin y construccin de la Iglesia, en especial de nuestros fieles laicos. Ser el tiempo de asumir la necesaria renovacin de la misma vida de nuestras comunidades y del estilo pastoral y el ejercicio mismo del ministerio ordenado.

La segunda, es la familia: La clula bsica de la comunidad eclesial, terreno donde florecen la vida cristiana y las mismas vocaciones; la pastoral familiar deber ocupar un lugar importante en nuestras comunidades.

La tercera, la catequesis -en general- especialmente la catequesis de iniciacin cristiana: Nos debemos una profunda reflexin y esfuerzo renovador en esta actividad primordial para la Iglesia, de la cual depende la vida cristiana de todos los fieles.

Como vemos, al ao 2010 ser un ao en el que debemos elevar, llenos de confianza, nuestra oracin al Seor, sabiendo que l, como Seor de la historia, nunca nos abandona, y siempre nos dice: Por qu tienen miedo? Cmo no tienen fe? (cf. Mc 4,40).

Mirar el ao que viene nos hace renovar la esperanza: Estoy firmemente convencido de que aquel que comenz en ustedes la buena obra la ir completando hasta el Da de Cristo Jess (v 6).

Entreguemos al Seor nuestros anhelos y esfuerzos, y l obrar: As sern encontrados puros e irreprochables en el Da de Cristo, llenos del fruto de justicia que proviene de Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios (v 11).

Que el Seor nos d un ao lleno de Gracia y de Amor. Mara Santsima, la Pursima Concepcin del Buen Viaje, nos acompae e interceda por nosotros, que nos confiamos a su amor de Madre.

El obispo emrito de la Dicesis de Tenerife Don Damin Iguacen Borau nos sorprende de nuevo con un artculo dedicado a la Virgen Mara, perteneciente a una serie de folletos en los que reflexiona sobre las diversas advocaciones de la Madre de Dios. Esta vez y en este ao sacerdotal nos regala el escrito titulado SANTA MARA, REINA Y MADRE DE LOS SACERDOTES que lleva como portada un cuadro de la Escuela de Amiens de primera mitad del s. XV. Pars, Louvre El sacerdocio de Mara, ante el que el obispo nos invita a reflexionar y a orar.

1. La imagen que contemplamos es, ciertamente, singular y un tanto extraa: la Virgen Mara con ornamentos sacerdotales. Pero no es un error ni una equivocacin. Es una manera de expresar plsticamente el trascendental servicio de la Virgen Mara, Madre de Jesucristo sumo y eterno Sacerdote, en el plan divino de salvacin universal. La Virgen Mara "fue en la Tierra la esclarecida Madre del Divino Redentor y, en forma singular, la generosa colaboradora y humilde esclava del Seor. Concibiendo a Cristo, engendrndolo, alimentndolo, presentndolo en el templo al Padre, padeciendo con su Hijo, mientras El mora en la cruz, cooper en forma del todo singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida caridad, en la restauracin de la vida sobrenatural de las almas. Por tal motivo es Madre nuestra en el orden de la gracia".

No es sacerdote, ciertamente, ni pertenece al Colegio apostlico de los Doce, pero con toda razn es Reina de les Apstoles y Reina y Madre de los sacerdotes. "Aceptando el mensaje divino se convirti en Madre de Jess y, al abrazar de todo corazn y sin impedimento de pecado alguno la voluntad salvfica de Dios, se consagr totalmente como Esclava del Seor a la persona y a la Obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redencin con El y bajo El, por la gracia de Dios omnipotente". "No fue un instrumento meramente pasivo en las manos de Dios, sino que cooper a la salvacin de los hombres con fe y obediencia libres". Qu sublime espritu sacerdotal! Qu maravilloso ejemplo, modelo y estmulo para los sacerdotes!

En la Virgen Mara la Iglesia ha llegado a la perfeccin: Madre de la Iglesia. Resplandece como modelo de todas las virtudes para toda la comunidad de elegidos. Con razn la iglesia mira a Mara, fija su mirada en la que engendr a Cristo, concebido por obra y gracia del Espritu Santo y nacido de ella, para que por la Iglesia Cristo nazca y crezca en las almas de los fieles. Mara es modelo, ejemplo, de ese "amor maternal" con el que es preciso estn animados todos los que en la misin apostlica de la Iglesia cooperan en la "regeneracin" de los hombres. Ah estn en un primer plano los sacerdotes. Notemos que el Concilio habla de "amor maternal", haciendo una clara alusin a la Virgen Mara. El sacerdote ha de tener un corazn de padre, de madre. Con toda razn exhorta el Concilio a sacerdotes y aspirantes al sacerdocio: "Amen y veneren con filial afecto y confianza a la Santsima Virgen Mara, a la que Cristo muriendo en la cruz les otorg como Madre". No cabe duda de que el sacerdote ser mejor sacerdote si todo lo hace con Mara, en Mara. "En" significa "dentro". Desde Mara, Madre de Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote.

Jess en la cruz, viendo a su Madre y junto a ella al discpulo que tanto amaba, dice a su Madre: 'Mujer, ah tienes a tu hijo'. Luego dice al discpulo: 'Ah tienes a tu madre'. Y desde aquella hora el discpulo la acogi en su casa". Hagamos nosotros lo mismo. Nos llevemos a la Virgen Mara siempre con nosotros, la llevemos en nuestro corazn. En el corazn del sacerdote siempre han de estar Jess y Mara, su Madre y Madre nuestra. No echemos a Mara de casa, ni en nuestra vida sacerdotal ni en nuestro apostolado, como si ella nos estorbara. Tampoco nos quedemos slo con ella, sin Jess, ella nunca estn donde no est Jess; ella siempre nos dice: "Haced lo que El os diga".

2. "Ah tienes a tu Madre", nos dice Jess. "Si la nueva maternidad dada a Mara en el Calvario es un don para todos los cristianos, adquiere un valor especfico para los que han consagrado plenamente a Cristo su propia vida. Aquellas palabras de Jess: "Ah tienes a tu Madre", asumen una profundidad particular en la vida del consagrado a Cristo, en la vida del sacerdote de Cristo, que siempre acta en su nombre. El sacerdote est llamado, como Juan, a llevar consigo a la Virgen Mara, amndola e imitndola con la radicalidad propia de su vocacin".

La Virgen Mara, Madre singular de los sacerdotes, por eso mismo, es formadora, educadora eminente de nuestro sacerdocio, nos ensea a ser sacerdotes, quiere y sabe modelar el corazn del sacerdote, sabe, puede y quiere proteger a los sacerdotes en los peligros, cansancios y desnimos. Vela con solicitud maternal, amorosa, para que el sacerdote pueda "crecer en sabidura, edad y gracia delante de Dios y de los hombres". A los que viven una vida semejante a la de Jess los mira con una mirada especial, porque ve que se parecen a Jess, su Hijo amado, sumo y eterno Sacerdote.

La Virgen Mara es modelo, estmulo y fuerza para nosotros. El sacerdote est comprometido, consagrado a Dios, discpulo y seguidor de Jesucristo. Y la Virgen Mara es modelo sublime de consagracin y seguimiento de Cristo. No est lejos del camino diario, del compromiso de transformacin, de transfiguracin en Cristo de toda persona consagrada, de todo sacerdote, que ha de ser "otro Cristo". Mara es modelo de acogida de la Palabra y de la gracia de Dios. Es la "llena de gracia", "Vaso escogido", "Vaso honorable", que acoge sin desperdiciar todas las gracias que el Seor derramada en ella.

Es acogedora de la Palabra, de tal manera que "la Palabra se hizo carne en ella y acamp entre nosotros". Al consentir a la Palabra, al acogerla, permiti que Dios realizara en ella grandes maravillas. Soberano modelo y estmulo para el sacerdote, el hombre de la Palabra. Esto nos recuerda de modo especial a los sacerdotes la primaca que hemos de dar siempre a la Palabra de Dios, a la iniciativa de Dios. El ha de tener siempre la iniciativa en nuestra vida. Lo que El quiera, como El quiera, donde El quiera.

La Virgen Mara es modelo y maestra de seguimiento y de servicio, con dos importantes calificativos: seguimiento incondicional, y servicio asiduo. Y qu es el sacerdote sino un discpulo y seguidor de Jess y un servidor de los misterios de Dios a los hombres? Pero, no lo olvidemos: seguimiento incondicional, servicio asiduo. Mara es la primera discpula del Seor y la ms adelantada. Ella es disponible siempre en la obediencia y siempre dispuesta, siempre a punto. Dice el Apstol: "Que el Dios de la paz es ponga siempre a punto en todo bien, para cumplir la voluntad de Dios". Qu maravilla un sacerdote siempre a punto, como Mara la Virgen del "S", del "Hgase", del "Aqu estoy". Qu difcil nos es muchas veces estar disponibles en la obediencia y dispuestos a todo. La Virgen disponible en la obediencia es todo un reto en nuestros tiempos. El sacerdote fiel sabe recoger el reto valientemente.

Miremos a Mara. Ella acoge el designio de Dios. Ante la Palabra de Dios desmonta todos sus planes. No pide explicaciones. Da el salto a lo desconocido, apoyada nicamente en la Palabra de Dios. Acoge la Palabra y se pone en manos de Dios incondicionalmente, como instrumento vivo y consciente, para que el Seor por ella haga lo que sea de su voluntad. Qu maravillas puede hacer un sacerdote as disponible, as dispuesto.

5. La Visitacin es un misterio muy sacerdotal. La Virgen va de camino para comunicar la Buena Noticia de la Encarnacin del Verbo, acampado ya entre nosotros. Es la primera evangelizadora, Estrella de la evangelizacin, Reina de los Apstoles, Madre de los sacerdotes. No guarda para ella las obras grandes que ha hecho en ella el Seor. Es misionera: en su seno lleva la Salvacin del mundo. Jess se deja llevar por Mara. Mara portadora de Jess, Sagrario viviente, Custodia viva, templo del Seor. Ella posee al Seor y lo lleva a los dems. Va presurosa, dice San Lucas. "El amor de Cristo me urge", dice San Pablo. Esta urgencia ha de estar en el corazn del sacerdote.

La Virgen va presurosa, porque lleva a Jess dentro como motor, como impulsor, como un fuego. La prontitud en el servicio de Dios, la urgencia en el apostolado es signo de amor intenso, de un gran sentido de responsabilidad. El que ama no hace esperar; el que ama no retarda la solucin. La lentitud en la respuesta puede ser fatal, puede llegar tarde a solucionar un problema que a su tiempo tena solucin. "Correr en el camino de tus mandamientos cuando me ensanches el corazn". Si el sacerdote es un hombre de gran corazn, lleno de Dios, se apresura en el servicio de Dios a los hombres, hace todo antes, mejor. Los sacerdotes hemos recibido un encargo del Seor: "En la actividad no seis descuidados en el espritu manteneos ardientes, servid constantemente al Seor". Activos, ardientes, constantes. Hemos de ser "lmpara que arde y brilla". Hemos de llevar el "Nombre del Seor" como una "Lumbre", dice San Bernardo. Hemos de ser "luminosos", como el Santo Cura de Ars.

La Virgen en la Visitacin es la Virgen de las Visitas. Va de visita, va a visitar. El sacerdote ha de hacer muchas visitas, ha de recibir muchas visitas. Tomemos conciencia de la importancia que tienen las visitas en la vida social, en la vida eclesial, en la vida comunitaria, en la evangelizacin. Hay que saber estar de visita. Hay que saber recibir bien las visitas. sta no es slo una cuestin de educacin y urbanidad, una cuestin de protocolo. Es un tema de primera categora en la vida familiar, en el ejercicio de la caridad, en el apostolado. El bien y el mal que se puede hacer en una visita. La acogida tiene una gran importancia pastoral, aunque slo sea una visita, de protocolo.Para un cristiano no hay visitas solo de protocolo, ni se trata solo de quedar bien. Son una oportunidad para dar testimonio de amor fraterno. Hay muchos "alejados" por haber sido mal recibidos.

La Virgen de la Visitacin es tambin la Virgen de los encuentros. Hemos de hacer visitas, de recibir visitas y nos hemos de encontrar con otros. Todos los das nos hemos de encontrar con Dios y con la gente. Nuestros pecados vienen siempre de los desencuentros o malos encuentros, por nuestro alejamiento de Dios o del prjimo. Nada se resuelve alejndonos de Dios y alejndonos unos de otro: La solucin es ir al encuentro.

Nuestros encuentros pueden ser neutros, negativos o positivos. Es neutro el encuentro que no influye para nada en uno o en el otro. Es negativo el encuentro del que resulta un mal, un enfrentamiento, un choque, una enemistad, un pecado. Es positivo cuando de l resulta un bien, al menos para alguno de los que se encuentran. Qu maravilla el encuentro de Mara en la Visitacin, en la Presentacin, con Zacaras e Isabel, con el anciano Simen y Ana la profetisa.

En todo encuentro, en toda visita de dos, nunca se encuentran slo los dos; hay siempre un tercero, el Seor. En todo encuentro est presente el Seor. De todo encuentro tendra que salir robustecida la gloria de Dios y el bien de los que se encuentran. De todo encuentro tiene que robustecerse el amor fraterno. Desde luego no nos encontraremos con Dios si andamos dando rodeos para no encontramos con alguien que no queremos.

Un servicio peculiar del sacerdote, que al mismo tiempo es expresin de su sincero amor al mundo, a todo hombre y mujer, sobre todo a los ms necesitados, es "dedicarse sin reservas y sin mirar atrs, al anuncio de Jesucristo". "Haced esto en conmemoracin ma", le ha dicho el Seor, y ah est la Eucarista como servicio peculiar del sacerdote. "Id por todo el mundo, anunciad el Evangelio", le ha encargado el Seor. El sacerdote no puede hacer otra cosa. No puede ser descuidado en estas actividades especficas suyas; en el espritu ha de mantenerse ardiente, activo, constante. Urgen sacerdotes as, sobre todo en estos tiempos tan propensos al derrotismo, a la mediocridad, a la tibieza, a la duda, a la inseguridad en la doctrina y en la exposicin de la misma, al miedo, a la angustia. Es urgente el servicio de animacin.

Desalentar, enfriar los nimos, apagar el fuego de Dios, no es propio del sacerdote, del apstol, que ha de tener una naturaleza de fuego. La falta de ardor en el sacerdote es un fenmeno quizs demasiado frecuente. Esta falta de ardor se manifiesta en la fatiga y la desilusin, en la acomodacin al ambiente, en el ir con el tiempo, en contemporizar con todo lo de moda, en el desinters y, sobre todo, en la falta de alegra y de esperanza. Esto que Pablo VI ya adverta, est todava vigente.

Hoy se nos pide a los sacerdotes evangelizar con nuevo ardor. Ardor viene de arder. Hemos de ser lmparas que arden y brillan. Del Santo Cura de Ars se deca: No s si este sacerdote es erudito, pero es luminoso. Desde luego, no se nos pide ser muy eruditos, sino prudentes, que es lo mismo que poseer la sabidura de la vida.

7. La Virgen Mara es modelo sublime de entrega generosa, delicadeza y sensibilidad. En las bodas de Can capta el problema y dice a Jess: "No tienen vino". Y arranca el milagro. El sacerdote ha de ser servicial. Mara dijo: "He aqu la esclava del Seor". Y Jess dijo: "Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve". El sacerdote, siervo de Jesucristo, ha de ser el "servidor de todos". Ha hecho de su vida un don total. Santa Gema le deca: "Madre ma, ensame a ser como t para agradar a Dios". Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. El sacerdote ha de ser sensible a las necesidades y situaciones difciles de las gentes, sobre todo de los ms desamparados.

El sacerdote, como el Buen Pastor, ha de buscar la oveja perdida, o mejor, a Jess perdido en tantas inteligencias sin fe y en tantos corazones sin amor, en tantos alejados y perdidos. Los buscar mejor, si lo hace con aquel afecto maternal, no exento de angustia y dolor con que la Reina de los Apstoles busc a Jess perdido hasta encontrarlo. Hermosa tarea la de buscar almas perdidas, cuerpos y almas, personas hambrientas de pan y de cario.

8. "Tanto am Dios al mundo que le dio su unignito Hijo", nos dice San Juan. Pues este mundo as amado "se confa hoy al amor y al ministerio de los pastores de la Iglesia", dice el Vaticano II. Qu grande tiene que ser el celo y el amor de estos pastores. "Ama mucho a Nuestro Seor Jesucristo, y luego habla para que otros lo amen", dice San Juan de vila al P. Granada. Y a los sacerdotes les dice: "Padres, si los hijos son buenos dan un muy cuidadoso cuidado, y, si son malos, dan una tristeza muy triste, y as el corazn del padre no es sino un recelo continuo, una atalaya desde lo alto y una continua oracin, encomendando al verdadero Padre la "salud de sus hijos, teniendo colgada la vida de l de la vida de ellos". Preciosa definicin del celo sacerdotal: la vida del sacerdote colgada de la vida de los fieles.

Celo sacerdotal es amor hecho preocupacin, anhelo, trabajo, inquietud, como de padre, como de madre, por sus hijos. El llamaba a los sacerdotes "Padres". "Padres, esto es ser sacerdote: que amansen a Dios cuando estuviere enojado con su pueblo; que tengan experiencia de Dios, de que Dios oye sus oraciones; que tengan familiaridad con Dios y virtudes ms que de hombres y pongan admiracin a los que los vieren. Hombres celestiales, ngeles terrenales, y an ms, si pudiera ser, mejor que ellos, pues tienen oficio ms alto que ellos".

9. El sacerdote es "cara de la Iglesia", dice el Maestro vila con lenguaje bien expresivo. Ven un sacerdote y todos ven en l la Iglesia, y muchos juzgan a la Iglesia por lo que ven en el sacerdote. Dicen que la cara es el espejo del alma y en la cara resplandece principalmente la hermosura de todo el cuerpo. Hemos de ser muy conscientes de esto, y no slo hemos de dar la cara por la Iglesia, sino ser cara de la Iglesia, para que todos vean en nosotros la belleza de la Iglesia, la santidad de la Iglesia. Quien nos vea, que vea en nosotros a Cristo, a la Iglesia de Cristo. "Como en la cara resplandece toda la hermosura del cuerpo, la clereca, es decir los sacerdotes, han de ser la principal hermosura de la Iglesia.

"En la cara estn los ojos que, no slo sirven para dar luz al cuerpo para que no tropiece, sino tambin para llorar los tropiezos que l da y los otros males, como si los mismos ojos fueran heridos. A quienes se ha encomendado las almas, tambin les es encomendado el Cuerpo Mstico, para que lo curen, lo fortalezcan, lo hermoseen con tantas virtudes que sea un cuerpo digno de una tal Cabeza, como es Cristo". Si el sacerdote ama a la Iglesia como a la nia de sus ojos, llorar las heridas y males del cuerpo como si fueran heridas de sus propios ojos.

Hemos de ser espejos de la belleza divina ante el pueblo, imitando a la Virgen Mara, Esposa sin mancha ni arrugas. Hemos de parecernos a ella para reflejar su imagen en todas nuestras actuaciones. "Yo deseo, Madre toda Hermosa, que tu imagen se refleje en las almas como en un espejo; que las conserve puras hasta el fin de los tiempos; que levante a los que estn cados; que enderece a los que estn inclinados hacia la tierra y son incapaces de mirar al cielo; que d esperanza a los que quieren imitar el modelo eterno de tu hermosura".

El sacerdote ciertamente personifica de alguna manera a la Iglesia, ven al sacerdote y en l ven la religin, Dios, la Iglesia, todo ese mundo religioso, del que se hacen una idea por lo que ven, oyen y observan en el sacerdote. Esto nos da una gran responsabilidad. Pero responsabilidad es no slo un peso, un compromiso, sino que es, sobre todo, una posibilidad de responder y de hacer cosas difciles y costosas, pero necesarias en la vida, que slo se pueden realizar aceptando esa "responsabilidad". Hay algo en el mundo que slo se puede hacer siendo sacerdote, un servicio a los hombres que slo se puede prestar siendo sacerdote, vale la pena asumir todas esas dificultades que lleva consigo ser sacerdote de la Santa Iglesia Catlica. El nuestro es un servicio insustituible. Es muy difcil ser sacerdote, pero es muy ilusionante.

Nuestra fidelidad a Jesucristo se tiene que traducir, hoy como nunca, en fidelidad a la Iglesia. "Cristo am a la Iglesia y se entrega a s mismo por ella". Este amor de Cristo hasta dar la vida ha de ser el punto constante de referencia de todo sacerdote. Slo as podremos mantener vivo el celo, el ardor misionero, si nos mueve la solicitud por todas las Iglesias. La Iglesia es como sacramento, signo e instrumento de la unidad con Dios y la unidad de todo el gnero humano, instrumento de salvacin universal. No estropeemos este instrumento, no inutilicemos este instrumento con nuestros comportamientos: "Unidos, para que el mundo crea".

11. La Virgen Mara es "Madre admirable". El sacerdote ha de parecerse a su Madre, ha de ser un hombre admirable, santamente inquieto, inteligente, ingenioso, sagaz, ilusionado, emprendedor, sin miedo al riesgo. En este momento ilusionante que vivimos no podemos ser hombres tmidos, cansinos, repetidores de lo mismo, petrificados, estereotipados. Hace falta imaginacin creadora para encontrar repuesta a las situaciones en que nos encontramos, tambin a esta nueva cultura que llaman laicista, posmoderna, poscristiana. No valen recetas prefabricadas, de laboratorio; desde la doctrina, desde luego; pero no podemos quedarnos en dar buena doctrina; urge dar respuestas personales, de compromiso, concretas, de justicia, de caridad, en la vida, en la entrega personal.

Los santos tienen siempre una respuesta, un estilo original, una creatividad imprevisible, siempre adecuada a las necesidades Los otros, los que no son santos se parecen todos mucho, son tan reduccionistas, tan redondos, tan complacientes, tan prudentes, tan aburridos. No podemos ser simples espectadores de lo que est pasando, murmurando y comentando, sin ms, denunciando y dando consejos. Nos tenemos que arriesgar. Adems de inteligencia, ingenio, fantasa e ilusin hemos de tener coraje. Tenemos el peligro de revestirnos del ropaje de la seguridad, de la autosuficiencia, se est perdiendo el gusto por la aventura de Dios, tenemos miedo. La prudencia de la carne se apodera de nosotros y nos frena. Tenemos miedo de dar el salto. Todos pasan y nosotros nos quedamos en la orilla de los abismos del porvenir. Hay mucha cobarda.

Nos estamos olvidando que somos herederos de millones de mrtires, de vrgenes, confesores de la fe, a los que acusaban de alborotarlo todo. No se trata de ser aventureros, pero no podemos perder el gusto a la aventura de Dios. Hemos de ser hombres del riesgo, hay que arriesgarse. Hemos de ser prudentes, pero nadie nos puede hacer callar la verdad del Enviado por Dios al mundo, que es Jesucristo, el Seor. "Porque algunos se hayan excedido en sus expresiones, experiencias pastorales e investigaciones teolgicas, no se puede justificar nuestro miedo y apata. Algunos quieren hacerlos callar. Dice graciosamente Venillet: "Porque un gallo ha cantado demasiado fuerte, quieren convertirnos en capones".

El sacerdote ha de ser un hombre ardiente, ha de trabajar "con el ardor de los santos". El mejor evangelizador es el santo. "La santidad es un presupuesto fundamental y una condicin insustituible para realizar la misin salvfica de la Iglesia". No son suficientes las programaciones, los organigramas, los Planes Pastorales, que hay que hacer, desde luego, ni basta con renovar los mtodos pastorales y organizar mejor las fuerzas eclesiales "como un ejrcito en orden de batalla". Eso hay que hacerlo, pero no est todo en eso. La Iglesia no es una Sociedad de actividades, ni una ONG, ni un Ateneo para discutir cuestiones. Pensemos en el empuje misionero de las primeras comunidades cristianas. Tenan dificultades y obstculos y persecuciones sangrientas, pero llevaban adelante el Evangelio hasta los confines del mundo conocido. En la base de este dinamismo estaba la santidad de los misioneros, de las comunidades, de los cristianos. Y el sacerdote es el animador de esas comunidades. Nadie puede animar si l mismo no est animado.

"Oh, Espritu Santo, ven y da a los sacerdotes, dispensadores de los misterios de Dios, un corazn nuevo, que actualice toda su educacin y toda su preparacin, que les haga conscientes, cual sorprendente revelacin, del sacramento recibido, y que respondan siempre con nueva ilusin a los incesantes deberes, de su ministerio, en orden a su Cuerpo Eucarstico y a su Cuerpo Mstico. Dales un corazn nuevo, siempre joven y alegre.

Ven, oh Espritu Santo y da a nuestros sacerdotes, discpulos y apstoles de Cristo Seor, un corazn puro, capaz de amarle solamente a El con plenitud, el gozo y la profundidad que solo sabe dar cuando constituye el exclusivo y total objeto del amor de un hombre que vive de tu gracia; dales un corazn puro, que slo conoce el mal para denunciarlo, combatirlo y huir de l; un corazn puro como el de un nio, pronto al entusiasmo y a la emocin.

Ven, oh Espritu Santo, y da a los ministros del Pueblo de Dios un corazn grande, abierto a tu silenciosa y potente Palabra inspiradora, cerrada a toda ambicin mezquina, a toda miserable apetencia humana, impregnado totalmente del sentido de la Santa Iglesia; un corazn grande, deseoso nicamente de igualarse al del Seor Jess, y capaz de contener dentro de s las proposiciones de la Iglesia, las dimensiones del mundo; grande y fuerte, para amar a todos, para servir a todos, para sufrir por todos; grande y fuerte, para superar cualquier tentacin, dificultad, hasto cansancio, desilusin, ofensa; un corazn grande, fuerte, constante, si es necesario hasta la muerte, hasta el sacrificio, feliz solamente de palpitar con el Corazn de Cristo, y de cumplir con humildad, fidelidad y valenta la voluntad de Dios. Amn".

"Madre Inmaculada: que no nos cansemos. Madre nuestra, una peticin: que no nos cansemos. S, aunque el desaliento por el poco fruto o por la ingratitud nos asalte, aunque la flaqueza nos ablande, aunque el furor del enemigo nos persiga, y nos calumnie, aunque nos falte dinero y auxilios humanos, aunque vinieran abajo nuestras obras y tuviramos que volver a empezar de nuevo, Madre querida, que no nos cansemos.

Firmes, decididos, alentados, sonrientes siempre, con los ojos de la cara fijos en el prjimo y en sus necesidades para socorrerles, y con los ojos del alma fijos en el Corazn de Jess que est en el Sagrario, ocupemos nuestro puesto, el que a cada uno nos ha sealado el Seor.

Nada de volver la cara atrs. Nada de cruzarse, de brazos. Nada de estriles lamentos. Mientras nos quede una gota de sangre que derramar, unas monedas que repartir, un poco de energa que gastar, una palabra que decir, un aliento de nuestro corazn, un poco de fuerza en nuestras manos o en nuestros pies que puedan servir para dar gloria a Dios y a Ti, y para hacer un poco de bien a nuestros hermanos, Madre querida, que no nos cansemos. Morir antes que cansarnos".

Estamos aqu para celebrar la Eucarista. Y Eucarista es una palabra griega que significa "accin de gracias". Porque nuestro encuentro de cada domingo es, por encima de todo, una accin de gracias. Accin de gracias porque Dios nos ha llamado, nos ha hecho hijos suyos, y nos ha dado a Jesucristo para que nos muestre el camino de la vida. Comencemos nuestra celebracin con esta actitud, y con ganas de vivirla en toda nuestra vida.

1. lectura (Isaas 6,1-2a.3-8):Comencemos las lecturas de la Palabra de Dios con una escena solemne que nos narra el profeta Isaas. Es el relato de su vocacin, el momento en el que se sinti llamado por Dios a anunciar su Palabra. l se sinti profundamente transformado, y as nos lo explica.

Salmo (137): Hemos odo cmo los ngeles que estaban ante Dios cantaban el himno que nosotros seguimos cantando en cada Eucarista: "Santo, santo, santo es el Seor". Nosotros nos unimos a la alabanza de losngeles tambin ahora en el salmo, proclamando que l nos ama y nos salva.

2. lectura (1 Corintios 15,1-11): Escuchemos, en esta segunda lectura, un texto muy importante de san Pablo. Nos habla del acontecimiento ms decisivo para nuestra fe, la muerte y la resurreccin de Jesucristo.

Hoy se dign nacer de una Virgen el Rey de los cielos, para llevar al reino celestial al hombre que estaba perdido. Se alegra el ejrcito de los ngeles, porque ha llegado la salvacin eterna al gnero humano. As canta la Iglesia para celebrar el dichoso cumplimiento de las profecas bblicas, y ms all del mbito histrico de la revelacin divina, proclama el inicio de la salvacin esperada durante siglos y siglos, deseo ancestral de la humanidad.

Existe una experiencia humana de salvacin: verse alguien sustrado a un peligro en el que estaba expuesto a perecer; salvacin equivale a proteccin, liberacin, rescate, curacin, alcanzar la victoria, establecerse en la paz. La fenomenologa de la religin muestra que los pueblos primitivos ponan la salvacin en objetos que consideraban cargados de poder: el agua que fecunda la tierra y asegura en ella la vida, el rbol que siempre reverdece, los frutos del campo que retornan segn el ciclo de las estaciones, un animal revestido de la condicin sagrada. En estadios posteriores la salvacin adquiere perfil humano y sobre todo juvenil: la vivencia del hijo, con lo que importa para la continuidad de la vida, se reproduce de algn modo en la figura del rey salvador, portador de cultura y dispensador de bienestar, aun en el ms all. La figura del salvador es la ms antigua y la ms profundamente arraigada en la conciencia humana; corresponde a la aspiracin universal a la salvacin.

Los libros de la Sagrada Escritura nos relatan una historia en la que Dios se revela como salvador; nos transmiten el sentido de los acontecimientos vividos por el pueblo de Israel y que se orientan hacia Cristo y la Iglesia. Los textos bblicos, compuestos por distintos autores humanos y en pocas diversas, tienen una profunda unidad, no slo porque Dios que los ha inspirado es su autor principal, sino porque desarrollan un mensaje homogneo y describen la historia de la salvacin que el Seor quiere ofrecer a todos los hombres de todos los tiempos. El Hijo eterno es enviado como Salvador de los hombres y por eso se hizo hombre, para manifestarnos la bondad y la filantropa de Dios, su cercana salvfica, su identificacin con nosotros. En el nacimiento de Cristo, en la Navidad cristiana, se cumple la esperanza de los patriarcas y profetas de Israel y el anhelo secreto, inconsciente o torpemente formulado, de todos los pueblos desde la ms remota prehistoria, desde los orgenes protohistricos: Cristo es el nuevo Adn, cabeza y principio de una nueva humanidad. La Navidad religa la tierra en el cielo, superando el pesimismo inmemorial que evaluaba la distancia, el abismo que mediaba entre ambos. En la Navidad halla respuesta el clamor y la paciencia de los que esperaban ardientemente la salvacin: Ah, si desgarraras el cielo y descendieras! (Is. 63, 19). En Beln queda abierto el Edn. Hoy celebramos con gozo la llegada de la salvacin.

El don de la salvacin no produce automticamente su efecto; debe ser recibido por la fe y se verifica mediante la unin a Cristo; es un regalo ofrecido a la libertad del hombre. Hemos escuchado hace un momento, en la proclamacin del Evangelio, que Cristo, Palabra de Dios, a todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios (Jn. 1, 12). Recibimos ese poder por la gracia del bautismo y lo ejercemos mediante nuestra obediencia a la voluntad divina expresada en sus mandamientos, adhiriendo al mensaje del Evangelio, viviendo en el Espritu de Cristo el amor a Dios nuestro Padre y, con idntico impulso de la voluntad, el amor a los hombres, a los que consideramos hermanos. El punto de referencia que hace posible una vida as orientada es sobrenatural y trascendente, es la salvacin eterna, cuya posesin misteriosamente anticipada se da en la esperanza, ya que slo en esperanza estamos salvados (Rom. 8, 24). Habiendo recibido a Cristo por la fe, intentamos, como ensea el Apstol, rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la manifestacin de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jess (Tit. 2, 12 s.). El que hoy veneramos como Nio recin nacido, el que muri y resucit para obtenernos el perdn de los pecados, volver como Juez; en esa manifestacin gloriosa al fin de los tiempos revelar plenamente su condicin divina. En la Navidad, en la carne del Nio del pesebre, se oculta y compendia todo el misterio de la salvacin.

La realidad sobrenatural de la salvacin no ejerce un influjo directo, inmediato, sobre la vida concreta de las personas y de las comunidades; ese influjo no es mgico, sino que asume como medio insoslayable de verificacin la libertad del cristiano, la tensin activa de su esperanza, su fortaleza, su amor de caridad. No se resuelven los complejos problemas de la vida social contempornea invocando principios y exhibiendo buenas intenciones que luego no descienden a la realidad. Un roco de agua bendita no puede transformar estructuras creadas y mantenidas por el pecado de los hombres; la salvacin slo puede llegar a esas realidades a travs de un proceso de conversin. Es ste un fenmeno de carcter estrictamente personal, pero que al igual que la fe y la oracin debe volcarse a la vida social. La decadencia religiosa, el olvido de Dios, la falta de autenticidad de un cristianismo pregonado con ligereza pero no vivido, frustran el influjo de la salvacin que podra ejercerse benficamente sobre las realidades terrenas, sobre la vida social.

La sociedad argentina no experimenta hoy el influjo sanante y recreador de la salvacin cristiana. La acumulacin crnica de los problemas, las situaciones inveteradas de injusticia, revelan fallas morales y religiosas que se han consolidado como hechos culturales difciles de remover. Si se trata de fallas morales y religiosas, digamos de antemano que los pastores de la Iglesia no carecemos de responsabilidad. La percepcin social de un reciente agravamiento de esos problemas y de la incapacidad de las dirigencias para resolverlos provoca un sentimiento generalizado de crispacin. Ahora recurrimos con frecuencia a esta palabra para definir un estado de irritacin, de exasperacin, a veces latente en la pasividad tensa y desencantada de la mayora silenciosa, otras veces patente en la protesta bullanguera, violenta, anarquizada de grupos cada vez ms activos y prepotentes. Se pierde de vista muchas veces que los males que nos aquejan tienen races morales. La sensacin de inseguridad no es meramente subjetiva; registra la proliferacin del delito hasta lmites intolerables y este hecho revela que la conciencia del bien y del mal se encuentra ofuscada como consecuencia del vaco espiritual o por la devastacin de la droga en los autores de los crmenes, para los cuales la vida no vale nada, ni la propia ni la ajena. La ambicin de poder y de dinero, los riachos subterrneos de corrupcin, contrastan con la persistente miseria de sectores enteros de la poblacin. La intolerancia poltica y la incapacidad para el dilogo hacen difcil la concrecin de acuerdos elementales que deben sobreponerse a los intereses subalternos si de veras se desea promover el bien comn. Muchos constatan tambin una inclinacin prctica de nuestro rgimen poltico, que siendo representativo, republicano y federal funciona como clientelstico, autocrtico y unitario. La descomposicin de la familia no es slo un hecho sociolgicamente constatable, sino una intencin programada en algunos proyectos legislativos que proponen alterar la naturaleza del matrimonio. Ciertas orientaciones educativas transmiten una concepcin reductiva de la persona humana y de la sexualidad y una ideologizacin sectaria de la formacin ciudadana, que al imponerse no respetan el derecho de los padres a que sus hijos reciban una educacin conforme a sus convicciones morales y religiosas. Cada vez ms se hace sentir la presencia del Estado como un temible Leviatn y sin embargo la sociedad parece hurfana de conduccin; otra de las numerosas contradicciones criollas.

Cmo podremos librarnos de estas calamidades? Cmo puede proyectarse sobre esta realidad compleja y amenazante la esperanza de la salvacin? Cmo pueden insinuarse, sin ruido pero con eficacia en la sociedad argentina los valores, la gracia de la Navidad: la humildad del Dios hecho hombre, su amor por nosotros, su predileccin por los pobres, los ideales de justicia, de rectitud, de verdad, la verdadera paz que es el orden de la justicia y del amor? La esperanza es el trmino medio, pero por elevacin, entre la pasividad desencantada y la agitacin violenta y estril. Una esperanza activa, fundada en la fe, que oriente los esfuerzos necesarios para hacer visibles los despuntes temporales de la salvacin: no slo la superacin de la emergencia que nos aflige, sino la realizacin histrica, siempre postergada, de una patria digna de ese nombre, tierra de los padres en la que todos nos sintamos acogidos, donde pueda arraigar la esperanza mayor en los nuevos cielos y la nueva tierra.

La oracin es el intrprete de la esperanza. La liturgia de la Iglesia nos ensea a rezar por todas las necesidades humanas; as exhortaba San Pablo a su discpulo Timoteo: te recomiendo que se hagan peticiones, splicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y tranquilidad y llevar una vida piadosa y digna (1 Tim. 2, 1 s.). El Apstol fundaba esta iniciativa en el designio salvfico de Dios, en la esperanza de la salvacin para todos. Pidamos entonces, como una gracia de Navidad, la conversin religiosa y moral que necesita la sociedad argentina, la sincera aceptacin de Cristo como Salvador, para que podamos experimentar los efectos temporales de la salvacin. Pidamos esta gracia por medio de Mara, ya que por ella, por su maternidad virginal y divina, nos ha nacido el Salvador.

Acabamos de celebrar la Navidad, pero tengo la impresin de que los ecos de esta fiesta cristiana no duran demasiado, porque ahora ya se precipita el fin de ao e incluso la misma Navidad queda como absorbida en un genrico que se llama las fiestas.

Ahora enfocamos el fin de ao y el ao nuevo y me pregunto: tiene un significado religioso festejar el paso de un ao a otro? La mayor parte de la gente no recuerda, con ocasin de ese festejo, que, en realidad, nosotros hablamos de Ao Nuevo porque nos referimos al nacimiento de Cristo como el inicio de la cuenta de los siglos, de esta era que por eso se llama cristiana.

Pareciera que la costumbre de festejar el fin de ao y brindar a las doce de la noche, entre el 31 de diciembre y el 1 de enero, es algo completamente pagano. No se recuerda, en efecto, que la referencia al cambio de ao tiene que ver con el cristianismo.

Desde el punto de vista litrgico estamos en pleno tiempo de Navidad, que incluye la fiesta del 1 de enero, una fiesta antiqusima en honor de la Madre de Dios. Cada 1 de enero celebramos a Santa Mara Madre de Dios, con ese ttulo que nos recuerda el papel central de la Virgen en el misterio de la encarnacin. Es decir, que Dios ha enviado a su hijo nacido de mujer, como ensea San Pablo; la virginidad maternal de Mara, su maternidad virginal, es el signo de que el fruto del seno de Mara es personalmente Dios, es el Hijo de Dios que se ha hecho hombre y que ha nacido para nuestra salvacin.

Luego, el tiempo de Navidad se prolonga hasta la fiesta de la Epifana, el 6 de enero (que, desgraciadamente ha perdido su carcter de fiesta de precepto y ya no es feriado en la Argentina) y termina con el recuerdo del Bautismo del Seor.

Volviendo al paso del viejo al nuevo ao: cmo se puede, de algn modo, cristianizar ese festejo? Tendramos que recordar qu significa el paso del tiempo en nuestra vida y, en esa ocasin, mirar un poco hacia atrs y advertir que hemos vivido un ao ms, un ao en el cual podemos computar algunos acontecimientos faustos y otros infaustos, un tiempo en el cual nos ha ido bien en una serie de cosas y en otras no nos ha ido tan bien.

Si miramos el panorama general de la Argentina vaya si tenemos una larga lista de cosas de que quejarnos! Pero: no es verdad que, despus de todo, debemos dar gracias a Dios por haber vivido este ao y debemos enfrentar con un sentimiento de esperanza y de gratitud el inicio de un ao nuevo?.

"La Iglesia sola y suele an en muchas partes-, con ocasin del fin de ao rezar el Te Deum que es un antiqusimo himno que viene de principios del siglo VI y es una gran alabanza a Dios. La alabanza es accin de gracias. Alabar a Dios es darle gracias por sus beneficios. El Te Deum es una alabanza dirigida a la Santsima Trinidad , con un amplio desarrollo sobre la obra salvadora de Cristo, y luego una splica pidindole sobre todo el bien espiritual, el bien sobrenatural, que el Seor nos ayude a no caer en el pecado, que nos ayude a serle fiel, a interpretar y a cumplir su voluntad.

En el fondo la vida del cristiano tiene que tener ese fundamento, ese sustrato espiritual, un sentimiento de profunda gratitud por el tiempo que pasa, por el tiempo que el Seor nos concede para encaminarnos a l, para orientar correctamente nuestra vida y, al mismo tiempo, de splica para pedirle que nos ayude a vivir de acuerdo a lo que l nos ense. Esto es, concretamente, a vivir de acuerdo al gran regalo propio de la Navidad: el hijo de Dios que se hizo hombre para que el hombre sea hijo de Dios y comprometer nuestra posibilidad de hacer algo en este ao qu3e se va a iniciar como para que todos puedan alcanzar esa dignidad que corresponde a los hijos de Dios.

En una Argentina afectada por una profunda decadencia en todos los rdenes y en que se ve tanta gente que sufre injustamente, es necesario que nos comprometamos a hacer lo que est de nuestra parte para que esta pueda ser una patria ms justa y ms fraterna y para que todos los que viven en este suelo puedan gozar de esa dignidad que corresponde a quienes son imgenes y semejanza de Dios y, ms an, hijos suyos.

En el contexto de la Navidad la liturgia de este domingo nos invita a celebrar La Sagrada Familia de Jess, Mara y Jos. La familia de Nazareth, la del Emmanuel o Dios con nosotros, conoci el asombro del anuncio del nacimiento virginal, la pobreza del pesebre en Beln, la persecucin en la huida a Egipto, la perplejidad de Mara y Jos al encontrarlo a Jess adolescente predicando en medio de los maestros en Jerusaln, quienes estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas, como nos relata el texto de este domingo (Lc. 2,41-52), la cotidianidad de casi treinta aos de silencio y trabajo En este domingo es necesario que los cristianos oremos y reflexionemos sobre el tema de la familia que nos propone la Palabra de Dios. Este tema es fundamental en la accin evangelizadora de la Iglesia y nosotros mismos en nuestra Dicesis lo hemos tomado como uno de los ejes temticos que hemos reflexionado en nuestro Snodo Diocesano, formando parte de nuestros desafos pastorales que deberemos encarar en nuestra accin evangelizadora en los prximos aos. Durante este ao 2009 las parroquias en sus Asambleas fueron buscando los caminos de aplicacin y accin pastoral a partir de las orientaciones pastorales en este tiempo post-sinodal. En la Asamblea Diocesana del 2010 revisaremos como estamos evangelizando estos temas sinodales en nuestras comunidades.

En la Dicesis nuestro Secretariado para la familia sigue promoviendo en sus diversas reas y junto a distintos movimientos ligados a la familia, respuestas a este tema que fue tomado por el Snodo a partir de las expresiones que reiteradamente en las consultas previas surgi como uno de las mayores preocupaciones.

Por supuesto el tema de la familia no solo es importante desde una perspectiva religiosa, sino desde lo antropolgico, sicolgico, sociolgico y cultural, como espacio generador de valores, como la vida, la solidaridad y la justicia. Es asombroso y merece que dediquemos tiempo a investigar y buscar las causas del por qu este tema que es clave para la proyeccin de la misma humanidad, no cuente con apoyo poltico, econmico, comunicacional y que tenga escasa o ninguna importancia en los contenidos educativos. Por el contrario lo habitual es desvirtuar en su esencia el valor del matrimonio y la familia. Lamentablemente en estos das asistimos a presiones graves de ciertos sectores minoritarios que con mucho poder econmico, y prensa, buscan instalar una falsa concepcin del matrimonio, negando aquello que es esencial al mismo, el ser un varn y una mujer, que son quienes tienen la capacidad potencial de la procreacin como fruto de su amor. Si el matrimonio se reduce solo a una sociedad jurdica y no considera como una nota esencial del mismo la capacidad potencial de la procreacin, no se ve porque dicha sociedad jurdica tengan que formarla solo dos personas. Desde aqu caemos en un profundo relativismo con consecuencias imprevisibles para la familia, afectando gravemente a aquello que el sentido comn y natural de nuestra gente entiende ms all de las dificultades propias de la vida.

Al plantearnos como evangelizar y acompaar la pastoral familiar, nos encontramos que son muchas las situaciones que aquejan a nuestras familias. La gravedad de los problemas econmicos y seguridad laboral. El machismo que lleva a no asumir la paternidad responsable. Los medios de comunicacin que ridiculizan el valor de la familia, como algo tradicional y del pasado. El considerar la maternidad como un problema y no como un don de Dios. Estos y otros sern los grandes desafos de la accin evangelizadora de los prximos aos y un aporte a nuestra sociedad ensombrecida por la falta de valores. Con respecto a esto el Papa Juan Pablo II nos deca en Ecclesia in Amrica: Es urgente una amplia catequizacin sobre el ideal cristiano de la comunin conyugal y de la vida familiar, que incluye una espiritualidad de la paternidad y la maternidad. Es necesario prestar mayor atencin pastoral al papel de los hombres como maridos y padres, as como la responsabilidad que comparten con sus esposas respecto al matrimonio, la familia y la educacin de los hijos (46). Estos temas ser clave incluirlos en todo proyecto de pastoral familiar en nuestras comunidades.

Finalmente este domingo, el ltimo del ao, nos invita a que pidamos a Dios por este ao que vamos iniciar. Como Obispo y Pastor quiero pedir al Seor por todos nosotros, por nuestra Provincia y Patria, para que el 2010 sea un ao de crecimiento en la solidaridad, justicia y paz.






Sismo Valdivia, Febrero 2010.


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